Comencemos con un pequeño acertijo. ¿Cuál de las siguientes opciones sugiere el New York Times como un “crimen de guerra”?

1. Los palestinos que derriban la valla fronteriza para infiltrarse en Israel, armados con cuchillos y hachas.

2. Los palestinos de Gaza que incendian los campos de trigo del kibutz con cometas encendidos

3. Los túneles de terror de Hamás construidos con el objetivo de efectuar secuestros y ataques asesinos masivos.

Respuesta: ninguno de ellos.

Sorprendentemente, la página principal del New York Times de la semana pasada presentó la sospecha de un “crimen de guerra” en conexión con los disturbios fronterizos en junio del 2018. Cuando miles de palestinos atacaban a las fuerzas armadas israelíes con neumáticos en llamas y cócteles Molotov, una bala rebotó en la arena y trágicamente mató a la médica palestina de 20 años Rouzan al-Najjar.

Una selección del informe tendencioso del Times:

1. Insinuar la culpabilidad

“En el mejor de los casos el tiroteo parece haber sido imprudente, y posiblemente se trate de un crimen de guerra”, afirma el Times, que dedicó todo un equipo de periodistas, casi 5.000 palabras y una elaboración del incidente para probar (sin éxito) su caso contra las fuerzas armadas israelíes. Al final, el Times simplemente dejó la insinuación flotando.

Ira Stoll, crítico mediático, escribió:

Si quitamos el intento de brindar una presentación digna, el mensaje efectivamente es el mismo de un cartel garabateado por algún extremista de derecha o de izquierda que odia a Israel durante uno de los encuentros navideños extremistas: el líbelo asegura que los judíos son culpables, asesinos sangrientos…

Como lector, deseo que el Times informe lo que ocurrió, no lo que “posiblemente” sucedió. De lo contrario, no habrá fin para los artículos especulativos del Times. Si diez periodistas del Times no pueden encontrar un genuino crimen de guerra, sino sólo “posiblemente” un crimen de guerra, posiblemente deban encontrar otra cosa sobre la cual escribir un artículo.

Lamentamos la muerte de esta persona inocente en la línea frontal de una zona de guerra. Sin embargo, rechazamos la sugerencia del New York Times de que una bala perdida de los soldados de la fuerza armada israelí que trataban de controlar a una multitud violenta sea moralmente equivalente a los más atroces crímenes de la humanidad.

2. Ciclo de violencia

El Times dice que estos manifestantes liderados por Hamás estaban motivados por “el bloqueo israelí a la Franja de Gaza” y por el deseo de los habitantes de Gaza de “retornar a sus hogares ancestrales en lo que ahora es Israel”.

Esta es una terrible falta de contexto, ya que en ninguna parte el artículo del Times menciona que Hamás es una reconocida organización terrorista cuya misma razón de ser es destruir a Israel y a los judíos que viven allí. (El video que acompaña el artículo menciona que “quebrar la valla implicaba una amenaza inminente para las comunidades rurales”).

No importa cuán frustrados puedan estar los palestinos, promover el “victimismo palestino” es difícil cuando los terroristas de Hamás deliberadamente apuntan a civiles inocentes, lo cual es un “crimen de guerra” bajo todas las definiciones.

“Cada parte está encerrada en lo que parece ser un ciclo de violencia interminable e imposible de resolver”. De esta manera el Times intenta mantener la percepción del victimismo palestino. Sin distinción moral, tanto los palestinos que planean cruzar la frontera con objetivos asesinos, como los kibutzniks israelíes que siembran trigo, son arrojados juntos en un gran “ciclo de violencia”: dos pueblos envueltos en una pelea de perros, ninguna parte tiene la razón ni está errada, pero ambas dejan atrás una pila de cadáveres.

Sin embargo, este modelo circular claramente oculta la realidad. Este conflicto no tiene lugar entre dos fuerzas moralmente equivalentes y hay una manera muy simple de probarlo: si les quitan a los palestinos todas las armas, la violencia se detendría. Si le quitan todas las armas a Israel, casi con certeza Israel dejaría de existir.

En vez de dar ciegamente el mismo peso a ambas partes, el Times debería haber hecho caso a las palabras de Churchill: “Me niego a ser imparcial entre la brigada de bomberos y el fuego”.

3. Recuento de cadáveres

El Times enfatiza que en la violencia en la frontera “murió un soldado israelí por el disparo de un francotirador. Las muertes del lado palestino llegaron a 185”.

Este informe perpetua la infame predilección por el “recuento de cadáveres”, al informar sobre las víctimas como si se tratara de los resultados de un partido de fútbol.

Imagen del informe en video del New York Times

¿Cuál es la lógica absurda que decreta que es justo y legítimo medir cuál lado sufrió más muertes? Usando este criterio, los Estados Unidos deben considerarse “inmorales” por su rol en la Guerra del Golfo de 1990, donde murieron 100.000 iraquíes y en comparación hubo 225 bajas norteamericanas. Y durante la Segunda Guerra Mundial deberíamos haber visto en los titulares a los alemanes (que sufrieron 7 millones de muertes) como las “víctimas del agresor norteamericano” que perdió un 6 por ciento de esa cifra.

Hamás lleva a las fuerzas israelíes a la confrontación porque saben que cualquier muerte puede ser utilizada para generar un malicioso artículo de primera página en el New York Times sugiriendo crímenes de guerra israelíes. Incluso si estas etiquetas despectivas no quedan pegadas, el Times les otorga a los palestinos una victoria en relaciones públicas al presentar una imagen demonizada de Israel en un discurso aceptable para el público.

4. Mujeres y niños

El Times informa:

Con los imanes alentando a la gente a participar y los autobuses enviados por Hamás, la multitud creció rápidamente. La protesta se convirtió en una especie de circo nacional. Las madres llevaban a sus hijos. Los vendedores ofrecían falafel y las familias dormían en tiendas.

Lo lamento, New York Times, pero este evento no es ningún circo. El oficial superior de Hamás, Mahmoud Al Zahhar admitió que la idea de una protesta pacífica es un fraude. Él afirmó en Al Jazeera: “Esta no es una resistencia pacífica. ¿Disminuyó la opción [de la lucha armada]? No. Por el contrario, está creciendo y desarrollándose. Eso queda claro. Por lo tanto cuando hablamos sobre “resistencia pacífica” estamos engañando al público. Esta es una resistencia pacífica reforzada por una fuerza militar…”

De todas maneras, esto nos obliga a preguntarnos en primer lugar qué hacen madres y niños en esta violenta zona de batalla.

Hamás los quiere allí para que los terroristas puedan mezclarse entre la multitud de “civiles” y cubrirse al lanzar ataques contra Israel.

Imagen de pantalla del informe en video del New York Times

Pero además existe un propósito todavía más siniestro, como escribió una vez Sam Kiley en el Times de Londres: “Las autoridades palestinas no hacen nada para evitar que los niños jueguen con sus vidas. Es la estrategia de relaciones públicas palestina, y se alegran ante las muertes… Debemos aceptarlo, los niños muertos son una maravillosa propaganda”.

Como observó Howard Kurtz, crítico mediático del Washington Post: los palestinos “colocan a los niños al frente y luego reciben muchas muestras de simpatía cuando ocurren estas espantosas muertes”.

Sin embargo, el artículo del Times ignora por completo este tema, y los palestinos descansan tranquilos y seguros en el rol de víctimas (mientras se jactan de reclutar a las mujeres ya los niños para el esfuerzo armado). Como explicó un líder palestino: “Nuestra capacidad de morir es mayor que la capacidad que tienen los israelíes de matarnos”. Luego lloran por sus “víctimas” cuando se cumplen sus deseos… Un truco astuto que el New York Times ayuda a perpetuar.

Para los analistas mediáticos esto no es nada sorprendente. La increíble falta de cobertura del New York Times del Holocausto le posibilitó ganarse la poco noble designación del mayor fracaso periodístico del siglo XX. Durante décadas, el Times se mantuvo como uno de los más feroces críticos de Israel. Para el registro del periódico, este último informe tendencioso es sólo otra flecha imprudente en la aljaba.