Extracto de: Guide for the Romantically Perplexed, de Lisa Aiken, Ph.D

Los solteros necesitan una visión acerca de cómo quieren que sea el matrimonio, con ideas prácticas sobre como llevarlo a cabo. Al considerar cuál será la contribución especial que ellos aportarán al matrimonio, pueden trabajar para convertirse en el tipo "correcto" de esposo e imaginar de forma realista qué tipo de compañero los va a complementar. Es muy importante que los solteros piensen qué van a aportar al matrimonio, porque "quiénes somos" en el matrimonio es tan importante cómo "a quién elegimos" para casarnos.

La mayoría de las personas tienen que trabajar duro para hacer las cosas bien y para lograr que sus matrimonios funcionen.

Frecuentemente, la gente tiene la idea errónea de que los buenos matrimonios simplemente ocurren. No se dan cuenta que un éxito académico es una combinación de habilidades, conocimientos y trabajo arduo, y que el éxito matrimonial es lo mismo. Hay un pequeño número de parejas a las cuales relacionarse les resulta fácil, pero la mayoría de las personas tienen que trabajar duro para hacer las cosas bien y para lograr que sus matrimonios funcionen. Ese trabajo comienza al adoptar la actitud de que el matrimonio se trata de crecer y de contribuir al crecimiento del otro, no sentirnos totalmente cómodos con la forma como somos y con la forma como vivimos. También requiere que principalmente estemos enfocados en dar y no en recibir.

Algunas personas con baja autoestima o que están muy centradas en sí mismas esperan encontrar a la pareja que las hará feliz. Sueñan con una pareja que sea linda, millonaria, alguien que pueda intuir mágicamente lo que ellas quieren y que pueda deshacerse de todo el dolor que ellas sienten. Esas personas necesitan trabajar sobre sí mismas, frecuentemente con la ayuda de psicoterapia, porque es poco probable que el encontrar pareja los haga sentirse mejor si antes de eso no son felices por sí mismos. Tienen que dejar de lado el rol infantil de esperar a que la vida les provea una persona que solucione todos sus problemas, y en cambio, deben empezar a dar de sí mismos a los demás.

La mayoría de las personas que no se sienten bien consigo mismas requieren continuamente que les recuerden lo buenas que son, y se enojan si no obtienen esto. Esperan que un compañero sea siempre cálido, alegre y que no critique. Eso es difícil para la mayoría de los compañeros y es una expectativa muy irreal de una pareja. En vez, la gente insegura debería hacer todo lo necesario para sentirse menos dependiente del refuerzo positivo de los otros. Puede ser que necesiten psicoterapia, un cambio de trabajo o apreciar ciertos aspectos de sí mismos que hoy no consideran importantes.

Hoy en día, la gente confunde necesidades con deseos. Las personas necesitadas creen que los demás deben encargarse de ellos y no se cuidan ellos mismos ni un poquito más allá de lo estrictamente necesario. A sus parejas les parece que esta dependencia es desgastante y agotadora. Es agradable dar amor y elogios libremente, pero ¿quién quiere sentirse continuamente exigido?

No deberíamos necesitar el matrimonio para sentirnos bien con nosotros mismos o para que constituya nuestro único propósito en la vida.

Es cierto que un buen matrimonio puede hacer que personas felices se sientan más realizadas y que puede aliviar los sentimientos de soledad, pero no deberíamos necesitar el matrimonio para adquirir sentido, para sentirnos bien con nosotros mismos o para que constituya nuestro único propósito en la vida. Deberíamos querer casarnos para poder crecer emocional y espiritualmente y ser capaces de dar de nosotros a nuestra pareja e hijos. Si somos básicamente infelices y sentimos que no tenemos mucho que dar y si principalmente queremos recibir, el matrimonio sólo agrava nuestros problemas emocionales y nuestra insatisfacción con la vida.

Las personas que en general son infelices y que esperan que las circunstancias u otras personas los hagan sentir mejor se desilusionan frecuentemente. Nada externo puede deshacer años de privación emocional. Si no podemos hacernos felices a nosotros mismos, entonces nadie podrá hacerlo. El matrimonio no puede proveer todas nuestras necesidades emocionales, a menos que sean un número razonable de necesidades. Nadie puede esperar que otra persona dedique su vida a hacerlo feliz. Incluso cuando la gente promete eso durante el noviazgo, no es algo realista. Esas promesas raramente se extienden más allá de las primeras semanas de matrimonio.

Sin importar lo que sugieran las novelas y películas románticas, el matrimonio no resuelve los problemas emocionales y frecuentemente les suma. Es por eso que primero debemos luchar por ser la persona correcta antes de tratar de casarnos con la persona "correcta".

Evaluándonos a Nosotros Mismos

Muchos solteros tienen expectativas sobre la pareja que buscan para casarse y son totalmente inconscientes de sus propias debilidades. Por ejemplo, Abe insiste en que las casamenteras le hagan citas con mujeres delgadas y atractivas, a pesar de que él mide 1,55 m. y pesa 120 kg. Laura continuamente busca hombres cálidos y emocionalmente estables y sin embargo, ella es distante y fría. Diana se siente atraída por hombres estables y ella es eternamente desorganizada e incapaz de adquirir un compromiso. Dean tiene la esperanza de conocer a una mujer profesional que gane mucho dinero, pero no se da cuenta que ese tipo de mujeres no lo respetan ya que él apenas gana para mantenerse a sí mismo.

El Talmud dice que un hombre no debe casarse con una mujer que no le parece atractiva porque va a violar el mandamiento de "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Sin embargo, los solteros no pueden esperar de los otros estándares más altos de los que ellos tienen, especialmente en términos de características personales y apariencia. Las personas creen que merecen a alguien que cumpla con todas las cualidades de su lista, sin embargo, no consideran que ese tipo de personas no quiere transar sus propios estándares. ¡Sus estándares pueden incluir a alguien que es más atractivo de lo que ellos son!

Cuando los solteros crean una "lista" de las cualidades de la pareja, deben preguntarse si esa persona ideal los querrá a ellos. También deben cuestionarse si algunas de las cualidades que buscan son excluyentes. Por ejemplo, una persona que busca a alguien intelectual, preocupado de la sociedad, bien vestido y meticulosamente arreglado, puede encontrarse con que las personas que están muy preocupados de su apariencia tienden a ser superficiales y egocéntricas. Una mujer que quiere a un marido muy masculino que también escriba poesía y le guste la ópera, puede descubrir que esa combinación es difícil de conseguir. Aquellos que buscan una pareja que sea muy exitosa en su carrera, es probable que encuentren a alguien con poco tiempo libre como para tener un buen matrimonio.

Los solteros que son serios en relación a casarse tienen que sacar el mejor partido a su apariencia. No deberían justificar el permanecer poco atractivos diciendo que su alma gemela los va a aceptar por ser tal como son, a menos de que realmente no quieran encontrar a la pareja apropiada.

Expectativas Egocéntricas

En nuestra sociedad egocéntrica, las parejas frecuentemente se casan porque esperan recibir más de sus esposos de lo que recibieron como solteros. Pero a menos que los dos den en vez de recibir, su amor va a morir de desnutrición.

Los niños utilizan a las personas como objetos. Creen que la gente y el mundo existen sólo para hacerlos felices. Al crecer, se supone que nos vamos pareciendo lo más posible a Dios. Una de las formas como hacemos esto es al imitar Sus cualidades de compasión y de entrega.

Después de que Dios creó a la primera persona, Él proclamó:

 

"Por eso, dejará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne." (Génesis 2:24)

 

Dado que Adam y Eva no tenían padres, este verso implica que la relación de padre-hijo es única en el sentido que los padres dan incondicionalmente y los niños reciben. La gente tiene que mentalmente cambiar esta concepción antes del matrimonio, con el fin de convertirse en dadores y dejar de ser receptores. Esto significa aprender a reconocer las necesidades de los demás y a tratar de proporcionar lo que ellos requieren. Esto implica saber escuchar con sensibilidad y tratar de darle a tu pareja lo que él/ella necesita. Frecuentemente esto significa retrasar tu propia gratificación y transar lo que tú quieres.

Algunas personas no satisfacen las necesidades de sus parejas porque asumen que tienen las mismas necesidades y sentimientos que ellos tienen. En vez de hacer las cosas que nos complacen, debemos aprender lo que nuestra pareja necesita y tratar de proveerlo. Es probable que alguien cuyos regalos y esfuerzos son raramente apreciados, no esté dando a su pareja lo que ella realmente quiere. La buena comunicación, la paciencia y la voluntad de reconocer las diferencias entre las personas son necesarios para descubrir cuáles son los verdaderos deseos de la persona.

La gente con matrimonios exitosos se da cuenta que sin importar cuánto tengan en común con sus parejas, siempre habrán diferencias. Su pareja no es como ellos. Es normal y sano que dos personas tengan diferentes gustos, estilos de comunicación, intereses y metas, formas de pensar y necesidades emocionales. Al aceptar la validez de sus diferencias, se pueden enfocar en lo que tienen en común y apreciar lo que aman del otro. Pueden usar sus diferencias para enriquecer su unión, en vez de sentirse amenazados por el hecho de que no son iguales.

Apreciando las Diferencias

Todos queremos ser apreciados y sentirnos únicos y especiales. Logramos que las personas se sientan así cuando les pedimos que compartan con nosotros sus recuerdos, experiencias, sentimientos e ideas y luego demostramos que las valoramos. Esto es más fácil cuando creemos que la "forma de ser única" de alguien enriquece nuestra vida, y eso nos permite crear un vínculo cercano con ellos.

En vez de tratar que alguien se acomode a nosotros, podemos aprender a apreciar a la persona por quien es.

En vez de tratar que alguien se acomode a nosotros, podemos aprender a apreciar a la persona por quien es. Muchas mujeres se casan con hombres a quienes esperan cambiar. Por su parte, muchos hombres se casan con mujeres que esperan que no cambien y que los acepten como son. Muchas veces terminan en una guerra donde la mujer trata de hacerlo cambiar a algo que él no quiere ser.

Es difícil aceptar a una pareja si no nos sentimos seguros de nosotros mismos, porque las diferencias simbolizan separación e incompatibilidad para mucha gente. Las personas más inseguras son las que se sienten más amenazadas por las diferencias y a las que les resulta más difícil sentirse cercanas a una pareja distinta. Una mujer segura puede amar el hecho de que su marido disfrute leyendo matemáticas a pesar de que ella lo deteste. Cuando él hace algo que lo hace feliz, ella está feliz. Pueden estar o no de acuerdo en política, si es que tienen otras filosofías o ideales en los que están de acuerdo. Sus diferencias pueden llevar incluso a conversaciones interesantes donde aprendan uno del otro y compartan puntos de vista opuestos.

Una mujer insegura se siente amenazada por las diferencias porque ella quiere compartir "todo" con su marido. Se siente incómoda cuando otros valoran una parte de él que ella no puede apreciar. También le preocupa que él deje de quererla si conoce otras mujeres con las que puede discutir temas que ella no entiende o que no le interesan.

De igual manera, algunos hombres disfrutan del éxito laboral de la mujer porque los libera de la responsabilidad económica. Se sienten contentos de que sus esposas se sientan realizadas con el trabajo, ya que esto las hace sentirse felices y las hace ser personas muy interesantes. Los hombres inseguros tienen miedo de las mujeres que tienen éxito laboral, porque temen que si se casan con ellas, la esposa puede dejar de necesitarlos, o pueda conocer otros hombres que se conviertan en sus rivales. Algunos hombres buscan deliberadamente mujeres que sean menos que ellos o con poca altura de mira para lograr tener más atención de lo que tienen ellas; así sus esposas siempre los van a admirar a ellos.

Amor

La gente se casa por muchas diferentes razones, pero principalmente porque están "enamorados" y quieren pasar el resto de sus vidas juntos. El amor sano es el resultado de una seguidilla de decisiones que tomamos para amar a un compañero que tiene cualidades reales, duraderas y admirables. Las personas maduras no se "enamoran" como víctimas indefensas de sus emociones.

El amor sano se desarrolla a partir de la contribución al crecimiento de la pareja, al formar una familia juntos y al compartir ideas importantes, recuerdos, experiencias y metas. Mientras más damos y nos comprometemos con la relación más profundo es el amor (Rabino Eliyahu Dessler, MIjtav Méliyahu, En Busca de la Verdad, pp. 126-7). Por ejemplo, una madre ama a su bebé sin importarle que él nunca se preocupe de ella. ¡Todo lo contrario! Él llora, escupe, ensucia sus pañales y no habla de forma entendible. Ella lo ama por todo lo que ella hace por él, no por lo que él le da. Mientras más hace ella por él, más lo ama.

Frecuentemente decidimos cómo nos sentimos en relación a algo analizando lo que hacemos. Si invertimos mucho en una causa, asumimos que debe ser muy importante para nosotros. Mientras más hacemos, más invertimos en eso y más comprometidos nos sentimos. Esa es una de las razones por las que el judaísmo nos pide que hagamos tantas cosas para servir a Dios. Mientras más hacemos por Él, más lo amamos y más relacionados nos sentimos.

El amor resulta del compromiso que hacemos de preocuparnos por nuestra pareja.

Esta misma idea se aplica al matrimonio. El amor resulta del compromiso que hacemos de preocuparnos por nuestra pareja. Cuando nuestros recuerdos están llenos de imágenes de cosas que hemos hecho por la otra persona, nuestros corazones reaccionan amando a esa persona por la que hemos hecho tanto.

Podemos amar a otros principalmente por lo que ellos nos dan, o por lo que nosotros les damos. Mientras más la pareja se da uno al otro, más se fortalece la relación. Las personas maduras obtienen placer a partir del "trabajo" y las responsabilidades del matrimonio, del compartir y del contribuir. No esperan la retribución medida por medida y no llevan la cuenta de quién ha hecho qué.

Desafortunadamente, mucha gente espera que su compañero cure heridas emocionales pasadas y llene vacíos de su vida. Ellos dan para recibir y raramente están satisfechos con la respuesta de su pareja porque nadie puede deshacerse de un dolor tan arraigado y de un vacío de toda la vida.

El amor sano se construye al compartir sentimientos y al comunicar deseos en forma clara y sensible, sin esperar que el otro lea la mente. En un buen matrimonio, las personas manejan en forma madura el enojo y otros sentimientos. Postergan la gratificación en vez de dejar que sus emociones dirijan sus vidas. Obtienen enorme placer al hacer feliz a su pareja y están dispuestos a obviar sus propios deseos cuando es necesario en pos de la integridad de la relación.

Algunas personas se quejan de que esto hace sonar al matrimonio como un trabajo y no como un juego. "¿Qué pasa con el romance y la pasión?", cuestionan. "¿Por qué hablar de dar? ¡Las parejas deberían relajarse y disfrutar el uno del otro y pasar un buen momento!".

El enamoramiento, la química, el romance y pasar un buen momento, son muy buenos, pero son mucho más importantes durante el proceso de las citas que durante el matrimonio. (Clifford Notarius y Howard Markman, We can Work it Out, P.21). Los matrimonios tienen que enfrentar momentos difíciles y poco placenteros que algunas veces duran semanas o meses. Deben manejar en forma constructiva las responsabilidades diarias, la crianza de los hijos y resolver tensiones y problemas. El éxito o el fracaso de la mayoría de los matrimonios tiene poco que ver con pasar un rato agradable. De hecho, los grandes motivos de los divorcios son baja comunicación y la incapacidad de resolver conflictos, especialmente de dinero y de intimidad. (Ibid. P.56).

Los buenos matrimonios se logran a través de trabajo duro: no simplemente ocurren. Mientras que la excitación y el enamoramiento empiezan con "magia", el romance y el amor continúan cuando las parejas trabajan en su relación. La gente que no sabe cómo lidiar con los puntos difíciles del matrimonio no será capaz de mantener vivos los sentimientos de amor.

Dado que el hecho de "dar" sostiene el amor, es importante casarse con alguien que pueda recibir lo que nosotros tenemos para dar. De esa forma, incluso cuando hay tiempos difíciles, se puede crear amor.

La historia bíblica de Jacob y Rajel destaca esto. Jacob estuvo de acuerdo en trabajar por siete años para poder casarse con Rajel (Génesis 29:18), y esos años le parecieron sólo como algunos días por lo mucho que la amaba. (Ibid. 29:20).

Esperaríamos que una pareja que está profundamente enamorada se quisiera casar tan pronto como fuera posible. Cada día que pasan lejos uno del otro parece una eternidad de placer postergado. El tiempo voló para Jacob porque todo lo que hizo era por Rajel, no por sí mismo. La quería tanto que sus propias necesidades poco importaban y se dedicó a cuidarla a ella. Su placer provenía de hacerla feliz, en vez de provenir de su propia gratificación, así que no estaba frustrado al esperar años para que ella fuera su esposa.

Resumen

Cuando Dios creó al primer hombre, dijo:

"No es bueno que el hombre esté solo". (Génesis 2:18)

El Zohar incluso dice, "Un hombre no es llamado hombre hasta que se une en matrimonio con una mujer". (Génesis 5:2)

La verdadera forma de dar y la satisfacción en el matrimonio sólo vienen cuando hay una contribución significativa a la pareja (y a los hijos). Alguien que se rehúsa a formar una familia vive para sí mismo y en soledad. Cuando el matrimonio es un trabajo de amor donde se da mutuamente, la unión de la pareja es mayor que la suma de sus partes (Kohelet Raba 4).

Cuando amamos a alguien para obtener una gratificación personal, dejamos de necesitar a la otra persona tan pronto como nuestros deseos son satisfechos (Mishná, Avot 5:19-20). Además, degradamos a la persona al verlos como objetos que nos sirven. El verdadero propósito del matrimonio es permitirnos ejercitar la imagen divina y ayudar a la pareja a hacer lo mismo.

Los solteros deben preguntarse qué esperan contribuir y recibir de un esposo y deben evaluar qué tan realistas son esas expectativas. Luego, deben trabajar en mejorarse a sí mismos y convertirse en el tipo de personas que su supuesta pareja querría para él/ella. Finalmente, tienen que prepararse para contribuir con lo que esa pareja espera.