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Diez Preguntas para Diez Días

Diez Preguntas para Diez Días

Cómo prepararse para las Altas Fiestas.

por

Déjalo en manos de creativos ejecutivos de publicidad.

El año pasado un grupo de ellos se reunió y arrendaron una enorme pancarta electrónica en Times Square. Durante el periodo de 10 días desde Rosh HaShaná hasta Iom Kipur ellos transmitieron una pregunta diferente cada día para que los transeúntes reflexionaran durante este período dedicado a la introspección e inventario espiritual.

Yo estaba ahí e hice una encuesta al azar, preguntándole a las personas si se inspiraron con el mensaje de la pancarta. Sorprendentemente, cada persona con la que hablé me dijo cuan significativa les pareció está inesperada invitación a la auto-contemplación.

No se si van a hacerlo nuevamente este año así que pensé en compartir mis 10 preguntas con ustedes con la esperanza de que la experiencia de las Altas Fiestas sea más enriquecedora.

Les sugiero que se concentren solamente en un tema al día para cada uno de los 10 días de arrepentimiento.

Pregunta #1: ¿Por qué debería estar agradecido al comenzar el Año Nuevo?

Paso tanto tiempo de mis días entristecido por las cosas que no tengo que olvido estar agradecido por todas las bendiciones que Dios me ha dado.

Damos tantas cosas por sentado y solamente apreciamos nuestros regalos cuando tememos que nos serán quitados. ¿Por qué solamente apreciamos nuestra salud cuando ya no la tenemos? ¿Por qué solamente apreciamos a nuestros padres cuando ellos ya no están con nosotros? ¿Por qué solamente apreciamos nuestra riqueza cuando tenemos miedo de perderla?

Los judíos recitan al menos 100 bendiciones cada día. Dios no necesita tanta alabanza pero nosotros necesitamos al menos esa cantidad de recordatorios de todas las cosas maravillosas que Él nos otorga continuamente. Al comienzo de un nuevo año necesito hacer una lista mental de todas las cosas buenas con las que he sido bendecido.

¿Soy culpable de no haberme dado cuenta que la hoja de balance de mi vida está llena de recursos?

Pregunta #2: ¿Qué le debo a Dios por todas las cosas buenas que ha hecho por mí?

Me encantó la tarjeta de presentación que me dio un amigo una vez. Al reverso de la información básica de nombre/dirección/teléfono decía: “¿¡Qué estás haciendo en este mundo por Dios!?”.

Es una excelente pregunta que todos nosotros debiéramos estar preguntándonos mientras hacemos inventario de nuestras vidas aquí en la tierra. Todos estamos aquí con un propósito; cada uno de nosotros tiene una misión especial. La forma de identificarla es estar concientes de nuestros talentos especiales. Desarrollar nuestros regalos individuales y utilizarlos para ayudar a otros es dejar un legado que valida nuestras vidas y prueba que hemos hecho algo "por Dios".

A medida que se acerca el Año Nuevo yo quiero asegurarme de que no seré un parásito; tomando de las bondades del mundo y no haciendo nada a cambio.

¿Soy culpable de no hacer suficiente por Dios aquí en la tierra para ganarme mi estadía?

Pregunta #3: ¿Qué puedo hacer para asegurarme de que Dios escuche mis rezos?

La diferencia entre el rezo y el estudio de Torá, explicó bellamente el Rav Kook, es que en el rezo el hombre le habla a Dios, pero en la Torá Dios le habla al hombre.

A través del período de las Altas Fiestas estamos ocupados diciéndole a Dios qué es lo que queremos de Él. Le pedimos que se haga cargo de todas nuestras necesidades – nuestra salud, nuestras finanzas, nuestras familias. Le pedimos a Dios que revise cuidadosamente el largo libro de nuestras preocupaciones.

¿No es justo que nosotros nos comprometamos a pasar algo de tiempo estudiando el libro en el cual Él explica lo que Él quiere de nosotros?

El mundo reconoce la singularidad de los judíos llamándonos “el pueblo del libro”. Estudiarlo es aprender el secreto de transformar nuestras vidas en sagradas. E incluso mientras nos hacemos cada vez más expertos en hacer varias cosas al mismo tiempo parecemos no encontrar tiempo para un refresco espiritual. ¿Realmente no tenemos oportunidad de estudiar Torá cada día cuando las estadísticas revelan que la persona promedio pasa más de cuatro horas al día vendo TV y leyendo revistas y periódicos?

¿Soy culpable de que no me importe lo suficiente como para pasar tiempo escuchando lo que Dios tiene para decirme – y luego tener el descaro de estar afectado cuando Él parece no escuchar lo que yo le estoy diciendo?

Pregunta #4: ¿Soy optimista en cuanto al año que viene?

El judaísmo demanda que siempre seamos optimistas. Un pesimista no es nada más que un adivino de desgracias; una persona que no tiene esperanza en la redención porque no cree en un redentor.

En una época de crisis económica como hoy en día, es imperativo que recordemos que Dios se identifica a Si mismo como aquel que “te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud”. Dios conoce nuestro plan personal. Dios está conciente de nuestro sufrimiento. Dios escucha nuestros rezos. Tenemos una profunda relación con Él.

Nuestra esperanza es el mayor indicador de nuestra fe. Nuestro optimismo es la señal de nuestra convicción en la ayuda Divina. Nuestra confianza es la clave para que Dios nos conceda una respuesta favorable.

¿Soy culpable de darme por vencido demasiado pronto como para que mi falta de fe en la ayuda Divina sea responsable de una profecía auto-cumplida?

Pregunta #5: ¿Cuál es mi sueño para el año que viene?

El Talmud dice, "Quienquiera que no tiene un sueño al menos una vez cada siete días es llamado malvado".

Los comentaristas explican que cada siete días hay un Shabat, y si un día santo va a tener algún significado, entonces, debe dotarnos con la capacidad de soñar. Nuestro estado de alerta está limitado por la realidad. Nuestros sueños reflejan nuestro deseo de elevarnos por sobre lo que somos en este momento y alcanzar nuestro mayor potencial.

Nuestro patriarca Jacob soñó con una escalera basada en el suelo pero con el otro extremo en los cielos. Muchos de nosotros también, comenzamos nuestras vidas con visiones idealistas. Trágicamente, demasiado a menudo nuestros sueños quedan olvidados y se transforman en víctimas de limitaciones que consideramos insuperables.

¿Soy culpable de haber renunciado a mis sueños de convertirme en la persona que pensé que podía ser? ¿A qué meta puedo comprometerme para el próximo año que transformaría mi vida si yo la persiguiera seriamente?

Pregunta #6: ¿Qué debería hacer diferente este nuevo año?

Fue Albert Einstein quien famosamente definió la demencia como "hacer la misma cosa una y otra vez y esperar resultados diferentes".

Entonces, ¿por qué espero realmente que mi vida cambie si no hago nada pro-activo para que eso ocurra?

El tema de Rosh HaShaná y Iom Kipur es el cambio. Si no trabajo para mejorar alguno de mis defectos, sencillamente no entendí el mensaje.

¿Soy culpable de no hacer nada para transformarme en una mejor persona? E incluso si sé que no puedo ser perfecto, ¿En que área puedo trabajar para comenzar a mejorarme a mí mismo?

Pregunta #7: ¿Por qué debería rezar?

Qué pasaría si supieras que te van a conceder un solo deseo, ¿Qué pedirías?

Los rabinos nos dicen que nuestros rezos en las Altas Fiestas se ven afectados por el oculto sentido de prioridades que les incorporamos. ¿Nuestro mayor fervor está reservado para nuestras finanzas y nuestra petición a Dios centrada principalmente en torno a las fantasías de Tevye sobre lo que haría "si yo fuera rico"? ¿Estamos rezando por bienes materiales o por ganancias espirituales? ¿Qué nos daría una mayor alegría si Dios nos garantizara su realización?

¿Soy culpable en el pasado de no haber priorizado correctamente? ¿He aprendido finalmente la diferencia entre lo que quiero y lo que necesito para ser bendecido con una vida buena?

Pregunta #8: ¿Por quién debería rezar?

A pesar de todos mis problemas, yo sé que hay muchos que están peor que yo. Rezar por ellos es reconocer mis bendiciones.

Y más: hay una notable enseñanza en el judaísmo que aquel que reza por otros obtendrá beneficio él mismo primero.

Dentro del círculo de nuestra familia, amigos y comunidad, hay muchos que podrían beneficiarse de nuestros rezos. Si nos convertimos en sus voceros fortalecemos los lazos de nuestra amistad y creamos un arsenal más grande de méritos para nosotros.

¿He pensado cuidadosamente en todas aquellas personas que me importan y que podría agregar a mi lista de personas por las que rezo?

Pregunta #9: ¿Qué pequeño paso puedo dar para comenzar un cambio significativo?

Mi maestro favorito me dijo una vez, "Es mejor dar muchos pasos pequeños en la dirección correcta que dar un gran salto hacia adelante y caer de espaldas".

El mejor tipo de progreso viene poco a poco. Cuando me dispuse a perder 20 kilos, mi plan de dieta, como era de esperarse, falló. Pero cuando decidí que dejaría de tomar gaseosas con azúcar, tuve éxito en disminuir mi peso lentamente en un período de varios meses.

Se ha dicho que el coraje es una acumulación de pequeñas victorias. Sé que esto es verdad en mi vida espiritual también. Es por eso que he decidido escoger una mitzvá, sin importar cuan pequeña sea, para perfeccionar a lo largo del nuevo año.

¿Soy culpable de intentar abarcar demasiado en el pasado y de terminar sin siquiera una pequeña diferencia?

Pregunta #10: ¿Que puedo hacer por mi pueblo y por la tierra de Israel?

Sé que soy solamente un eslabón en la larga cadena de la historia judía. Y si solamente estoy para mí, ¿quién soy?

He pasado por los horrores del Holocausto y he presenciado el milagro del regreso de nuestro pueblo a nuestra patria nacional. Soy parte de la generación que conoce demasiado bien la necesidad de asegurar que el término "nunca más" defina nuestra misión histórica.

Elie Wiesel lo expresó hermosamente cuando dijo que, más que a la crueldad humana, el temía a la indiferencia.

Yo tiemblo cuando pienso que puedo ser culpable del pecado del silencio en la cara de las renovadas amenazas genocidas en contra de Israel. ¿Estoy haciendo suficiente por mi pueblo?

Mi décima y última pregunta coincide con Iom Kipur. Ese es el día en que concluimos todos nuestros rezos con la esperanza de que el próximo año tengamos el privilegio de reunirnos en la Jerusalem reconstruida. Que tengamos el mérito de apresurar ese día.

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2/10/2011

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