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Los 10 mejores regalos para niños

Los 10 mejores regalos para niños

El mejor regalo que podemos darles a nuestros hijos es ayudarlos a descubrir su luz única interior, esa que sólo ellos pueden traer al mundo.

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Mi carro se desliza descontrolado. Aprieto el freno; no funciona. Sigo apretándolo igual. Giro el volante desesperadamente en la otra dirección, luchando contra la resbalosa nieve. El auto se desliza hacia la curva, rebota y frena finalmente justo antes de un pronunciado acantilado.

Mi mente corre a mil por hora. Olvidé todas las reglas de manejar sobre hielo. Temo moverme, pero sé que tengo que encontrar una forma de continuar manejando. Hay hielo en todas partes, pero tengo que manejar, por lo que recuerdo las dos reglas de oro que me enseñó mi papá respecto a manejar sobre hielo. Suelta el freno y gira hacia la pendiente.

Soltar el freno atemoriza, así como girar el volante en una dirección que pareciera estar sacándome de control aún más. Suelta, suelta, me digo a mí misma. Gira en la dirección que quiere ir y todo saldrá bien.

Luego, en casa, estoy llena de gratitud hacia Dios por haber detenido mi auto a sólo centímetros de un acantilado. ¿Cómo le puedo agradecer?

Esa noche, sosteniendo las manos de mi hijo mientras recitaba el Shemá, entiendo de repente que Dios me da cientos de oportunidades para dar, para utilizar la gratitud que me envuelve. Siento la calidez de los pequeños dedos de mi hijo envueltos por los míos y oigo las palabras que le canto siempre al acostarlo haciendo eco en las paredes y elevándose en la noche. Advierto que soy la única que puede sostener la mano de este niño de esta forma, y guiarlo con la fiereza del amor maternal. Y pienso en cómo ser madre es tan similar a controlar ese volante sobre el hielo. Cómo, de repente, no logro utilizar el freno en las vidas de mis hijos cuando ellos están patinando. No sirve. Tengo que ir lentamente. Soltar el freno. Poner mis esfuerzos en la dirección en que ellos apuntan.

La palabra hebrea para ‘educación’ es jinuj, que también es la raíz de la palabra Januca, y significa encaminar a un niño en el camino hacia su propósito supremo. Rav Shlomo Wolve, zt’’l enseña que, a menudo, los padres no reconocen la naturaleza de sus hijos. Tratan de girar el volante en la dirección contraria. Reciben un manzano y lo cuidan como si fuese un banano. Al final el árbol no da ni manzanas ni bananas. No tiene nada para dar porque nadie le dio lo que necesitaba. Entonces, necesitamos “educar a un niño de acuerdo a su camino” (Proverbios 22:6). No de acurdo al nuestro. No en la dirección que creemos que deberíamos girar el volante. Construirlos de acuerdo a quienes son. Ayudarlos a desempeñar la tarea única que deben lograr en su vida.

En Januca, el encendido de la menorá es un momento especial para rezar por nuestros niños, para pedirle a Dios que nos ayude a descubrir el alma preciosa de cada uno de ellos y darles exactamente lo que necesitan para crecer. He aquí diez regalos que podemos darles a nuestros hijos este Januca:

1. Atención. Escucha cuando hablan. Enfócate en lo que les interesa. Haz preguntas específicas sobre lo que piensan y trata de ver el mundo a través de sus ojos.

2. Amor incondicional. Nadie más puede darles amor incondicional a nuestros hijos. Desde una edad temprana, los niños aprenden que el mundo los valora por lo que hacen. Sólo nosotros podemos darles amor por lo que son, más allá de lo que pase. Los amamos incluso desde antes de que nazcan. Siempre los amaremos. Tenemos que decírselos. Es algo que jamás sentirán u oirán lo suficiente.

3. Seguridad. Haz que tu hogar sea para tu hijo una fuente de calidez y seguridad. Crea una estructura y un conjunto de reglas que le den a tu hijo la sensación de que los muros de tu hogar son fuertes, que nadie los puede derrumbar. Crea esos muros con tu pareja. Hazlo con un matrimonio sano y lleno de amor, con valores perdurables, rituales significativos y rutinas en las que tus hijos se puedan apoyar.

4. Sabiduría. Dale a tu hijo la oportunidad de estudiar Torá. Enséñale la preciosa sabiduría de nuestros antepasados. Comparte con él las historias y las batallas que formaron a nuestra nación y a nuestras familias. Ayúdalo a construir para sí una base de conocimiento en la que se pueda apoyar mientras crezca.

5. Optimismo. Modela una actitud positiva para tu hijo viendo lo bueno en cada situación. Muéstrales cómo enfocarse en la esperanza en lugar de la desesperación. Enséñales que caemos para tener la oportunidad de levantarnos. Ayúdalo a transformar los fracasos en oportunidades de crecimiento.

6. Salud. Enséñale a tu hijo a comer alimentos sanos y nutritivos, a dormir bien y a hacer ejercicio. Haz que tenga un respeto saludable por su cuerpo. Imbuye en él una sensación de responsabilidad por el cuidado y la protección de su cuerpo para que pueda utilizarlo para alcanzar sus otros objetivos en la vida.

7. Apoyo. Sé una fuente de aliento y apoyo para tu hijo. Sé la persona con la que puede hablar al final de un día difícil sin temer ser juzgado ni criticado. Ayúdalo a desarrollar sus intereses. Nutre sus talentos. Estate presente para alentarlo y renovar su coraje.

8. Curiosidad. Enséñale a tu hijo a ser curioso sobre el mundo. Aliéntalo a hacer preguntas sobre todo. Enciende en él una pasión por la búsqueda y el aprendizaje. Ayúdalo a pensar con una mente abierta y una visión llena de asombro.

9. Agallas. Muéstrale a tu hijo cómo perseverar cuando las cosas se tornan difíciles. Enséñale a reconstruir sus torres cuando éstas se caen. Aliéntalo a levantarse más allá de cuántas veces caiga. Recompénsalo cuando se esfuerce en una tarea que le resulta difícil. Bríndale estrategias para construir su propia resistencia.

10. Aptitud. Dale a tu hijo las herramientas para que funcione independientemente. Enséñale a planificar, a adquirir habilidades y a actuar con determinación. Enséñale el valor de desarrollar su potencial en una variedad de áreas, pero enfatiza las áreas en donde es más fuerte.

En Januca miramos las pequeñas llamas de la menorá y vemos el fuego que ha mantenido a nuestra nación viva durante miles de años. Mira detenidamente a tus hijos a los ojos. El fuego también está allí. El tesoro que tu hijo puede traer al mundo está esperando a ser encendido y nutrido. El regalo más grande que podemos darles a nuestros hijos es reconocer su luz única y encaminarlos en su travesía para que traigan esa luz al mundo.

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7/12/2015

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