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Aquellos que Pueden, que Enseñen

Aquellos que Pueden, que Enseñen

No soy rabino, nunca estudié en una Ieshivá, y hay mucho que no sé. Entonces, ¿por qué estoy enseñando Torá?

por Michael Steinberg

Tengo casi 60 años y acabo de comenzar a enseñar Torá. Nunca imaginé que lo haría – pero ahora veo que sí puedo. En realidad, creo que debo. Déjenme explicar.

Yo no comencé mi vida en el camino de la Torá; mi infancia fue secular, sin Dios, sin shul y sin Shabat. Me preguntaba qué hacían mis amigos en la escuela hebrea, pero dado que mis padres no me enviaron a una, ahí acababa la historia.

Y ese hubiera podido ser el final de mi travesía por el judaísmo. Pero en 1991 me convertí en padre. Pronto mi hijo de cuatro años estaba haciendo preguntas. ¡Y qué preguntas! Él es un pensador profundo, y sus preguntas demostraban lo poco que yo sabía. "¿Papi, cuántos años tiene el mundo? ¿Existirá para siempre?" ¡Ups!

Necesitaba aprender, y rápido, para poder responderle. Comencé tomando clases, y luego más clases. ¡Ahora era yo el que tenía mis propias preguntas que necesitaban respuesta! Me inspiraban las clases de algunas organizaciones y los artículos de AishLatino.com.

Cuanto más aprendía, más quería saber.

Ese también pudo haber sido el final de la travesía, pero cuanto más aprendía, más quería saber.

Comencé a estudiar con un compañero por medio de la organización “Partners in Torah”. Estudiamos la porción semanal de Torá, luego un poco de Talmud, luego algunos textos jasídicos sobre crecimiento espiritual. Después encontré un segundo compañero de estudios, y luego un tercero (incluyendo mi sesión telefónica semanal a las 5 a.m. con Rav Jack Kalla de Aish.com). Mis compañeros de estudio eran muy pacientes y generosos, y las horas que pasaba aprendiendo con ellos eran lo mejor de la semana.

Luego mi shul lanzó un nuevo grupo de estudio para las tardes de Shabat, para aprender Pirkei Avot (Ética de los Padres), el hermoso tratado de la Mishná que trata sobre llevar una vida ética y mejorar el carácter propio. Nunca había siquiera escuchado sobre Pirkei Avot, pero ya amaba estudiar textos, por lo que me ofrecí para liderar el nuevo grupo.

Durante los dos años siguientes lentamente terminamos Pirkei Avot, cubriendo una mishná por semana. Yo me preparaba estudiando algunos libros con traducción.

Hicimos un sium (una comida festiva) cuando completamos el tratado. Tuve una sensación de realización por haber estado involucrado en algo tan significativo. Y ese también (última vez, lo prometo) podría haber sido el final de la travesía.

¿Puedo Hacer Más?

El pasado diciembre escuché una poderosa charla del rabino Shlomo Farhi en la conferencia anual de Aish HaTorá. Mencionó una canción con el siguiente coro: "Abraham, ¿somos nosotros los hijos con quien soñaste?". ¿Estaría nuestro patriarca Abraham contento con las vidas que tenemos hoy? La pregunta llegó a lo más profundo de mi alma.

Rav Farhi continuó: Cuando rezamos, a menudo nos referimos a Dios como "Elokei Yaakov", el Dios de Yaakov. Eso está muy bien, ¿pero qué pasa con nosotros? ¿Qué hemos hecho nosotros para convertirlo en nuestro Dios? ¿Hemos hecho suficiente?

Bueno, eso surtió efecto. Secándome las lágrimas, traté de pensar en qué más podría hacer. Lentamente me di cuenta de que podía enseñar a otros judíos lo que yo sé, que es Pirkei Avot.

Entonces pensé en los judíos que conozco que no estaban involucrados en algún tipo de estudio regular. Luego le pregunté a cuatro de ellos si estarían dispuestos a aprender conmigo una vez a la semana por teléfono. Para mi sorpresa, los cuatro dijeron "sí", ¡e incluso parecían excitados al respecto!

Después hice una visita de negocios a la casa de un hombre al que apenas conocía. Cuando me estaba yendo, noté una gorra cerca de la puerta que decía: "Maimónides". Le pregunté sobre ella.

Él me explicó que estudió la "Guía de los Perplejos" del Rambam en la secundaria y que le había encantado. Yo tomé aliento y le pregunté si le gustaría estudiar conmigo. De nuevo, para mi sorpresa, la respuesta fue "sí".

Así, actualmente me encuentro estudiando con cinco personas cada semana; ellos me estimulan con excelentes preguntas y yo me esfuerzo para encontrar buenas respuestas. Es mi manera de enfrentarme al desafío que ofreció Rav Farhi.

Pero esto plantea una pregunta: ¿Quién soy yo para enseñar Torá? No soy rabino, nunca estudié en una Ieshivá y hay mucho que no sé.

Esta es la respuesta que dio el Jafetz Jaim:

En la primera reunión de Agudat Israel, a principios de la década del '30, el Jafetz Jaim instó a todo el mundo a cumplir con su obligación de hacer todo lo que se pudiera para salvar a sus hermanos judíos de las fuerzas de la asimilación, que estaban haciendo estragos en Europa en la era de los "ismos". Su impulso se encontró con una protesta: "¿Cómo podemos decirle a los demás lo que no hemos perfeccionado nosotros mismos?".

El Jafetz Jaim respondió con una parábola. Un viajero fue invitado por un hombre rico a tomar una taza de té. Cuando el huésped miró su copa, vio un sedimento que se había asentado en el fondo. "¿De dónde es tu agua?", preguntó. Cuando le dijeron que el agua de la ciudad venía de un río local, le aconsejó al anfitrión que la ciudad necesitaba un sistema de filtrado. El sistema fue instalado, luego de lo cual el agua era cristalina. Esto funcionó bien hasta que un día se inició un gran incendio que quemó la mitad de la ciudad.

La vez siguiente que el viajero visitó la ciudad, escuchó lo que había ocurrido y preguntó: "¿No podían apagar el fuego?". La gente contestó: "Le llevó mucho tiempo al agua atravesar el sistema de filtrado, y no había suficiente agua filtrada disponible para controlar las llamas con rapidez".

"¡Tontos!", dijo el viajero. "¡No necesitan agua filtrada para apagar un fuego!".

El Jafetz Jaim continuó explicándoles a quienes se resistían ante su llamado de ayudar a otros: "Hay un fuego haciendo estragos en Am Israel. Debemos agarrar cualquier agua que tengamos y utilizarla para extinguir las llamas. Todo judío, en el nivel que esté, tiene que utilizar sus propias capacidades para ayudar a extinguir las furiosas llamas que nos rodean".

La pregunta no es: "¿Cómo puedo enseñar?". La pregunta real es: "¿Cómo puedo no enseñar?".

Gracias, Rav Farhi.

Este artículo está dedicado a la memoria del padre del autor, Reubén ben Yaakov z"l.

Publicado: 12/1/2013


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