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Miriam

Miriam

Infundió fe y posibilitó la redención.

por

Miriam es conocida por ser la hermana mayor de Moshé. En este ensayo reconoceremos las cualidades de Miriam y el impacto que tuvo sobre el destino de la nación judía. Específicamente, Miriam tiene una conexión profunda con el concepto de redención, en un primer momento en Egipto y extendiéndose luego hacia el futuro, hasta llegar a la redención final.

Miriam como una niña pequeña

La primera vez que encontramos a Miriam, es presentada con otro nombre:

El rey de Egipto habló a las parteras hebreas; el nombre de una era Shifrá y el nombre de la otra era Puá. Y dijo: “Cuando asistan en el parto a las hebreas y miren el asiento del parto, si es niño mátenlo y si es niña, que viva. (Éxodo 1:15-16)

El Talmud nos dice que Miriam y Puá son la misma persona (Iojéved, la madre de Miriam, era Shifrá). Fue llamada Puá en referencia al cuidado que brindaba a los bebés judíos. Puá alude a que arrullaba y mecía al bebé.

Otro significado de Puá es hacer frente (hofía). Esto se refiere a que Miriam le hizo frente al Faraón y se opuso a su deseo al negarse a dañar a los bebés que traía al mundo.

Por un lado, el nombre de Miriam muestra su dulzura y su capacidad para nutrir y cuidar; pero al mismo tiempo expresa su coraje y fortaleza -incluso de niña- para defender sus creencias y no ceder ante el mal y la traición.

El mismo pasaje talmúdico nos cuenta que Miriam se enfrentó a otra persona:

El hombre de la casa de Leví salió…” (Éxodo 2:1). Salió siguiendo el consejo de su hija. Amram era el líder del Sanedrín y al ver que el Faraón arrojaba a los niños judíos al Nilo, dijo: “¿Para qué traer hijos al mundo en vano?”. Se separó de su esposa y todos los hombres de la generación siguieron su ejemplo.

Miriam, su hija, le dijo: “Padre, tu decreto es peor que el del Faraón. Él sólo decretó en contra de los varones, pero tú has decretado en contra de los varones y de las mujeres. Él sólo decretó la muerte en este mundo; tú has decretado la muerte tanto en este mundo como en el mundo venidero. El Faraón es malvado y es probable que su decreto no llegue a cumplirse. Pero tú eres recto, ¡sin duda tu decreto se cumplirá!

Amram escuchó y regresó con su esposa y todos los hombres siguieron su ejemplo y se reunieron con sus esposas (Sotá 12a).

Cuando Amram volvió con Iojéved, fue concebido Moshé. Como resultado de los argumentos de Miriam, expresados racional y claramente, sin dudar (y con bastante jutzpá), Amram, el líder judío, comprendió su error. Así como todos los que siguieron su ejemplo, continuó trayendo niños judíos al mundo, asegurando la continuidad y la existencia de la nación. Moshé mismo se convirtió en el vehículo para la redención del pueblo judío. Todo esto fue en mérito de Miriam.

Miriam la profetiza

Miriam fue una profetiza que profetizó: “Mi madre tendrá un hijo que redimirá a Israel” (Talmud Meguilá 14a).

Miriam es enumerada entre las siete profetizas judías. Esta profecía fue la fuente de su fortaleza y convicción al enfrentar a su padre e insistir en que no debía perder las esperanzas. Posteriormente fue lo que la motivó a pararse junto a los arbustos para observar qué ocurría con su hermano, que había sido colocado en una canasta entre los juncos:

Y su hermana se mantuvo firme a cierta distancia para saber qué sería de él (Éxodo 2:4)

"Se mantuvo firme” –con la inspiración Divina reposando sobre ella (Midrash, Mejilta deRabi Ishmael)

“Mantenerse firme” significa estar seguro y confiar en lo que uno cree. Miriam estaba completamente segura de que ese niño estaría bien y crecería para liderar al pueblo judío en su salida de Egipto. Su convicción era inquebrantable incluso cuando a su alrededor muchos habían perdido la esperanza en el futuro y trataban de disuadirla. Ella se adhirió fielmente a esta visión de un futuro mejor e infundió a su generación fe y confianza en la redención que llegaría muy pronto.

Cuando nació Moshé, la felicidad y la luz llenaron su casa durante tres meses. Luego, cuando los investigadores egipcios iban camino a la casa de Amram y la familia se vio forzada a poner a Moshé en una canasta en el Nilo, pareció que Miriam se había equivocado:

Su padre… dijo: Hija mía, ¿en dónde está tu profecía?”. Y cuando Moshé fue puesto en la canasta entre los juntos, su madre también… dijo: Hija mía, ¿en dónde está esa profecía?” (Midrash, Shemot Rabá 1:22; Talmud Sotá 13a).

Miriam, que en ese momento era sólo una niña, respondió con absoluto coraje y convicción. Ella no dudó de sí misma preguntando: “Es cierto, ¿qué pasó con mi profecía? ¿Quizás estaba equivocada?”. En cambio, esperó entre los juncos, para ver de qué manera Dios cumplía Su promesa.

Batia, la hija del Faraón, descubrió al bebé en la canasta y lo sacó del agua. Cuando se le presentó la oportunidad, Miriam se acercó a Batia y le sugirió encontrar una nodriza para amamantar al bebé. ¿Cómo se animó a hablarle a la hija del rey? Miriam supo que Dios había dispuesto que Moshé fuera tomado y criado por un miembro de la familia real. Esto tenía sentido de acuerdo con el plan Divino, para asegurar que Moshé adquiriera la capacidad de liderazgo y creciera entre la realeza. Entonces Miriam llevó a su madre al palacio para que fuera la nodriza (¡de su propio hijo!), y vio cumplida la primera etapa de su profecía.

Inspiración para la generación

Tres buenos proveedores (parnasim) se irguieron por Israel: Moshé, Aharón y Miriam (Talmud, Taanit 9a).

Miriam y sus dos hermanos, brindaron al pueblo judío los ingredientes necesarios para la redención. Los tres lideraron al pueblo, cada uno a su manera: Moshé enseñando Torá, Aharón con su servicio como sumo sacerdote y Miriam enseñándoles a las mujeres (Targum Mijá 6:4).

Con sus ideas y firmes convicciones, Miriam alentó a las mujeres a cumplir su misión de asegurar la supervivencia y la continuidad judía en medio de la dificultad y el dolor. Los comentaristas describen que cuando iban a construir el Tabernáculo en el desierto, las mujeres judías llevaron una donación especial de cobre:

Las mujeres judías tenían espejos de cobre que usaban para adornarse y los llevaron como contribuciones para el Tabernáculo… Dios dijo: Estos son para Mí más queridos que todo lo demás, porque gracias a ellos las mujeres judías concibieron muchos niños en Egipto. Cuando sus maridos estaban exhaustos por el esfuerzo de la esclavitud, ellas iban y les llevaban comida y bebida y se adornaban con los espejos… de esta manera, sus maridos las deseaban y ellas concebían y tenían hijos… como dice (Cantar de los cantares 8:5): “Bajo el manzano te excité” (Rashi, Éxodo 38:8).

Miriam infundió en las mujeres una fuerte fe y confianza en el futuro, permitiéndoles elevarse más allá de la desesperanza y la oscuridad, permitiendo la supervivencia de la nación.

Al parecer, en medio de ese genocidio, ellas también tuvieron la fuerza mental de prepararse de una manera muy práctica para tiempos mejores:

Miriam la profetiza, hermana de Aharón, tomó la pandereta en su mano y todas las mujeres salieron detrás de ella con panderetas y danzas (Éxodo 15:20).

¿Cómo se les ocurrió a las mujeres judías llevarse de Egipto las panderetas cuando apenas tuvieron tiempo de llevar comida?

Las mujeres justas de la generación estaban seguras de que Dios haría milagros para ellos (los judíos) y por esta razón llevaron consigo panderetas. (Rashi, Éxodo 15:20)

Esta fue la contribución de Miriam: disipar el desaliento con la luz de la esperanza, el entusiasmo y la fe en el futuro.

Miriam también logró hacer esta transformación a nivel personal:

¿Por qué su nombre era Miriam? Por la amargura (mar) (Séder Olam Rabá 3).

El nombre de Miriam encapsula el estatus del pueblo judío durante la mayor parte de su vida. Ella expresa y representa a su nación, sintiendo el dolor, pero al mismo tiempo alentándola a prepararse en todos los aspectos para un futuro mejor y para la redención:

Efrat es Miriam... dado que Israel fue fértil y se multiplicó (parú) por ella. Ajrajel es Miriam… porque todas las mujeres fueron detrás de ella (ajarea) con celebración y danza después de la partición del Mar de los Juncos (Midrash, Shemot Rabá 1:17).

El pozo de Miriam

El pozo de agua que acompañó milagrosamente al pueblo judío durante los 40 años de travesía en el desierto, existió gracias al mérito de Miriam. El Midrash cada vez que lo menciona lo llama Béer Miriam, el pozo de Miriam.

El Netziv, Rabí Naftalí Tzvi Iehudá Berlín, explica que el agua equivale al rasgo de bondad que se esparce hacia los demás (él recuerda a Rivká extrayendo agua del pozo como una metáfora de su carácter). Miriam era una persona muy protectora y afectuosa y, como proveedora del pueblo judío (tanto física como espiritualmente), mereció el pozo que le dio a la nación la provisión vital de agua durante 40 años:

Cuando el pueblo judío estaba en el desierto, el pozo se encontraba junto a la Tienda de la Cita y los oficiales de Israel cavaban un arroyo que llegaba a sus tribus. Luego los líderes más generosos cavaban corrientes más pequeñas para disminuir la incomodidad y permitir que el agua fluyera directamente hasta sus familias… la Providencia Divina hizo que el agua fluyera solamente hacia aquellas personas que eran generosas, porque el agua es la recompensa específica por la bondad…” (Haamek davar, Números 21:18).

De acuerdo con el Maharal (Nétzaj Israel 54), un pozo simboliza el anhelo y el deseo del ser humano de conectarse con Dios, porque fluye hacia arriba desde el suelo. Esta era la fortaleza de Miriam en un nivel personal, así como su capacidad para influenciar y dirigir a su generación (principalmente a las mujeres) desde aquí abajo, en la tierra, hacia el cielo, a través de una confianza y fe completa en Dios.

Un error al hablar

El mayor error de Miriam, por el que fue castigada y aislada fuera del campamento durante siete días, fue hablar lashón hará (habla negativa) sobre Moshé:

Miriam habló con Aharón de Moshé sobre la mujer cushit que había tomado como esposa (Números 12:1).

Es extraño que alguien como Miriam se dedicara a los chismes. Ella, que se preocupaba tanto por Moshé (¡incluso antes de que existiera!) y del bienestar del pueblo judío, que dirigía y les enseñaba a las mujeres a tener coraje y fe en Dios, ¿se rebajaría a hablar negativamente sobre el profeta más grandioso de la historia, a quien indudablemente respetaba y apreciaba más que nadie?

El Midrash (Ialkut Shimoni, Bamidbar 12:1) nos da el contexto de la conversación inapropiada de Miriam con Aharón. Aparentemente, al hablar con Tzipora (la esposa de Moshé, la mujer cushit), Miriam entendió que Moshé, al haber llegado a un nivel de profecía en el que estaba constantemente preparado para hablar con Dios, ya no tenía relaciones conyugales con su esposa. Entonces Miriam habló con Aharón, preguntándose por qué a ellos no se les había pedido que se separaran de sus parejas, y si quizás Moshé se estaba comportando de forma contraria a la ley judía:

Miriam dijo: “¿Ha hablado Dios sólo con Moshé? ¿Acaso Dios no ha hablado también con nosotros?”. Dios escuchó… Dios descendió en una columna de nube y se mantuvo en la entrada de la tienda y llamó: “¡Aharón y Miriam!”. Ambos salieron… y Él dijo: “Mi siervo Moshé no es como ningún [otro profeta]. En toda Mi casa, él es leal, hablo con él cara a cara… ¿y por qué no tuvieron temor de hablar de mi siervo, de Moshé?” (Números 12:2, 5,7-8).

Quizás ahora, luego de haber aprendido sobre las fortalezas y las virtudes de Miriam, podemos llegar a entender la raíz de su error. Incluso cuando era una niña pequeña, Miriam le hizo frente a su padre cuando sintió que peligraba la continuidad y la supervivencia del pueblo judío y que podía ocurrir un colapso en las relaciones familiares. Durante los difíciles años en Egipto, ella mantuvo su fe firme en la redención futura y alentó a las mujeres a tener relaciones maritales para traer niños al mundo. La razón de su vida era construir y fortalecer el núcleo espiritual y físico de la familia judía, lo que constituiría las bases de la incipiente nación judía.

Aquí ella volvió a sentir una amenaza a esa causa a la que había dedicado su vida. ¿Qué ocurriría si a todo profeta o líder se le ocurriera separarse de su esposa para estar disponible para la profecía? ¿Acaso la grandeza espiritual está en conflicto con las relaciones entre marido y mujer? Su preocupación por el peligro de la prosperidad física y espiritual de la nación judía la llevó a discutir el tema con Aharón.

Pero aquí su amor por Moshé y por el pueblo judío la llevó por un mal camino. En ese momento ella asumió el rol de hermana mayor, revoloteando alrededor de alguien que ahora estaba tan cerca de Dios como nadie había estado ni estaría jamás en el futuro. Ella proyectó su perspectiva a una situación que estaba más allá de su nivel. Estas palabras negativas le faltaron el respeto a Moshé y, en consecuencia, también a Dios.

El nivel singular que poseía Moshé —el de un profeta que podía hablar cara a cara con Dios— era desconocido hasta ese momento, cuando Dios lo explicó. Miriam fue demasiado lejos con su deseo de proteger e influenciar. El pueblo judío recibió un relato exclusivo de Dios, que pasó a ser uno de los 13 principios sobre los que se basa nuestra religión:

El séptimo principio de fe: La profecía de Moshé, nuestro maestro, no es como ninguna otra profecía… es diferente en cuatro formas… ellos están debajo de él en nivel… él pudo hablar directamente con Dios, sin ningún intermediario, como dice (Números 12:8): ‘Cara a cara hablo con él’” (Maimónides, 13 principios de fe).

Si bien Miriam fue castigada y tuvo que alejarse del campamento y del pueblo que tanto amaba, Dios manifestó un gran respeto por ella, como queda en evidencia en Su detallada respuesta y explicación. También el pueblo judío, que esperó siete días para que ella regresara antes de levantar campamento, demostró que su dedicación y buenas intenciones eran apreciadas.

Hasta el final de los días

Diez cosas fueron creadas en la víspera de Shabat, en el crepúsculo: la boca del pozo, la boca de la mula [de Bilam], el carnero de Itzjak… (Avot 5:46).

Tenemos una fuente que nos informa que el pozo de Miriam fue creado durante los seis días de la creación, en el crepúsculo del día viernes. Este período de tiempo, el crepúsculo, parece ser un momento casi milagroso que no forma parte de los seis días naturales, pero tampoco es tan etéreo como Shabat. Dios preparó con anticipación este pozo de agua para que fuera un medio milagroso para la redención de Egipto.

El pozo también se menciona en relación al final de los días, en la redención futura:

Las aguas del pozo están destinadas [al Final de los Días] a emerger debajo del umbral de cada casa y fluirá y se convertirá en 12 arroyos correspondientes a las Doce Tribus… y cada campo y viñedo que no produce fruto será regado y producirá fruto. Y entrarán y cubrirán el Mar Muerto… y endulzarán sus aguas y fluirán ascendiendo hasta Jerusalem… Y todo el que esté enfermo se lavará en esa agua y sanará… (Pirkei DeRabi Eliézer 51).

Miriam fue un factor crucial para traer la redención, gracias a su apego firme a la profecía sobre un redentor y su alentador mensaje de esperanza y fe a las mujeres de su generación. De hecho, más adelante está escrito: “El pueblo judío fue redimido de Egipto por el mérito de las mujeres rectas”.

Asimismo, el pozo de agua, que simboliza el anhelo de llegar a Dios y que fue creado al comienzo del tiempo en mérito de la futura Miriam, es un elemento crucial en la redención de Egipto y reaparecerá en la redención al final de los días, en la época del Mashíaj. ¡El rol crucial de Miriam en la historia judía abarca desde la Creación hasta el final del tiempo!

17/10/2017

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