Lectura requerida: Génesis 6-9.

Introducción

La historia de Nóaj es una de las más conocidas de la Torá. ¿Quién no ha escuchado acerca del Diluvio? O al menos, ¿quién no tiene en su mente la imagen de una pobre jirafa con la cabeza saliendo por la claraboya del techo del Arca de Nóaj bajo la lluvia?

Repasemos rápidamente la historia: El mundo estaba lleno de maldad, a excepción de Nóaj. Dios le dijo a Nóaj que construya un Arca para su familia y los animales. Los animales entraron en parejas y llenaron el arca. Llovió durante 40 días y todo el mundo fue destruido a excepción de quienes estaban en el arca. Nóaj, su familia y los animales salieron del Arca y el mundo fue renovado. Dios envió un arcoíris y le prometió a Nóaj que nunca más destruiría el mundo a través de un diluvio.

La historia tiene mucho más que lo que se ve a simple vista. Exploraremos las cinco áreas siguientes:

  1. ¿Qué maldad hizo la humanidad para merecer ser eliminada?

  2. ¿Por qué Dios eligió el agua de entre todas las formas para castigar al mundo?

  3. ¿Por qué Dios necesitó que Nóaj construyera un arca?

  4. ¿Qué hizo Nóaj para merecer ser salvado?

  5. En el corolario, ¿cómo fue reconstruido el mundo y qué cambió?

¿Qué hizo la generación del Diluvio?

El episodio del Diluvio comienza con una descripción del descenso de la especie humana hacia el mal. Se mencionan dos ofensas en particular: violación y robo (1). Si bien son transgresiones muy severas, no era la primera vez que la humanidad se equivocaba: seis generaciones antes de Nóaj, el hombre dejó de creer en Dios y fue castigado (2). Sin embargo, las consecuencias no fueron tan severas y el mundo continuó existiendo. Uno pensaría que el rechazo a Dios debiese merecer un duro castigo; ¿por qué entonces la violación y el robo recibieron una retribución tanto más terrible durante la época de Nóaj?

Encontramos en los versículos que estos dos pecados son sumamente específicos. Primero, la clase alta era acusada de tomar a las mujeres según su antojo (3), y segundo, el mundo estaba lleno de robo (4). Lo que causó un castigo tan severo fue el abuso de autoridad para tomar ventaja por sobre los menos poderosos. El robo que había era más que meros hurtos: era un sistema de explotación de los empobrecidos. No robaban de manera directa, sino que intimidaban a los necesitados para que vendieran lo que no querían vender. Este robo con guante blanco es aún peor que el robo común y corriente.

Dichas transgresiones son consideradas peores que rechazar a Dios. Una sociedad en la que los líderes abusan de su poder no puede continuar existiendo (5).

Esto no sólo es un pecado, sino que va en contra del propósito de la creación. En Salmos (6) dice que el mundo fue creado para la bondad (jésed). Esta bondad no se refiere a una característica personal, sino al entendimiento de que el mundo es un lugar para dar, no para recibir. El hombre fue puesto en este mundo para que contribuya a la sociedad, no para que acumule bienes y riqueza. Lo que ocurrió en la generación del Diluvio fue una perversión del propósito de la creación; era una sociedad de tomadores, no de dadores.

El rechazo a Dios no genera consecuencias tan severas como estas porque aún existe la capacidad de volver a aceptarlo. Por otro lado, el abuso de autoridad y poder es más difícil de abandonar. Maimónides escribe (7) que quien no acepta guía no volverá. La razón es que la capacidad para escuchar la opinión de otra persona es el prerrequisito para el cambio. En una sociedad en la que los legisladores abusan del poder, definitivamente no escucharán el llamado a cambiar y continuarán hundiéndose en la decadencia. Por lo tanto, si el propósito de la creación fue invalidado, entonces el mundo tenía que ser recreado de una forma diferente.

¿Por qué un diluvio?

Es axiomático que Dios no es caprichoso y que, por lo tanto, el castigo que aplica no es una venganza sino un medio para que el hombre aprenda de sus errores. Consecuentemente, si nos fueron entregados los detalles de la destrucción es porque hay algo que debemos aprender de ellos. De este episodio podemos aprender al menos tres cosas.

1) Al principio de la Creación el estado primordial del mundo era líquido (8). Dado que el mundo fue creado para que el hombre lo use, entonces cuando el hombre no es merecedor, el mundo se revierte a su condición previa a la humanidad.

Más específicamente, el agua es conocida como el solvente universal. La palabra hebrea para diluvio es mabul, que viene de la raíz de disolver. Como aprendimos antes, el error de la humanidad se debió al abuso de poder y a la disolución de la sociedad. El castigo apropiado era por lo tanto que el mundo fuese sumergido en agua y que toda la humanidad fuese disuelta por completo.

2) Muchos aspectos de la vida judía involucran la inmersión en una mikve, que es una piscina ritual. El poder de una mikve es purificar y renovar. Por eso el acto final de una conversión es sumergirse en una mikve. Al igual que un feto emerge de un entorno acuático hacia una nueva vida, el converso también vuelve a nacer.

En la época de Nóaj, el mundo requería una inmersión en una mikve para ser purificado. En este sentido es importante el número 40: llovió durante 40 días, lo cual guarda correspondencia con el volumen estándar de una mikve, que es 40 seá (9).

3) En un nivel cabalístico: El mundo fue creado principalmente con jésed (bondad). Sin embargo, está balanceado con din (juicio). Estos dos conceptos son representados por el fuego (juicio) y el agua (bondad). Señalamos anteriormente que las transgresiones de las personas fueron en el ámbito de tomar lo que no les pertenecía, que es el opuesto a la bondad. Por lo tanto, era apropiado que el castigo viniese por medio de un uso excesivo de jésed, que es representado por el agua. De esta manera todo quedaba en cero y el mundo podía ser renovado.

¿Por qué un arca? ¿Por qué Nóaj?

Para sobrevivir un diluvio, Nóaj necesitaba un bote. Si echamos un vistazo rápido a la descripción del Arca nos daremos cuenta que todos los dibujos de los libros para niños que representan el arca son incorrectos. La Torá dice que el Arca tenía unos 300 codos por 50 codos (10), alrededor del tamaño de un campo de fútbol.

Como dijimos antes, “el mundo fue creado para la bondad” (11). Dios, Quien no tiene carencias ni necesidades, creó el mundo para beneficiar a otros con Su bondad (12). Y el hombre, que fue creado a imagen de Dios, debe hacer bondad con los demás (13).

Las acciones del hombre antes del Diluvio —de ser tomadores en lugar de dadores— eran la antítesis de esto. Por lo tanto, para que el mundo pudiera continuar, era necesario un acto supremo de bondad. Consecuentemente, la persona que salvaría al mundo y sería la semilla de un nuevo mundo después del Diluvio debería ser la personificación de la generosidad y bondad sin ninguna expectativa de recompensa. El hombre que se salvaría del Diluvio debía personificar esta cualidad.

La Torá presenta a Nóaj como un tzadik, un individuo recto. Generalmente nos imaginamos a un tzadik como una persona austera y santa, pero en este caso se nos presenta un enfoque diferente. La rectitud de Nóaj está basada en su interés y preocupación por todas las criaturas, lo cual a su vez mejora su cercanía a Dios.

Era parte del plan Divino que Nóaj tomara responsabilidad por el mundo. Por lo tanto, en lugar de salvar al mundo de manera milagrosa, Dios le dio a Nóaj la oportunidad de participar en la salvación: Nóaj buscó un martillo y clavos, y construyó el Arca.

La actitud generosa de Nóaj se manifestó en su máxima intensidad durante el año que pasó dentro del Arca: Nóaj era el responsable de alimentar y cuidar a cada una de las especies, que era la población remanente del mundo.

Nóaj asumió esta responsabilidad con absoluta seriedad. Estudió los hábitos de alimentación de las distintas aves para determinar qué tipo de gusanos comía cada una. Y dado que las especies comen en distintas horas del día, Nóaj y su familia trabajaron durante las 24 horas del día para proveer alimento a cada uno de los animales en la hora adecuada. Incluso llevó pedazos de vidrio roto para alimentar a las avestruces, las cuales acostumbran a utilizar esto para moler la comida en el estómago (14).

Nóaj se puso a la altura de las circunstancias y tomó responsabilidad por todo el mundo. Y por este acto supremo de bondad, mereció sobrevivir y llevar al mundo a su renovación.

La reconstrucción

Después del retroceso de las aguas, todo lo que quedaba eran las personas y los animales del Arca. Cuando dejaron el Arca, apareció un arcoíris en el cielo (15) originado por la refracción de la luz solar a través de la humedad; Dios les estaba dando a entender que a pesar de que el agua había sido el vehículo de la destrucción, Nóaj había creado una hermosa conexión entre Dios y el hombre. Nóaj había demostrado que se preocupaba por toda la creación y que no era sólo un tomador que buscaba satisfacer sus propias necesidades. Dios juró que si el mundo podía producir un ser humano así, entonces nunca se volvería a enfrentar a la destrucción a través del agua.

El judaísmo cultiva una apreciación por la belleza de la naturaleza y nos enseña a recitar bendiciones especiales cuando encontramos maravillas naturales impresionantes como el mar y las grandes montañas.

Por consiguiente, también decimos una bendición al ver un arcoíris. Esta bendición es única pues se enfoca en el pacto que hizo Dios con Nóaj, el cual fue sellado mediante la señal especial del arcoíris. La bendición alaba a Dios, “Quien recuerda el pacto, es fiel a Su pacto y cumple Su palabra”.

En este sentido, el arcoíris tiene un mensaje dual: Dios ve una razón para destruir al mundo nuevamente pero se restringe, por decir así, en deferencia a la promesa que le hizo a Nóaj. Por esta razón, uno no debería mirar prolongadamente al arcoíris (16).

La historia de Nóaj continúa con una descripción de sus tres hijos: Shem, Jam y Iáfet. A partir de ellos se recrea todo el mundo. Un análisis de sus nombres lleva a la comprensión de su función como prototipos para la humanidad. Jam en hebreo significa ‘calor’; es el aspecto de una persona que es activa y física. La raíz del nombre Iáfet es iafé, que significa ‘belleza’; es el lado artístico y estético del hombre. Shem en hebreo significa ‘nombre’; un nombre es la esencia de una persona (17) y se refiere a la capacidad del hombre para sumergirse en sí mismo y encontrar un núcleo esencial de conocimiento.

Por primera vez, encontramos la descripción de una familia en lugar del paso generacional de padre a hijo. En este punto, el mundo entró en una fase diferente. Ahora, en lugar de que Dios interactuara sólo con individuos, existían familias y una humanidad heterogénea en la cual cada uno desempeñaba un rol diferente en el servicio a Dios. Esto condujo a las 70 naciones primordiales que existían en la época de la Torre de Babel (18).


Notas:

  1. Génesis 6:2,11.
  2. Rashi (Génesis 4:26).
  3. Génesis 6:2.
  4. Génesis 6:11.
  5. Maharal (Gur Arié – Génesis 6:13).
  6. Salmos 89:3.
  7. Leyes de Teshuvá 4:2.
  8. Génesis 1:2.
  9. Aproximadamente 450 litros. Ver Pirushei Sidur HaTefilá LeRokeaj 96.
  10. Aproximadamente 200m por 30m. El Arca es descrita en detalle al comienzo de Parashat Nóaj, Génesis 6:14-16.
  11. Salmos 89:3.
  12. Salmos 40:6 con Rashi.
  13. Talmud, Sotá 14a.
  14. Midrash Tanjumá (Nóaj 2).
  15. Génesis 9:13 con Ibn Ezra.
  16. Talmud, Jaguigá 16a.
  17. Talmud, Brajot 7b.
  18. Génesis 10:5, 32; Midrash Tehilim 9:7.