En el año 1290, los últimos de los 16.000 judíos expulsados por el Rey Edward dejaron Inglaterra. El Rey Edward había prohibido la usura y había forzado a los judíos sobre la edad de siete años a utilizar una insignia identificativa. Algunos judíos se las ingeniaron para permanecer en Inglaterra, pero miles fueron forzados a salir (años antes, el Rey Henry III había forzado a los judíos a pagar la mitad del valor de sus propiedades como impuesto, y ordenó que el servicio religioso en la sinagoga fuera realizado en silencio para que los cristianos no tuvieran que escucharlo). Después de la expulsión, los judíos no retornaron a Inglaterra por 350 años, después de eso la política fue revertida por Oliver Cromwell en 1655.