Aunque no hayas conocido todavía a la persona adecuada para casarte, nunca es demasiado temprano para prepararse para el matrimonio. El matrimonio requiere un conjunto de habilidades que pueden y deben aprenderse mucho antes de la jupá. Aquí te contamos algunas formas claves en las cuales puedes prepararte para la relación que deseas.

Los modelos y los errores de los padres

Tanto si tus padres fueron modelos fantásticos como si te enseñaron lo que no se debe hacer, tú tienes la capacidad de aprender y crecer a partir de su ejemplo y de sus errores. Por ejemplo, el padre de Stuart era egocéntrico y le costaba entender las emociones de los demás. Casi nunca elogiaba a su esposa y criticaba sus pensamientos y sus sentimientos. Al tener citas durante su época universitaria, Stuart intentó darles soluciones a las mujeres cuando ellas hablaban de sus sentimientos y nunca entendió por qué eso les molestaba.

Él decidió dejar de salir por un tiempo y leyó La guía para los románticos perplejos. También le preguntó a su hermana casada cómo definía lo que hacía que uno fuera un buen esposo. Stuart empezó a aplicar con sus compañeros de trabajo las habilidades de escuchar y de empatizar que aprendió en el libro, hasta que se sintió preparado para usarlas en sus citas. En una cita impresionó tanto a una joven que a pesar de que no eran adecuados el uno para el otro, ella le presentó a Lori, su mejor amiga. Lori y Stuart se acaban de comprometer.

Acepta el cambio, no le temas

Alguien dijo (lo suelen atribuir a Albert Einstein) que: “Las mujeres se casan con los hombres con la esperanza de que ellos cambien. Los hombres se casan con las mujeres esperando que ellas no cambien. Por eso, inevitablemente, todos se decepcionan”.

Las relaciones cambian a las personas. En vez de temer al cambio y lo que pasará si ocurren cambios inesperados, podemos enfocarnos en cómo nos mediremos con la realidad cuando las cosas no sean iguales. Por ejemplo, Miriam tuvo muchas citas, pero cada vez que las cosas parecían ser prometedoras, cortaba la relación. Ella estaba construyendo su carrera y le preocupaba que el matrimonio le impidiera alcanzar sus metas vocacionales. Recién a los treinta y tantos años empezó una terapia y trabajó sobre aspectos tales como el manejo del tiempo y el compromiso, también logró prestar atención a ciertas cosas que tenía que cambiar de ella misma en vez de mirar lo que el otro debía proveerle. Finalmente comprendió que trabajar 16 horas diarias no le daría la satisfacción que podía recibir del matrimonio y que fijar metas profesionales más modestas le permitiría ser más feliz, tener una familia y satisfacción profesional.

El miedo a la intimidad versus la alegría de ser conocido

Cuando encuentras a alguien maravilloso y decides que quieres llevar la relación al siguiente nivel, probablemente te encontrarás en una lucha entre la intimidad emocional y la alegría de ser conocido. Que alguien te conozca a un nivel profundo brinda enorme placer. Sin embargo, eso viene a cambio de la vulnerabilidad. A menudo el miedo a la intimidad y a la vulnerabilidad es lo que nos impide llevar nuestra relación al siguiente nivel.

Sari tenía baja autoestima. Ella creció en una cultura que valoraba la belleza física y ella apenas tenía apariencia promedio. Para empeorar las cosas, sus padres y otras personas cercanas le prestaban mucha más atención a su hermano inteligente que a sus calificaciones que “sólo” estaban por encima de la media y al hecho de que ella fuera una persona cariñosa. Sari se convirtió en asistente social, lo que le permitió preocuparse por otros y ayudarlos a sentirse bien.

Irónicamente, esto era lo que ella tanto quería pero temía dejar que otro lo hiciera por ella. Sari se menospreciaba a sí misma en las citas y a veces no salía con hombres que era externamente exitosos porque no podía imaginarse qué podrían ver en ella. Con la ayuda de terapia, Sari dejó de menospreciarse en las conversaciones con amigos y familia y cada día empezó a hacer un “inventario” de cosas que a ella misma o a otros les gustaban de ella, o cosas que había hecho bien ese día. Sari aprendió que todo el mundo tiene defectos y/o cosas que no les gustan de sí mismos, pero eso no significa que nadie los amará por sus buenas cualidades.

Sari también llegó a entender que tener carencias en ciertas áreas le daría a un hombre lugar para contribuir significativamente, lo que era bueno y saludable en un matrimonio. Una vez que pudo ver que sus buenas cualidades la hacían atractiva, ya no temió que un hombre llegase a conocer sus incertidumbres y miedos, entonces estuvo lista para salir en citas. Poco tiempo después conoció a un hombre que valoró su entrega, se sintió emocionado de que ella lo valorara y le brindó un amor incondicional que Sari nunca había recibido. Ya llevan muchos años felizmente casados.

¡Que puedas prepararte para conocer a la persona ideal y que practiques tus habilidades matrimoniales!