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5 cosas que aprendí de Rav Nóaj Weinberg

5 cosas que aprendí de Rav Nóaj Weinberg

Cómo perfeccionarnos a nosotros mismos y al mundo.

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Rav Nóaj Weinberg fue un gigante de nuestra generación que impactó profundamente a miles de personas alrededor del mundo, enseñando lo que significa ser judío y ser humano.

He aquí cinco lecciones claves que aprendí de él durante los 20 años que fui su alumno.

(1) Responsabilidad

Rav Nóaj siempre decía: “Cuando yo no esté, entonces ustedes crecerán”. (A él le dijo lo mismo su propio maestro, su hermano mayor Rav Yaakov Weinberg zt’’l). El mensaje era que nos apoyábamos demasiado en él para lograr las cosas; después de su muerte nosotros “creceríamos”, es decir, tomaríamos responsabilidad y daríamos un paso adelante para asumir nuestro rol de líderes.

Rav Weinberg hizo que la historia de Moshé fuera un refrán constante: “En un lugar donde no hay hombres, ¡sé un hombre!” (ver Éxodo 2:12, Pirkei Avot 2:5). Al aceptar la responsabilidad de promover el plan de Dios, ameritaremos contar con la asistencia Divina necesaria para completar la tarea.

(2) Persistencia

Rav Weinberg siempre contaba que antes de fundar Aish HaTorá en 1974, tuvo muchos intentos fallidos de construir una organización exitosa. Citaba el versículo que dice: “Un tzadik cae siete veces y se levanta” (Proverbios 24:16), y decía que la clave para convertirse en alguien exitoso es precisamente el acto de fallar y levantarse.

Cuando Rav Weinberg fallaba, siempre realizaba un riguroso proceso de autoevaluación y hacía los ajustes necesarios para alinearse con la voluntad de Dios. Con profunda convicción siempre decía: “Dios puede hacer cualquier cosa. Solamente tenemos que quererlo lo suficiente”.

(3) Fortalecimiento

El Talmud dice: “¿Quién es poderoso? El que le da poder a los demás”. Rav Weinberg era enormemente influyente no porque reprimiera a los demás, sino porque les daba poder. Encontraba un rol para cada persona y los asistía y animaba a alcanzar su máximo potencial.

En Jerusalem, él fundó Aish Hatorá como una incubadora para creatividad e innovación, produciendo revolucionarias iniciativas judías como el Jerusalem Fellowships, SpeedDating, el Jewish Women’s Renaissance Project, Hasbará Fellowships, HonestReporting y Aish.com, por nombrar sólo algunos.

(4) Paz y unidad

Al decidir si hacer algo o no, la única consideración que Rav Weinberg tomaba en cuenta era si hacerlo sería un Kidush Hashem, una santificación del nombre de Dios en el mundo. Su único criterio de evaluación era si una acción produciría más paz y unidad según la definición de la Torá.

Rav Weinberg vivió con estos principios en su vida personal y los convirtió en los conceptos básicos de Aish Hatorá. Si una acción contradecía los ideales de paz y unidad, entonces Rav Weinberg estaba dispuesto a retractarse.

(5) Objetividad

El Talmud dice: “Haz que la voluntad de Dios sea tu voluntad”. Rav Weinberg enseñó que la única forma de distinguir cuál es la voluntad de Dios, es mediante un interminable proceso de autoevaluación. Para conseguir esta objetividad y ver dónde puede estar entrometiéndose el interés personal, enseñó los siguientes principios:

  • Consistencia: Debemos evaluarnos regularmente, utilizando la herramienta de Jeshbón ha-néfesh (autoevaluación). Como mínimo uno debería apartar 10 minutos al día; Rav Weinberg lo hacía constantemente.

  • Persona de confianza: Encuentra a alguien que te conozca muy bien —puede ser tu pareja o un amigo cercano—, y pídeles que te señalen dónde estás fallando objetivamente.

  • Perspectiva de Torá: Cuando nos enfrentamos a una decisión seria, especialmente una con implicancias de Kidush Hashem, debemos usar la Torá como nuestro libro guía y consultar con sabios de Torá. Al mismo tiempo, Rav Weinberg insistía en “pensar por ti mismo”: Primero debías pensar tú mismo cuál era la mejor opción basándote en la Torá, y sólo entonces él te daba un consejo.

Pero probablemente lo más inspirador de todo es que Rav Weinberg enseñaba que alcanzar esta claridad y luchar para alcanzar nuestra meta de paz, unidad y Kidush Hashem, es el mayor placer que podemos tener en este mundo.

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