Adaptado del sermón que Rav Goldberg dio este Shabat en su congregación en la sinagoga de Boca Ratón.

Enviamos a nuestros hijos a la escuela y damos por sentado que los veremos nuevamente al final del día. La escuela supuestamente es un lugar seguro, un ambiente nutritivo que promueve el aprendizaje, el crecimiento y la felicidad. Sin embargo, el miércoles pasado, un día que nunca olvidaremos, la escuela secundaria Stoneman Douglas en Parkland, apenas a veinte minutos de aquí, se convirtió en un sitio de inconcebible y trágica devastación. Diecisiete vidas fueron interrumpidas abruptamente, a causa de la locura y el mal.

Cada uno de estos espantosos casos de ataques a escuelas nos golpean y nos quiebran el corazón, pero este ocurrió en nuestro propia ciudad. Si no conocemos directamente a los alumnos o a los maestros de la escuela, conocemos gente que conoce a alguien que estudia allí o que tiene alguna conexión con la escuela.

Ayer, fui con mi hija al funeral de una de las víctimas, Alyssa Alhadeff, de 14 años. Ninguno de nosotros conocíamos a Alyssa ni a su familia, pero nos sentimos impulsados a acompañar el dolor de su comunidad y a manifestar solidaridad con sus amigos y familia. Su rabino, mi amigo Shuey Biston, me presentó a los padres y todo lo que pude decirles fue: “Ustedes nunca me han visto, pero estoy aquí representando a mi comunidad para decirles lo mucho que lo sentimos y que estamos dispuestos a hacer cualquier cosa que pueda fortalecerlos y darles consuelo en este momento tan doloroso”.

Alyssa Alhadeff

Nuestros corazones se quebraron al ver a Rav Biston hacer kriá no sólo a los padres de Alyssa, sino también a sus dos hermanos menores y luego recitar con ellos palabras casi imposibles de decir, pero que reflejan la más profunda fe: “Dios es el juez verdadero”.

Al comenzar el funeral, pensé que normalmente los padres encienden cada Shabat una vela por cada uno de sus hijos. Sin embargo, el viernes pasado en vez de encender una vela por la vida y la luz brillante de Alyssa, su madre entraría a Shabat encendiendo una vela de shivá, en duelo por su oscura muerte.

Cada una de estas 17 víctimas era una singular expresión de Dios, un mundo en sí mismo.

En el funeral nos enteramos que Alyssa era sumamente madura, que se destacaba jugando al fútbol y que era una líder entre sus amigos. Ella quería ser médica y ayudar a las personas. Le encantaba divertirse y era una maravillosa hermana mayor. La madre de Alyssa contó que cuando ella cerraba la puerta con llave de noche, Alyssa que era positiva y optimista, le decía: “Mami, ¿para qué cierras la puerta? En Parkland nunca pasa nada malo”.

Esta es la historia de una de las víctimas, pero cada una de estas 17 víctimas era una singular expresión de Dios, un mundo en sí mismo. Niños que fueron descritos como ángeles por su bondad y compasión. Adultos incluyendo héroes como Scott Beigel que fue asesinado porque abrió la puerta de su aula para que pudieran entrar más estudiantes, y Aharón Feis, un entrenador que murió al empujar a una estudiante fuera del camino y saltar entre ella y el asesino.

Diecisiete, la mayoría niños. Repletos con potencial que nunca se desarrollará, contribuciones de las cuales nunca podremos beneficiarnos, sueños y aspiraciones que nunca se concretarán. Su luz fue extinguida y como consecuencia el mundo es un lugar más oscuro.

¿Cómo hacemos para mantener la esperanza en el futuro? ¿Cómo no volverse pesimista, fatalista, perder nuestra fe en la humanidad y en Dios? El viernes fue el décimo aniversario de la masacre de Merkaz HaRav. Ocho jóvenes, culpables tan sólo de estudiar Torá, fueron asesinados en su Ieshivá. Cuando oímos que ocurren estos incidentes en los cuales niños inocentes son asesinados a sangre fría, ¿cómo podemos mantener nuestra fe en el mundo? ¿Cómo podemos confiar que es seguro enviar a nuestros hijos a la escuela?

Quiero compartir con ustedes un increíble Midrash (Ester Raba 7:13):

Cuando este decreto fue firmado y entregado a Hamán, él y sus asociados se regocijaron. Pero justo en ese momento Mordejai pasó caminando frente a él. Él vio a tres niños que regresaban de la escuela y corrió tras ellos. Ellos siguieron a Mordejai para ver qué les preguntaría a los niños. Cuando Mordejai los alcanzó, le pidió a uno de los niños que le repitiera el último versículo que había estudiado. Él le dijo: “No temerás al terror repentino ni a la destrucción del malvado, cuando viniere”. El segundo dijo: “Planea una conspiración y será anulada, habla lo que desees y no tendrá efecto, porque Dios está con nosotros”. El tercero citó el versículo: “Incluso cuando tú envejezcas Yo permaneceré sin cambiar; e incluso en tu ancianidad, Yo perduraré. Yo los creé y los seguiré llevando. Yo los cargaré y los rescataré”. Al oír esto, Mordejai se alegró. Hamán le dijo: “¿Por qué te alegras tanto por las palabras de estos niños?”. Mordejai le respondió: “Por las buenas noticias que me han dado, que no debo temer al mal que tú planeas en nuestra contra”. Hamán se enojó y dijo que primero castigaría a los niños.

El Gaón de Vilna (Kol Eliahu) explica que los versículos que recitaron los niños corresponden a las tres ocasiones en las cuales Amalek nos atacó y las tres metodologías que empleó. Y a pesar de eso, seguimos de pie. No sólo sobreviviendo sino floreciendo.

Mordejai observó a los niños, quienes a pesar de la terrible amenaza que enfrentaban mantenían un increíble grado de optimismo, fe y esperanza.

El Maharal explica que cuando Mordejai vio que los niños seguían estudiando, que citaban versículos y seguían nutriéndose del judaísmo, tuvo confianza y optimismo respecto al futuro judío.

Cuando Mordejai se sintió desesperado, cuando sintió ansiedad por lo que ocurriría y se preguntó cómo tendría la fuerza necesaria para seguir adelante, observó a los niños. Los niños de la escuela, que a pesar de la amenaza y el horror que enfrentaban mantenían un increíble grado de optimismo, fe y esperanza.

En el funeral de Alyssa, además de la familia hablaron algunos de sus amigos y a mí me impresionó que su mensaje no fue de enojo, amargura o política, sino un llamado a honrar su memoria siendo bondadosos, optimistas y preocupados por los demás. Rav Biston citó a Rabí, quien enseñó que cuando nos ataca una terrible oscuridad, nuestra misión es responder con una luz extrema.

Nuestros niños están observando y escuchando cómo reaccionamos a eventos como los que ocurrieron esta semana. ¿Eso nos vuelve cínicos, nos enfurece, nos endurece, nos vuelve pesimistas y negativos? ¿Nos lleva a perder nuestra fe? Ellos nos observan a nosotros, pero el Midrash nos recuerda que en estos momentos nosotros debemos observarlos a ellos. Debemos imitar la positividad infantil. Su fe y su creencia en que todo estará bien.

Los eventos de esta semana fueron trágicos, pero debemos responder con más fe y mucha luz. Diecisiete velas de nuestra comunidad fueron extinguidas. En memoria de ellos debemos hacer nuestro mejor esfuerzo para que nuestra luz brille más fuerte e ilumine la oscuridad causada por la ausencia de su luz.