Simja Rotem, el último rebelde del gueto de Varsovia que seguía vivo, falleció el último Shabat a los 94 años. En la ceremonia del 70 aniversario del levantamiento del Gueto de Varsovia, Rotem describió el ímpetu al lanzarse en una ofensiva contra los nazis el 19 de abril de 1943 sin ninguna posibilidad de éxito.

“Sabíamos que el fin sería el mismo para todos. La idea del levantamiento surgió de nuestra determinación. Quisimos elegir qué clase de muerte tendríamos, eso fue todo”.

El levantamiento del gueto de Varsovia simboliza la negación a sucumbir a las atrocidades nazis e inspiró otras campañas de resistencia entre judíos y no judíos.

Rotem también dijo: “…no hay palabras para describir lo que fue el Holocausto, el levantamiento, ni la bestialidad de los alemanes, pero a pesar de su crueldad no lograron quebrar la moral del pueblo judío”. Agregó: “Hasta el día de hoy tengo dudas respecto a si fue correcto llevar adelante el levantamiento y acortar las vidas de las personas por un día o una o dos semanas”.

Simja (Szymon) Rathajzer nació en Varsovia el 24 de febrero de 1924. También fue conocido con el sobrenombre de Kazik, una abreviación del nombre polaco “Kazimierz” que significa “el que destruye el prestigio/la gloria de su oponente en la batalla”. En esa época, Varsovia contaba con una vibrante comunidad judía que conformaba más de un tercio de la población de la ciudad.

A los 12 años, Rotem se unió al movimiento sionista juvenil HaNoar HaTzioní. La Segunda Guerra Mundial comenzó cuando Rotem tenía 15 años. En setiembre de 1939 durante un bombardeo alemán que destruyó la casa de su familia, resultó herido. Su hermano, Israel, y otros cinco parientes cercanos murieron en el ataque. Poco después, los judíos de Varsovia fueron llevados al infame gueto.

En un principio, en el gueto había alrededor de 380.000 judíos aglomerados en espacios mínimos. En su momento cumbre, la población del gueto llegó a ser aproximadamente medio millón de judíos. Luego de la deportación del 22 de julio de 1942, cuando transportaron a 265.000 hombres mujeres y niños que luego fueron asesinados en Treblinka, comenzó a surgir el movimiento de resistencia. En julio de 1942, Rotem se unió a la ZOB, Zydowska Organizacia Bojowa o la Organización Judía Combatiente, aunque admitió que se “sentía completamente indefenso” ante los nazis. En el gueto quedaban 50.000 judíos.

Rotem en Yad Vashem

Un pequeño grupo de judíos comenzó a difundir llamados a la resistencia. También efectuaron actos aislados de sabotaje y ataque. Algunos judíos comenzaron a desafiar las órdenes alemanas de reportarse para ser deportados. El 19 de enero de 1943, cuando los nazis efectuaron redadas en el gueto, encontraron por primera vez la resistencia judía. Los judíos se sorprendieron al tener éxito y lograr detener la redada nazi.

Cuando los alemanes regresaron al gueto el 18 de abril de 1943, comenzó el levantamiento del gueto. Los nazis entraron al gueto en la víspera de Pésaj. Tres días más tarde, los nazis encendieron el gueto, pero los rebeldes judíos continuaron luchando durante casi un mes antes de terminar brutalmente asesinados. Durante los meses intermedios, muchos judíos habían construido bunkers en los sótanos de los edificios, a menudo con túneles que los unían con otros edificios. Un manojo de judíos combatientes con armas buscó allí refugio, lo que les dio la ventaja de una posición defensiva.

El adolescente Rotem actuó como conexión entre los bunkers. También fue el correo principal, reportándose directamente al comandante del ZOB, Itzjak Zuckerman, que estaba del lado ario de la ciudad. Rotem también tomó parte en la batalla.

En su testimonio a Yad Vashem, el sitio oficial israelí de recuerdo de las víctimas del Holocausto, Rotem afirmó: “En el primer momento, cuando vi las enormes fuerzas alemanas entrar al gueto, mi primera reacción, y estoy seguro que no fue sólo la mía, fue sentir que no éramos nada. ¿Qué podíamos hacer con nuestras patéticas y casi inexistentes armas al enfrentar el tremendo poder armado alemán con cañones, tanques y una enorme infantería de cientos si no miles de soldados…? Me sentí completamente indefenso”. Los sentimientos de Rotem fueron seguidos por “una extraordinaria sensación de inspiración espiritual… Ese era el momento que habíamos estado esperando… para enfrentar a esa Alemania todopoderosa”.

Rotem señaló que los rebeldes no tenían ninguna ilusión respecto a sus posibilidades. “Mataríamos a tantos como pudiéramos; sabíamos que nuestro destino era completamente claro”. Los luchadores judíos lograron matar a 16 nazis y herir alrededor de 100.

Cuando vieron que su derrota era inminente, Rotem fue enviado a la parte aria de Varsovia a través de un pasadizo secreto, donde se encontró con Zuckerman para acordar un escape para el resto de los rebeldes. Los nazis descubrieron el pasadizo y en consecuencia los dos quedaron atrapados del lado ario mientras la lucha se incrementaba y el gueto ardía. Rotem intentó varias veces entrar al gueto a través de diversas alcantarillas hasta que logró hacerlo. Se encontró con Zivia Lubekin, una de las últimas sobrevivientes de los líderes del levantamiento del gueto. Los dos condujeron aproximadamente a 80 rebeldes a través de los desagües hacia el lado ario de la ciudad. Desde allí se fueron a los bosques en las afueras Varsovia. Rotem los mantuvo ocultos en el bosque y en diversos departamentos hasta el fin de la guerra.

Rotem continuó sus actividades clandestinas con el movimiento de resistencia. En particular, ayudó a cuidar a varios miles de judíos que seguían escondidos en Varsovia. En agosto de 1944 tomó parte en el levantamiento polaco de Varsovia que fue aplacado por los nazis 63 días más tarde.

Inmediatamente después de la guerra, Rotem participó en la organización de Brijá (escape) que ayudó a los judíos europeos a emigrar al Mandato de Palestina, pese a las restricciones impuestas por los británicos. En 1946 inmigró a Palestina y fue llevado prisionero al campo de detención británico Atlit, al sur de Haifa. Aunque su hermana de 12 años fue asesinada en el levantamiento del gueto, sus padres y otra hermana sobrevivieron ocultos y emigraron a Palestina en 1947.

Rotem se unió a la Haganá, el precursor de las Fuerzas de Defensa de Israel, y luchó en la Guerra de la Independencia. Trabajó como director de una cadena de supermercados hasta que se jubiló en el año 1986. Fue orador y miembro activo del comité de Yad Vashem que elige a los Justos de las Naciones, que honra a los no judíos que arriesgaron sus vidas para salvar judíos durante el Holocausto.

En el año 2013, en el 70 aniversario del levantamiento del gueto de Varsovia, Rotem fue honrado con la Gran Cruz de la Orden del Renacimiento de Polonia, uno de los mayores honores del país, por su accionar durante la Segunda Guerra Mundial.

Este año, Rotem reprochó en una carta al presidente polaco Andrzej por su discurso en la ceremonia conmemorativa del 75 aniversario del levantamiento del gueto.

Yo, Simja (Kazik) Rotem, que luché hombro a hombro con mis hermanos y hermanas contra los malditos nazis alemanes en las calles y en el sistema de desagües del gueto de Varsovia, le digo, Sr. Presidente, que muchos miembros de su pueblo tomaron parte activa en el asesinato de judíos en el Holocausto, expulsando a los judíos de sus casas en Polonia y abusándose de ellos con crueldad. Incluso asesinaron a los judíos que lograron escapar de la máquina de exterminio nazi y que trataron de recuperar sus hogares y sus propiedades al terminar la guerra.

Sólo cuando la sociedad polaca realmente enfrente la amarga verdad histórica, revelando su alcance y gravedad, habrá alguna posibilidad de que esos horrores no se repitan. Por lo tanto, me opongo vehementemente a la distorsionada ley recientemente aprobada en Polonia que busca erradicar de la recolección histórica los actos atroces que los polacos cometieron contra el pueblo judío en ese período tan oscuro…

Aliza Vitis-Shomron de 90 años, es la última sobreviviente conocida del Gueto de Varsovia que queda en Israel. Al oír que Rotem falleció, ella dijo entre lágrimas: “Es un día difícil porque esto realmente significa que se terminó. Yo soy la última que queda y no hay nadie más que pueda mantener viva la historia. Él era el último luchador. Yo seguiré hablando hasta mi último día de vida, pero nadie vive eternamente. Después de mí, ¿quién lo seguirá contando?”

Rotem tiene dos hijos y cinco nietos que junto con las miles de personas que oyeron su historia, continuarán manteniendo vivo este relato.