En 372 AEC se pusieron en Jerusalem los cimientos del Segundo Templo, como está registrado en el Libro de Ezra (3:8). El nieto de un rey judío, Zerubavel, lideró al primer grupo de judíos que regresaron desde el exilio en Babilonia. Ayudó a quitar los escombros calcinados que llenaban el sitio del Segundo Templo, y los cimientos fueron puestos en medio de expectación pública y júbilo. Este Segundo Templo se convertiría en el centro de culto judío por 420 años, antes de ser destruido por los romanos en el año 70 EC. Hoy en día, el Muro de los Lamentos es un remanente del complejo del Templo, el punto central de las plegarias judías por milenios.