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La historia de Iosef

La historia de Iosef

Vendido como esclavo por sus hermanos, Iosef se eleva a grandes alturas.

por

Lectura requerida: Génesis, capítulos 37-47.

Introducción

La historia de Iosef es uno de los eventos bíblicos más conocidos de todos, al menos superficialmente. Dado que es una de las historias más largas de la Torá, la relataré brevemente:

Iosef recibió muestras de favoritismo por parte de su padre Yaakov; particularmente, recibió una hermosa túnica. Los hermanos de Iosef, el resto de las doce tribus, estaban celosos de esta relación especial. Esos celos se agudizaron cuando Iosef tuvo sueños simbólicos sobre su inminente reinado sobre el resto de la familia. Cuando Iosef encontró a los hermanos en el pastizal, ellos aprovecharon la oportunidad y lo vendieron como esclavo; Iosef terminó en Egipto. Los hermanos remojaron la capa en sangre animal y le dijeron a Yaakov que Iosef probablemente había sido asesinado por animales salvajes.

Iosef, incluso durante su esclavitud, utilizó sus talentos y llegó a ser jefe de personal del ministro egipcio que lo había comprado. Atrajo la atención de la esposa del ministro, quien trató de seducirlo. Cuando se rehusó, la mujer inventó una acusación de violación en su contra e hizo que lo arrojasen a prisión. Nuevamente Iosef subió hasta la cima y se volvió el líder de los prisioneros. Iosef se hizo amigo de dos de los ministros de Paró e interpretó sus sueños correctamente. Entonces le pidió a uno de ellos que solicitase clemencia a Paró, pero como ocurre con las personas importantes, el ministro se olvidó de Iosef apenas salió de la cárcel.

Dos años después, Paró también tuvo un sueño y Iosef fue sacado de la cárcel para interpretarlo. Su interpretación de la inminente hambruna fue bien recibida y Iosef fue puesto a cargo de los preparativos. Tomó el puesto de Primer Ministro, se casó y tuvo hijos.

Cuando comenzó la hambruna, sus hermanos fueron a Egipto a comprar comida, sin saber que se trataba de Iosef. ¡Esa era la oportunidad de Iosef para dar vuelta la historia! Sin embargo, después de cerciorarse de que los hermanos se habían arrepentido de lo que hicieron, se reveló ante ellos.

Iosef hizo arreglos para que toda la familia bajase a Egipto y la sustentó durante la hambruna. Incluso después de la hambruna la familia permaneció en Egipto. Yaakov y sus hijos finalmente mueren y así comienza el período del exilio egipcio.

Discutiremos tres aspectos clave de esta historia:

  • El desacuerdo entre los hermanos.
  • Iosef como la representación del pueblo judío en el exilio.
  • La revelación de Iosef de su verdadera identidad a los hermanos.

Tradición familiar

Lo más difícil de entender de este relato es el comportamiento de los hermanos de Iosef. Nosotros imaginamos que se trata de adolescentes, pero la verdad es que eran adultos (Iosef era el menor y tenía 17 años, y Rubén era el mayor con 23). Es difícil imaginar a esas personas, los futuros líderes de las ilustres doce tribus, estando tan enojadas por una tonta túnica, por más colorido que fuera. Que hayan llegado a contemplar la idea del asesinato y que finalmente hayan cedido para solamente vender a su hermano como esclavo es aún más difícil de entender.

Si vemos el contexto de los patriarcas, podemos comenzar a ver la respuesta. Ninguno de los patriarcas era hijo único. Itzjak tenía un medio hermano, Ishmael. Yaakov tenía un hermano gemelo, Esav. En cada situación, uno de los hermanos tomó la decisión de cargar con la tradición familiar mientras que el otro hermano se alejo de ella. En esas dos situaciones, la elección fue más o menos mutua. Ni Ishmael ni Esav estaban interesados en promulgar los principios de santidad en el mundo. Por lo tanto, es entendible que los hijos de Yaakov hayan pensado que quizás había algún tipo de regla sobre que sólo un hijo podía continuar con el judaísmo.

Sin embargo, esta familia era diferente a las dos generaciones anteriores. Yaakov había logrado criar a todos sus hijos para que sintieran el privilegio de continuar con los ideales familiares. Estaban dispuestos a estar aparte del resto del mundo y a ser parte de este revolucionario movimiento espiritual. En otras palabras, ninguno de ellos quería unirse al tío Esav.

Por eso es que el aparente favoritismo por Iosef los preocupó. Sintieron que su oportunidad para ser parte de esta conexión única con Dios les estaba siendo arrebatada. Cuando alguien intenta dejarte afuera —no sólo de tu herencia financiera, sino también de tu conexión a la eternidad—, entonces es entendible que hagas una acción drástica.

Yaakov, por otro lado, no tenía idea de lo que estaba ocurriendo. Veía que sus hijos estaban en un nivel tan elevado que pensó que estaban por encima de cualquier desacuerdo. Estaba seguro que considerarían todo regalo individual como un beneficio para toda la familia y la comunidad.

Yaakov tenía razón respecto a esta asunción, pero hicieron falta unos cuantos años para que se hiciera realidad. Fue recién después de haber sido amenazados con la pérdida de Biniamín, su otro hermano, que los hermanos se unieron para protegerse entre unos a otros. Lograron apreciar que eran parte de una nación, y no meramente un grupo de individuos separados. Y fue entonces que Iosef les reveló su verdadera identidad.

Ángulos múltiples

Ahora que respondimos cuál era la lógica de lo que estaba ocurriendo, debemos lidiar con una pregunta más fundamental: ¿Por qué la Torá no dice todo esto? ¿Por qué la Torá permite que creamos equivocadamente que estamos tratando con peleas infantiles y lastimosas? Incluso Nuestros Sabios señalan a esta historia como una enseñanza para que los padres no hagan diferencias entre los hermanos, dado que nuestros patriarcas fueron al exilio por un tonto pedazo de tela. ¿Pero no acabamos de aprender que esta historia tiene una profundidad mucho mayor que eso?

La respuesta es parte del aspecto multidimensional de la Torá, la cual puede ser entendida en muchos niveles. Al igual que en toda obra literaria, el contexto es la clave. La diferencia de la Torá es que puede ser vista desde diferentes ángulos y que cada uno de ellos tiene otra verdad para aprender (1). Al leer la historia superficialmente aprendemos una enseñanza sobre rivalidad entre hermanos. Esa no es toda la historia, pero la enseñanza es correcta. Poniendo los hechos en un nivel de contexto diferente, aprendemos una enseñanza más profunda sobre la formación de las tribus. A medida que crecemos y vemos más del contexto de la Torá, nuestra percepción de los eventos toma una nueva dimensión.

Iosef y el Exilio

Iosef es la personificación del pueblo judío. Va al exilio como esclavo, se sobrepone a su humilde inicio y enfrenta la tentación y la asimilación. Cuando enfrenta su prueba, pareciera haber perdido… pero finalmente resulta exitoso.

Si examinamos los diferentes episodios del éxito de Iosef, encontraremos un tema en común: siempre que es señalado por sus talentos y capacidades únicas, Iosef le da el crédito a Dios por sus logros. Cuando estaba frente a Paró —poco tiempo antes de ser designado primer ministro—, Iosef explicó: “No soy yo, yo soy sólo un instrumento de Dios” (Génesis 41:16).

A lo largo de toda la historia judía, los líderes consideraron que una persona que considera a Dios (y no a sí misma) como el poder supremo es eminentemente confiable. Daniel fue consejero de Nabucodonosor, gobernante de Babilonia. Mordejai, de la historia de Purim, sirvió como primer ministro de Ajashverosh. Maimónides fue el médico real del Sultán de Egipto. Don Itzjak Abarbanel, el líder rabínico de la judería española antes de la Inquisición, fue el ministro de economía del rey Fernando.

Esta característica no sólo le permitió a Iosef sobrevivir su exilio personal, sino que cuando su padre (Yaakov) lo encontró después de 22 años, aún podía reconocer al joven con el que había estudiado Torá.

¿Cuál es la raíz de la sorprendente capacidad de Iosef para superar las luchas del asilamiento por parte de su familia, de la tentación y del orgullo? El Midrash nos ayuda a comprender esto al relatarnos el siguiente evento: Cuando la esposa del ministro finalmente había atrapado a Iosef, estando solos en la casa, Iosef casi se entrega seducido por ella. “¿Por qué debería ser diferente de cualquier otro de esta sociedad?”, pensó Iosef. Pero luego, en el momento crucial, tuvo una visión de su padre. Esa visión fue suficiente para recordarle a Iosef quién era y de qué era capaz realmente. Así, escapó a las garras de la tentación dejando incluso su camisa detrás en manos de la seductora (2). Lo mismo ocurre en todas las generaciones: el pueblo judío lleva consigo una visión de sus ancestros, quienes nos elevan espiritualmente en cualquier circunstancia.

De hecho Efraím y Menashé, los hijos de Iosef, fueron los primeros niños judíos que fueron educados en la Diáspora. A pesar de las probabilidades en su contra, crecieron en Egipto y se mantuvieron apegados a los ideales y a la práctica de la Torá (3).

El día del juicio

La tercera y última parte de la historia es la revelación de Iosef ante sus hermanos. Los hermanos, habiendo sufrido la agonía del remordimiento durante 22 años, llegaron a Egipto para sobrevivir la hambruna. En lugar de permitírseles comprar lo que necesitaban como a cualquier otra persona, fueron sometidos a un incesante cuestionamiento por parte del caprichoso primer ministro de Egipto, que era Iosef. La gota que rebalsó el vaso fue cuando Iosef acusó a Benjamín de haber robado su preciada copa. Los hermanos estaban dispuestos a sacrificarse a sí mismos por la libertad de Efraím, y Iosef entendió a partir de esto que los hermanos habían superado las rivalidades que los habían separado previamente.

La revelación de Iosef fue dramática y poderosa. Se paró ante sus hermanos y de repente, hablándoles en hebreo, dijo: “¡Soy Iosef, su hermano, a quien vendieron como esclavo!”.

¿Quién puede responder a una acusación como esta? El acto abominable que habían realizado era conocido y estaba volviendo para atraparlos. Como dijo Yehudá: “Dios ha descubierto nuestra culpa” (Génesis 44:16).

Si pensamos en esto veremos que este desafío está presente durante toda nuestra vida. Pero nosotros no nos paramos delante de otro ser humano, sino que lo hacemos frente a nuestro Creador, quien conoce todas nuestras ansiedades, defectos y las miles de formas en que tratamos de ocultar todo. En algún punto, debemos responder ante la revelación de esa verdad, cuando se nos pedirá que justifiquemos lo que hubiéramos podido lograr y no logramos. Tal como los hermanos quedaron temblando boquiabiertos, así mismo estaremos nosotros.

La historia de Iosef es el relato de la vida de cada uno de nosotros: nuestras rivalidades, nuestro aislamiento y nuestra tentación. Y nos desafía a responder la pregunta más difícil: “Soy Dios, ¿me reconoces?”. Con Su ayuda, siendo fieles a nosotros mismos, podemos responder: “Sí, Te reconozco”.


Notas:

  1. Midrash Rabá (Números 13:15).
  2. Midrash Tanjumá (Vaieshev 9).
  3. Pesikta Rabati (47 – Ajarei Mot).

3/12/2015

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