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Simjat Torá: Sólo tú y yo

Simjat Torá: Sólo tú y yo

En medio de todo el baile y la celebración, nos damos cuenta que estamos a solas con Dios.

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Simjat Torá tiene una curiosa descripción en la Torá: “En el octavo día habrá una convocación sagrada para ti… es una retención (atzéret)” (Levítico 23:36). ¿Qué es una retención?

El Midrash explica:

“Dios le dice a Israel: ‘Los retengo junto a Mí’. Es como un rey que invita a sus hijos a un banquete que durará varios días. Cuando llega el momento de irse, dice: ‘Mis hijos, por favor quédense conmigo otro día. La partida de ustedes es difícil para Mí. Acabamos de pasar Rosh HaShaná, Iom Kipur y Sucot juntos. Los he juzgado, los he perdonado y los protegí del sol en Mis Nubes protectoras. No quiero que se vayan tan pronto. Quédense un día más’”.

¿Por qué celebramos la Torá en este día?

Simjat Torá tiene un aspecto muy íntimo. Después de celebrar tantas otras ocasiones festivas, Dios nos pide un último día, sólo con nosotros. No hay actividades especiales: no hay shofar, juicio, sucá, lulav. “Dejemos todo de lado y pasemos juntos un día más, sólo ustedes y Yo”. De hecho, las festividades anteriores involucraban a toda la humanidad: en las Altas Fiestas Dios juzga a todo el mundo. En Sucot llevábamos ofrendas al Templo para el bienestar de todas las naciones. Simjat Torá es distinto. Dios nos pide que pasemos un tiempo juntos, con tranquilidad. No hay nadie más, sólo nosotros.

¿Cómo celebramos nuestro día especial con Dios? Tomando Su regalo especial para el pueblo judío: alzando Su Torá y bailando con ella.

¿Pero por qué celebramos la Torá en este día? ¿Acaso no recibimos la Torá en la festividad de Shavuot que conmemora la Revelación en el Monte Sinaí? ¿Por qué el extremo opuesto del año?

La respuesta es que perdimos la Torá que recibimos en Shavuot. Después de la Revelación, Moshé permaneció en la montaña durante 40 días más, mientras Dios le enseñaba la Torá que después él debería enseñarle a la nación. Moshé descendió de la montaña y encontró a una parte de la nación bailando alrededor de un Becerro de Oro, mientras la mayoría del pueblo permanecía indiferente ante la tragedia. Moshé rompió las Tablas, anulando nuestro primer matrimonio con Dios. Perdimos la Torá que acabábamos de adquirir; no fuimos capaces de vivir a la altura de sus ideales.

Moshé pasó los 40 días siguientes pidiéndole a Dios que no eliminara a la nación por completo. Luego pasó otros 40 días en el Monte Sinaí recibiendo las Segundas Tablas. Volvió en Iom Kipur, cuando Dios perdonó a toda la nación. Esta es la Torá que celebramos en Simjat Torá.

Entonces, hay dos fechas en el calendario judío en que celebramos la Torá: Shavuot y Simjat Torá. En Shavuot celebramos la Torá que tuvimos y perdimos. ¿Por qué celebramos lo que perdimos? Porque el importante evento de la Revelación en Sinaí fue algo que el mundo jamás olvidará. Dios bajó al Monte Sinaí con toda Su gloria, y toda la creación quedó congelada ante la abrumadora presencia de Dios. El pueblo de Israel se aterrorizó, se sacudió hasta la médula. Le rogamos a Moshé que actuara como intermediario entre nosotros y Dios, “…¿porque quién de entre toda carne escucha la voz del Dios Viviente hablando desde el fuego como nosotros y vive?” (Deuteronomio 5:23) Fue una experiencia intimidante, una que nosotros como nación, al igual que el mundo entero, jamás olvidaremos.

En la actualidad muchas personas celebran Shavuot permaneciendo toda la noche despiertos estudiando Torá. ¿Quién puede dormir en la noche previa a semejante evento? Sin embargo, durante Shavuot, nunca nos preguntamos si estamos respetando la Torá que Dios nos dio. La Torá que Dios nos dio en el Monte Sinaí no es la Torá que tenemos hoy. La revelación fue el mayor evento nacional que nos ha ocurrido como pueblo, pero no pudimos vivir a la altura del mismo.

Una Torá personal

En contraste, en Simjat Torá no celebramos nuestra recepción nacional de la Torá, sino la personal. Dios nos dio las Segundas Tablas porque nos consideró aptos para recibirlas. Acababa de perdonarnos en Iom Kipur y decidió aceptarnos de nuevo. En Simjat Torá cada uno de nosotros celebra acercándose a esa Torá que Dios nos confió y bailando con ella. Por esta misma razón, cada uno de los miembros de la sinagoga es llamado a la Torá para la lectura de una sección.

Bailar en una multitud es una experiencia muy personal

Todo el que ha bailado en una multitud sabe que, en realidad, es una experiencia muy personal. A pesar de la gran cantidad de personas que te rodea, te sientes muy solo. Te pierdes en una gran masa de gente en movimiento, no estás consciente de los individuos que hay dentro del grupo ni de tu ubicación dentro de él.

Cuando bailamos en Simjat Torá celebramos nuestra relación personal con la Torá. Al mismo tiempo, nos sentimos parte del pueblo de Israel y, al mismo tiempo, a solas con nuestro Dios. Esta no es sólo la Torá de la nación de Israel, sino que es nuestra propia Torá. Cada uno de nosotros sostiene la Torá y celebra lo que significa la sabiduría de Dios para él. Cada persona tiene su propia perspectiva sobre la Torá de Dios. Cada persona tiene su historia sobre cómo la Torá ha tocado su vida y cómo se ha convertido en la persona que es actualmente.

La familia de mi abuelo llegó a Estados Unidos desde Ucrania a principios del siglo 20, siendo uno de entre 11 hijos en una familia muy tradicional. En una historia que se repitió literalmente 2 millones de veces, la gente envió a sus hijos a escuelas públicas y se occidentalizaron, perdiendo la mayoría de sus observancias religiosas en el proceso.

Todos excepto mi abuelo. Hace casi 100 años, un rabino local convenció a su padre —mi bisabuelo— de enviar a su hijo Abraham a una yeshivá en otra ciudad. Siendo tan sólo un adolescente, mi abuelo fue a estudiar en lo que más adelante se convertiría en Yeshiva University, donde obtuvo su ordenación rabínica, al igual que lo hicieron su hijo y su nieto después de él.

Cada uno de nosotros tiene su historia personal, cómo se convirtió en la persona que es actualmente y qué significa la Torá para él. La Torá es posesión de todos nosotros. Nadie tiene el monopolio de la sabiduría de Dios. Es sabiduría que todos podemos estudiar y a partir de la cual todos podemos crecer, todos podemos reconocer el mensaje personal que tiene para cada uno de nosotros. Cuando bailamos en Simjat Torá, celebramos que hemos sido limpiados en Iom Kipur. Celebramos que Dios ha vuelto a aceptarnos. Y celebramos que la Torá es nuevamente nuestra.

12/10/2014

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