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Más allá de la Lista de Schindler

Más allá de la Lista de Schindler

Cómo Schaja Kleinberg sobrevivió al Holocausto y salvó un Sefer Torá de 400 años de antigüedad.

por Jessica Naiman

Schaja Kleinberg, de noventa y dos años de edad, pertenece a un grupo muy selecto de personas – él es uno de los pocos judíos que aún siguen con vida cuyo nombre estaba en la lista de Oskar Schindler, famosa por la película de Steven Spielberg, ganadora de varios Premios de la Academia.

Schaja nació el 1 de abril de 1920 en Bochnia, Polonia, hijo de Avraham Schiya Heshel y Rivka Liba Kleinberg. Bochnia, que era el hogar de 3.500 judíos, estaba entrelazada con la pobreza, pero la comunidad se sentía orgullosa, era autosuficiente y generosa. Los ricos se preocupaban de los pobres y todo el mundo era tratado con dignidad. Alto, con su pelo castaño ondulado grueso y una bella voz que más tarde utilizaría como cantor, Schaja pasó su adolescencia estudiando como un Jasid Bobover y luego persiguiendo una carrera en los negocios.

El 1ro de septiembre de 1939 fue un viernes por la mañana. La Alemania Nazi invadió Polonia. Schaja y su padre estaban sumergiéndose en la mikve cuando las sirenas de la ciudad comenzaron a sonar. La familia Kleinberg recibió el Shabat como de costumbre esa noche y fueron a la sinagoga a la mañana siguiente. En el momento en que regresaban a casa para la cena, los soldados ya habían entrado a la ciudad a pie y en caravana.

Una mañana, pocos días después de la invasión, un tanque se detuvo junto a Schaja y su cuñado mientras caminaban de vuelta a casa de la sinagoga.

"¿Qué hay en el interior de ese paquete?".

Schaja lo abrió y sacó su talit y sus tefilín.

"Te vamos a colgar con esas correas un día", fue la respuesta del soldado.

Los judíos de Bochnia pronto fueron forzados a un gueto donde la vida era difícil pero aún vibrante. Una de las dos hermanas de Schaja trabajaba como sirvienta en la casa de un oficial de las SS y estaba al tanto de información privilegiada. Cuando la liquidación del gueto se inició en 1941, ella descubrió que su hermana y su madre serían transportadas al campo de exterminio de Majdanek. Su empleador de la SS insistió en que se quedara con él y trabajara, pero ella se negó a abandonar a su familia. Ella se fue junto a su hermana y su madre a Majdanek, donde las tres perecieron.

La liquidación se intensificó en 1942, y el padre de Schaja fue enviado finalmente a un campo de concentración donde también pereció. Él fue uno de los últimos 150 judíos en el gueto.

La experiencia de Schaja le aseguró un trabajo prometedor en la fábrica de Schindler.

Schaja fue uno de los últimos 50 judíos en el gueto de Bochnia en 1942 antes de ser enviado al campo de trabajos forzados de Plaszow, en Cracovia. En el gueto, él había trabajado en una fábrica de municiones, y esta experiencia le aseguró un trabajo prometedor en la fábrica de Oskar Schindler, inmediatamente después de su llegada a Plaszow.

Gracias a Schindler, Schaja trabajó bajo una relativa seguridad, aunque él recuerda vívidamente al infamemente cruel comandante del campo, Amon Goth. Un incidente se destaca en particular:

Goth tenía un sabueso personal entrenado para matar atacando la garganta de la víctima. Cuando él perro salía, eran malas noticias. Una vez, Goth le ordenó al perro atacar a un niño, pero el perro amaba tanto al chico que se negó. Tres veces Goth le ordenó lo mismo y tres veces se negó. En un ataque de rabia, Goth le disparó al muchacho y a su querido perro. Desde aquel día, dice Schaja, Goth se convirtió en un lunático rígido y rabioso, matando sin piedad.

“Los trabajadores de Schindler no vimos mucho al hombre mismo”, dice Schaja. Diariamente, ellos trataban mayormente con Itzhak Stern, su cómplice judío y secretario. Durante la liquidación de Plaszow en 1943, la SS le ordenó a Kleinberg y a un grupo de hombres que cavaran sus propias tumbas para ser fusilados. Mientras cavaban, Schindler irrumpió hacia donde estaban ellos, gritando "¡Alto! Este es uno de mis trabajadores!", Refiriéndose a Kleinberg. Schindler personalmente le salvó la vida ese día.

Finalmente, Schaja fue transportado a Zwittau-Brinnlitz junto con los otros aproximadamente 1.100 afortunados nombres en la lista de Schindler, donde trabajó bajo su protección hasta la liberación soviética en 1945. Al final de la guerra, había perdido 61 miembros de su familia y fue uno de los 50 judíos sobrevivientes de Bochnia.

Durante sus años en la fábrica de Schindler, él desarrolló una amistad con los hermanos Moshé y Mechel Essig. Si todos ellos sobrevivían, dijeron los hermanos, Schaja se casaría con su hermana Matilda. Schaja se mostró escéptico. Cuando se dio cuenta de que no quedaba nadie en Bochnia, Schaja fue a Cracovia para encontrar a sus amigos y allí se enamoró de la hermana de ellos. Matilda y Schaja se casaron en Praga y pronto se asentaron en Munich.

Judaica Robada

Un día, Schaja estaba caminando por la calle cuando notó algo inquietante. El dueño de una tienda alemana había colgado talitot en el escaparate como cortinas. Él entró y se acercó a la mujer en el mostrador, quien explicó que su marido había servido en el ejército alemán y trajo a casa un surtido de artículos judíos que había recogido durante la guerra. Schaja insistió en que ella sacara los objetos rituales sagrados de la ventana y entregara los demás bienes robados, pero ella se negó.

El dueño de una tienda alemana había colgado talitot en el escaparate como cortinas.

"El ejército está esperando afuera y están dispuestos a venir aquí a detenerla si usted no me da los objetos", dijo Schaja. Era una mentira del momento, pero funcionó. Ella le entregó los talitot y una colección de fotos, entre ellas un cuadro original del Rebe de Bobover.

Desde ese día en adelante, Schaja desarrolló una reputación en relación a recuperar bienes robados judíos siempre que fuera posible, que pronto lo condujo a un encuentro con un hombre que tenía una historia notable.

Era Kristallnacht, 9-10 de noviembre de 1938, y los nazis estaban embarcados hasta las rodillas en una destrucción desenfrenada de negocios judíos y sinagogas. Cuando se acercaron a la principal sinagoga de Munich, el portero no-judío los convenció de que sería absurdo incendiar la sinagoga poniendo en peligro la famosa Ópera de Munich que se encontraba cerca. Él incluso los convenció de preservar el interior y que lo utilizaran como un establo de caballos.

Arriesgando su propia vida, el portero sacó dos rollos de la Torá desde el arca y los enterró en un cementerio no-judío. Después de la guerra, la sinagoga reabrió y el hombre volvió a su puesto de trabajo. Él exhumó los pergaminos y los devolvió, pero los años bajo tierra habían hecho que ya no fueran aptos para ser utilizados en el servicio de la sinagoga de acuerdo a la ley judía, por lo que la comunidad los puso aparte.

Con el tiempo, los rabinos de Munich decidieron enterrar las reliquias, pero Kleinberg no quería oír hablar de ello. Para él, eran símbolos de fe y supervivencia.

Volver a la Vida

Así que Schaja mantuvo los rollos con él en Munich y luego los cargó por todo el mundo hasta Oak Park, Michigan en 1989, donde él y Matilda se trasladaron para estar cerca de su hija y su yerno, Malka y Aarón Blumenfeld y sus cinco hijos. Durante dos décadas, las Torot estuvieron envueltas en mantas en el armario de cedro de los Blumenfeld.

En el año 2004, la nieta de Schaja, Aliza (Blumenfeld) Chodoff hizo aliá a Israel. Durante su primer Sucot en el país, ella se emocionó al ver los alegres bailes con Torot y no podía dejar de recordar los rollos de su Zeide en Detroit.

"Me quedé pensando, ¿no sería genial si pudiésemos solamente bailar con ellos? A pesar de que no eran utilizables, sólo bailar con ellos", dijo Aliza, quien vive hoy en Carmiel con su marido Dov, un oficial de las FDI, y su hijo de tres años de edad, Nati.

En el año 2006, el suegro de Aliza, Elliot Chodoff, se interesó por las Torot y decidió trasladar un rollo a través del océano hasta Jerusalem.

Los expertos estiman que la Torá tiene 400 años, y sus letras están escritas en un estilo único, visto rara vez hoy en día.

"Aliza me habló del Sefer Torá y de que no podía ser reparado", dice Chodoff, un analista político y militar que da conferencias por todo el mundo sobre el conflicto de Medio Oriente y la guerra contra el terror. "Yo no soy un experto, pero cuando vi la Torá, en mi opinión, podía ser reparada".

Así que llevó el rollo a los líderes del país en restauraciones de Torá, Majón Ot en Jerusalem.

Los expertos estiman que la Torá tiene 400 años, y sus letras están escritas en un estilo único, visto rara vez hoy en día. La organización sin fines de lucro estuvo de acuerdo en que era reparable; Chodoff sólo necesitaba los fondos, varios miles de dólares. Así que comenzó la recaudación de fondos en 2006.

En un giro fascinante, Chodoff se encontró a sí mismo sentado en una mesa en frente de una pariente cercana de Oskar Schindler, una educadora católica, durante una conferencia. Cautivada por la historia, ella alistó a su iglesia para ayudar a recaudar los fondos.

Tomó seis años, pero el 9 de diciembre de 2011, la comunidad de la colina de Eshchar en la región de Galilea en Israel, acogió con satisfacción la Torá totalmente restaurada con bailes y cantos.

Como miembro fundador de Eshchar, Chodoff llama al creciente poblado de 150 familias una "comunidad modelo en Israel", donde judíos religiosos y laicos viven juntos como vecinos muy unidos.

La determinación de Schaya, que finalmente trajo un Sefer Torá de vuelta a la vida, también reconstruyó su familia. Él nunca abandonó la fe de su juventud y en la actualidad tiene nueve nietos y 22 bisnietos repartidos en los Estados Unidos e Israel de sus hijos Malka Blumenfeld de Detroit y Oskar Kleinberg de Toronto. Él es un miembro muy querido del Kollel Institute del Gran Detroit, y a pesar de que hace mucho tiempo atrás se retiró de sus 45 años de carrera como cantor, su voz potente sigue siendo un elemento básico en las bodas de la familia y bar mitzvot, así como en reuniones de sobreviviente del Holocausto, donde él suele recitar Kadish y un conmovedor Kel Rajamim.

"Se me dio el don de la vida, la supervivencia", dice Kleinberg. "Estos pergaminos también tenían el derecho a vivir. No podía abandonarlos sólo porque alguien dijo que eran demasiado viejos".

Hoy en día, al menos uno de los rollos vive nuevamente en la patria judía, un símbolo de esperanza y renacimiento, más de siete décadas después del Holocausto.

El otro pergamino de Munich, más otro que Kleinberg recibió en custodia en un campamento para personas desplazadas después de la guerra, permanecen en Detroit.

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