Acostado sobre un pequeño trineo, él se arroja cabeza abajo en un helado recorrido a más de 100 kilómetros por hora. Su rostro se encuentra apenas a 5 cm del hielo y el trineo no tiene frenos.

Se trata del deporte cargado de adrenalina conocido como Skeleton.

Les presentamos a AJ Edelman, conocido como el Martillo Hebreo, un joven de 26 años graduado del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y, presuntamente, el primer judío ortodoxo que compite en los Juegos Olímpicos.

Esta semana, Edelman cumplió un sueño al representar al Estado de Israel como uno de los sólo 30 competidores de skeleton que participan en las Olimpiadas de 2018 en Pyeongchang, Corea del Sur.

Un camino increíble

El camino increíble de Edelman a las Olimpiadas comenzó en Brookline, Massachusetts. Allí creció en medio de una amalgama de observancia judía, elevados logros académicos y atletismo competitivo.

A los 3 años, AJ comenzó su carrera atlética como arquero de hockey. Continuó destacándose en los deportes durante sus años en la escuela primaria ortodoxa y en la secundaria le ofrecieron la oportunidad de jugar al más alto nivel competitivo. AJ rechazó la oferta, prefiriendo dedicarse más a sus estudios judaicos. (Posteriormente AJ jugó a nivel universitario para MIT, y llevó al equipo a ganar dos campeonatos de la división. El equipo organizó su cronograma de entrenamiento teniendo en cuenta su observancia del Shabat).

La vida de AJ cambió en el año 2006 cuando visitó Israel durante la Segunda Guerra del Líbano. Él se sintió profundamente conectado y decidió que la aliá era uno de los objetivos para su vida. Al terminar la escuela secundaria, AJ regresó para pasar un año en Israel y estudió en la Ieshivá Lev HaTorá en Ramat Beit Shemesh.

Después de graduarse en MIT con un título en Ingeniería Mecánica, AJ fue contratado por Oracle, la empresa gigante de software. La vida continuó, pero el sueño de convertirse en un atleta a nivel mundial seguía ocupando un rincón en su corazón.

El momento de inspiración de AJ tuvo lugar en el 2013, cuando vio un video de campeonatos olímpicos de trineos. Intrigado, visitó un sitio de entrenamiento, tomó un curso y de inmediato se enganchó.

AJ fijó su objetivo en las olimpiadas, pero le dijeron que Skeleton requería muchísima experiencia, por lo que debía aspirar a participar en los juegos del 2022.

AJ no estuvo de acuerdo. Abandonó su cómodo trabajo en Oracle y se dedicó de lleno a su ambición atlética. Se reunió en Tel Aviv con el Comité Olímpico de Israel y le dieron luz verde para colocar la bandera israelí en su traje de competencia. Hizo aliá y ahora considera a Israel su hogar.

Subir en el ranking

AJ pasó los últimos tres años entrenando sin pausa, viviendo en sitios de deportes invernales en los Estados Unidos y Canadá. Para cubrir los costos del entrenamiento y las matrículas de las competencias, AJ estableció una organización sin fines de lucro y se dedicó a crowdfounding (un sistema de financiación colectiva). Su video de promoción cita a Hilel, el Sabio del Talmud: “Si no ahora, ¿cuándo?”.

Sin lugar a dudas, Skeleton es el evento más estimulante y arriesgado en las Olimpiadas de invierno. (Durante muchos años fue considerado demasiado peligroso, y sólo fue aceptado como un deporte olímpico en el 2002). Los atletas comienzan con una carrera, luego saltan sobre sus pequeños trineos cabeza abajo y comienzan a volar por un tobogán helado a vertiginosa velocidad.

Sólo el torso entra encima del pequeño trineo y se lo dirige con pequeños movimientos del peso corporal. El camino de un minuto tiene docenas de giros que deben navegarse con absoluta precisión. AJ toma esas curvas a 5 g, la fuerza gravitacional experimentada por los astronautas (esto significa que su cabeza de 3,5 kg pesa 18 kg). Un movimiento erróneo puede ser letal.

Nada de esto detiene a AJ quien, como arquero de hockey, estaba acostumbrado a los fuertes impactos.

En el camino hacia su meta, AJ subió en el ranking mundial y ganó medallas en dos competencias internacionales, incluyendo la Copa Norteamericana del 2018.

Los padres de AJ (una abogada y un médico), evitan verlo competir, preocupados de que llegue a unirse a los desventurados competidores de skeleton que se estrellaron a 130 km por hora, sin tener nada más que un casco para protegerlos.

Sin embargo, en las Olimpiadas en Pyeongchang lo acompaña con orgullo su padre, Elazar Edelman, un renombrado científico que hace su propio kidush Hashem al enseñar ingeniería en MIT y cardiología en la Escuela de Medicina de Harvard (ver TedTalk con kipá)

Un embajador judío

AJ se siente sumamente orgulloso de esta oportunidad de representar a Israel en el escenario mundial. Él se ve a sí mismo como un embajador del pueblo judío y espera poder cambiar la percepción errónea que existe sobre los judíos y sobre Israel.

AJ se mueve en las competencias internacionales con una kipá en la cabeza. Muchos otros atletas nunca conocieron a un judío y mucho menos a un judío religioso. Él no viaja ni entrena en Shabat y sólo come alimentos kósher (en sus viajes lleva verduras enlatadas y salmón ahumado).

AJ se desempeña como cantor en las Altas Festividades y disfruta dirigiendo el servicio de plegarias cuando viaja a diversas comunidades para competir y entrenar.

Todos estos años de duro trabajo y disciplina llegarán a su cúspide este jueves y viernes en la competencia masculina de Skeleton Olímpico 2018. AJ no tiene expectativas de ganar una medalla, pero sólo el hecho de haber llegado hasta aquí lo coloca entre la elite del mundo.

En cada una de sus cuatro competencias, AJ se parará en la línea de largada y se colocará sus guantes, donde está escrito: Am Israel jai – 'el pueblo judío vive'. Luego recitará los Salmos del Rey David antes de lanzarse sobre el sendero helado.

El viernes a la tarde cuando termine la competencia, AJ regresará a la Villa Olímpica. Se quitará el traje de competencia con la estrella de David y se preparará para Shabat. Encenderá las velas y hará kidush para todos los que deseen acompañarlo en su momento olímpico judío.