Todos creemos en Dios, pero luchamos constantemente con el mismo tema: ¿Cómo aumentar nuestra fe en Él? ¿Hay algo que podamos hacer para profundizar nuestra creencia en Dios? La parashá de esta semana nos da la respuesta.

El segundo versículo de parashat Bo enuncia los objetivos de Dios al traer más plagas a Egipto:

Para que relates en los oídos de tu hijo y del hijo de tu hijo cómo Yo me burlé (castigué) de Egipto, así como Mis maravillas que puse en ellos, y sabrán que Yo soy Dios.

Pareciera ser blanco y negro. Dios desea vengarse de Egipto con plagas para que tengamos qué contarles a nuestros hijos. Más allá del objetivo básico de castigar a Egipto, las maravillas y los portentos del Éxodo establecerían la base de nuestra creencia en Dios. Esta creencia sería transmitida a la generación siguiente.

Pero eso no es todo lo que dice el versículo.

Además, el enseñar y relatar la historia del Éxodo, con todos sus milagros, eso llevaría a: “y sabrán que Yo soy Dios”. Cuando uno enseña sobre la creencia en Dios, la creencia se interioriza. Deja de ser creencia y pasa a ser conocimiento.

¿Cuál es la diferencia entre creencia y conocimiento?

Yo nunca visité Australia; sin embargo creo firmemente que existe. No creo que su existencia sea un engaño mundial. Sin embargo, estuve en Israel, por lo que SÉ que Israel existe. Al enseñar sobre la existencia de Dios y Su participación en el mundo, mi creencia en Dios se fortalece cada vez más hasta casi llegar a ser conocimiento.

El Doctor William Glasser realizó un estudio en el que concluyó que las personas aprenden un 10% de lo que leen, un 20% de lo que escuchan, un 30% de lo que ven, un 50% de lo que ven y escuchan, un 70% de lo que discuten con otras personas, un 80% de lo que viven, pero un 95% de lo que les enseñan a los demás.

El Talmud (Taanit 7a) lo dijo antes: “Rabí Janina dijo: ‘Aprendí mucho de mis maestros, de mis colegas aún más, pero de quienes más aprendí es de mis estudiantes’".

El maestro de Torá está en realidad instruyéndose a sí mismo mediante su enseñanza.

Podemos derivar esta idea de la manera en que Maimónides describe el mandamiento de estudiar Torá. En el Libro de las Mitzvot, su enumeración de todos los mandamientos bíblicos, Maimónides describe la mitzvá de estudiar así: "Dios nos ordenó estudiar Torá y enseñarla".

Estudiar y enseñar Torá no son dos mandamientos separados. Si no enseñas Torá, no cumples con tu obligación de estudiarla (esto no significa que todo judío deba dedicarse profesionalmente a la educación, pero sí que todo judío debe buscar oportunidades para compartir sabiduría con los demás, especialmente con su propia familia e hijos).

De hecho, cuando la Torá ordena la mitzvá de estudiar Torá utiliza la palabra enseñar.

Se las enseñarás a tus hijos y hablarás de ellas cuando estés sentado en tu casa y cuando camines por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes (Deuteronomio 6:7).

En todo lugar donde la Torá habla sobre el estudio de Torá, siempre alude también a la enseñanza.

También resulta interesante que en hebreo, a diferencia del español, las palabras estudiar y enseñar tienen la misma raíz (lamed). Los genios de gramática hebrea explican que el acto de enseñar (melamed) implica un estudio ávido e intenso. Enseñar debe ser también una parte del proceso de estudiar en profundidad.

Al parecer, para estudiar Torá como se debe, y para hacer del estudio una parte significativa de la vida, uno debe enseñar Torá a los demás. La mitzvá es lilmod ulelamed (estudiar y enseñar). Y la Mishná nos dice que deberíamos lilmod al menat lelamed (estudiar para enseñar). El estudio y la enseñanza van de la mano. Cada generación es un eslabón en la cadena desde la Revelación en Sinaí hasta los tiempos modernos. Debemos recibir el conocimiento de la generación previa e impartirlo a la próxima generación. Esta es la obligación de talmud Torá, de estudiar Torá. Al enseñarle a la próxima generación internalizamos la información, el conocimiento y la fe que nos acerca a Dios.

Por lo tanto tenemos que aprender mucho. Estudiar mucho. Y no olvidar enseñarles a los demás.