En 1783, fuerzas norteamericanas recapturaron la ciudad de Nueva York, despejando el camino para el retorno de los judíos que habían sido forzados a huir cuando los británicos la conquistaron en 1776. Los líderes judíos estuvieron en peligro debido a su apoyo público a la Revolución Americana. Quizás el más conocido fue Jaim Salomon, un inmigrante polaco que trabajó como agente encubierto para George Washington. Salomon fue arrestado en 1778 acusado de destruir propiedad inglesa en Nueva York, fue condenado a muerte por sabotaje, pero sobornó a su guardia mientras esperaba la ejecución y escapó a Philadelphia. Salomon fue un astuto comerciante y banquero, y tuvo éxito en acumular una inmensa fortuna que utilizó para financiar la revolución y luego para salvar a la nueva nación del colapso financiero. Cuando Salomon murió, de tuberculosis, a la edad de 45 años, estaba en bancarrota y el gobierno de Estados Unidos le debía $700.000 en préstamos impagos. En 1975, Estados Unidos emitió un sello postal en su honor.