Yola Reitman disfrutaba de una vida cómoda como asistente de vuelo en El-Al y ávida buceadora.

Una llamada telefónica cambió todo.

Sinagoga en Etiopía

Era el instructor de buceo de Yola. El Mossad, la agencia de inteligencia israelí, lo había reclutado para liderar el rescate de miles de judíos etíopes que habían escapado de la hambruna y de la guerra hacia el país vecino de Sudán.

Era el año 1982 y el primer ministro de Israel, Menajem Beguin, estaba decidido a rescatar a la tribu judía perdida, Beta Israel. Durante siglos, comunidades de judíos vivieron en algunos de los 500 pueblos al norte de Etiopía, con un anhelo milenario de retornar a Sión. Aunque la conexión judía precisa de Beta Israel fue un tema de debate, rabinos prominentes (desde el Radbaz en el siglo XVI hasta Rav Ovadia Iosef) reconocieron sus raíces judías.

Miles de Beta Israel habían escapado a pie de Etiopía hacia campos de refugiados en Sudán, una angustiosa travesía de un mes atravesando un estéril y duro desierto. Se estima que 1700 judíos murieron a lo largo del camino, víctimas del hambre, la exposición a las condiciones climáticas y a bandidos violentos.

Quienes sobrevivieron quedaron languideciendo junto a otros millones de refugiados en campamentos escuálidos, subsistiendo en chozas de paja y cartón, con epidemias de malnutrición y enfermedades.

El Mossad, la agencia de espías famosa por la captura secreta de Adolf Eichmann y el rescate en Entebbe, fue enviado en una misión de rescate.

Salvar a los judíos etíopes presentaba un gran desafío. Sudán, un país musulmán miembro de la Liga Árabe, era un enemigo declarado de Israel. Sudán había enviado tropas para destruir a Israel en tres guerras sucesivas, y la capital sudanesa de Khartoum era el sitio donde se emitió el infame rechazo de 1967 a Israel, las “Tres no”.

¿Cómo podía tener éxito esta operación y transportar encubiertamente a miles de judíos fuera de territorio enemigo, sin despertar sospechas a nivel local ni nacional? Era imposible enviar un convoy de autobuses a la frontera sudanesa: la ruta terrestre entre Israel y Sudán cruza a través de Egipto, que en ese momento era otro enemigo acérrimo de Israel.

La geografía probó ser decisiva para la solución: tanto Israel como Sudán tienen costas sobre el Mar Rojo. Los agentes del Mossad esperaban encontrar una laguna oscura en Sudán donde se pudiera ubicar una base naval secreta de operaciones de rescate.

Esta misma solución estaba repleta de peligros. Cualquier actividad sospechosa pondría en peligro no sólo a los agentes del Mossad, sino a los miles de judíos etíopes que serían sujetos a una represalia violenta.

Vista aérea de los bungalows en la Villa Arous

Sin embargo, cuando están en juego vidas judías, las fuerzas del destino ponen en acción su propia estrategia. El Mar Rojo es un paraíso para los buceadores, con espectaculares arrecifes de corales y una población variada de peces, delfines y tiburones. Casualmente, una década antes, un grupo de inversores italianos habían tenido la ridícula idea de ofrecer paquetes de “Tours de buceo en el Mar Rojo” en el poco hospitalario país del tercer mundo: Sudán. En una aislada playa del Mar Rojo, los italianos construyeron todo un complejo de vacaciones, con búngalos, cocina, comedor y la infraestructura esencial. Cuando la empresa fracasó, el lugar quedó dormido y llenándose de polvo… esperando cumplir su destino.

El centro de veraneo, llamado “Arous en el Mar Rojo” estaba hecho a medida para el Mossad. Israelíes con antecedentes europeos se presentarían como empresarios de una empresa de viajes suiza que tenía la intención de promover la lamentable industria turística sudanesa. Esto le brindó al Mossad una razón sumamente plausible para operar en las costas del Mar Rojo y mantener todos los botes, camiones y equipos de comunicaciones necesarios.

Por apenas $320.000 los “empresarios suizos” alquilaron todo el complejo durante tres años y junto con esto, recibieron la “protección” oficial del Ministerio de Turismo de Sudán.

Trabajador sudanés en el comedor de la Villa Arous (Mossad Exodus - Geffen Pub)

Así fue que ese día sonó el teléfono de Yola Reitman. ¿Acaso ella estaba dispuesta a unirse al Mossad y “actuar” como directora de un centro de buceo en las costas del Mar Rojo?

La sincronización de la llamada fue exquisita. En ese momento Yola estaba en Eilat, en la costa del Mar Rojo, guiando turistas en excursiones de buceo en mar profundo.

Actividad encubierta

“Era una oferta que no podía dejar pasar”, aseguró Yola a Aish.com desde su hogar en el centro de Israel. “Era una oportunidad única en la vida, no sólo para servir a mi país sino para ayudar a salvar miles de vidas judías. También despertó mi espíritu aventurero”.

Era una oportunidad única en la vida, no sólo para servir a mi país sino para ayudar a salvar miles de vidas judías.

Además de sus conocimientos sobre buceo en aguas profundas y turismo, Yola era una talentosa administradora (posteriormente ella se convirtió en jefa de asistentes de vuelo en El Al), capaz de administrar el complejo turístico a un nivel profesional. “Nuestra capacidad de recibir con éxito verdaderos turistas era la diferencia entre que la gente creyera o no nuestra falsa historia”, afirma Yola.

Transmitiendo desde el desierto al cuartel general en Israel (Mossad Exodus - Geffen Pub)

Lo mejor era que Yola habla alemán a nivel de lengua materna (ella nació en Alemania y creció en Israel), lo cual le permitía representar el rol de “nativa europea”, crucial para la operación encubierta, incluyendo su pasaporte europeo falsificado. “Inventé toda una historia sobre mi identidad alemana. Pero como salí de Alemania cuando era muy pequeña, siempre me sentía bastante nerviosa cuando me encontraba con turistas alemanes. Mi mejor recurso era recurrir a las canciones infantiles alemanas que conocía a partir de mis lecciones de piano en Israel”.

Las operaciones de rescate

Acondicionar el centro turístico y ponerlo en funcionamiento no fue una tarea sencilla. La infraestructura en Sudán era tan primitiva que el agua fresca debía llevarse en un camión cisterna y la electricidad se producía en los propios generadores masivos del complejo. Vehículos, equipo de comunicación y equipo de buceo prácticamente no existían. Algunos sobornos en los lugares correctos ayudaron a aceitar esas ruedas.

Mientras Yola y su equipo ponían el complejo en forma, un grupo selecto de judíos etíopes fue enviado a los campamentos de refugiados para localizar a otros judíos y prepararlos para la partida. Cuando llegó el momento adecuado para una operación, miles de refugiados judíos huyeron hacia la noche desierta llevándose sólo sus más mínimas pertenencias. Allí subieron apretados como sardinas a camiones en los que viajaron durante 900 kilómetros por caminos repletos de pozos y con frecuentes puestos de control policial.

Comandos navales israelíes en un encuentro secreto en el Mar Rojo (Mossad Exodus - Geffen Pub)

Tras viajar toda la noche bajo luz de la luna, se detuvieron y se ocultaron en un barranco para evitar que los detectaran. Sólo cuando volvió a oscurecer continuaron su viaje. Para estas operaciones, Yola se encontraba en medio del desierto, actuando como transmisora entre los camiones de refugiados y los barcos de rescate.

La segunda noche de viaje culminó en un encuentro en la playa en donde Yola ayudó a transferir a los refugiados a botes de goma Zodiac. En ellos, los comandos navales israelíes los llevaron en un rápido crucero de 90 minutos hacia el barco madre Israelí que esperaba fuera de las aguas territoriales sudanesas.

Desde allí llegarían a casa, a Israel.

“Para los refugiados fue una experiencia traumática ser transportados de un lugar a otro”, afirma Yola. “Cuando llegaron a Israel estaban bastante desorientados. Entonces estas personas que desconocían por completo la vida moderna, enfrentaron un shock cultural”.

Una realidad alternativa

Afiche turístico publicitando el complejo vacacional del Mosad

Aunque la operación de rescate costó muchos millones de dólares, el centro turístico disfrutó de una corriente constante de clientes que pagaron por los servicios. Una oficina de viajes en Zúrich, que pertenecía a un hombre judío que “sabía” de qué se trataba, alentó a grupos de europeos adinerados ofreciéndoles equipos de primera línea, instructores de buceo profesionales y comida fresca y sabrosa.

Contrataron a personas locales como equipo de trabajo. Los viernes, el chef sudanés horneaba un pan fresco trenzado que decidió llamar “Pan de Shabat” debido a su similitud con una sandalia trenzada llamada “Shabat” en el dialecto local. Él nunca sospechó que existiera alguna conexión con la jalá tradicional de Shabat.

El complejo turístico también se convirtió en un destino popular entre los cazadores de halcones de Arabia Saudita que iban al desierto y para los diplomáticos enviados a Khartoum. “Debido a que la región contaba con tan pocas opciones recreativas, la esposa del embajador egipcio en Sudán me dijo que valoraba mucho que estuviéramos allí. ¡Si hubiera sabido!”, recuerda Yola.

En una oportunidad, el centro recibió a un equipo distinguido de comandos británicos enviados a realizar un “ejercicio de supervivencia en el desierto”. Ellos disfrutaron de todas las comodidades del complejo turístico, e informaron a sus comandantes que habían soportado el “espantoso desierto sudanés”.

La esposa del embajador egipcio en Sudán me dijo que valoraba mucho que estuviéramos allí. ¡Si hubiera sabido!

Sin saberlo, los habitantes locales y los turistas vivían en un elaborado escenario, mientras que los israelíes vivían una realidad completamente diferente.

“El mayor desafío era mantener el secreto ante nuestro equipo sudanés”, afirma Yola. “Me siento orgullosa de que durante esos tres años nadie llegara ni siquiera a imaginar lo que ocurría a su alrededor”.

Debido a la naturaleza de su trabajo como asistente de vuelo (por lo que permanecía mucho tiempo lejos de casa y constantemente cambiaba de equipo de trabajo), sus compañeros de trabajo ni siquiera notaron su larga ausencia. La naturaleza completamente secreta de la misión implicó que Yola ni siquiera pudiera contarle a su familia en dónde estaba. “En mis ocasionales visitas a Israel, evitaba encontrarme con amigos porque podían llegar a formularme demasiadas preguntas”.

Evitar el peligro

En Sudán, Yola estableció buenas relaciones con el gobernador de la región portuaria de Sudán, y debido a la restrictiva ley musulmana de Sharia, le proveyó en secreto whisky al jefe de policía local. De esta forma los israelíes se ganaron un trato preferencial y era muy raro que los detuvieran en los puestos de control camineros.

¿Cuál era el plan de emergencia en caso de que Yola fuera descubierta? “Me instruyeron que en caso de emergencia debía tomar un bote Zodiac y adentrarme al mar. Allí tenía que esperar que llegara un helicóptero de rescate israelí. ¡Vaya ‘plan’!”.

Yola atendiendo a los "huéspedes" en el complejo turístico Villa Arous

Además de la exposición constante a enfermedades exóticas y potencialmente letales, cada día conllevaba el riesgo de ser descubiertos. Yola describe cuál era su “escenario de pesadillas”: vehículos israelíes incendiados, cuerpos de refugiados carbonizados y agentes israelíes desfilando frente a las cámaras de televisión como prueba de la “vil actividad sionista”.

Un día, el ejército efectuó en el centro turístico una redada de rutina contra el contrabando. Un comerciante local agradecido por el pan fresco que Yola le daba cada día, le avisó de antemano lo que estaba por suceder. Esto les dio a los israelíes un tiempo valioso para ocultar parte de su equipo más “sospechoso”.

Pero las cosas no siempre marcharon tan fácilmente. Una noche, al transferir a los refugiados a los botes de goma, los israelíes fueron atrapados “con las manos en la masa” por los soldados sudaneses que buscaban contrabandistas. Cuando los soldados comenzaron a disparar a los botes, los agentes del Mossad gritaron: “¿Qué piensan que están haciendo? ¡Este es un importante evento turístico! ¡Nosotros mostramos la belleza del buceo nocturno en Sudán y ustedes lo arruinan todo!”. Los soldados retrocedieron tímidamente y los refugiados asustados se ocultaron en la oscuridad.

Otra amenaza a la operación de rescate provino de un grupo bien intencionado de judíos de la diáspora, cuya exigencia para que Israel rescatara a los judíos etíopes llamó peligrosamente la atención sobre el tema.

Debido a que se incrementaba el peligro, el protocolo estándar del Mossad hubiera requerido abandonar la misión y regresar de inmediato a casa. En su apasionante relato personal en Mossad Exodus (Geffen Publishing), Gad Shimon escribe: “¿Cómo podíamos abandonar [a nuestros hermanos judíos] en las terribles condiciones que se encontraban? Habíamos llegado a pensar que eso era como abandonar a nuestros compañeros en el campo de batalla o incluso una traición”.

Rescate aéreo

Yola disfrutando de los arrecifes de coral en la costa de Sudán, 1982

Cuando la operación llevaba dos años, se decidió que los rescates navales se habían vuelto demasiado peligrosos y decidieron cambiar el plan de rescate a aviones. El “pequeño detalle” era encontrar un sitio adecuado para aterrizar en medio del desierto sudanés. Una vez más, estos resultó ser un regalo Divino. Los miembros del Mossad descubrieron una pista de aterrizaje abandonada construida por los británicos para utilizarla en uno de los frentes de batalla más alejados de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de haber estado abandonada durante décadas, la pista se encontraba en perfectas condiciones, sin baches ni zanjas.

Yola hoy en día, disfrutando de una sesión de buceo

Para estas operaciones, los etíopes eran llevados en medio de la noche a encontrarse con aviones Hércules de carga, similares a los utilizados algunos años antes en Entebbe. Al aterrizar en el centro del territorio enemigo, los aviones israelíes no eran detectados por la cercana batería de misiles tierra-aire que resultaron ser remanentes oxidados… ahora convertidos en una improvisada plaza de juegos infantiles.

Los judíos etíopes que nunca antes habían visto un avión (el medio de transporte habitual para ellos era el burro), se quedaban petrificados cuando el mamut metálico bajaba en la mitad del desierto. En medio de una espectacular tormenta de polvo, los comandos israelíes bajaban con rifles de asalto y lanzadores de cohetes. Algunos etíopes aterrorizados trataron de escaparse hacia la noche desértica.

El fin de la operación

La “Operación Hermanos”, como se la llamó afectuosamente, se detuvo abruptamente en 1984 cuando un irresponsable político israelí alardeó en público sobre la misión. Predeciblemente, las noticias provocaron indignación en el mundo árabe. Al enfrentar la tortura y la muerte si llegaban a ser atrapados, los israelíes evacuaron en una noche el complejo en Arous. Ellos dejaron un centro repleto con turistas interesados en bucear que al despertarse a la mañana siguiente descubrieron que todo el equipo ejecutivo los había abandonado, dejando la promesa de devolverles su dinero.

George H. W. Bush, vicepresidente de los Estados Unidos y ex director de la CIA, colaboró en el rescate de los últimos agentes del Mossad, sacándolos de Sudán en grandes cajas etiquetadas como “Correo diplomático de los Estados Unidos”.

Etíopes en camino a Israel durante la operación Salomón, 1991 (GPO)

Gad Shimron escribe: “Sudán fue uno de nuestros mejores momentos, el reclutamiento de todo un sistema de defensa por un propósito altruista… ¿Qué otro país hubiera estado dispuesto a invertir decenas de millones de dólares para establecer una infraestructura operacional para una actividad secreta en territorio enemigo, involucrando gran cantidad de agentes del ejército, sólo para salvar a varios miles de refugiados hambrientos en una zona devastada por la guerra en África?”

De hecho, la operación en Sudán marcó la primera vez en la historia que personas negras fueron transportadas sistemáticamente de un país a otro, como personas libres y no encadenadas.

Antes de esta operación, vivían en Israel aproximadamente 250 etíopes. ¡La Operación Hermanos incrementó ese número casi en un 5000 por ciento!

La Operación Hermanos fue el precursor de otros audaces rescates de judíos etíopes. Por ejemplo, el 24 de mayo de 1991, cuando el gobierno etíope colapsó ante un levantamiento rebelde, 34 aviones de pasajeros de El Al rescataron a más de 14.000 judíos etíopes en un período de 24 horas. “Operación Salomón” fijó un récord mundial con 1067 pasajeros en un solo vuelo.

Hoy viven en Israel aproximadamente 130.000 descendientes de judíos etíopes. Si bien la transición a la sociedad israelí tuvo sus desafíos, los judíos etíopes ocupan respetables puestos académicos, médicos, en artes, en el ejército y en la Kneset.

El rescate de los judíos etíopes

AÑO

NOMBRE CLAVE

PERSONAS RESCATADAS

1981-1984

Operación Hermanos

12.000

1984

Operación Moisés

8.000

1985

Operación Iehoshúa

500

1991

Operación Salomón

15.000

2012

Operación Alas de Paloma

8.000

La película de Hollywood

La historia de esta operación del Mossad es el tema de una película llamada Red Sea Diving Resort. La película fue producida por la israelí Alexandra Milchan (hija del multimillonario israelí Arnon Milchan) y el protagonista es Chris Evans. Yola es representada por Haley Bennet.

En el set de grabación en África: Los actores Chris Evans (derecha) y Michael K. Williams (izquierda)

Yola fue contratada como asesora y recibió un trato real en el set de filmación. Yola dijo: “Me alegra que Hollywood hable sobre algo importante. Este film trata el tema de los etíopes con sensibilidad y muestra el maravilloso lado humanitario de Israel”.

Yola recuerda con cariño sus tres años en Sudán. “Además de las emocionantes misiones de rescate, me encantó estar en Sudán con su vasto desierto y su mar puro. Lo mejor de todo es que hicimos mucho buceo nocturno para encubrir las actividades de rescate nocturnas. Para mí, como buceadora, eso fue un regalo maravilloso”.

Para ver: