La palabra Havdalá significa diferenciar, distinguir. Toda la ceremonia trata acerca de distinguir entre el shabat que acabamos de experimentar y la semana a la que vamos a entrar, tanto en términos temporales como en el sentimiento de existencia.

Se recitan tres bendiciones:

- Primero, sobre el vino, un símbolo de alegría. Ahora nos deleitamos con lo que hemos logrado, y esperamos que continúe creciendo durante la semana.

- Luego sobre especies aromáticas, cuya fragancia inhalamos para confortar a nuestra alma por la pérdida de shabat.

- Finalmente, sobre la llama de una vela, que simboliza la luz y la oscuridad y la capacidad de ver la diferencia de una forma muy profunda.

La herramienta más grande que tenemos para apreciar cualquier cosa es la habilidad de distinguir y diferenciar. Cuando vemos las cosas como especiales y únicas, ellas sobresalen en su singularidad, y de alguna manera tienen su propio lugar en el mundo.

Sin embargo, muy a menudo, nos cuesta demasiado utilizar esta herramienta y ver las cosas por su singularidad. Sin hacer distinciones una muchedumbre se convierte en un amontonamiento de seres comunes, y hermosos atardeceres comienzan a verse todos igual.

Nuestro desafío es ser capaces de discernir y ver las pequeñas diferencias que existen en el mundo para poder apreciar sus cualidades especiales y únicas, y así tener una sensación placentera de su existencia.

Toma mucho esfuerzo refinar esta habilidad.

En la ceremonia de Havdalá, encendemos la llama de una vela trenzada y acercamos nuestros dedos para ver la luz y las sombras bailando sobre ellos. Ésta luz y oscuridad simbolizan a la sabiduría y la confusión, y ponemos nuestras manos frente a la llama para poder apreciar la diferencia.

Cuando contrastamos el entendimiento con la confusión, hacemos una diferenciación y ganamos una profunda apreciación por la sabiduría.

Shabat ha concluido. Marcamos su finalización con Havdalá y reconocemos el comienzo de la semana. Pero también hacemos una diferenciación en cómo viviremos la semana.

Shabat es un regalo especial y único. Apreciar su belleza y entender la profundidad de su maravilla, a veces significa verlo en contraste con el resto de la semana.

Y shabat es un plano diferente. Cuando concluye, no es sólo que las horas en el reloj han pasado, es también que el nivel del que hemos disfrutado también ha llegado a su fin. Porque la semana no es shabat. Sin embargo, si hemos utilizado bien el shabat, podremos infundir un poco de él en nuestra semana.

La costumbre de encender dos velas adicionales con la llama de havdalá, después de la ceremonia, es una forma a través de la cual podemos intentar estirar esa luz que hemos adquirido por un poco más de tiempo.

Reflexiones

Estaba pasando shabat en Tzfat, en la parte norte de Israel, con una amiga. Ambas asistíamos a la misma escuela para mujeres en Jerusalem, pero necesitábamos una escapada, así es que escogimos este casi-místico shabatón como nuestra aventura de shabat.

Nos encontramos con dos mujeres que estaban estudiando en una escuela bastante poco tradicional en Jerusalem. A pesar de nuestras diferencias filosóficas, nos convertimos rápidamente en amigas durante shabat. Cuando shabat terminó, tuvimos muy pocos minutos para alcanzar el único autobús hacia Haifa, donde podríamos conseguir una conexión hacia Jerusalem, así es que no tuvimos tiempo para conversar ni hacer Havdalá.

Pero como suele ocurrir con los autobuses israelíes hubo atrasos en el viaje, así que cuando llegamos a Haifa ya eran las 11:30 de la noche, y no salían autobuses hacia Jerusalem.

Estábamos viajando las cuatro juntas y estuvimos de acuerdo en tomar un autobús hacia Tel Aviv, y desde allí, llegar a Jerusalén. Y así lo hicimos.

A esas alturas ya nos estaba dando hambre, y a pesar de que habíamos traído algunas cosas para comer, no está permitido comer después de shabat hasta haber escuchado la ceremonia de Havdalá. Creo que esto evita que te metas directamente en la semana sin una apropiada separación entre ella y el shabat.

Nuestras compañeras de viaje no eran tan tradicionalistas como nosotras, pero se abstuvieron de comer, ya que conocían la halajá tanto como nosotras.

Así que éramos cuatro jóvenes solteras bajándonos del autobús en Tel Aviv muy tarde por la noche. Si no lo saben, debo decirles que ese no es el mejor vecindario para estar, ya sea de día o de noche. Era la 1:00 a.m. y nos mantuvimos muy juntas.

Para nuestra consternación, nos habíamos perdido el último autobús a Jerusalem. A esas alturas ya estábamos definitivamente muy hambrientas, así que lo primero es lo primero – ¡hagamos Havdalá!

Mi amiga de escuela dirigió el camino y todas la seguimos hacia un negocio de kebab y falafel, lleno de hombres tomando, conversando y riéndose a todo volumen.

Mi amiga caminó con mucha confianza hacia el mostrador y le dijo al dueño que queríamos hacer Havdalá.

Si no hubiera estado ahí, no hubiera creído lo que ocurrió a continuación. El tipo se entusiasmó muchísimo, y anunció a todos que íbamos a hacer Havdalá. Hombres quienes, créanme, se veían muy lejos de ser religiosos, dejaron sus naipes y cigarrillos, y se acercaron al mostrador.

Sin perder el ritmo, mi amiga ordenó un jugo de frutas israelí (ya que se puede hacer la bendición de Havdalá sobre un trago social, y no sólo con vino o jugo de uva), pidió prestado fósforos de alguien en la multitud, y le pidió al dueño del local si tenía alguna especie con olor para la ceremonia.

El volvió con sopa de pollo en polvo, y pensamos que era lo suficientemente cercano.

Dos fósforos fueron encendidos y tomados juntos en el lugar de la vela trenzada, mi amiga hizo la bendición sobre el jugo de frutas, y la sopa de pollo en polvo fue pasando entre todos para ser olida. (Más tarde nos enteramos que éste polvo no era válido para la bendición de las especies).

Durante esta escena, dos estudiantes para rabinos estaban parados atrás boquiabiertos, absolutamente conmovidos por lo que estaban observando.

Ella dijo todas las bendiciones, tomó el jugo y cuando el fuego fue extinguido, todas las personas del lugar aplaudieron. Les agradecimos, dijimos adiós y tomamos un taxi hacia Jerusalem.

En el camino, abrimos nuestras cosas para comer y nos reímos de nuestra aventura de Havdalá. Pero yo estaba impresionada con algo más profundo, ya que mi prejuicio sobre los israelíes que encontramos se convirtió en una reapreciación acerca de que cada judío, religioso o secular, tiene una chispa especial dentro suyo.

* * *

Siempre intentamos disminuir las luces durante Havdalá para que la llama brille sobre nosotros. Es tan hermoso mirar, mientras nuestra hija sostiene tan cuidadosamente la vela, esta gotea sobre una hoja de diario. Mi marido recita las bendiciones y todos olemos los clavos de olor.

Es un momento tan agridulce, shabat se está retirando y eso es triste, pero la semana llena de eventos nos atrae con entusiasmo.

Sí, me encanta Havdalá, desde la primera chispa del fósforo, tan prohibida durante shabat; hasta el chisporroteo de la vela, mientras es extinguida en los restos del vino.

Siempre concluimos con Shavua Tov – "una buena semana" – y luego cantamos "Eliahu" lenta y calmadamente. Rápidamente todos están en sus pijamas y en la cama con las luces ya apagadas. Ya comienza la cuenta regresiva hacia sobre el próximo shabat...

* * *

Íbamos a una boda fuera de la ciudad y nos quedamos en un hotel durante shabat. Todo resultó bastante tranquilo hasta el final, cuando hicimos Havdalá.

Encendimos la gran y trenzada vela de Havdalá que habíamos llevado y la levantamos. En la mitad de las bendiciones escuchamos la alarma contra incendios del hotel sonando y una gran conmoción afuera. Miramos hacia arriba y notamos que la vela estaba produciendo mucho humo, y nos dimos cuenta, ¡que eso fue lo que hizo sonar la alarma!

Rápidamente apagamos la llama y al salir al corredor vimos gente corriendo para todos lados. Estábamos tan avergonzados que pretendimos no saber donde estaba el incendio, como todos los demás.

Eventualmente, la alarma dejo de sonar y todos regresaron a sus habitaciones. Terminamos Havdalá usando dos fósforos para tener una llama bien pequeñita.

Adaptado de "Friday Night and Beyond" por Lori Palatnik (Jason Aronson Pub.).