Bereshit(Génesis 1:1-6:8)
Bereshit
Al principio, Dios creó el cielo y la tierra (Bereshit 1:1). Lo hizo con un gran propósito y la parashá nos lo dice claramente (Bereshit 5:1): “Este es el libro de las generaciones del hombre -Ze sefer toledot adam- el día que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza”.
Quiere decirnos, que el objetivo de la creación es que nosotros y nuestros hijos seamos y actuemos como Él. ¿Por qué? Porque cuando un hombre actúa correctamente, no solo respeta su Tzelem Elokim, sino que lo construye, y cuando un hombre actúa a la inversa lo destruye.
El Ierushalmi (Nedarim 30:2), dice así: “Y dijo Rabí Akiva: y amarás a tu prójimo como a ti mismo, este es un pilar muy grande en la Torá”. Y su yerno Ben Azai agregó: “Este es el libro de las generaciones del hombre -Ze sefer toledot adam- este es un pilar aún más grande que amar a tu prójimo como a ti mismo”.
¿Cómo? ¿Acaso hay algo más grande que amar a tu prójimo como a ti mismo?
Sí, sí lo hay. El hombre se levanta todos los días y tiene frente a él un libro en blanco, una nueva oportunidad. Con sus actos (que son pluma y tintero), cada uno de nosotros va escribiendo el libro de su propia vida.
Si sus actos son blancos y puros, escribe un libro que brilla por su calidad y ejemplo, y si no, lo contrario, escribe un libro que opaca la imagen que su creador le dio. Diariamente, al dormir, todos subimos al cielo y firmamos en este sagrado libro de nuestra propia existencia todo lo realizado, para que después de 120 años nadie diga que él no hizo tal o cual cosa. Este es el libro de la vida de cada uno de nosotros, que somos el propósito de la creación divina. Ze sefer toledot adam.
Si este libro es blanco, correcto, nítido y puro, es más grande que todo, ya que es un ejemplo para las generaciones futuras e ilumina el camino a seguir, y ciertamente “amar a tu prójimo como a ti mismo” está contenido dentro de esto, ya que dar un buen ejemplo y mostrar cuál es el camino correcto es la mejor manera de demostrar amor por los demás. Y si no, es un kilkul (destrucción) para los que vienen atrás.
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Me platicó el Rav Rubén Israel Zaed, que él en casa con su familia, tienen la maravillosa costumbre de escribir en un cuaderno especial, todo lo sucedido diariamente y en especial las maravillas cotidianas de nuestro creador. Ze sefer toledot adam. Me parece una costumbre maravillosa, para fomentar en el pueblo de Israel.
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Rav Yehuda Meir Shapiro (1887-1933), Rosh Ieshivat Jajmei Lublin, de bendita memoria y creador del Daf Yomi, dejó un libro maravilloso de su vida, muchos miles y miles siguen su ejemplo de estudiar una hoja de Gemará todos los días. Ze sefer toledot adam.
Una vez en su clase de Daf Yomi en la Ieshivá de Lublin, empezó a asistir un Baal Habait y diariamente dormía durante todo el shiur, sin embargo Rav Meir nunca le dijo nada. Un día después de años surgió la oportunidad, y Pinjas, el Baal Habait dormilón, le comentó al Rosh Ieshivá que se levantaba a las 4:30 AM diariamente y era cargador, y que cuando llegaba a las 10:00 PM al shiur de Daf Yomi, ya no podía con su alma, mas sin embargo comentó: “Si me quedo dormido en mi casa, mis hijos lo van a ver y van a hacer lo mismo, pero si vengo al shiur, aunque me quede dormido, mis hijos dicen: “Papá viene de su clase de Gemará” y tengo la esperanza de que este ejemplo, les construya una vida de Torá”. Fue elogiado grandemente por Rav Meir Shapira. Ze sefer toledot adam.
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Rav Abraham Miller me platicó en su Sucá, derej mashal, que una vez había una familia y que el abuelo ya muy mayor vivía con ellos. Con el paso del tiempo, este anciano fue perdiendo facultades y se olvidaba hasta de lo más básico. Había que darle de comer en la boca, llevarlo al baño y bañarlo diariamente. La situación económica no permitía contratar un enfermero y por lo tanto el hijo, ya también mayor y sin mucha paciencia, decidió ponerle fin al problema que tanto lo agobiaba.
“Papá” le dijo, “tengo que pedirte que te vayas, tú comprendes, no puedo ya con la carga y la situación económica está muy difícil. Habla con mis hermanos, primos, con quien tú quieras pero te tienes que ir”. A la mañana siguiente, despedazado, el anciano se marchó y nadie supo donde fue. Pasaron los meses y ninguna noticia del abuelo.
Una mañana de invierno, el nieto caminaba entre la nieve y se encontró con su abuelito. “Me duele molestarte querido nieto, pero estoy muy mal. Habla con tu papá para que me mande un poco de dinero, una cobija, algo para ayudarme un poco”.
Corrió a casa el nieto y le dijo a su padre: “Deja que el abuelo vuelva a vivir con nosotros, está moribundo de hambre y frío”. “No, no puedo, llévale comida, dinero y un abrigo muy caliente que tengo en el diván”. Entró el nieto al diván y tardó mucho en salir. El padre se preocupó y entró a buscarlo. ¿Cuál fue su sorpresa? Su hijo estaba con unas tijeras cortando el abrigo. “¿Qué haces hijo, para qué lo cortas en dos?”.
“Papá, la mitad se la llevaré al abuelo y la otra la voy a guardar para cuando seas viejo”.
Al oír esto, el padre comprendió el gran error que cometía y el ejemplo que le daba a su hijo. “Corre, trae a papá a vivir con nosotros 120 años”.
¿Cuál es el ejemplo que deben ver nuestros hijos en casa? ¿Un papá o mamá que predican con el ejemplo, o con excusas para no hacer las cosas? Recuerden que lo que ellos ven, igualmente se lo enseñaran a sus hijos.
El idioma de Dios es la Torá, y la Torá es el mejor camino para construir nuestro Tzelem Elokim y darles el ejemplo a nuestros hijos. Ahora que estamos empezando con la gran oportunidad que Dios nos da de estar vivos, propongámonos predicar sólo con el ejemplo de nuestra sagrada Torá. Ze sefer toledot adam.






