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Vaerá(Éxodo 6:2-9:35)

Avanza despacio

En la parashá de esta semana tenemos un gran problema. En realidad, es un problema con todo el Éxodo de Egipto. El problema es: ¿Dios fue sincero con el faraón?

Desde el comienzo de la parashá Shemot (Éxodo 5:3), y continuando esta semana en Vaerá (Éxodo 8:23), Dios le instruye a Moshé pedirle al faraón que libere al pueblo judío sólo por tres días.

“Iremos en un viaje de tres días en el desierto y haremos ofrendas a Hashem, nuestro Dios, de acuerdo a como Él nos instruya”.

Para que no creamos que el faraón sabía que los tres días se extenderían, la Torá nos aclara que no fue así (Éxodo 8:24):

“El faraón dijo: ‘Los enviaré y harán ofrendas a Hashem, su Dios, en el desierto, pero no se alejarán mucho’" (Posteriormente el faraón no cumplió con su palabra).

Entonces, ¿Dios era sincero con el faraón? Más allá del problema moral y filosófico de que Dios mienta, el Talmud (Shabat 55a) declara inequívocamente: “La firma de Dios es la Verdad”. Sí, es difícil imaginar a Dios pidiéndole al faraón tres días de libertad cuando sabemos que la idea era liberar al pueblo judío para siempre. ¿Qué podemos sugerir para resolver este problema?

Es imposible decir que cuando Dios dijo tres días, no implicó tres días y sólo tres días. Como el faraón rechazó ese plan de tres días de libertad, nunca se hizo efectivo y Dios no tuvo el compromiso de cumplirlo. Por lo tanto, cuando el pueblo judío abandonó Egipto, lo hizo para siempre.

De esta forma resolvimos el problema: Dios no es un mentiroso. Pero ahora tenemos otra pregunta. ¿Por qué Dios hablaría de esa forma con el faraón? Es cierto, si el faraón hubiera accedido, los judíos hubiesen salido por tres días y regresado a Egipto. Pero sabemos que la intención de Dios era que el pueblo judío saliera de Egipto para no volver nunca más. ¿Por qué entonces Dios querría inicialmente ese alivio temporal de la persecución egipcia antes del Éxodo final?

La respuesta nos enseña algo sumamente vital para la vida espiritual.

Si hoy te pidieran que cambiaras toda tu vida de la noche a la mañana, para que mañana seas tan erudito y piadoso como el líder de Torá más grande del mundo, probablemente no podrías lograrlo. No porque no seas una buena persona o no desees crecer espiritualmente, sino porque algunos desafíos son tan grandes que resultan virtualmente imposibles. Quizás sería posible con varios años de profundo crecimiento, pero no en el presente. En general, las personas cambian y crecen gradualmente.

Si alguien asume demasiadas responsabilidades demasiado rápido, a menudo el crecimiento no tiene ningún efecto duradero.

Dios sabía que el faraón estaba muy apegado a todas sus posesiones. Los esclavos judíos eran una parte importante de las mismas. Pedirle al faraón que se desprendiera para siempre de la nación judía, de sus esclavos, le resultaría imposible. Dios quería que el faraón comprendiera gradualmente que no podría poseer a los judíos eternamente como esclavos. Por eso planeó sacarlos por tres días para que los judíos Le sirvieran, y que así el faraón comenzara a acostumbrarse a la idea de que en el futuro, los judíos le servirían a Dios y no a él.

Este pedido de “sólo tres días” era algo a lo que el faraón podía llegar a acceder. A pesar de que finalmente el faraón se negó, al menos era capaz de superar la prueba.

Este éxodo temporal también hubiera sido beneficioso para la nación judía. La nación había pasado muchos años en Egipto y se había visto afectada negativamente por la inmoralidad de la sociedad local. Si Dios les hubiera pedido a los judíos que abandonaran Egipto de golpe, les hubiese resultado difícil abandonar sus inclinaciones culturales idólatras y servirle sólo a Dios. Los judíos, al igual que el faraón, necesitaban tiempo para acostumbrarse a la idea de abandonar Egipto. Sólo podían comenzar a servir y a adorar a Dios paulatinamente, a través de Su Torá. Ellos también estaban demasiado apegados a la idolatría egipcia como para cambiar sin un indulto intermedio “de sólo tres días” que los separara de la cultura egipcia.

Todos somos buenas personas. Todos queremos alcanzar nuestro máximo potencial espiritual. Sin embargo, en ocasiones avanzamos demasiado rápido para que el crecimiento perdure. ¿Cuántas veces terminamos Iom Kipur creyendo que jamás volveremos a chismear? Y entonces tiene lugar esa primera transgresión, cuando menos lo pensamos, y nos damos por vencidos.

Tenemos que aprender a movernos con mayor lentitud. Para nuestro crecimiento espiritual tenemos que aplicar la paciencia. Y tenemos que recordar que no importa nuestra posición en la escalera espiritual, siempre y cuando nos estemos moviendo hacia arriba.

8/1/2018

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