Después del espantoso ataque a la sinagoga Árbol de Vida en Pittsburgh, se enfatizó la importancia de asegurar que nuestros lugares de plegarias cuenten con las medidas de seguridad necesarias: guardias, nuevas cerraduras y alarmas, fuertes portones. Proclamamos que esto nos recuerda lo que ocurrió en Europa hace 80 años y que no dejaremos que vuelva a ocurrir. De hecho, nos pondremos de pie y nos armaremos para protegernos contra aquellos que desean dañarnos. Después de todo, tenemos derechos…

Este es el sentimiento preponderante que encontré durante la última semana. Sí, es verdad, la necesidad de protegernos es esencial. Pero es un error enfocarnos sólo en la seguridad física.

El antisemitismo es tan antiguo como el pueblo judío. A lo largo de la historia, el pueblo judío ha soportado innumerables actos de persecución, exilio y asesinato. Si bien la masacre de Pittsburgh fue el ataque más sangriento contra los judíos en la historia norteamericana, está lejos de ser el primer ataque contra los judíos. Aquellos que mataron judíos en el pasado hubieran estado dispuestos a provocar un crimen similar al de la sinagoga Árbol de Vida de haber tenido la posibilidad de hacerlo. Nuestra historia nos enseña que nunca podemos estar completamente a salvo.

Si nuestra respuesta enfatiza exageradamente las medidas de seguridad (a pesar de su importancia y enorme necesidad), ignoraremos las razones subyacentes y las lecciones que debemos aprender respecto al antisemitismo. No nos sentamos a llorar por la destrucción del Templo de Jerusalem porque no tuvimos armas para protegerlo...

El antisemitismo es un recordatorio para los judíos como individuos, como comunidad y como nación, respecto a que debemos vivir a pleno nuestro potencial como judíos, fortalecer nuestro compromiso con la misión única y singular del pueblo judío con más orgullo y pasión.

Mientras más vivimos una vida judía, más traemos al mundo la Presencia de Dios y lo volvemos un lugar más sagrado, más seguro e ideal. ¿Queremos disminuir o incluso detener el antisemitismo? Sí, necesitamos contratar un guardia de seguridad, pero también necesitamos ser los mejores judíos que somos capaces de ser. Necesitamos estudiar y encarnar los valores judíos y ser embajadores que santifican el Nombre de Dios en la forma que hablan y que se comportan. Necesitamos ser la luz.

Hilel enseñó (Shabat 31a) que toda la Torá se encuentra resumida en la máxima: “Aquello que odias, no se lo hagas a otro”. Todo lo demás es simplemente una explicación de este ideal. Nuestra respuesta principal ante el antisemitismo es traer a Dios al mundo encarnando los valores básicos de la Torá: amor y santidad.

Siempre habrá detractores y personas que nos odien a pesar de todo lo bueno que hagamos. Lamentablemente eso forma parte de la realidad judía. Por lo tanto: sí, es importante tener seguridad y estar físicamente preparados para cualquier situación, que Dios no lo permita. Sin duda esto forma parte de actuar con responsabilidad. Pero una batalla más profunda contra lo que ocurrió en Pittsburgh no se lucha con armas y cerraduras, sino que es una batalla espiritual que se lucha con amor y devoción.

Fue reconfortante ver que judíos de toda clase fueron a la sinagoga luego del ataque para manifestar su apoyo y solidaridad con las víctimas y para afirmar que “estamos orgullosos de ser judíos”. Pero no podemos detenernos allí. Cada uno debe mirar hacia su interior, reevaluarse y comprometerse a adoptar un cambio verdadero que lo impulse todavía más lejos en su camino para llegar a ser el mejor judío que puede ser. Esto nos protegerá tanto o más, mucho más, que cualquier arma.