Imagina que alguien se incorpora a tu mesa de Shabat después de que has hecho kidush y hamotzí, ¿cómo sabría esa persona que tu cena es más que una comida que conmemora una ocasión especial?

Esta persona no tendría como saberlo, si no fuese por dos elementos importantes: las canciones y el Dvar Torá, las “Palabras de Torá”.

Shabat es la celebración de la creación. Es el día en que reconocemos que Dios nos ha dado un regalo maravilloso - un mundo lleno de placer.

El desafío de la humanidad es: ¿Cómo se puede extraer este placer para aprovechar la vida al máximo?

La respuesta es: leyendo el manual.

Un piloto no entra a la cabina de mando de un 747, gira la llave y vuela. Necesita estudiar, leer el manual, absorber el material lentamente, realizar pruebas, y eventualmente podrá alcanzar grandes alturas.

Así también pasa con la vida. Dios no creó el mundo, nos arrojó dentro del “asiento del conductor”, y luego se negó a darnos las instrucciones para conducir.

La palabra Torá significa “instrucciones”. Es referida como Torat Jaim, “Instrucciones para vivir”. No es sólo la historia de nuestro pueblo, ni una colección de relatos. Es el manual de instrucciones que, correctamente leído, nos puede dar la clave para todos los placeres de la vida.

La Torá es un libro de sabiduría que tiene aplicación en nuestras vidas hoy en día, para ayudarnos a ser mejores personas, mejores esposos, amigos, hijos, padres. Para ayudarnos a obtener el máximo de este mundo, miramos algo eterno, práctico y relevante. Miramos la Torá.

Guía paso a paso

Dvar Torá significa literalmente “Palabras de Torá” y por lo general es un breve discurso sobre la porción semanal de la Torá, aunque puede ser sobre cualquier tema significativo y judío. Quizás se está acercando una festividad, o una celebración judía importante, como una boda o un brit milá. Habla sobre el significado y las tradiciones del evento, y cómo podemos aprovecharlo y crecer con él.

Si es bien elegido, el Dvar Torá puede ser el rompe hielo que desencadenará una discusión en la mesa, con preguntas que tanto los niños como los adultos recibirán con alegría. A menudo verás a la gente trayendo de la biblioteca libros de referencia, para encontrar pasajes que respalden sus ideas.

Los chicos que asisten a una escuela judía a menudo traerán a casa sus hojas de tarea, las cuales contienen preguntas relacionadas con la porción semanal de la Torá. Esto puede convertir a la mesa en un show de preguntas y respuestas, con los padres preguntando y premiando con dulces las respuestas correctas o los “buenos intentos”, tanto de los niños como de los invitados. Todos pueden participar, y todos terminarán aprendiendo algo.

La Torá está dividida en 54 porciones, cada una de las cuales es denominada “parashá”. Cada Shabat por la mañana se lee una porción en la sinagoga, aunque ocasionalmente hay semanas con doble porción.

Para saber la parashá de cada semana, pregúntale a tu rabino o profesor local, o simplemente puedes mirar en un calendario judío. (Puedes bajar uno gratis aquí).

Trata de leer la parashá cada semana - en hebreo o en español. Mucha gente tiene un increíble sentimiento de fortaleza al saber que miles y miles de judíos en el mundo están leyendo esa semana la misma parashá.

También hay muchos libros excelentes que te pueden dar alguna idea interesante sobre la parashá de la semana. Leer uno o dos párrafos en voz alta en la mesa es una buena forma de iniciar una conversación. Otra opción es que primero los leas tú, y después comentes las ideas con tu familia e invitados. Puedes probar con el libro Shmuz, que es una guía para formar una discusión en torno a distintos aspectos del judaísmo, o con la variedad de comentarios sobre la parashá que puedes encontrar en AishLatino.com, los cuales disfrutarán grandes y chicos.

Y si prefieres hablar de otros temas, aquí hay algunas sugerencias para iniciar una buena conversación entre adultos:

¿Quiénes son nuestros héroes? ¿Por qué?
¿Cuál es mi posesión más preciada? ¿Por qué?
Si ganara la lotería ¿Qué haría?
¿Cuánto materialismo es bueno para mí?
La lección más importante que sé sobre la vida es…
¿Hay alguna razón para no casarse con un no-judío?
¿He sufrido antisemitismo?
¿Qué es más verosímil, Creación o Evolución?
¿Estoy enfrentando o escapando de mis problemas?
¿Cuál es la mayor crisis que enfrenta este país?
¿Por qué la gente chismea? ¿Es importante dejar de hacerlo?

Trata de mantener la discusión lejos de deportes, películas y políticos. En lugar de eso, trata de enfocarte en ti mismo, en la familia y en la comunidad.

Reflexiones

A veces siento que si no fuera por el Dvar Torá, la cena de Shabat sería sólo un encuentro. Ir a la casa de alguien para Shabat sería como comer afuera.

En nuestra casa, mi esposo generalmente comienza un Dvar Torá justo cuando la conversación se empieza a poner “ordinaria”. Siempre dice algo relevante para las personas que están en la mesa y dirige el foco hacia cosas significativas. Nuestros invitados siempre parecen disfrutarlo. Es como si quisieran que hubiese sido así desde el principio, sólo que eran demasiado tímidos para traer un tema de peso a la conversación. Entonces lo hacemos nosotros y ellos solamente tienen que unirse.

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En nuestra mesa de Shabat, el Dvar Torá es siempre sobre la vida: el desarrollo del carácter y nuestra relación con Dios. Es cualquier cosa menos contar solamente historias, y los invitados se asombran constantemente al ver lo relevante que es la Torá. Siempre se van con “cosas para pensar”, y un poco de sabiduría aplicada a sus vidas.

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Las primeras veces que escuché un Dvar Torá en la mesa de Shabat, los encasillaba inmediatamente dentro de dos categorías: los que eran dados porque es lo que se supone que se debe hacer, por obligación; y los que eran dados con pensamiento y todo el corazón. Los primeros eran vacíos, y los segundos reales. Y los que quedaron en mí con un recuerdo positivo fueron los dichos por las personas que creían en lo que estaban diciendo.

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Siempre me sentí un poco torpe cuando las personas empezaban con un Dvar Torá. Era tan… denso. Pero luego comencé a sentir que, si nadie decía nada, algo estaba faltando, y ahora, si tengo una comida con amigos o durante la semana, ¡siento que alguien tiene que decir algo! Comer y hablar sobre actualidad ya no me es suficiente… supongo que puedes decir que la parte más sustancial de la comida son las palabras de Torá, no la carne.

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Preparar un Dvar Torá me lleva entre 15 y 20 minutos. En general sólo es cuestión de leer la parashá y tomar una o dos líneas que parecen relacionarse con lo que está pasando en el mundo hoy en día. Entonces expreso mis pensamientos en la mesa de Shabat y abro una discusión.

Los mejores Shabat son los que tienen un Dvar Torá que toca a las personas emocionalmente, y los abre a contar sus ideas. La mesa parece transformarse y unificarse en pensamiento. Es como si algo hiciera un clic, y todos comienzan a participar.

Debo admitir que dedico más tiempo a preparar algo cuando tenemos invitados. Si sólo está la familia, trato de decir algo significativo, pero no tiene la misma cantidad de pensamiento y energía.

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Cuando comienzo mi Dvar Torá, mis invitados se quedan pasmados y ponen cara de “¿y ahora qué?”. Pero cuando se dan cuenta de que no estoy predicando sobre el fin del mundo, sino que estoy hablando de temas relevantes para todos nosotros, se relajan, hacen preguntas y contribuyen con ideas, y así toda la experiencia de la mesa de Shabat se torna mucho más significativa. Realmente pienso que es la base de la comida.

Disfruto al hablar porque es emocionante ser el responsable de traer ideas y de ser el catalizador para desinhibir a las personas de forma que puedan hablar sobre cosas que son importantes.

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Nuestra familia siempre tuvo una cena de Shabat, pero nunca tuvimos un Dvar Torá. La primera vez que experimenté tal cosa fue, ya de adulto, en la casa de uno de los rabinos con los que solía estudiar. Contó una historia encantadora, relacionada con la próxima festividad judía, la cual me dejó un sentimiento muy dulce. Todo el Dvar Torá fue tan amistoso, cálido y… relevante. Me gustó mucho.

Ahora que estoy casado, trato de asegurarme de que los tópicos en la mesa sean significativos y judíos, sin que haya una interrupción formal en el curso de la comida para el Dvar Torá. Ese simplemente no es mi estilo.

Nuestras comidas de domingo a jueves son muy agitadas, ya que ambos trabajamos. Por eso, cuando llega el momento de “apretar el freno”, tiene que ser hablando de algo significativo, no sólo de películas que todos hemos visto.

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Por lo general pasamos las comidas de Shabat con la familia, por lo que la conversación es principalmente “ponernos al día” sobre lo que ocurrió durante la semana. Yo intento decir algo que he oído o leído, que vaya según el espíritu de Shabat. Poner a “Shabat” dentro de la comida de Shabat requiere un poquito de preparación… y, más que nada, un esfuerzo consciente.

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Cuando voy a la casa de un rabino y da un Dvar Torá, pienso que es muy agradable. Pero cuando voy a la casa de un hombre de negocios, me impresiona el hecho que él encuentre el tiempo para leer algo y que quiera compartirlo con los demás. El rabino debe hacerlo, pero el empresario elige hacerlo. Realmente me deja perpleja, porque no lo espero de alguien como él, un hombre de negocios que no es un gran erudito en el Talmud. Hace que me dé cuenta de que la Torá es para todos, incluso para mí.

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Mi mesa de Shabat favorita fue una en la que todos los invitados eran nuevos en esto, como yo, y el anfitrión dijo un Dvar Torá que traía ideas sobre las que todos queríamos comentar. Creo que toda la discusión duró cerca de 45 minutos, lo que me pareció asombroso. Todos comentaron, y el anfitrión estableció una atmósfera relajada y abierta.

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Mi esposo tuvo una idea genial que hemos seguido: Tratar de pensar sobre preguntas interesantes para hacer en la mesa de Shabat, que hagan sentir cómoda a la gente, y que también estimulen la conversación. Lo mejor es cuando puedes pensar en preguntas que abrirán temas judíos, como Israel o la porción semanal de la Torá. Ahora, ¡esa es una mesa de Shabat!

Adaptado del libro "Friday Night and Beyond" (La Noche del Viernes y Más allá) por Lori Palatnik (Jason Aronson Pub.)