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Guardar duelo por lo que pudo haber sido

Guardar duelo por lo que pudo haber sido

El duelo por la pérdida de una vida potencial me conectó con el duelo por la destrucción del Templo.

por Sara Rosen

Otra llamada telefónica. Otro: “Lo siento, no hay buenas noticias…” Otro ciclo de tratamiento de fertilidad que pasó sin tener éxito.

Este último ciclo de tratamiento (que supuestamente debía ser el “último intento” después de muchos intentos de “último intento”) fue especialmente difícil por el estrés adicional de tener que viajar lejos de casa. Esta vez intentamos recibir tratamiento en una clínica en otro estado, con un médico de renombre mundial que recomendó lo más novedoso en tecnología de reproducción asistida. En la decisión de seguir este tratamiento hubo entrelazadas muchas lágrimas, tantas expectativas e innumerables planes, lo que llevó a que el fracaso se viera magnificado por el esfuerzo invertido.

El proceso del tratamiento, minuciosamente dirigido por el tiempo, requiere paciencia, plegaria y esperanzas. Durante las frecuentes citas en las primeras horas de la mañana, esperamos con paciencia. Al someternos a procedimiento tras procedimiento, rezamos. Al acercarse los últimos días del tratamiento, estábamos esperanzados. Nos dijimos a nosotros mismos que sólo teníamos que aguantar un poquito más, era posible que estuviéramos forjando nuestro propio y pequeño milagro. Cada paso del tratamiento parecía ir mejor de lo que habíamos esperado.

Pero no debía ser así. Una vez más me sentía quebrada y mi corazón se hizo añicos.

Esta pérdida me resultó muy difícil. Caí en una depresión (luego comprendí que en parte se debió a la gran cantidad de residuos de las medicinas del tratamiento, que me produjeron un desequilibrio químico y hormonal) y me sentí completamente abatida. Habíamos hecho todo lo que estaba a nuestro alcance y seguíamos esperando un resultado positivo. Experimenté una terrible tristeza, dolor y angustia, como si estuviera de duelo.

En medio de la nube de dolor, también hubo mucha confusión. ¿Cómo es posible guardar duelo por algo que nunca tuviste? ¿Cómo se puede extrañar a alguien que nunca conociste? ¿Cómo se puede llorar la pérdida de una persona que nunca existió?

Mi duelo era por la pérdida de una vida potencial. Por el niño que hubiera podido ser.

Comprendí que estaba en un duelo profundo, extrañaba y lloraba por la pérdida de una vida potencial; por el niño que hubiera podido ser. Por el milagro que con desesperación esperábamos experimentar.

Entender esto, si bien no disminuyó el dolor, me ayudó a etiquetar las emociones que experimentaba. Sentí que esta caracterización de la pérdida era un paso, un importante primer paso, en el proceso de recuperación. En vez de tener la sensación de ahogarme en una laguna de dolor y patalear sin poder escaparme, ahora era un sentimiento de pérdida más focalizado. Con esta perspectiva, le pregunté a Dios: “Hashem, ¿esto es lo que Tú sientes? Tú nos creaste y nos diste tantas oportunidades para mejorarnos a nosotros mismos y ser más bondadosos, más parecidos a Ti. Pero perdimos todas las oportunidades de crecimiento y Tú debes guardar luto por la pérdida de nuestro potencial”.

Entonces comenzaron las Tres Semanas, el período del calendario judío comprendido entre el 17 de tamuz y el 9 de av, que es un intervalo de tristeza y oscuridad. Principalmente guardamos duelo por la pérdida de los dos Templos que fueron destruidos en Tishá BeAv hace miles de años, así como por las tragedias y atrocidades perpetradas contra el pueblo judío a lo largo de la historia.

Este período de 21 días puede ser una época difícil. Hay una lista de lo que no se puede hacer, restricciones que limitan la alegría en nuestras vidas. En el pasado, sentía que la única manera de sobrevivir a este período era bajar la cabeza y esperar que transcurriera. Llegar al final y ser capaz de regresar a la vida “regular”, sin la presión, la pesadez y la terrible sensación de dolor y pérdida.

Pero la reciente pérdida de potencial de vida que experimentamos transformó mi perspectiva sobre este período. Estuve tan confundida respecto a cómo y por qué guardé duelo por la pérdida de un niño que nunca existió. Entonces lo comprendí: ¿Cómo puedo guardar duelo por la pérdida del Templo, una experiencia que nunca tuve? Nunca experimenté la gloria, el esplendor y la santidad del Templo Sagrado. Nunca tuve el mérito de ver a los cohanim completar su servicio sagrado ni oí a los levitas entonar sus cánticos en el sitio más sagrado. Nunca tuve la posibilidad de observar la maravillosa reunión del pueblo judío, unido con amor al dejar sus hogares para encontrarse con Dios.

En esencia, nunca experimenté nada de eso. El duelo es por no haber sido capaz de vivirlo. Lo mismo que el duelo por un niño potencial, lamentamos la pérdida del potencial para estar cerca de Dios, la elevación de nuestro pueblo y la permanente reunificación del pueblo judío con su tierra, todo lo que se perdió durante las Tres Semanas. Puedo llorar de dolor, puedo sollozar de pena, puedo suspirar con angustia por haber perdido lo que pudio haber sido.

Expresar dolor, perdida y tristeza durante este período no es sólo una liberación emocional, sino que es una oportunidad de desarrollo personal. Este período puede transformarse de un tiempo de pérdida e incomodidad a un tiempo de armonía y unidad a través de actos de bondad, para rectificar el terrible pecado de sinat jinam (odiar a otras personas sin ninguna razón significativa) y el rol que esto tuvo en las muchas catástrofes y desgracias de nuestras vidas. Una simple sonrisa a alguien que ni siquiera conoces en el almacén, ofrecer llevar a alguien en el auto, una llamada telefónica alegre, una nota de agradecimiento, elogiar sin vergüenza. De esta manera nuestro dolor y nuestro duelo, y el “dolor y el duelo” de Dios, pueden canalizarse en curación y alegría.

11/7/2018

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