Toda la atención generada recientemente sobre el tema de Jerusalem es un claro recordatorio de que, dentro del sistema internacional, Israel es tratado con un estándar completamente diferente que otros países.

Por supuesto, Israel merece la atención y el escrutinio al igual que cualquier otra nación. Pero también merece un tratamiento equitativo; nada más y nada menos.

En primer lugar, Israel es el único estado cuya ciudad capital, Jerusalem, con la cual el pueblo judío estuvo conectada intrínsecamente por más de 3.000 años, no es reconocida por muchos otros países.

Imaginen lo absurdo que es esto. Los diplomáticos extranjeros viven en Tel Aviv, pero conducen virtualmente todos sus asuntos en Jerusalem, donde se encuentran la oficina del primer ministro, La Knéset (el Parlamento), la Corte Suprema y el Ministerio de Asuntos Exteriores.

De hecho, observen las listas de las ciudades del mundo, incluyendo los lugares de nacimiento en los pasaportes, y verán algo sorprendente: París, Francia; Tokio, Japón; Pretoria, Sudáfrica; Lima, Perú… Y Jerusalem, país no definido. Huérfana, si así lo desean.

Segundo, Israel es el único estado miembro de la ONU cuyo derecho a existir está bajo constante cuestionamiento.

A pesar de que Israel cuenta con una antigua conexión con el pueblo judío, tal como aparece repetidamente en el libro más leído del mundo, la Biblia; un nexo renovado tras la recomendación de 1947 de la ONU; y que ha sido miembro de este cuerpo internacional desde 1949, hay un coro implacable negando la legitimidad política de Israel.

Nadie se atrevería a cuestionar el derecho de existir de muchos de los otros países cuya base para ser un estado es infinitamente más cuestionable que la de Israel, tales como aquellos que fueron creados por la fuerza bruta, la ocupación o alejados cartógrafos. Basta con observar cuántas naciones encajan en esta categoría, incluyendo (a propósito) a bastantes países árabes. ¿Por qué entonces la estación de caza está abierta sólo contra Israel? ¿Es posible que eso tenga algo que ver con el hecho de que sea el único país del mundo que cuenta con una mayoría judía?

Tercero, Israel es el único estado miembro de la ONU que fue acusado de aniquilación por otro estado miembro.

Piensa en esto. El liderazgo de Irán, junto con los representantes financiados por Irán en el Líbano y Gaza, ha convocado repetidamente a borrar a Israel del mapa. ¿Acaso hay otro país que enfrente un objetivo tan claramente anunciado de destrucción genocida? Mientras tanto, la mayoría de los países continúan manteniendo sus negocios habituales con Teherán, como si su amenaza a otra nación fuera algo aceptable o, de alguna manera, considerada irrelevante.

Cuatro, la ONU tiene dos agencias que se ocupan de los refugiados. Una es el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR, o en inglés UNHCR), que se ocupa de todas las poblaciones de refugiados del mundo, excepto de una. La otra, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) se ocupa únicamente de los palestinos.

Pero la diferencia va más allá de la anomalía de dos estructuras burocráticas. De hecho, ambas tienen dos mandatos sorprendentemente diferentes.

La ACNUR busca reubicar a los refugiados, la UNRWA no. Cuando en 1951 John Blanford, entonces director de la UNRWA, propuso reubicar a 250.000 refugiados en países árabes vecinos, esos países reaccionaron con furia y se negaron, llevando al alejamiento de Blanford. El mensaje llegó. Desde entonces, ningún otro oficial de la ONU presionó para un reasentamiento.

Todavía más, las definiciones de lo que es un refugiado son sumamente diferente para la UNRWA y la ACNUR. Mientras que ACNUR sólo brinda sus servicios a aquellos que de hecho han partido de sus patrias, la definición de la UNRWA cubre “a los descendientes de las personas que se convirtieron en refugiados en 1948”, sin ningún límite generacional.

Quinto, Israel es el único país que ganó todas sus grandes guerras de supervivencia y autodefensa, y a pesar de eso es confrontado por los adversarios vencidos que insisten en dictaminar los términos de la paz.

Irónicamente, de esa manera ellos han recibido el apoyo de muchos países que cuando ellos mismos resultaron victoriosos en sus guerras exigieron (y obtuvieron) grandes ajustes de fronteras. Una rápida mirada a los mapas antiguos y actuales de Europa sirve para ilustrar ampliamente este punto.

Sexto, Israel es el único país del mundo que tiene un ítem separado y permanente en la agenda (#7), en el Concilio de Derechos Humanos de la ONU con base en Ginebra.

Ningún otro estado miembro recibió su propio ítem en la agenda, incluyendo a graves violadores de los derechos humanos como Corea del Norte, Siria, Irán y Sudán.

Tan sólo la única democracia liberal del Medio Oriente es tratada de esta forma completamente parcial, porque así funcionan las cosas: los chicos malos se juntan para protegerse entre ellos y, al mismo tiempo, unirse contra Israel, creando una mayoría automática en su contra.

Séptimo, Israel es el único país condenado en nombre de la Organización Mundial de la Salud como un “violador” de los derechos de salud.

Este mentira se registra a pesar de que Israel provee asistencia médica de primer nivel a los sirios heridos en la guerra civil de su país y a los palestinos que viven en Gaza bajo el dominio de Hamás; logró una de las expectativas de vida más elevadas del mundo para todos sus ciudadanos, tanto judíos como no judíos; se encuentra entre los primeros países del mundo en responder a las crisis humanitarias sin importar en dónde ocurran, desde Haití hasta Nepal, y a diario avanza en las fronteras de la medicina para todos, algo que no se puede decir en muchos otros países.

Octavo, Israel es el único país que es el blanco constante de tres cuerpos de la ONU establecidos y mantenidos únicamente con el propósito de avanzar la causa palestina y atacar a Israel: el Comité de Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino; el Comité Especial para Investigar las Prácticas Israelíes que Afectan los Derechos Humanos del Pueblo Palestino y las División para los Derechos Palestinos en el Departamento de Asuntos Políticos de la ONU.

Noveno, Israel es el único país al que anualmente se dirigen por lo menos 20 resoluciones de la Asamblea General de la ONU e innumerables medidas en otros cuerpos de la ONU, tales como el Consejo de Derechos Humanos.

De hecho, sorprendentemente cada año Israel recibe más de estos esfuerzos que los otros 192 estados miembros de la ONU combinados. Nadie puede argumentar seriamente que esto esté remotamente validado, pero es una realidad porque en cada cuerpo de la ONU, excepto en el Consejo de Seguridad (donde cada uno de los cinco miembros permanentes tiene derecho a veto), todo depende de la mayoría de votos.

Cuando casi dos tercios de las naciones del mundo hoy en día pertenecen al Movimiento No Alineado, que eligió a un país como Irán como su director desde el 2013 hasta el 2016, seguido por Venezuela, el líder actual, eso ya lo explica todo.

Y décimo, Israel es el único estado atacado por el movimiento BDS (boicot, desinversiones y sanciones).

¿Acaso alguien vio alguna actividad significativa en los campos universitarios dirigidas hacia los verdaderos violadores de los derechos humanos, incluyendo a algunos de los vecinos de Israel, que decapitan, convierten a la fuerza y expulsan a los cristianos; que arrojan bombas químicas a los civiles; les niegan a los palestinos completos derechos, persiguen a comunidades LGBT, y aplican penas capitales, incluso a menores, sin pestañar?

¿Acaso algún grupo de estudiantes trató de impedir a sus graduados que viajaran a cualquier país fuera de Israel, tal como ocurrió con el compromiso que circuló en la Universidad de California?

¿Alguien ha visto flotillas organizadas por los grupos de izquierda de Europa que no involucren un ángulo anti-israelí?

¿Alguien ha visto algún movimiento tratando de convencer a las compañías que se retiren de cualquier otro país fuera de Israel?

Turquía, por ejemplo, descarada e injustificadamente ocupó un tercio de la isla de Chipre durante 44 años, envió allí aproximadamente 40 000 soldados y transfirió a innumerables pobladores desde Anatolia. Sin embargo no se escucha ni “mu” sobre Ankara por parte de aquellos que supuestamente actúan en nombre de la “justicia” y en contra de la “ocupación”.

Dadas las realidades políticas, enfrentar cualquiera de estas instancias de escandaloso doble estándar y evidente hipocresía puede ser un desafío intimidante. Y lo que es todavía peor, esta lista ni siquiera está completa.

La vieja publicidad afirmaba que uno no necesita ser judío para amar el pan de centeno judío. Bueno, por cierto uno no tiene que ser un activista pro-Israel para sentirse molesto por el tratamiento grotescamente injusto de Israel. Todo lo que es necesario es la capacidad moral de escandalizarse de que esta clase de cosas ocurran en el mundo actual.