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Bibi y la Torá

Bibi y la Torá

Los discursos del Primer Ministro Netanyahu revelan el significado y la misión de Israel y el destino judío.

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Cuando los líderes dan discursos, la gente no sólo escucha las políticas y posiciones específicas, sino también el vocabulario de ideas, que impacta el discurso público y tiene el poder de crear una nueva manera de pensar. Un análisis de los discursos del Primer Ministro Benjamín Netanyahu revela una importante filosofía del significado y la misión de Israel y del destino judío.

El Primer Ministro a menudo invoca el judaísmo y los milenios de historia judía enraizados en la Torá como contexto para las ideas y políticas que le presenta al mundo.

Su discurso más reciente en la Asamblea General de las Naciones Unidas el 27 de setiembre fue un ejemplo clásico de esto:

"Hace tres mil años, el Rey David reinó sobre el estado judío en nuestra capital eterna, Jerusalem. Le digo eso a todos los que proclaman que el estado judío no tiene raíces en nuestra región y que pronto desaparecerá – Nosotros decimos en hebreo: 'Am Israel jai', el estado judío vivirá por siempre".

En sus discursos, Netanyahu integra la historia y el destino judío con valores de Torá, como lo hizo en la ocasión antes citada frente a las naciones del mundo:

"Ayer fue Iom Kipur, el día más sagrado del año judío. Cada año, por más de tres milenios, nos hemos reunido en este día de reflexión y expiación. Nosotros evaluamos el pasado. Nosotros rezamos por el futuro.

"Pero al final de Iom Kipur, celebramos. Celebramos el renacimiento de Israel. Celebramos el heroísmo de nuestros jóvenes que han defendido a nuestro pueblo con el indomable coraje de Yehoshua, David y los Macabeos de antaño. Celebramos la maravilla del floreciente estado judío moderno".

El estado de Israel Moderno, como la tercera gran soberanía judía en 3.300 años, es presentado aquí como el legado espiritual de sus ilustres predecesores, compartiendo los valores y la visión moral de generaciones de judíos a lo largo de la historia.

Proveer un completo contexto histórico es crucial para entender a Israel hoy.

Este discurso es un ejemplo de otros que el Primer Ministro ha dado en los años recientes, poniendo en contexto a Israel como un estado judío dentro de los valores del judaísmo y de la historia judía. En su discurso de 2011 en la Asamblea General de la ONU, el Primer Ministro se refirió específicamente a la historia judía como está registrada en la biblia:

"En mi oficina en Jerusalem hay un sello antiguo. Es un anillo de un oficial judío del tiempo de la Biblia. Este sello fue encontrado justo al lado del Muro Occidental y tiene aproximadamente 2.700 años, es del tiempo del Rey Ezequías. Ahora bien, hay un nombre del oficial judío inscrito en el anillo en hebreo. Su nombre era Netanyahu".

"Ese es mi apellido. Mi primer nombre, Benjamín, se remonta aún más atrás, otros mil años hasta Binyamín, el hijo de Yaakov, que también fue conocido como Israel. Yaakov y sus doce hijos vagaron por esas mismas colinas de Judea y Samaria hace casi 4.000 años, y ha habido una continua presencia judía en la tierra desde entonces".

Estas referencias bíblicas hechas por el Primer Ministro son muy importantes. Proveer todo el contexto de la historia y la base de valores es crucial para entender a Israel y al pueblo judío hoy en día. Es de importancia vital, moral y estratégica que el sionismo y el estado moderno de Israel sean reconocidos no como un movimiento originado hace unos cien años en Basilea, Suiza, sino como un movimiento enraizado en 4.000 años de historia judía, comenzando con las promesas de Dios a Abraham, Itzjak y Yaakov.

Esto es importante desde un punto de vista moral porque establece nuestro derecho y conexión con la Tierra de Israel.

Si el sionismo es percibido como un fenómeno moderno, entonces la acusación de que Israel es un poder colonialista es defendible. Por el otro lado, si se entiende que la Tierra de Israel ha sido la patria bíblica e histórica del pueblo judío por miles de años, entonces el diálogo en la escena global cambia dramáticamente, como lo expresó el Primer Ministro en su discurso de 2011 ante el Congreso de los Estados Unidos:

"No somos los ingleses en India. No somos los belgas en el Congo. Esta es la tierra de nuestros antepasados, la Tierra de Israel, en donde Abraham trajo la idea de un solo Dios, en donde David se dispuso a enfrentar a Goliat, y en donde Isaías vio su visión de paz eterna. Ninguna distorsión de la historia puede negar el lazo de 4.000 años entre el pueblo judío y la tierra judía".

Afirmaciones como esta no impiden la posibilidad de resignaciones territoriales para establecer un estado palestino en la tierra de Judea y Samaria, también conocidas como Cisjordania, tal como el Primer Ministro lo expuso en el párrafo siguiente del mismo discurso:

"Pero hay otra verdad. Los palestinos comparten esta pequeña tierra con nosotros. Buscamos una paz en la que no serán ni los sometidos ni los ciudadanos de Israel. Ellos deberían disfrutar una digna vida nacional como un pueblo libre, viable e independiente viviendo en su propio estado – Deberían disfrutar una economía próspera, en donde su creatividad e iniciativa puedan florecer".

Pero incluso con resignaciones territoriales, el contexto histórico es crucial. Si Israel acepta que la tierra de Cisjordania – Judea y Samaria – no es tierra judía sino que es tierra palestina ocupada ilegalmente, el marco de los debates internacionales cambia. Israel puede exigir que sus necesidades de seguridad sean tenidas en cuenta, pero el mundo contestará que terminar la ocupación ilegal es la prioridad absoluta.

Estas raíces le dan a Israel el sentido de orgullo, de destino histórico y de misión divina para avanzar hacia adelante con aplomo y fe.

Por el otro lado, al afirmar que todo Israel, incluyendo Cisjordania, ha sido tierra judía por miles de años, el Estado de Israel se para frente al mundo con autoridad moral y desde una posición de fortaleza, dispuesto a negociar e incluso a regalar tierra para el establecimiento de un estado palestino, pero haciéndolo con la integridad de ser los justos propietarios de la tierra y no ladrones coloniales.

En sus palabras finales en la ONU este año el Primer Ministro Netanyahu dijo:

"Las tradiciones del pueblo judío tienen miles de años. Son la fuente de nuestros valores colectivos y la fundación de nuestra fortaleza nacional. Durante toda la historia, hemos estado al frente en los esfuerzos para expandir la libertad, promover la igualdad e impulsar los derechos humanos. Hemos abanderado esos principios no a pesar de nuestras tradiciones, sino por ellas mismas. Escuchamos las palabras de los profetas judíos Isaías, Amos y Jeremías para tratar a todos con dignidad y compasión, para perseguir la justicia y valorar la vida y rezar y luchar por la paz. Esos son los valores eternos de mi pueblo, y son el regalo más grande de los judíos a la humanidad. Comprometámonos hoy a defender esos valores para que podamos defender nuestra libertad y proteger la civilización que formamos juntos".

Al enmarcar la visión israelí desde una perspectiva moral, el Primer Ministro crea la oportunidad de establecer una alianza de valores uniendo a la mayoría de las naciones del mundo. La lucha que hay entre el radicalismo islámico por un lado, e Israel por el otro, es una lucha de valores, y una alianza internacional poderosa que puede ser galvanizada alrededor de los valores de dignidad humana, libertad y la santidad de la vida humana.

Más aún, este enfoque de amplia visión moral no sólo tiene el objetivo de convencer al mundo exterior, sino que también de generar un inspirador llamado a los judíos, basado en que Israel es una importante y sagrada parte de casi 4.000 años de historia y destino judío, y una parte crucial del cumplimiento de nuestros eternos valores divinos. Si el Estado Moderno de Israel es separado de sus raíces en la historia judía, de los valores de la Torá y del destino divino, no podrá, a largo plazo, sobrevivir las fuerzas militares y políticas que buscan su destrucción.

Son esas profundas raíces las que le dan a Israel su justificación moral y la decidida motivación para soportar las tormentas pasaderas, tal cual ha hecho el pueblo judío por milenios. Son estas raíces las que le dan a Israel el sentido de orgullo, de destino histórico y de misión divina para avanzar hacia adelante con aplomo y fe.

Este artículo apareció originalmente en el Jerusalem Post.

Publicado: 27/10/2012


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