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[Historia Judía #13] La tragedia de los espías
Historia Judía

[Historia Judía #13] La tragedia de los espías

Todo gran desastre de la historia judía está conectado al 9 de Av. Todo comenzó con los 12 espías.

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Después de un año en el Monte Sinaí, el pueblo judío empacó su santuario portátil y llegó a los bordes de la Tierra de Israel.

Deberían haber entrado a la tierra en ese momento, pero el pueblo judío fue donde Moshé y le dijeron: “Espera un minuto, exploremos la tierra antes de entrar”.

Entonces eligieron 12 “exploradores” o “espías” – uno por cada una de las 12 tribus – y los enviaron a hacer un reconocimiento del terreno.

Tenemos que hablar un poco de la tragedia de los espías, ya que las consecuencias de este evento han hecho eco en toda la historia judía. Esto estableció una de las fechas más significativas y ciertamente más tristes en el calendario judío – el Nueve de Av – Tishá BeAv. Prácticamente todo gran desastre en la historia judía está conectado con esta fecha – en la que tanto el primero como el segundo Templo fueron destruidos.

De nuevo, las acciones de los judíos tienen grandes consecuencias que reaparecen en la historia. Los judíos han sufrido por toda la historia a causa del error “de aquel entonces”. Entonces, ¿cuál fue el terrible error de los espías?

Los 12 espías pasaron 40 días explorando la tierra y luego volvieron con un racimo de uvas diciendo “¿Han visto el tamaño de estas uvas? Deberían ver el tamaño de las personas que las comen. ¡Son gigantes! No hay forma de que podamos luchar contra ellos. Deberíamos volver a Egipto”. (1)

Sólo dos de los espías discreparon con este reporte: Iehoshúa ben Nun, el principal discípulo de Moshé, y Caleb ben Iefuné, de la tribu de Iehudá.

Pero el pueblo judío aceptó el reporte de la mayoría de los espías, rompieron en lágrimas por las noticias y se negaron a avanzar.

Moshé estaba absolutamente horrorizado y Dios estaba muy enojado; así, fueron emitidos dos decretos de castigo:

1. Dios les dijo a los judíos que por haber mostrado esta falta de fe después de haberlos llevado tan lejos, serían condenados a vagar por el desierto 40 años (uno por cada día que exploraron la tierra) hasta que toda la población adulta masculina (excepto los levitas, que no escucharon a los espías) hubiese muerto. (Las mujeres, que siempre llevaron el estándar de fe en el judaísmo, no escucharon a los espías y vivieron para entrar a la tierra).

2. Dios les dijo a los judíos que por haber llorado en este día sin razón, llorarían en este día a lo largo de la historia por muy buenas razones (veremos cómo se cumple esto en los próximos capítulos).

La Muerte de Moshé

Los judíos vagaron por 40 años. Es interesante notar que casi ningún versículo de la Torá trata sobre los detalles de la peregrinación. Si examinas el texto en el Libro de Números notarás que entre la porción de la Torá que habla de la rebelión de Koraj (Números 16-18) y la siguiente porción, Jukat (Números 19-20) hay un salto de 38 años. La única y breve mención de los viajes que ocurrieron en esos 38 años está al final del Libro de Números, en la porción llamada Masei. Vemos esos saltos en la narrativa en muchas oportunidades. Como la Torá viene a enseñarnos lecciones y no se trata de un diario o un libro de historia, sólo son registrados los eventos que tienen una lección relevante para nosotros hoy en día; el resto, son mencionados en resumen u omitidos por completo.

Cerca del final de los 40 años de vagar, se encontraron – al igual que les pasó varias veces anteriormente – sin agua (2). Y como hicieron muchas veces antes, comenzaron a quejarse. Dios le dijo a Moshé que le hablase a la roca y que de ésta emanaría agua.

En los pasados 40 años, Moshé había tenido el trabajo más duro del planeta – conducir a un revoltoso grupo de personas que Dios mismo describió como “obstinados”. Ya hemos hablando de la mayor fortaleza y debilidad del pueblo judío. ¿Cuál es su mayor fortaleza? Su dedicación completa a una idea, lo que les permitió existir por 2.000 años como los únicos monoteístas en el mundo, sobrevivir a las naciones más grandes de la historia y morir por una ideología que cambiaría al mundo.

¿Cuál es su mayor debilidad? Esta característica nacional de idealismo e independencia es una espada de doble filo. Su completa y obstinada dedicación a una idea hace que cada judío crea que tiene razón y que él va a cambiar el mundo a su manera. Es un grupo demasiado difícil de unificar y casi imposible de dirigir. Es mucho más fácil ser presidente de mil millones de chinos que de unos pocos millones de judíos (3).

(Una divertida anécdota que ilustra este punto se cuenta sobre el encuentro entre el ex-presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, y la entonces futura Primer Ministro de Israel, Golda Meir. Truman se estaba quejando de las dificultades de ser un líder, y remarcó: “No tienes idea de lo que es ser presidente de un país de 200 millones de personas”. A lo que Meir respondió: “No tienes idea de lo que es ser Primer Ministro de un país de 2 millones de Primeros Ministros”).

Entonces, luego de 40 años de tratar de conducir a esta revoltosa nación, Moshé perdió su temperamento por un momento. “¡Ustedes, rebeldes!”, gritó. Y en lugar de hablarle a la roca como se le había ordenado, le pegó (4).

Y Dios le dijo a Moshé y a Aarón: “Porque ustedes no creyeron en Mí, para santificar Mi Nombre a la vista de los hijos de Israel, por ello no llevarán a esta congregación a la tierra que les he entregado” (Números 20:12).

Los sabios dicen que el enojo es una forma de idolatría, porque si Dios maneja el mundo, entonces todo lo que te ocurre, ya sea malo o bueno, es Su voluntad. Perder los estribos es una forma de negar que Dios maneja el mundo, un rechazo a la idea de que todo lo que pasa es por tu propio bien.

Y para Moshé – el máximo profeta, al que Dios habló cara a cara – el enojarse incluso por segundos tenía consecuencias terribles. Era una profanación del nombre de Dios, hecha públicamente frente al pueblo judío.

Las consecuencias muestran simplemente lo responsables que son las personas de niveles tan elevados por los pequeños errores que cometen y las repercusiones de dichos errores. Este tema se repetirá una y otra vez a lo largo de la Torá.

Moshé, por supuesto, vio su error en el momento y aceptó el fallo de Dios.

El Final

Luego, Moshé preparó al pueblo para su entrada a la Tierra Prometida. El último de los Cinco Libros es su discurso de despedida dirigido hacia el pueblo.

Cuando comienza el libro de Deuteronomio, Moshé ya sabe que no está destinado a llevar al pueblo judío a la Tierra de Israel, y todo dicho libro se trata de su discurso de despedida al pueblo. Aquí, Moshé vuelve a mencionar los mandamientos y reitera la misión del pueblo judío. La idea más común que repite una y otra vez es: “Respeten la Torá”.

En pocas palabras, Moshé dice: “Si cuidan las leyes entre ‘el hombre y Dios’ y entre ‘el hombre y su prójimo’, todo irá bien. Ninguna otra nación los tocará. Tendrán prosperidad material y vivirán para cambiar al mundo. Pero si no observan la Torá, si rompen el pacto, la tierra los expulsará, sus enemigos los atacarán y ustedes sufrirán”.

El mensaje es claro. La solución a todos nuestros problemas no tiene nada que ver con las amenazas externas – éstas son simplemente los síntomas de un problema más profundo: que el pueblo judío no cumpla con su parte del trato. Siempre tiene que ver con la relación de los judíos entre sí y con Dios.

La época entre finales del siglo 19 y finales del siglo 20, fue la primera en la historia judía en que muchos judíos dejaron a Dios (por elección y no por la fuerza como en la Expulsión de España en 1492), y terminaron preguntándose “¿Dónde está Dios?”. La Primera Guerra Mundial estalló el Nueve de Av. El movimiento alemán en Europa oriental, que comenzó en 1914, exilió comunidades judías y demolió siglos de tradición. Fue el precursor del horrendo Holocausto.

Un sobreviviente del holocausto escribió: “El elemento primordial que distingue este evento (el Holocausto) fue la búsqueda de Dios. Cada judío que sobrevivió a los guetos y a los campos recuerda el ‘síndrome de Dios’, que lo cubría todo. Desde la mañana hasta la noche llorábamos por una señal para saber si Dios seguía con nosotros… Lo buscábamos, pero no Lo encontrábamos. Siempre estábamos acompañados por el agobiante y perturbador sentimiento de que Dios había desaparecido de entre nosotros” (Majshavot Magazine, Volumen 46, página 4).

Durante el resto de la historia, los judíos habían considerado a los problemas externos – incluso los peores, como ser masacrados en masa en las cruzadas – como una retribución Divina por sus errores. Antes del siglo 20, raramente habrías encontrado judíos que dijesen “¿Dónde está Dios?”. Casi siempre decían: “Es por nuestras transgresiones que Dios nos ha hecho esto”.

Antes de su muerte, Moshé completó la escritura del primer rollo de Torá. Adicionalmente, escribió otros doce rollos, entregándole uno a cada tribu. El decimotercero fue colocado en el Arca del Pacto y más adelante fue depositado en el Santo Santuario del Templo. Este último rollo, que casi nunca era retirado del Arca, sirvió como referencia para los rollos futuros, para asegurar la exactitud de la transmisión del texto de la Torá (5).

Habiendo entregado este mensaje final, Moshé murió y fue enterrado en alguna parte en el Monte Nebo, en las montañas del Jordán. Se nos ocultó el lugar exacto a propósito, para que nadie adorase su tumba.

Iehoshúa asumió el liderazgo. El judaísmo es una meritocracia. El verdadero liderazgo en la historia judía no es para los que nacieron en las familias correctas, sino para las personas que son más apropiadas para el trabajo (un gran erudito de Torá con integridad y capacidad para ser líder). Entonces, el puesto de sucesor no va a los hijos de Moshé (de los que raramente se escucha) sino a Iehoshúa ben Nun, el principal discípulo de Moshé, que había probado su temple en el incidente de los espías. Además de Iehoshúa (y desde el tiempo de Moshé – ver Números 11:16) había un cuerpo legislativo supremo compuesto por los setenta más grandes estudiosos de Torá, conocidos como los zekenim, o ancianos – que luego fue conocido como el Sanhedrín (palabra griega para 70). Éstos también eran elegidos en base al mérito de su erudición y su integridad, creando así la primera meritocracia de la historia (6).

En este punto de nuestra historia hemos terminado con los Cinco Libros de Moshé; ahora entraremos en la próxima fase de la historia judía y la próxima sección de la Biblia – el Libro de Iehoshúa.


(1) La pregunta obvia que debemos hacer en este momento es: El pueblo judío acababa de ver a Dios destruir a la civilización más poderosa del mundo antiguo - Egipto. ¿Por qué tenían miedo de los canaanitas? La respuesta parece ser que mientras vivían en el desierto tenían una existencia sobrenatural: maná del cielo, agua de una roca, nubes de gloria y pilares de fuego. Se dieron cuanta que después de entrar a la tierra de Israel, todo eso terminaría y pasarían de una vida de vacaciones, a una vida normal y más difícil, llenas de luchas y de trabajo agrícola. Su deseo de entrar fue desanimado por el deseo de prolongar su existencia sobrenatural. Su error fue no confiar en Dios lo suficiente para ver que incluso con medios naturales podían ser capaces de conquistar, asentarse y prosperar en la tierra.

(2) Los fenómenos sobrenaturales del maná, el agua de la roca y las nubes venían en mérito de Moshé (maná), Aarón (las nubes) y Miriam (el agua). Cuando cada uno de ellos murió, cerca del final del peregrinaje, estos fenómenos cesaron.

(3) Hace varios años, estaba sentado en una clase dada por uno de los más destacados historiadores militares israelíes, Meir Peil, y éste mencionó algo que ilustra muy bien este punto: Le contó a la audiencia que había enseñado en numerosas universidades del mundo (West Point, Sandhurst, etc.) y que vio a muchos de los ejércitos del mundo en acción. Entonces dijo: “En un aspecto, todos los ejércitos del mundo son iguales: En todo ejército los oficiales dan órdenes; pero en el ejército israelí, los oficiales tienen que explicar las cosas”.

(4) Inmediatamente después del Éxodo de Egipto (ver Éxodo 17:5-7) Dios había encomendado a Moshé golpear a la roca para que saliese agua.

(5) Rambam, introducción a Iad, Devarim Rabá 9:4, Midrash Tehilim 90:3, Tosafot, Bava Batra 14a. La precisión del proceso de transmisión tanto de la Ley Escrita como de la Oral siempre ha sido un factor crucial en la preservación de la Torá y del pueblo judío. Las leyes relativas a la exactitud del rollo de Torá son muy, muy estrictas. Durante la lectura semanal de la Torá, incluso el más mínimo error del lector es corregido por toda la congregación. Un rollo de Torá (que siempre es copiado a mano) que tiene incluso un mínimo error (la falta o está errada alguna de las 304,805 letras) no puede ser usado y debe ser arreglado dentro de 30 días o enterrado. Una breve cita del Talmud ilustra este punto: Rabí Meir dijo: Cuando vine a estudiar con Rabí Ismael me dijo: “Hijo mío, ¿Cuál es tu ocupación?” Le dije que era escriba. Me dijo: “Hijo mío, sé cuidadoso con tu trabajo, porque éste es el trabajo del cielo. Si omites o agregas una letra, puedes destruir el mundo entero” (Talmud Eruvín 13a).

(6) Para más sobre el Sanhedrín ver: Deuteronomio 1:17; 16:18, Éxodo 23:2. La descripción mejor detallada puede ser encontrada en Maimónides Iad Shoftím: las Leyes del Sanhedrín. También ver el capítulo 11 de Mundo Perfecto – El Impacto Judío en la Civilización.

28/7/2013

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