1. Una delegación para Jánuca

Los judíos vivieron en Italia desde tiempos antiguos. Los primeros judíos que llegaron a Italia fueron enviados por Yehudá HaMacabí, el líder judío de la historia de Jánuca.

En busca de aliados para la lucha judía contra Antíoco Epifanes, el malvado rey sirio-griego, Yehudá HaMacabí envió una delegación al senado de Roma. Allí lograron asegurar un acuerdo para una “relación especial” entre los judíos de Israel y el emergente imperio Romano, y establecieron el primer asentamiento judío en Italia en el siglo II AEC.

2. Esclavos judíos

Una de las guerras más sangrientas del Imperio Romano fue la “guerra judía”, en la cual los judíos de Israel se levantaron contra el poder romano y fueron aplastados. En el año 70 EC, las fuerzas romanas destruyeron el Templo y masacraron a muchos judíos en Jerusalem. La resistencia final fue derrotada en Masada cuatro años más tarde.

3. El Arco de Tito

Entre estas dos victorias romanas sobre los judíos, diez mil cautivos judíos fueron transportados a Roma como esclavos, donde ayudaron a construir el Coliseo. Este masivo envío de esclavos judíos fue conmemorado en el año 71 EC cuando erigieron en Roma el Arco de Tito para conmemorar la victoria de Tito y de Vespasiano, el líder romano, sobre los judíos.

Los judíos construyeron más de una docena de sinagogas, muchos cementerios judíos y establecieron vibrantes comunidades judías en otras ciudades, tales como Ferrara, Milán y Taranto. En la actualidad, los judíos italianos tienen sus propias plegarias tradicionales, ni ashkenazim (europeos) ni sefaradim (de España y el Medio oriente).

4. Las raíces culinarias de Sicilia

Algunas de las comidas italianas icónicas tuvieron origen en las comunidades judías de Italia.

Durante casi dos mil años, las más vibrantes comunidades judías de Italia se encontraban en la isla de Sicilia. Los mercaderes judíos llegaron allí en la antigüedad, cuando la isla era un movido centro comercial que unía al Imperio Romano con el Medio Oriente y florecieron en la isla. La guía turística Annie Sacerdoti afirma que en un momento “No había ninguna ciudad ni pueblo de Sicilia en el que no hubiera una familia o un grupo judío…”

La escritora culinaria judía Claudia Roden investigó el origen de muchos platos icónicos italianos y llegó hasta estos judíos de Sicilia. Ella describe en vivos colores su estilo de vida cosmopolita: “Cultivaban naranjas, producían seda y excavaban minerales, fabricaban queso y eran artesanos, vendían telas y eran médicos. Se encontraban entre las colonias de la diáspora que tenía la cultura y las tradiciones más ricas. Estaban en el corazón del tráfico mediterráneo y se beneficiaban del impacto cultural y económico de los ocupantes extranjeros, incluyendo a los árabes, normandos, angevinos y aragoneses”.

En 1492 Sicilia estaba bajo la influencia del Rey Fernando de España, quien incluyó a la isla cuando decretó que todos los judíos debían abandonar sus tierras o enfrentar la muerte. (Sólo 23 años antes, el rey contrató bailarines judíos sicilianos para entretenerlo en su boda con Isabel de Castilla. Pero este estatus preferencial no protegió a los judíos de la inquisición). Más de 35.000 judíos huyeron de Sicilia en 1942, casi el 5% de la población de la isla. El decreto era una sentencia de muerte incluso para los judíos que decidieron partir: muchos de ellos subieron a barcos calabreses y fueron asaltados y asesinados por la tripulación.

Los que lograron llegar a salvo a tierra firme en Italia, llevaron con ellos sus ricas tradiciones culinarias, y difundieron los alimentos que rápidamente se convirtieron en íconos de Italia. Entre los ingredientes que los judíos de Sicilia ayudaron a popularizar en Italia se encuentran las berenjenas, las alcachofas (alcauciles), el clásico aderezo de pasas de uva y piñones, los sabores agridulces, el mazapán y la costumbre de freír en aceite pequeñas porciones de alimentos. Los judíos que se escaparon de la inquisición en España y llegaron a Italia también ayudaron a difundir los alimentos del Nuevo Mundo que habían conocido en las nuevas colonias de España: los tomates y la calabaza, los cuales rápidamente se convirtieron en favoritos italianos.

Aquí hay una receta que usa algunos de estos sabores distintivos: el clásico plato judeo-italiano de espinaca con piñones y pasas de uva:

Espinaca con piñones y pasas de uva

Del libro de Joyce Goldstein: Cucina Ebraica: Sabores de la cocina judía italiana

  • 1 kg espinaca
  • 2 o 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 cebollas amarillas pequeñas o 6 cebollas de verdeo, picadas
  • 4 cucharadas de pasas de uva (sumergirlas en agua caliente y colarlas)
  • 4 cucharadas de piñones, tostados
  • Sal y pimienta fresca molida a gusto

1. Lavar bien la espinaca y quitarle los cabos. Colocar en una sartén grande con el agua que quedó en las hojas después de lavarla. Cocinar unos pocos minutos a fuego medio, voltear si es necesario. Escurrir bien y dejar reposar.

2. Agregar el aceite de oliva a la sartén vacía y llevar a fuego medio. Agregar las cebollas y saltear hasta que estén tiernas, alrededor de 8 minutos. Agregar la espinaca, las pasas y los piñones y saltear rápidamente para calentar. Condimentar con sal y pimienta y servir caliente o a temperatura ambiente.

Ensalada de pasta

La ensalada de pasta es otro plato típico italiano, que tiene su sorprendente origen en la comunidad judía de Italia. Si bien los judíos en Italia incorporaron la pasta a sus dietas (como todos los italianos), la prohibición de cocinar en Shabat llevó a los judíos italianos a preparar ensaladas frías con pasta.

“Aunque en Italia nadie comía pasta fría, los judíos comían lo que hoy se conoce como ensalada de pasta”, dice la historiadora culinaria Claudia Roden. Con el tiempo, la práctica se dispersó por toda Italia hasta que la ensalada de pasta llegó a ser un plato popular y sus orígenes judíos quedaron en el olvido.

5. El gueto

En 1516, las autoridades de Venecia decretaron que los judíos de la ciudad (en ese momento 700 personas) fueran confinados en una de las islas que formaban parte de la municipalidad. Eligieron Gueto Novo, una pequeña isla conocida por su atmósfera poco saludable. Su nombre se debía a que en una época allí hubo una fundición, un gueto en el dialecto de Venecia.

Aunque el gueto estaba superpoblado y les prohibían salir cada noche (el perímetro era custodiado por guardias que la misma comunidad estaba obligada a pagar), la vida judía en el gueto floreció. La comunidad era políglota; había judíos de España, Italia, Alemania y del norte de África que construyeron sus propias y bellas sinagogas ocultas detrás de fachadas ordinarias. Los judíos llegaron al gueto desde todos los rincones de Europa, incrementando la población de la pequeña isla (y más tarde de una segunda isla vecina que fue otorgada a los judíos para que pudieran expandirse). En el siglo XVII, vivían en el gueto más de cinco mil judíos. También los edificios crecieron hacia arriba, resultando ser los primeros “rascacielos” de Europa, y tenían varios pisos.

El gueto judío de Venecia

Los no judíos disfrutaban al visitar el gueto para hacer sus compras y aprovechar las oportunidades culturales. La actuación anual de Purim atraía visitantes de toda Venecia y de otros lugares.

Muy pronto también surgieron guetos (barrios en los cuales eran confinados los judíos) en otras ciudades de Italia y de Europa. Los guetos judíos fueron establecidos en Roma en 1555, en Florencia en 1570, en Padua en 1603 y en Carpi en 1716. Quizás la reacción más inusual hacia el decreto estableciendo un gueto tuvo lugar en Verona en 1600: la creación del gueto judío tuvo lugar tras muchos meses de amenazas respecto a que no contarían con casas ni tiendas. Cuando finalmente se estableció el gueto y vieron que había lugar para vivir y mantener las actividades comerciales, los judíos celebraron su inauguración con bailes y cánticos.

En 1797 las tropas de Napoleón derribaron los portones del gueto de Venecia, simbolizando el fin de las restricciones respecto a dónde podían vivir los judíos y el comienzo de la emancipación judía. Sin embargo, los judíos permanecieron en el gueto histórico muchos años más y algunos guetos históricos, tales como el de Venecia y Roma, siguen siendo el centro de la vida judía hasta hoy en día.

6. Revolución literaria y la quema del Talmud

El Renacimiento en Italia es famoso por su desarrollo cultural. Pero en el mundo judío, estaba en camino otra clase de “renacimiento”. En el siglo XVI, Italia se convirtió en el centro editorial de libros judíos, difundiendo el conocimiento judío como nunca antes.

La imprenta llegó a Italia poco después de la invención de los caracteres móviles en Alemania en 1440, y los judíos lo festejaron. Tradicionalmente, los libros judíos (como todas las obras literarias de la época) eran laboriosamente escritos a mano. Ahora podían ser impresos con rapidez y relativamente a bajo costo.

Los impresores judíos comenzaron a imprimir libros hebreos en Reggio Calabria, Padua, Ferrara, Bologna y Roma a partir de 1470. Sin embargo, la ciudad más identificada con la impresión de libros hebreos fue Venecia, donde se imprimieron 800 libros hebreos durante el siglo XVI. (En contraste, en Cracovia, también un centro de estudio judío en esa época, durante ese mismo período imprimieron 200 libros judíos).

En 1545 ocurrió una desgracia en Venecia. Dos impresores judíos pelearon respecto a quién tenía los derechos para imprimir un libro del filósofo judío Maimónides y el Gran Inquisidor de la ciudad, Carafa (el futuro Papa Pablo IV) decidió involucrarse. El Gran Inquisidor estableció un tribunal para juzgar los libros hebreos, particularmente el Talmud. Él decidió que el Talmud era blasfemo. En 1553, el Papa Julio III ordenó la destrucción del Talmud, así como la de cualquier libro hebreo que fuera “difícil de entender”. Muy pronto comenzaron a quemar libros hebreos en las plazas de Roma, Bologna, Venecia, Ancona, Ferrara, Ravenna y Mantua. En 1559, en la ciudad italiana de Cremona, en tan solo un año quemaron diez mil libros hebreos.

Los impresores judíos de Italia nunca recuperaron su supremacía. El Talmud continuó prohibido en Italia hasta la edad moderna por una serie de bulas papales.

7. El caso de Edgardo Mortara

El 23 de junio de 1858, la policía militar papal llamó a la puerta de la familia Mortara, una familia judía de Bologna. Los había enviado un inquisidor católico que proclamaba que estaba cumpliendo con la ley que prohibía que los judíos criaran niños católicos. La policía militar le dijo a la familia que Edgardo, el hijo de seis años de los Mortara, de hecho era católico porque su niñera católica lo había bautizado en secreto.

Mientras Edgardo y su madre lloraban abrazados, los soldados lo arrancaron de los brazos de su madre y lo llevaron a Roma, donde Edgardo fue educado en la Casa de Catechumens, una institución para los nuevos conversos al catolicismo. El Papa Pío IX tomó un interés particular en Edgardo y se convirtió en la figura paterna del niño.

Cuando posteriormente les permitieron a sus padres una breve visita, con guardias observando cada uno de sus movimientos, Edgardo logró decirle a su madre que seguía diciendo cada noche el Shemá, la plegaria judía.

La intensa educación católica finalmente logró desviar a Edgardo, quien a los 13 años se cambió el nombre por Pío, en honor al Papa y eventualmente se convirtió en cura.

El secuestro de Edgardo Mortara tuvo un fuerte efecto sobre la política italiana y se convirtió en una causa célebre que llevó la opinión pública en contra del poder férreo del Vaticano en Italia y en favor del nacionalismo italiano.

8. Una comunidad cada vez más pequeña

La comunidad judía de Italia se vio devastada por el Holocausto. Entre ocho y nueve mil judíos italianos fueron deportados a los campos de exterminio y asesinados. Esta cifra podría haber sido todavía mayor de no ser por muchos italianos que arriesgaron sus vidas para ayudar a ocultar judíos. El porcentaje de los judíos de Italia que se salvó es mayor que en todos los otros países europeos, con excepción de Dinamarca.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad judía de Italia contaba con 40.000 personas. En el período posterior a la guerra, algunos judíos italianos lograron grandes éxitos, fuera de proporción teniendo en cuenta el pequeño porcentaje que representaban dentro de la población general. Rita Levi-Montalcini, una química judía, ganó en 1986 el premio Nóbel de Medicina. Otros italianos destacados son Primo Levi, uno de los escritores más famosos de Italia; el pintor y escritor Carlo Levi y un grupo de destacados periodistas italianos, entre ellos Carlo De Benedetti, fundador del grupo dueño de los periódicos La Repubblica y L’Espresso.

Hoy en día la comunidad se está reduciendo. Muchos judíos italianos citan altos niveles de antisemitismo y de sentimientos antiisraelíes como la motivación para partir del país. Los edificios judíos están sumamente custodiados desde 1982, cuando terroristas palestinos arrojaron bombas en la Gran Sinagoga de Roma y dispararon a quienes participaban de las plegarias de Shabat. El saldo del atentado fue el asesinato de un niño de dos años y 34 personas heridas.

Una investigación del 2015 reveló que el 63% de los judíos italianos creían que el antisemitismo es un problema “muy grande” o “bastante grande”. Un 68% de los encuestados afirmaron que sentían que el antisemitismo estaba creciendo. Sólo un 1% de los judíos italianos consideró que el antisemitismo no era un problema. En Roma y en otras ciudades se multiplicaron los grupos de autodefensa para ayudar a combatir la violencia y las amenazas antisemitas. En el 2014, 340 judíos italianos se fueron a vivir a Israel, el doble que en el año 2013.