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Conflicto de culturas: Pésaj vs. el Día de los niños palestinos

Conflicto de culturas: Pésaj vs. el Día de los niños palestinos

Ambas festividades se enfocan en los niños. Una celebra la vida, la otra celebra la muerte.

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Este abril se celebran dos festividades importantes, una para los judíos y otra para el mundo árabe. Ambas giran en torno a los niños. Ambas están muy preocupadas por el futuro. Ambas entienden que, aquello que les enseñamos a nuestros niños, son los valores más importantes que queremos impartirles a la próxima generación.

Por eso es que es tan instructivo contrastarlas.

Para los judíos es Pésaj. Con profundo entendimiento, los rituales alrededor de la fiesta que conmemora el “nacimiento” del pueblo judío, se enfocan principalmente en nuestros niños. El momento en que nos convertimos en judíos es recordado asegurándonos de que seguiremos siendo judíos. El pasado se ha convertido en el presente; ahora necesita ser garantizado para el futuro. Lograr eso es el secreto de la supervivencia judía.

Una cena festiva se celebra en casa, rodeados de cariñosa familia. La familia es el cemento que nos amarra para formar una comunidad de ideales compartidos y creencias unificadas. El amor es el ingrediente principal. Y quizás lo más significativo de todo es que los niños deben sentirse profundamente importantes. Ellos son los que hacen las preguntas. El Séder fue hecho para ellos. El mismo nombre del libro para conmemorar esta ocasión es ‘Hagadá’, una abreviación para el mandamiento bíblico comandado a los padres para el servicio de la noche de la redención, Vehigadtá lebinjá, “Y le contarás a tus hijos”.

A ellos se les enseña que son eslabones en una cadena histórica que lleva a una era mesiánica de paz y amor para toda la humanidad.

Los niños necesitan saber que sus vidas son preciadas y sentirse seguros de nuestro amor. A ellos se les enseña que son eslabones en una cadena histórica que lleva a una era mesiánica de paz y amor para toda la humanidad.

Durante el curso del Séder, compartimos algunas de las ideas más fundamentales de nuestra fe. Reflexionamos sobre el período de nuestra esclavitud en Egipto, cuestionamos el significado de esta época de esclavitud para nuestro pueblo y concluimos que, como nos dice la Torá, fue para llevar con nosotros para siempre la conciencia de la maldad del maltrato a otros, “porque ustedes fueron extraños en la tierra de Egipto” y vivenciaron personalmente los horrores de una sociedad injusta y cruel.

Recordamos las diez plagas que Dios envió a los egipcios, pero incluso mientras recordamos las aflicciones divinas que cayeron sobre nuestros enemigos, acompañamos la mención de cada plaga con un ritual extraordinario. Con la copa de vino frente a nosotros, utilizando una cuchara o nuestro dedo, sacamos una gota del vino con el cual celebramos para expresar un poderoso mensaje: por más que las plagas fueron consideradas divinamente necesarias, no podemos sentir alegría completa por un evento que causó dolor a otros y así indicamos que “nuestra copa no está llena” cuando está conectada con el dolor del prójimo, incluso aquellos que fueron nuestros enemigos.

Pésaj es para los judíos una fiesta que busca inspirar a la siguiente generación con esperanza de paz futura y una visión de coexistencia mesiánica y amor.

Festival anual palestino para la infancia y la educación

¿Pero cuál es la visión del 5 de abril, el día que el mundo árabe ha escogido como el ‘Día de los niños palestinos’? Uno de los programas de entrenamiento infantiles más exitosos en el mundo islámico es el ‘Festival anual palestino para la infancia y la educación’ realizado por Hamás en la Franja de Gaza.

Los niños que participan en este entrenamiento son niños de kínder o de primeros años de escuela primaria. En uno de los eventos, los niños, acompañados por sus maestros, presentan obras teatrales ante una gran audiencia.

Se mostró un diagrama del cuerpo humano con completas instrucciones sobre “como apuñalar a un judío”.

El año pasado, en una de estas obras, una niña con velo simuló un apuñalamiento y, niños vistiendo uniformes, simularon asesinar a soldados de las FDI y liberar “prisioneros palestinos”, esto es, terroristas palestinos sentenciados a períodos de cárcel en Israel. En otra se mostró un diagrama del cuerpo humano con completas instrucciones sobre ‘cómo apuñalar a un judío’. Durante toda la celebración había un tema transversal: adoctrinar a los niños con odio, odio por el ‘pequeño Satán’, Israel, el ‘gran Satán’, los Estados Unidos y fomentar violencia en contra de los infieles y no creyentes alrededor del mundo.

A niños que representan el futuro se les enseña literalmente a escoger la muerte por sobre la vida, la violencia por sobre la paz y el martirio en ataques yihadistas como el mayor acto de heroísmo. Innumerables padres palestinos apoyan, fomentan y alaban el sacrificio de sus hijos en atentados suicidas y otros ataques terroristas. La cultura árabe tiene a estos niños soldados en tan alta estima que los padres aceptan la muerte de sus hijos con orgullo. Una encuesta de opinión pública realizada por el instituto árabe de sondeo Jerusalem Media and Communications Center, encontró que el 68% de los adultos palestinos apoyan las operaciones de atentados suicidas. El padre de un niño de 13 años dijo, “le pido a Dios que lo escoja a él (para ser un mártir)”. El padre de otro joven que realizó un ataque afuera de una discoteca de Tel Aviv declaró: “Estoy muy feliz y orgulloso de lo que hizo mi hijo, y francamente estoy un poco celoso”.

Los incentivos financieros a las familias de los terroristas suicidas también les dan a los padres una razón para hacerlo. La Autoridad Palestina les paga a los padres 2.000 dólares por cada niño muerto y 300 dólares por cada niño herido. Arabia Saudita prometió 250 millones de dólares como parte de un fondo de un billón de dólares establecido para ayudar a familias cuyos hijos mueren en estos atentados. El Frente de Liberación Palestina le pagaba 10.000 dólares a los padres de cada niño muerto y 25.000 dólares por los terroristas suicidas.

Los niños pequeños han servido de coartada para actividades terroristas, escondiendo municiones en su ropa. Paramédicos encontraron un cinturón explosivo con 21 kilos de explosivos escondidos bajo el colchón de una camilla de ambulancia que llevaba a un niño palestino enfermo. El periódico semanal de Hezbolá reportó que niños habían ayudado a fabricar armas y municiones en el campo de refugiados de Yenín y luego, armados con granadas y explosivos, se enfrentaron a las fuerzas israelíes.

A lo largo de los territorios palestinos, murallas están tapizadas con carteles de jóvenes mártires que son idolatrados por la juventud palestina de la misma forma que otros adolescentes alaban a estrellas de rock. En contra de este telón de fondo, Wajdi Hatab, de 14 años, le dijo a sus compañeros de clase días antes de morir: “Cuando me convierta en mártir, repartan kannafa (pastel tradicional)”.

Desde una edad temprana, los niños son alimentados con propaganda de odio anti-sionista, anti-judío y anti-occidente. Mezquitas, escuelas, campamentos de verano e incluso programas de televisión infantil son utilizados como medio para fomentar que los niños se conviertan en mártires en un acto que les traerá respeto y orgullo parental:

  • En jardines infantiles administrados por Hamás, carteles en las paredes dicen: “Los niños del jardín de infantes son los shahids (santos mártires) del mañana”.

  • Un programa de televisión llamado “El club de los niños” muestra a un joven palestino de 9 o 10 años proclamando, “Cuando vaya a Jerusalem, me convertiré en suicida”.

  • La televisión controlada por la Autoridad Palestina, transmite videos estilo MTV para adolescentes que glorifican los atentados suicidas y el martirio.

  • Un texto de estudio palestino para sexto grado, Nuestro hermoso idioma, incluye la “Canción del Shahid” que alienta a morir en la guerra como shahid o mártir. Otros textos de estudio tienen mensajes similares.

  • En un campamento de verano de la Autoridad Palestina, 25.000 niños recibieron entrenamiento sobre cómo construir bombas, utilizar armas de fuego y emboscar y secuestrar enemigos.

  • Una escuela de verano de la Yihad Islámica fomenta la libido de los jóvenes adolescentes diciéndoles que ellos “liberarán Palestina de los judíos” convirtiéndose en mártires y les prometen a los jóvenes que serán recibidos por 72 vírgenes.

  • Los jardines de infantes, escuelas, campamentos de verano y torneos deportivos de escuelas (y otras instituciones) reciben nombres de terroristas y jóvenes terroristas suicidas, que son utilizados como modelos pedagógicos.

El ‘Día del niño palestino’ también tiene un texto, igual como los judíos tienen la Hagadá. Es un poema escrito por Mahmud Darwish, el poeta nacional palestino premiado, escrito después del estallido de la primera Intifada, la cual autorizó y santificó a “los niños que lanzan rocas” y alabó a la “juventud árabe en el camino hacia la victoria, cada uno con un ataúd en su hombro”. El poema eventualmente fue musicalizado, motivando a innumerables niños palestinos a martirizarse como forma de conducta socialmente aprobada que les traería fama y prestigio. Esta inclinación nihilista tomó un camino incluso más destructivo en la segunda Intifada, cuando las “armas de elección” cambiaron de rocas a explosivos y el rol de los niños pasó de ‘conducta imprudente con riesgo de muerte’ a ‘actos suicidas conscientes y premeditados’.

Un día ostensiblemente dedicado a los niños se ha convertido en el mundo árabe en la antítesis de la preocupación civilizada y humana por las vidas y el bienestar de los jóvenes. Su tema es el odio, su método es la violencia y el asesinato extrajudicial y sus agentes son los jóvenes a quienes les lavaron el cerebro con una cultura que voluntariamente los sacrifica por el bien de su propia agenda política.

Así que nuevamente este año, en abril, dos visiones están en completa oposición. Pésaj habla con un lenguaje de esperanza, de compasión, de amor y de fe en un futuro de paz y coexistencia universal. Y el ‘Día del niño palestino’ sigue predicando transformar rejas de arado en espadas y convertir ganchos en lanzas, con su generación futura como víctimas.

Fue Golda Meir quien brillantemente predijo el futuro: “Solamente tendremos paz con los árabes cuando ellos amen a sus hijos más de lo que nos odian a nosotros”.

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