Esta mañana al despertarme me enteré que un amigo había muerto de forma trágica. Ari Weiss estaba de vacaciones con su familia y su pequeño aeroplano se estrelló. Ari, 16, murió junto con sus padres, Leslie y Mitchel Weiss y su hermana Hanna, 19. También murieron Bruce e Irene Steinberg y sus tres hijos, Matthew, William y Zachary.

La terrible noticia la recibí a primera hora de la mañana en Jerusalem, donde estoy estudiando en el programa Gesher de Aish HaTorá. Con Ari fuimos juntos al campamento de verano Ramá Darom en Clayton, Georgia. Mi Snapchat se vio inundado de mensajes de mis amigos, todos desbordando dolor. Todos mis amigos escribieron sobre lo maravilloso que era Ari y cuánto lo van a extrañar.

“Ari, tú eras quien se preocupaba por todos. Te voy a extrañar”.

Me quedé sentado observando mi teléfono y llorando. No podía entender cómo es posible que alguien tan joven como Ari, que tenía tanto por qué vivir, de repente hubiese partido. ¿Por qué tuvo que pasarle esto? Aunque en los Estados Unidos era la medianoche, desde todos los puntos del mundo nos conectamos a través de nuestras olas de dolor.

Ari y su hermana Hanna

Al ser parte de una comunidad, todos sentimos el vacío que queda con la muerte de Ari, incluso aquellos que no eran tan cercanos a él. Recuerdo la forma en que Ari siempre se preocupaba por la gente que lo rodeaba. Recuerdo que estábamos jugando un partido de básquetbol y de repente alguien se lesionó. Todos preguntaron si estaba bien, pero Ari fue el único que se tomó el tiempo y se preocupó lo suficiente como para acompañarlo al salir de la cancha. Y luego Ari dejó de jugar para quedarse sentado a su lado para no dejarlo solo. Cuando todos regresamos para seguir jugando, Ari escogió pensar más allá de sí mismo y ayudar a una persona que lo necesitaba.

Eso no fue sólo algo que sucedió una vez. Ari siempre se esforzaba por ayudar a los demás y tratar de hacerlos sonreír. Los consejeros llegan al campamento esperando influir de forma positiva sobre los participantes, pero con Ari funcionó al revés. Él fue el participante que influyó sobre los consejeros con su energía positiva y su amor por la vida. De la misma manera influyó sobre su familia y sobre sus amigos, llevando felicidad a la vida de la gente.

Nuestra comunidad se une en duelo y yo me puse a pensar cómo puedo honrar a Ari de alguna manera, cómo puedo capturar eso tan especial que él brindó a las vidas de tantas personas. Quiero esforzarme para llegar a ser la clase de persona que era Ari. Quiero ser el que deja un partido de básquetbol sólo para acompañar a alguien. Quiero ser el que logra hacer sonreír a la gente. El que hace que los demás se sientan parte de algo.

En honor de Ari, esforcémonos por hacer algo para que el día de otra persona sea mejor. Tratemos de inyectar más alegría a la vida de alguien. De esta manera podremos canalizar parte del dolor insoportable de haber perdido a Ari en acciones que traigan luz al mundo, de la misma forma en que Ari iluminaba el mundo.