En Israel, el nuevo año comenzó con un ataque terrorista en el corazón de Tel Aviv.

El viernes 1 de enero, las tiendas y los cafés de la calle Dizengoff estaban repletos. Uno de los muchos transeúntes era Nashat Melhem, un árabe-israelí de 31 años con problemas emocionales e historial criminal.

Luego de entrar a un minimarket y de tantear la mercadería, Melhem se dirigió calmadamente hacia la puerta de salida, sacó un arma automática de su mochila y disparó repetidamente a un grupo de israelíes que celebraban el cumpleaños de un amigo en un bar cercano. “Nos tiramos al piso, pero recuerdo la sonrisa que había en su cara”, dijo posteriormente Noah, quien atestiguó lo ocurrido. Cuando la matanza había terminado, siete personas yacían tendidas en la calle (cuatro heridas de gravedad) y dos hombres —Alon Bakal (26), el administrador del bar, y Shimon Ruimi (30)— yacían muertos.

Este ataque es el más reciente de una serie de horribles asesinatos que se han llevado a cabo en los últimos meses en Israel, y fue incluso el más violento en cuanto a alcance, ya que incluyó un tiroteo a un grupo de civiles inocentes en el centro de una gran ciudad. Melhem se encuentra fugitivo y está siendo buscado por todo Israel; muchos israelíes tienen miedo ya que sienten que ellos podrían ser sus próximas víctimas. La policía israelí sospecha que Melhem también es responsable del asesinato de un taxista árabe en Tel Aviv poco después del atentado.

En lugar de condenar los atentados, algunas figuras públicas y medios de comunicación se han dedicado a justificar el atentado.

“Atentado en Tel Aviv: Sospechoso buscaba ‘vengar la sangre de su primo’”, anunció el influyente periódico británico The Guardian en su titular, creando la impresión de que el ataque era en cierto sentido justificable.

Ese sentimiento fue también reflejado por el Ministro israelí Ayman Odeh, quien lidera la coalición de partidos árabes del Parlamento israelí. En una aparición en la televisión israelí luego del atentado, Odeh afirmó que la causa del ataque de Melhem se debía a la ocupación israelí de tierras árabes, y luego criticó al primer ministro Benjamín Netanyahu, llamándolo “un ser humano que sólo sabe incitar”.

En Estados Unidos, muchos medios noticiosos enfatizaron que algunos parientes habían dicho que Melhem estaba triste por la muerte de su primo en un enfrentamiento con la policía, ocurrido en el 2006. La agencia noticiosa CBS describió a Melhem como “traumatizado” por la muerte de su primo en el 2006, implicando que su decisión de abrir fuego contra la multitud en Tel Aviv era en algún sentido razonable e incluso justificable.

Al reportar los actos de terrorismo que han estado ocurriendo en Israel, la revista Time publicó en octubre del 2015 un titular que decía: "La desesperación está conduciendo a los jóvenes palestinos a la violencia". En lugar de condenar los ataques en contra de israelíes, el mismo hecho de que los israelíes estaban siendo atacados fue presentado como prueba de la legitimidad de las quejas de sus atacantes. En lugar de mostrar a los árabes como personas capaces de elegir sus acciones al igual que el resto del mundo, la revista hizo referencia a un antiguo y ofensivo esteriotipo: que los árabes (a diferencia del resto del mundo) no pueden evitar actuar con violencia.

Sin embargo, después del atentado en Tel Aviv, fueron los más cercanos a Nashat Melhem —sus parientes y amigos, que uno podría haber esperado que compartieran su sentimiento de desesperación o de trauma— quienes no intentaron explicar su violento actuar, sino que trabajaron junto a la policía para intentar atraparlo y evitar más violencia. Fue el propio padre de Nashat, Muhammad, quien trabaja como guardia de seguridad y voluntario de la policía israelí, quien reconoció a su hijo en los reportes de los medios de comunicación y contactó a la policía para informarles de la identidad del atacante.

"Para mí es importante ahora que encuentren a mi hijo y que lo arresten, porque aún está armado y tal como mató a dos personas podría matar a más". Muhammad Melhem explicó: "Estoy preocupado y quiero escuchar que él se encuentra en manos de la policía". Luego de volver a casa procedente del trabajo a las 6 a.m., se vio inundado de llamadas de amigos y familiares preocupados que pensaron haber reconocido a Nashat en el video capturado por las cámaras de seguridad. Él dio media vuelta y fue inmediatamente a la estación de policía para ayudar en la búsqueda.

Muhammad Melhem les dijo a los reporteros: "Soy un ciudadano israelí, un ciudadano que se rige por la ley. Me enteré de lo que había hecho mi hijo, y lo siento mucho. No lo eduqué para actuar de esa manera. Fui donde la policía y ayudé a las fuerzas de seguridad. Nunca esperé que mi hijo hiciera algo así".

Mahmad Masri, un miembro del consejo local en la ciudad de Arara, donde vive Melhem, hizo ecos de los sentimientos de Muhammad. "Estamos conmocionados. El terrorista es mi vecino. Todo el pueblo está sorprendido y condena lo ocurrido".

Mientras la policía israelí trabaja para dar con el paradero de Melhem y evitar más ataques, el mundo debería aprender una lección del actuar de su familia y de su comunidad sobre cómo responder ante el terrorismo. No tratando de explicar sus causas, sino que condenándolo completamente. La violencia no es inevitable ni justificable.