Imagina esto: alguien (a quien conoces hace tiempo o a quien acabas de conocer) te pregunta: “¿Qué estás buscando en una pareja?”. Obviamente has pensado mucho sobre esta pregunta; has aprendido que si das la respuesta estándar, entonces quien te pregunta no sabrá más de ti que de las otras personas. Entonces respiras profundo, miras a la persona a los ojos y contestas: “Estoy buscando a alguien que dice lo que hace y que hace lo que dice. Y obviamente también busco a alguien que tenga todas las condiciones básicas: que sea buena persona, que esté a la par mía respecto al judaísmo. Ah, y por favor, no quiero alguien que fume”.

¿Y qué respuesta obtienes a tu tan pensada respuesta? Generalmente es algo parecido a: “¡Eres tan quisquilloso!”.

¿Quisquilloso? Te preguntaron qué buscabas, pensaste en la respuesta, trataste de expresar con claridad lo que buscabas… ¿y por eso dicen que eres demasiado quisquilloso? ¡Qué descaro!

¿Qué pasa después? Algunas personas simplemente sonríen y aceptan el golpe, otras abren la boca y responden. Yo propuse en Internet la siguiente pregunta: “¿Cómo responderías a la acusación de que eres demasiado quisquilloso?”. Recibí más de 30 respuestas. Algunas fueron divertidas, otras sarcásticas y algunas fueron serias.

Veamos algunas de las pensadas respuestas a “eres demasiado quisquilloso”:

La respuesta larga:

  • “Me conozco y decidí que estos intereses, ya sean fundamentales o secundarios, no son negociables. Es por el bien de todos que yo no ceda demasiado, ya que si lo hiciera, entonces, no me estaría casando con la persona que creería que me estoy casando”.

La respuesta más corta:

  • ¿Por qué darle la satisfacción de una respuesta? Tan sólo vete sin responder.

Las respuestas que contraatacan:

  • “¿Quién eres tú para juzgarme?”.
  • “¡Sí, lo soy! Y también soy seguro de mí mismo, encantador y atractivo, ¿y tú?”.
  • “Es bueno ser quisquilloso… cuando se trata de una elección para toda la vida”.
  • “Elijo no resignarme”.
  • “¡Eres demasiado juicioso!”.
  • “Es una decisión importante; uno debe ser quisquilloso”.
  • “Es por eso que le llaman encontrar a la persona indicada”.
  • “Si no lo fuera, entonces sería un problema. ¿Has visto lo que se encuentra en la calle hoy en día?”.
  • “Si quisiera tu opinión te la pediría”.
  • “Tengo una idea para alguien que puede cuidar a tus niños. Nunca ha cuidado niños antes y no creo que los entienda, pero bueno, ¿por qué no por unas horas? ¿No? Bueno, como madre estás siendo demasiado quisquillosa”.

Las respuestas que demuestran seguridad en uno mismo

  • “¡Gracias!”.
  • “Me conozco a mí mismo y sé lo que necesito. No quiero desperdiciar mi tiempo con otra persona”.
  • “Trabajé mucho para conocerme a mí mismo y lo que he descrito es lo que mejor me complementa”.
  • “Bueno, ¿fuiste tú quisquillosa/o cuando buscabas con quien casarte? Si no lo fuiste… ¿puedo decírselo a tu pareja?”.

Las respuestas al estilo de Imelda Marcos:

  • “No estamos hablando de comprar un par de zapatos… estoy tomando una de las decisiones más importantes de mi vida y, Dios quiera, una que durará para siempre”.
  • “Creo que Cher Horowitz de Clueless fue quien mejor lo dijo: ‘Ves cuán quisquillosa soy respecto a mis zapatos, y eso que sólo los uso en los pies. Ser quisquillosa no siempre es malo; ser irrealista sí lo es”.

Mi respuesta favorita:

  • “Mi amiga creía que yo era tan quisquillosa cuando estaba saliendo de citas que me obligó a ir a un terapeuta para ver cuál era el problema. Después de contarle toda mi vida en un par de minutos y mientras esperaba un sermón sobre cómo yo misma estaba generando esta situación, el terapeuta simplemente se encogió de hombros y me dijo: ‘No hay nada malo contigo. Simplemente aún no has encontrado a la persona indicada’”.

Creo que cuando la gente dice “eres tan quisquilloso” en realidad quieren decir: “Pareciera que sabes lo que quieres. No conozco a nadie con esas características. ¿Por qué no te conformas con la persona que conozco? Es buena y normal”.

Por lo general la gente quiere ayudar, pero no sabe cómo hacerlo. Y en ocasiones terminan lastimando más de lo que ayudan. Además, sé que la gente que realmente te quiere sólo desea verte feliz y, cuando ven que aún no has encontrado lo que buscas, sufren contigo. Tienen buenas intenciones, pero en lugar de decir: “Huau, pareciera que tienes las prioridades claras y sabes lo que quieres”, dicen: “¡Eres tan quisquilloso!”.

La sabiduría judía nos dice que debemos esforzarnos para dar el beneficio de la duda. Trata de ver de dónde vienen esos comentarios. Debes darte cuenta de que la mayoría de las personas sólo quiere lo mejor para ti, sólo que no se están expresando correctamente.

A veces hay algo de verdad en la acusación de que eres demasiado quisquilloso. Uno es demasiado quisquilloso cuando no tiene la flexibilidad cognitiva para explorar, dentro de lo normal, algo que no calza con exactamente todos los requisitos. Es normal tener preferencias, pero hacer que cada una de tus preferencias sea innegociable es ser quisquilloso.

Si te dicen con frecuencia que eres quisquilloso, investiga si es cierto. Mi primera sugerencia es que te asegures de saber lo que realmente quieres. Las personas que no están seguras de lo que quieren suelen hacer una lista. La lista puede ser larga y por lo general no está suficientemente bien pensada u ordenada según prioridades. Si ese es el caso, entonces puede que suenes quisquilloso, pero la verdad es que no estás expresando bien lo que quieres. Piensa antes de hablar. ¿Quién eres? ¿Qué quieres y cómo puedes decirlo para que los demás lo entiendan?

El judaísmo reconoce que nuestra boca tiene dos compuertas: los labios y los dientes. Antes de abrir la boca para hablar sobre ti, recuerda tener un doble cuidado. Si no tienes seguridad sobre lo que vas a decir, permanece en silencio hasta que la obtengas. Si necesitas ayuda para expresar lo que quieres, pídele a un buen amigo que te ayude a encontrar qué decir.

Sin embargo, si realmente has pensado en el tema y en tu lista hay cosas como: “Quiero alguien talla S” o “Quiero alguien de ojos azules”, entonces sí, estas siendo quisquilloso. Si prefieres a alguien delgado o estilizado, ¿por qué no decirlo de esa forma? (Y si prefieres eso, ¡espero que puedas ofrecer lo mismo!).

En tu lista sólo debe haber unos pocos ítems innegociables. Muchos son tan sólo preferencias. Puedes decir que prefieres X, dejando abierta la posibilidad de que tu alma gemela no lo sea. La preferencia de X deja lugar para flexibilidad y opciones que no están en tu lista. Si la mayoría de los ítems de tu lista son innegociables, entonces eso es contraproducente ya que no deja lugar para cosas que estén fuera de tu esquema.

Te deseo claridad en la búsqueda de tu alma gemela y que seas quisquilloso en todo tema en el cual sea apropiado serlo.