La Dra. Kim es una premiada profesora de Innovación y Creatividad en la universidad William & Mary. Su investigación "La crisis de la creatividad" fue la historia de portada de una edición de Newsweek en el 2010. Desde entonces, muchos medios han buscado sus conocimientos, incluyendo al Washington Post, al Wall Street Journal, al U.S. News & World Report, al NPR y otros.


Mi investigación muestra que una persona judía tiene 625 más probabilidades que una asiática de ganar un Premio Nobel. ¿Por qué? ¿Está relacionado con su coeficiente intelectual? ¿Con su crianza? ¿No deberían los altos estándares académicos de la cultura asiática producir una mayor cantidad de innovadores?

La creatividad es el proceso de hacer algo único y útil, y el resultado exitoso de este proceso es la innovación. El Premio Nobel simboliza el logro innovador. El pueblo judío constituye menos del 0,2% de la población mundial. Sin embargo, el 23% de los ganadores del Premio Nobel, tienen al menos un padre que se identifica como judío.

En contraste, los asiáticos representan el 23% de la población mundial, pero sólo el 4% de los ganadores del Premio Nobel. Considerando el tamaño de la población, la proporción de judíos ganadores del Premio Nobel es superior a 115, mientras que la proporción de asiáticos es menor a 0,2. Estadísticamente, un judío tiene una probabilidad 625 veces mayor que una persona asiática de ganar un Premio Nobel. De hecho, el pueblo judío está bien representado en todos los logros de innovación. Por ejemplo, ellos son algunos de los mejores músicos del siglo XX: más del 25% de los directores, del 40% de los pianistas, del 50% de los violoncelistas y el 65% de los violinistas son judíos.

Muchos afirman que los judíos son exitosos en las áreas de innovación porque tienen un alto coeficiente intelectual. Mi investigación no apoya esa afirmación.

Además de mi investigación sobre historia, cultura y educación judías, entrevisté y observé a personas judías y viví con una familia judía durante tres años. Investigué textos judíos influyentes, visité sinagogas y participé en ceremonias y festividades judías. Estaba decidida a descubrir características únicas que pudieran afectar la innovación. Cuando comencé mi investigación no sabía nada sobre la cultura judía. Luego descubrí que, en general, los norteamericanos consideran tabú evaluar o parecer críticos del pueblo judío. Pero como soy coreana, lo ignoraba. Como investigadora, mi desconocimiento de este tabú me ayudó a conservar la objetividad. Muchas personas creyeron que mis hallazgos sobre las diferencias entre la forma de educar y enseñar del judaísmo y la cultura asiática eran controversiales, algo que demoró algunos años la publicación de mi libro The Creativity Challenge: How We Can Recapture American Innovation.

La Dra. KH Kim.

Muchos afirman que los judíos son exitosos en los campos de innovación porque tienen un alto coeficiente intelectual. Sin embargo, mi investigación no apoya esta afirmación. Descubrí que los asiáticos y los judíos tienen coeficientes intelectuales similares. También descubrí que tanto los innovadores exitosos como los creativos de rendimiento pobre son producto de su ambiente. Mi amplia investigación dio origen a una estructura que llamé EAP. EAP representa tres pasos prácticos para la innovación, alcanzables en cualquier cultura. Estos son: cultivar Entornos creativos (paso 1), nutrir Actitudes creativas (paso 2) y desarrollar la capacidad de Pensar creativamente (paso 3). Sorprendentemente, la parte más crítica del proceso creativo es el entorno. El entorno de las personas incluye su cultura, las condiciones físicas y psicológicas, las relaciones interpersonales, los procesos de desarrollo y las tendencias predominantes. Todos los aspectos del entorno influyen profundamente en la forma en que los individuos piensan, y tienen el potencial de alentar o desalentar el comportamiento creativo. Afortunadamente, el entorno es la parte sobre la que tenemos más control.

Dentro de la estructura del EAP, las prioridades de la crianza y la educación judía son muy efectivas para cultivar entornos creativos que nutren en sus niños actitudes creativas y la capacidad de razonamiento. Ellos cultivan entornos creativos al fijar expectativas elevadas y proveer a sus hijos desafíos, incluyendo comentarios brutalmente honestos con una expectativa clara y específica. En respuesta a las horrendas amenazas que enfrenta el pueblo judío, sus miembros se volvieron resilientes y personifican la creencia de que “lo que no te mata te fortalece”. Ellos desarrollan en sus niños actitudes creativas tales como independencia, autosuficiencia (la verdadera confianza en uno mismo que resulta de conocer las propias fuerzas), resiliencia y la capacidad de enfrentar riesgos. Incluso más, en vez de enfocarse en la tragedia, el pueblo judío transformó sus duras experiencias en una amplia defensa de la justicia social. Esta actitud refuerza la imagen general de consideración y compasión.

Los padres judíos tienden a darles a sus hijos un modelo que fomenta la investigación y las preguntas, lo cual expande la curiosidad de los niños.

Los padres y educadores judíos nutren en sus niños actitudes creativas tales como la apertura mental, la convivencia con culturas diferentes y el ingenio, brindándoles diversos recursos y vivencias. Por desgracia, durante toda la historia, el pueblo judío fue forzado a huir de sus hogares y países. Sin embargo, eso los expuso a diferentes pueblos, culturas, áreas, lenguajes, religiones y artes. Estas experiencias abrieron sus mentes a otras perspectivas, ideas y estilos de vida, aumentando la capacidad para el pensamiento creativo. Además de imbuir en los niños los valores de su identidad judía, los padres y educadores judíos nutren su identidad multicultural al enseñarles sobre las similitudes y las diferencias entre las culturas a la vez que fortalecen su deseo de conservar su identidad judía. Las comunidades judías desarrollaron clases, sistemas educativos y viajes de corto y largo plazo a Israel, su tierra patria. La identidad multicultural permite múltiples perspectivas, pensamientos complejos y la perspectiva de un ajeno, algo que mejora la capacidad de pensamiento creativo.

Además, la investigación muestra que el pueblo judío tiende a casarse más tarde que sus contrapartes no judías. Cuando tienen hijos están más establecidos económica y emocionalmente, lo que les ayuda a brindarles a sus hijos diversos recursos. También les enseñan a sus hijos, a temprana edad, a encontrar y utilizar recursos como libros, artes, bibliotecas, museos y recursos humanos, nutriendo así su ingenio.

Los educadores y padres judíos nutren en sus niños actitudes creativas tales como curiosidad, optimismo y la capacidad de tener una visión general, brindándoles inspiración y aliento. Tienden a proveerles un modelo para que investiguen y formulen preguntas, expandiendo así su curiosidad. Nutren en sus niños el amor por la lectura desde que son pequeños, y son conocidos como “el pueblo del libro”. Aún más, enfatizan la responsabilidad de tikún olam (reparar el mundo), lo que les enseña a sus hijos que deben dejar el mundo siendo un mejor lugar que como lo encontraron, estableciendo así la generosidad como una norma.

La investigación muestra que las familias judías son más caritativas y dan mayores sumas de dinero que las familias no religiosas o que pertenecen a otras religiones, más allá de sus ingresos o de su nivel de riqueza.

La investigación muestra que las familias judías son más caritativas y dan sumas mayores de dinero que las familias no religiosas o que pertenecen a otras religiones, más allá de sus ingresos o de su nivel de riqueza. Las personas judías conforman menos del 2% de la población de los Estados Unidos, pero representan el 30% de los donantes más caritativos. Esto refuerza el optimismo, el pensamiento global y la compasión en sus niños, factores fundamentales para la innovación y la creatividad.

Los padres y educadores judíos tienden a nutrir en sus niños la expresión emocional, la autonomía, la inconformidad y la rebeldía, proveyéndoles la libertad de ser únicos. La investigación muestra que los padres y educadores judíos apoyan la expresión personal de sus niños, su propia curiosidad, preferencias e intereses en cómo y por qué ocurren las cosas, y su argumento, en lugar de la limpieza, las órdenes, las reglas y los buenos modales. Estar al margen de la sociedad, combinado con una identidad multicultural, nutrió en sus niños la disconformidad, lo que los lleva a identificarse como ajenos disconformes que apoyan a los oprimidos y a los que son o fueron perseguidos.

Principios confucianos

Antes de investigar la crianza y las técnicas de enseñanza judías, estudié confucianismo, tema sobre el que basé mi disertación doctoral. Los principios y los valores confucianos están basados en la filosofía y las ideas de Confucio, que continúan siendo la base ética y moral de la mayoría de los asiáticos, a quienes llamo confucianos en este artículo. La crianza y la educación confucianas siguen cuatro principios específicos. El primero es una relación jerárquica, donde la edad es una señal de sabiduría y autoridad. Las personas mayores tienen derecho a ejercer disciplina y control sobre las más jóvenes, quienes deben escucharlas.

El trágico accidente aéreo de Korean Air en 1997, ilustra un efecto negativo de esta jerarquía, donde un ingeniero más joven no desafió la autoridad de su capitán de mayor edad, provocando 228 muertes. Los padres/educadores confucianos enseñan a los niños mediante el uso de control y poder. Imbuyen en sus niños la dependencia y la obediencia, así como la firme aceptación de la información que se les enseña. Esto ahoga en ellos la independencia, la autonomía, el pensamiento crítico, la disconformidad y la rebeldía, todas ellas cualidades necesarias para el pensamiento creativo. También limita el pensamiento creativo inhibiendo la polinización cruzada, que consiste en el intercambio de ideas y/o el trabajo con otros expertos en una relación igualitaria.

El segundo principio es la diligencia y el éxito académico. Los padres y educadores confucianos adoctrinan que el éxito académico no sólo es importante para los hijos, sino también para honrar a la familia e incluso a sus ancestros. En China este principio se ha llevado al extremo de la competencia insalubre, dando como resultado lo que se conoce desde la década del 70 como “el infierno del examen asiático”, lo que llevó a altas tasas de suicidio entre los estudiantes asiáticos. Los padres/educadores confucianos le otorgan el máximo valor al trabajo académico, que requiere práctica intensiva, mucha tarea escolar y está centrado en los resultados. Ellos no valoran los juegos de sus niños, sus fantasías ni su curiosidad, como así tampoco las preferencias ni los intereses de sus hijos. Esto socava el desarrollo de la curiosidad, la espontaneidad y la creatividad.

En general, la crianza confuciana lleva a la falta de expresión personal y de creatividad.

El tercer principio es la lealtad y la devoción a los mayores (la autoridad incuestionable de los padres). Los padres confucianos se involucran mucho en los estudios de sus hijos y hacen grandes sacrificios para ayudar a su éxito académico. A cambio, sus hijos buscan lograr volverse ricos y alcanzar un alto estatus social para poder pagar a sus padres por los sacrificios efectuados, lo que deja poco lugar a la caridad. Como una extensión de la devoción a los padres, la lealtad en el trabajo contribuyó al éxito económico de los países asiáticos en los años 80. Sin embargo, esto lleva a los confucianos a aceptar incuestionablemente la autoridad y a rechazar ideas o a competir con grupos externos, debido a la lealtad al propio grupo. Los padres confucianos les enseñan a sus hijos a esforzarse aún más en el trabajo y a superar a sus pares y a los miembros de los grupos externos. Los comparan abiertamente con los demás, fomentando así la dicotomía ganador-perdedor. Esta actitud ahoga el pensamiento global de sus hijos, la compasión y la polinización cruzada, que son ingredientes fundamentales para el pensamiento creativo. La investigación también muestra que la competitividad extrema generó en los estudiantes asiáticos el predominio del plagio y la falta de ideas originales. Cuanto más sienten la obligación filial de triunfar, más predispuestos están a hacer trampa o a alcanzar el éxito mediante cualquier método que sea necesario.

El último principio es la armonía y la conformidad. Los padres/educadores confucianos les enseñan a sus hijos a ser modestos y no actuar de manera diferente a los demás. Esto puede afectar negativamente la autoestima y el sentido de individualidad y singularidad. Ellos enfatizan demasiado las relaciones armoniosas y la necesidad de evitar la confrontación, el desacuerdo y el conflicto. Los niños asiáticos se preocupan demasiado por las opiniones de los demás. Se alienta la formalidad y la seriedad, pero no el humor y la alegría. En consecuencia su alegría, disconformidad y rebeldía son pisoteadas, aunque son cosas necesarias para desarrollar el pensamiento creativo.

Si bien hay algunas similitudes entre la crianza y la educación judía y confuciana, en general la crianza judía promueve la innovación, mientras que la confuciana lleva a la falta de expresión personal y de creatividad. El resultado es que, a menudo, los niños asiáticos son como un “bonsái” humano. Un bonsái es un árbol decorativo que se recorta y se amarra para que no crezca y no desarrolle todo su potencial.

Al final de cuentas todas las personas nacen curiosas y creativas, pero el entorno nutre o aplasta esa creatividad.