En 1946, el líder rumano Ion Antonescu fue ejecutado por su rol en la Segunda Guerra Mundial. Antonescu aprobó docenas de leyes anti-judías, y ordenó directamente pogromos y deportaciones a campos de concentración. Antonescu, cuya madrastra y esposa eran ambas judías, dijo: “le doy a la muchedumbre permiso para masacrar [a los judíos]. Me retiraré a mi fortaleza, y después de la matanza restauraré el orden”. Bajo su gobierno fueron asesinados aproximadamente unos 300.000 judíos en Rumania y Transnistria. Hacia el final de la guerra, Antonescu fue arrestado y llevado a juicio por el gobierno comunista en Bucarest bajo el cargo principal de haber apoyado la invasión alemana a la Unión Soviética. Fue sentenciado a muerte y ejecutado.