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¿Por qué mi mamá se mudó a Israel?

¿Por qué mi mamá se mudó a Israel?

Sobre todo ahora, en esta difícil época, mi madre quiere hacer una declaración: Yo estoy con Israel.

por Richard Rabkin

Hace dos semanas mi madre hizo Aliá. Ella se trasladó a vivir a Israel sola. A los 70 años.

¿Cómo una mujer sola, de 70 años de edad, originaria de Canadá, decide mudarse a Israel? En realidad, es una historia fascinante.

Invitación de Golda Meir

Mi madre, Brenda Yablon, nació en Montreal en la década de 1940. Asistió a una escuela primaria judía y sobresalió en la mayoría de sus estudios, incluyendo el idioma hebreo. En 1957, cuando mi madre tenía tan sólo 12 años, la entonces Ministra de Asuntos Exteriores de Israel, Golda Meir, llegó a Montreal para recaudar fondos y adeptos para el estado naciente. Uno de los eventos programados fue un discurso a la juventud judía de la ciudad, que tuvo lugar en el famoso Foro de Montreal, sede del equipo de hockey local, los Montreal Canadiens.

A pesar de que Golda hablaba inglés con fluidez (ella creció en Milwaukee), el gobierno de Israel tomó la decisión de que su Ministra de Relaciones Exteriores debía dirigirse a las audiencias exclusivamente en hebreo. Los reporteros de los periódicos locales de Montreal se presentaron para cubrir el evento, pero por supuesto, no entendían una palabra de hebreo. Así que empezaron a buscar a alguien que pudiera traducir. Todos los estudiantes estuvieron de acuerdo, “Brenda es la que mejor sabe hebreo, ella puede actuar como intérprete”. Y así fue.

Después de que Golda Meir terminó su discurso, uno de sus asistentes oyó la historia sobre la joven traductora de 12 años y le comentó a la Ministra. Golda Meir pidió que encontraran a la joven y se la trajeran.

“¿Cuántos años tienes, jovencita?”, le preguntó Golda a mi madre.

“Doce años”, respondió mi madre.

“¡¿Y a los 12 años de edad ya hablas tan bien hebreo?!”. Golda tomó la mano de mi madre cálidamente y le dijo: “El Estado de Israel necesita jóvenes como tú. Después de terminar tu educación, ven y ayúdanos a construir nuestro país. Espero verte pronto”.

Kibutz y la Universidad Hebrea

Después de graduarse de la escuela secundaria, mi madre le suplicó a sus padres para que le permitieran pasar algún tiempo en Israel. Después de mucho pedir, ellos accedieron a que pasara un verano trabajando en un kibutz. Ella se quedó en el kibutz Gvat y fue emparejada con una familia de apellido Shachak. Le preguntaron de dónde era su familia antes de que se mudaran a Montreal. “Lodz, Polonia”, respondió ella. La familia Shachak también era originaria de Lodz. Un par de llamadas más tarde, descubrieron que eran primos.

El verano en el kibutz dejó a mi madre con ganas de más, pero ella se había inscrito en un programa de pregrado en la prestigiosa Universidad McGill en Montreal. Una vez allí, se enteró de que la Universidad Hebrea de Jerusalem planeaba lanzar un programa de intercambio para estudiantes de países de habla inglesa. Ella inmediatamente comenzó a averiguar si la Universidad McGill reconocería el programa para poder recibir créditos. Se le informó que tendría que conseguir que cada profesor de McGill firmara en cada uno de los cursos que planeaba tomar en Jerusalem. Mi madre aceptó el reto, y en 1964, ella se transformó en miembro de la primera promoción del ahora famoso programa de intercambio de un año de la Universidad Hebrea de Jerusalem.

Mi madre aprovechó al máximo su tiempo en Israel. Ella vio que los israelíes eran honestos, de buen corazón e inteligentes, y vivían con un sentido de propósito sobre la misión del pueblo judío. Ella vivió experiencias únicas, como por ejemplo tener al famoso arqueólogo Yigael Yadin como instructor. Él los llevó a realizar trabajos de excavación en las ruinas de Masada, que habían sido descubiertas recientemente. Mi madre pasó unas cuantas semanas en Masada, viviendo en tiendas de campaña temporales y realizando excavaciones arqueológicas. Una vez allí, su grupo encontró los ahora famosos restos de los sorteos que los judíos realizaron para ver quién sería el último en tomar su vida, a fin de evitar la captura por parte de las legiones romanas.

Al final de su año de intercambio, mi madre decidió que quería vivir su vida en Israel.

Richard Rabkin con su madre.Richard Rabkin con su madre.

Pero primero tenía que regresar a Montreal al menos por un año para completar su licenciatura. Luego, la Universidad McGill abrió un prestigioso programa de Magíster y ella se matriculó. Poco después se casó, tuvo hijos y… supongo que la vida siguió su curso.

Círculo completo

Durante mi niñez, yo no recuerdo a mi madre hablando mucho sobre Israel. Ella estaba, por supuesto, ocupadísima criando a sus hijos, trabajando y tratando de llegar a fin de mes. Pero mientras yo estaba en la universidad, un amigo mío que había participado durante su tercer año en un programa de intercambio en Israel, compartió conmigo algunas historias que despertaron mi interés. Por lo que en 1996, 32 años después de que mi madre había participado en el lanzamiento del programa, yo asistí también.

Ese año mi madre vino a visitarme a Israel. Aquella fue su primera estadía prolongada desde 1964. Supongo que verme experimentar lo mismo que ella había experimentado 32 años antes, despertó en su interior algo que había estado inactivo por mucho tiempo. “Pero en ese entonces, fue simplemente una idea”, admitió mi madre.

La vida siguió su curso y ella estaba muy ocupada con su negocio, que por suerte se convirtió en un éxito con el pasar de los años. Cuando cumplió 65, mi madre empezó a buscar un lugar cálido para pasar unos meses durante el duro invierno de Vancouver. Sólo había una opción para ella: Israel.

El primer año fue una estadía de dos meses, el siguiente fueron tres, luego 4,5 y ahora a los 70 años, ella ha decidido hacer Aliá (sin embargo, aún planea pasar sus veranos en Vancouver).

“Más de 100 de mis familiares fueron asesinados por los nazis sólo por ser judíos. Es precisamente por ellos que yo quiero vivir como tal. Como una judía en Israel”.

“Estoy muy agradecida por las oportunidades que Canadá me ofreció a mí y a mi familia, pero cuando estoy en Israel, me siento en casa”, me dijo ella. “Cuando me baño en el Mar Mediterráneo, me imagino a los barcos del Rey Shlomó llegando a puerto para comerciar los cedros del Líbano. Cuando camino en Jerusalem a través de los túneles construidos por el Rey Ezequías en la época del Primer Templo, me siento simplemente sobrecogida. Estas son las mismas calles por las cuales mis antepasados ​​caminaron hace miles de años. ¡Quiero ser parte de esta gloriosa historia!”.

Cuando le pregunto a mi madre por qué tomó esta decisión de mudarse precisamente ahora, durante estos tiempos tumultuosos, tanto en Israel como en el resto del mundo, ella responde: “¡Sobre todo ahora! Quiero hacer una declaración, quiero decirle al pueblo de Israel: ‘Yo estoy con ustedes’”. Como ex periodista, quiero escribir artículos para publicaciones en línea para mostrarle al mundo el verdadero Israel, no lo que se retrata a través de los lentes deformados de los medios de comunicación”.

¿Acaso ella siente miedo? “Me siento más segura en Israel que en cualquier otro lugar del mundo. ¿Sabes qué? Más de 100 de mis familiares fueron asesinados por los nazis sólo por ser judíos. Es precisamente por ellos que yo quiero vivir como tal. Como una judía en Israel”.

Le pido a mi madre que imagine por un segundo qué habría dicho Golda Meir si la hubiese visto aterrizar en el aeropuerto Ben Gurion tantos años después. “¿Qué piensas que habría dicho?”.

“Ella habría tomado mi mano cálidamente”, dice mi madre sonriendo, tomando conciencia de la magnitud de la aventura en la que se está embarcando, “y me habría dicho: ‘Te tomó un buen tiempo, pero finalmente estás en casa’”.

Después de dos mil años, el pueblo judío volvió finalmente a casa, sin haber renunciado nunca a su sueño. Después de 70 años mi madre también lo hizo, ella tampoco abandonó su sueño.

16/12/2015

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Comentarios: 1

(1) claudia franco, October 12, 2017 5:29 PM

que preciosa historia

maravillloso leer artículos como este. Precioso y hasta desseable vivir esa misma experiencia de vivir en la tierra Santa.

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