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Llegando a la Cima
Con Ojos de Mujer

Llegando a la Cima

Respondiendo la pregunta de Rosh HaShaná: ¿Hiciste todo lo que pudiste con los regalos que Dios te dio?

por

No puedo imaginar escalar el Monte Everest incluso bajo condiciones óptimas. ¿Se imaginan hacerlo ciego?

Eric Weihenmayer fue el primer escalador ciego que lo hizo. La hazaña parece estar más allá de toda comprensión. Mientras leía una entrevista que la Compañía Fast le hizo, no era el haber escalado esta increible cima lo que me emocionó, por más sensacional que seguramente fue; sino su sabia actitud hacia la vida.

Cuando le preguntaron si todo era posible, Weihenmayer respondió, "No, no todo es posible. Hay límites. Por ejemplo, yo no puedo conducir un auto. Pero hay buenas preguntas y malas preguntas en la vida. Las malas preguntas son las preguntas de "que pasaría si". ¿Qué pasaría si fuese más inteligente, o más fuerte? ¿Qué pasaría si pudiera ver? Esas son preguntas sin respuesta. Una pregunta buena es, ¿Cómo hago lo mayor posible con lo que tengo?".

Esa es la pregunta que todos tenemos que responder. Es la primera pregunta que tendremos que responder en el Día del Juicio Final. "¿Hiciste todo lo que pudiste con los regalos que te di? Y es la pregunta que tenemos que responder cada año en Rosh HaShaná. "¿Hice todo lo que pude con los regalos que Dios me dio?".

Muy pocos de nosotros lo hacemos. Por fortuna nuestro Padre en el Cielo es un padre amable y generoso – y Él nos da una posibilidad de volver a intentarlo. ¿Haré un mejor esfuerzo en el futuro para alcanzar mi verdadero potencial?

"¿Por qué tengo que estudiar problemas de matemáticas?", refunfuñó mi joven hijo. "¿Qué diferencia hace?".

"Dios te dio una buena cabeza con una habilidad para pensar de muchas formas distintas y Él quiere que tu desarrolles todas esas formas para que puedas utilizar tu cabeza de la mejor forma posible".

¡Inferí de su gruñido de respuesta y del hecho que regresó al libro que estaba leyendo, que él encontró útil mi explicación!

Pero es cierto. Todos hemos visto los diagramas que nos muestran cuan poco de nuestra capacidad cerebral utilizamos en realidad. Pero no es solamente nuestro poder cerebral el que no recibe atención. ¿Estamos maximizando nuestra capacidad de bondad? ¿Estamos dando todo lo que podríamos dar? ¿Hemos desarrollado nuestra paciencia al máximo? ¿Estamos profundizando nuestra gratitud por aquellos que han hecho cosas buenas por nosotros? ¿Estamos ejercitando los músculos de nuestras cualidades positivas y organizando nuestras energías para canalizar apropiadamente las cualidades negativas?

Como afirmó claramente Weihenmayer, todos tenemos límites. Puede que seamos demasiado bajos para el básquetbol profesional, que no tengamos suficiente dinero para financiar la investigación sobre el cáncer, que no seamos suficientemente creativos para coreografiar un ballet. No importa. A cada uno se nos ha entregado una serie de talentos únicos con los cuales podemos hacer realidad nuestro potencial. Esa es la descripción de nuestro trabajo.

Dios no va a comparar mis habilidades de baile con Baryshnikov o mi pintura con Monet. Pero Él preguntará sobre ese tiempo de desperdicié sentada leyendo revistas cuando podría haber estado haciendo cosas y creciendo. Él preguntará por qué no hice más con lo que tenía.

Sólo hay una persona de la cual tienes que sacar lo mejor – tú. En Rosh HaShaná, reafirmamos ese compromiso con nosotros y con Dios.

No tienes que cocinar como Julia Child para alimentar a tu familia y amigos con una cena deliciosa y saludable. No tienes que decorar tu casa como Martha Stewart para crear una atmósfera de preocupación y comodidad. No tienes que ser padre como el Dr. Spock (de hecho, ¡es mejor que no lo hagas!) para que tus hijos se sientan amados y apreciados.

Sólo hay una persona que debes tratar de emular – tú. Sólo hay una persona de la cual que tienes que sacar lo mejor – tú. En Rosh HaShaná, reafirmamos ese compromiso con nosotros y con Dios: Yo lucharé por ser lo mejor que puedo ser. Para hacerlo más que tan sólo un lema, la clave es la realización. Nuestro compromiso debe venir con acciones simultáneas. ¿Qué voy a hacer hoy diferente que ayer?

Debemos hacer un plan y luego revisar al final del día para asegurarnos que nos hemos regido por él. Nuestra credibilidad –con Dios, y con nosotros mismos– está en juego. ¿Me exigí a mi mismo un poquito más hoy de lo que lo hice ayer? ¿Me aventuré tan sólo un paso más allá de mi zona de comodidad?

Nosotros no comprendemos el plan maestro – por qué el desafío de una persona es la riqueza y el de otra es la pobreza, el de ella es la enfermedad y el de él es la salud, el de ella una aguda mentalidad de negocios y el de él una veta artística. Pero Dios nos ha otorgado la habilidad de estar a la altura de nuestros desafíos, para sacar provecho de ellos y para prosperar.

Piensen en la tremenda cantidad de fuerza de voluntad y determinación que tuvo que tener Eric Weihenmayer para escalar el Monte Everest, la planificación y la perseverancia. Para seguir empujando, paso tras paso.

Ese es nuestro trabajo – seguir empujando. Creer en nosotros mismos y en el apoyo de Dios. Ser tanto realistas como esperanzados.

Una de las estrategias de Weihenmayer era rodearse de "buenas personas que me hacen más fuerte". Esa es una herramienta importante de auto-realización. Si tu círculo de amigos desalienta el crecimiento a favor de recostarse en la playa (yo vivo en California del sur ¡y hay veces en que no hay nada como el océano!), entonces será más difícil para ti lograr metas serias. Queremos que los amigos nos empujen (¡incluso si a veces nos vuelven locos!) en vez de frenarnos.

Y debemos tener una actitud positiva. En vez de lamentarnos por nuestro destino, en vez de reclamar por la injusticia de la vida, en vez de sucumbir a la amargura, Eric da el ejemplo con una sonrisa, con optimismo y con fe.

"…cuando estoy escalando alguna roca difícil a 1,000 pies de altura, no estoy pensando, ‘Si pudiese ver ese agarre ahí arriba, la vida sería tanto más fácil’. Solamente pienso, Gracias Dios que estoy aquí arriba".

La vida de Eric Weihenmayer es una lección de determinación. Hora tras hora, minuto tras minuto de resuelto enfoque y devoción. Si él pudo aprovechar todo ese poder para escalar una montaña, ¿A cuánto más podríamos nosotros acceder para servir a Dios?

El secreto de Weihenmayer es creer en sí mismo y en su potencial al mismo tiempo de reconocer limitaciones apropiadas. Si creemos en nosotros mismos y en nuestro potencial, las posibilidades son infinitas. Y si le pedimos a Dios que nos ayude, expandimos nuestros límites exponencialmente.

El secreto judío es que no tienes que hacerlo solo. Si escalas tu Monte Everest personal y le pides a Dios que te ayude, Él te llevará arriba de esa montaña. Dios no tiene que presionarse para dar; Él tan sólo está esperando la oportunidad. Este año, pídele Su ayuda, pídele que te ayude a hacer lo más que puedas con lo que tienes. Haz el compromiso de hacer todo lo que puedas, y mira como se abrirán las puertas.

18/9/2011

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