Judíos perdidos en China

En la Edad Media, los comerciantes judíos que seguían la antigua ruta de las especias y la seda, se asentaron en China y formaron una comunidad en la ciudad de Kaifeng. Kaifeng era una de las “siete antiguas capitales de China” y una de las mayores metrópolis del mundo, con casi un millón de habitantes. Los emperadores de la dinastía Song dieron la bienvenida a estos judíos y otorgaron siete apellidos que los judíos de Kaifeng podían usar. Algunos de sus descendientes que siguen viviendo en el pueblo usan esos nombres hasta la actualidad.

La comunidad judía de Kaifeng comenzó a florecer y construyó su primera sinagoga en 1163, la cual eventualmente llegó a contar con varios miles de miembros. También en otros pueblos de China se formaron pequeñas comunidades judías. A diferencia de muchas comunidades judías en otras partes, en China los judíos prácticamente no enfrentaron persecuciones. Irónicamente, la falta de discriminación fue lo que apresuró el fin de la comunidad.

Un modelo de la sinagoga de Kaifeng en Beit Hatfusot, el Museo del Pueblo Judío en Tel Aviv

En unos pocos cientos de años, los judíos de Kaifeng comenzaron a alejarse de su religión. Se casaron con sus vecinos chinos y gradualmente perdieron su conocimiento y sus tradiciones judías. Cuando Kaifeng sufrió una devastadora inundación en 1642, la pequeña comunidad judía pudo recuperarse y reconstruir su sinagoga. Pero cuando Kaifeng se volvió a inundar en 1841 y el agua se llevó la única sinagoga que quedaba en el pueblo, la comunidad judía nunca se reconstruyó.

Hoy en día, donde vivía la comunidad judía en Kaifeng hay una calle llamada Nan-xuejing hutong, que significa “la calle del sur de los que estudian las Escrituras”. Pero quedan pocas otras huellas de lo que una vez fue la vibrante comunidad judía de China.

Los judíos y la comida china

Cuando Elena Kagan, profesora de Derecho y jueza en la Alta Corte de Justicia de los Estados Unidos, fue interrogada durante sus audiencias de confirmación, el senador Lindsey Graham le preguntó qué había hecho el día de Navidad. Sin inmutarse ante esa pregunta poco usual, Kagan respondió: “Como todos los judíos, probablemente estuve en un restaurante chino”.

Los datos apoyan el argumento de Kagan. Cada diciembre Google registra un salto en las búsquedas de restaurantes chinos y los sitios que hacen envíos a domicilio afirman experimentar un incremento significativo de ventas de comida china el 25 de diciembre.

El nexo entre los judíos y la comida china se extiende a lo largo del año. En 1959, un restaurante kasher de Nueva York causó sensación al agregar a su menú egg rolls (arrollados primavera) y convertirse en el primer restaurante kasher que ofrecía comida china. Con los años, en todas las ciudades del mundo abrieron restaurantes chinos kasher. (Un ejemplo típico es Chicago, donde hay alrededor de 24 restaurantes kasher y tres de ellos tienen menús asiáticos y muchos otros incluyen selecciones chinas o pan-asiáticas).

Asimismo, China está ganando un rol destacado en la producción de alimentos kasher. En la actualidad es el productor de alimentos kasher en mayor crecimiento, con aproximadamente 500 fábricas que elaboran artículos kasher. Star-K, la empresa de certificación de kashrut, afirma que “China se está convirtiendo en el líder en todos los aspectos de producción de alimentos kasher”, porque cada vez es mayor la cantidad de comida que se produce allí (incluyendo alimentos kasher).

¿Qué oculta un nombre?

Chien His-Chié, directora ejecutiva de la fundación Peacetime en Taiwan, reclama un cambio radical en la forma en que se escriben algunas palabras chinas. En especial, ella señala que la palabra china para judío, you tai, puede escribirse con una variedad de símbolos, pero preocupantemente el que se utiliza más a menudo es despectivo y denota a un perro o un mono. Hasta ahora el pedido de la señora Chien no llegó muy lejos. Al parecer la denotación ofensiva se originó en un momento en que los judíos eran considerados sumamente exóticos o alejados de China.

El término hebreo para chino es menos controversial: sini. Probablemente su origen tiene conexión con la cuarta dinastía de China, chin, y también tiene relación con las palabras griegas y latinas para China (Sinai y Sinae, respectivamente).

El gueto judío de Shanghái

Si bien en Shanghái vivió una pequeña comunidad judía desde el siglo XIX, entre 1920 y 1930 comenzaron a llegar más judíos que escapaban de la revolución rusa y luego del creciente antisemitismo en Europa. Cuando los grandes poderes se reunieron en la Conferencia de Evian en 1938 y decidieron bloquear casi por completo la inmigración judía a sus costas, sólo quedaron dos lugares completamente abiertos para los judíos que querían huir; la República Dominicana y Shanghái (que en ese momento tenía un gobierno separado del resto de China).

A finales de 1930 había más de 20.000 judíos en Shanghái. Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, Shanghái contaba con más refugiados judíos que cualquier otra ciudad del mundo.

Tras la invasión japonesa a Shanghái en 1941, los alemanes presionaron a los japoneses a asesinar a los judíos que estaban bajo su control. Incluso enviaron a Shanghái al coronel de la SS Joseph Meisinger (quien supuestamente llevó con él una lata del gas Zyklón B) para aconsejarles diversos planes de “exterminio”. Japón se resistió a matar a los judíos de la ciudad, pero de todas formas implementaron drásticas restricciones: los judíos de Shanghái ya no podían recibir dinero del exterior y debieron aglomerarse en el “Gueto de Shanghái”, formalmente llamado el Sector Restringido para Refugiados sin patria en el Distrito de Hongkou, de donde los judíos no podían salir.

Incluso bajo estas condiciones restrictivas, la vida judía en Shanghái floreció. Lo más notable fue la ieshivá Mir, un famoso centro de estudios judíos que se relocalizó de Lituania en Shanghái durante la Segunda Guerra Mundial, donde continuaron adelante con las clases. (Al finalizar la guerra, la ieshivá Mir se trasladó a Jerusalem, donde sigue siendo uno de los principales centros de estudios judíos en la actualidad). Tras la guerra, casi todos los judíos de Shanghái partieron de China para vivir en otros países.

Conexiones universitarias

Cada año, llegan a Israel cientos de graduados y estudiantes de post-doctorado chinos para participar en las investigaciones de nivel mundial de las universidades israelíes. En el año 2013 la universidad de Tel Aviv y la universidad Tsinghua de Beijing establecieron un centro conjunto de investigación de alta tecnología para aprovechar el conocimiento israelí y chino y lograr innovaciones en el campo de la tecnología médica y encontrar soluciones a graves problemas ambientales.

En China hay un gran interés respecto al judaísmo. En las universidades Chinas hay por lo menos diez centros académicos de estudios judaicos y los estudiantes a menudo pasan un semestre en Israel o en los Estados Unidos para aprender más sobre la historia y la cultura judía.

Quizás la mayor difusión sobre la vida académica israelí en China tuvo lugar a partir de un programa televisivo basado en un popular programa israelí. Cuando Lechao Tang, un estudiante graduado de la Universidad Hebrea se presentó en el show en el año 2014, le fue tan bien que se convirtió en el segundo programa más visto en todo China. Tang brindó a la audiencia descripciones de la vida en Israel y los conductores del programa agregaron su propia historia. Ellos contaron que al visitar Israel dejaron en el Muro Occidental una nota en la que pedían poder concebir un hijo. Contaron a la audiencia que al regresar a casa tuvieron un niño.

Colaboración de alta tecnología

En las últimas décadas, a medida que China se convirtió en un líder de la manufacturación e Israel se transformó en uno de los mayores centros de innovación de alta tecnología, se profundizaron los lazos entre ambos países. A comienzos del 2000 prácticamente no había fondos de China para apoyar la alta tecnología en Israel, pero en el período 2011-2013 las firmas chinas invirtieron 32 mil millones de dólares en Israel.

El hombre más rico de Asia, Li Ka-shing de Hong Kong, parece tener una inclinación especial hacia la investigación y el desarrollo israelí. Hasta la fecha, él invirtió por lo menos en 28 compañías de alta tecnología en Israel. De las startups que financia su compañía, Horizon, más de un tercio son israelíes. Algunos ejemplos de las compañías que financia Horizon son la firma israelí Corephotonics, que diseña sistemas de lentes duales para las cámaras fotográficas de los teléfonos celulares y la compañía israelí de biotecnología Kaiima, que diseña productos para incrementar el éxito agrícola.

China ocupa el segundo lugar (luego de los Estados Unidos) en colaboración con empresas de alta tecnología israelíes. El ministro Naftali Bannet dijo que Israel se desplaza hacia el Este en términos de comercio, investigación y desarrollo.

El comercio entre Israel y China creció más de 20.000% en las últimas dos décadas, y llega a más de 10,8 mil millones de dólares. Luego de los Estados Unidos y la Unión Europea, China es el tercer socio comercial de Israel.

En el 2018, Jack Ma, director ejecutivo de Alibaba (la versión china de Amazon.com), visitó Israel por primera vez y elogió repetidamente la “inspiración”, enorme “creatividad, sabiduría, persistencia y visión” del país. Ma comparó al estado de Israel con Alibaba: “Ambos se han destacado a pesar de innumerables obstáculos y tropiezos”. Como parte de una estrategia de expansión global de 15 mil millones de dólares, Alibaba abrirá un centro de investigación y desarrollo en Tel Aviv, dedicado a la inteligencia artificial, visión computarizada y otras tecnologías disruptivas.