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Vaiélej(Deuteronomio 31)

¿La competencia es sana?

En nuestra parashá, Moshé se prepara para abandonar la escena. Moshé declara que no será el líder que guiará al pueblo a la Tierra de Israel, el sueño de su vida y su objetivo. Él designa a Iehoshúa como su sucesor y lo fortalece con palabras inspiradoras (Devarim 31:7-8).

Moshé no manifestó tristeza en absoluto, a pesar de haber deseado tener el rol que ahora recibía Iehoshúa. Si Moshé no hubiese pecado con la roca en la parashat Jucat, él y no Iehoshúa hubiera cumplido su sueño de liderar al pueblo al ingresar a la Tierra de Israel. Pero Moshé cedió el liderazgo con buena voluntad, incluso con más entusiasmo del que le habían ordenado manifestar (ver Rashi, Bamidbar 27:23).

Aquí Moshé nos enseña la actitud que debemos tener ante las rivalidades y las competencias dañinas. Un evento deportivo de nuestro tiempo, el Juego de las estrellas de la Liga de Béisbol norteamericana en el año 2002, ejemplifica este punto.

Yo nunca entendí el fútbol. ¿Cómo es posible que un partido termine en un empate? ¿Acaso el objetivo del deporte no es aplastar al oponente y ganar? ¿Cómo pueden los jugadores y los aficionados tolerar que su equipo empate? ¡El juego pierde su sentido!

Siempre estuve muy orgulloso de que el béisbol, el pasatiempo estadounidense más popular, nunca pudiera terminar en un empate. De hecho, es el único deporte que teóricamente podría continuar eternamente, con una entrada tras otra sin límite de tiempo. Ganar es lo único que importa, más allá de cuánto tiempo lleve.

Siempre estuve orgulloso del béisbol, hasta ese verano del 2002.

Dominando todos los titulares del verano del 2002, como si hubiera sido tan importante como la guerra contra el terrorismo, apareció esta anomalía:

"El Juego de las estrellas termina en empate: NL 7, AL 7, 11 entradas, Final"

"Cuando terminó el Juego de las estrellas, el deporte tenía otro récord, pero uno que querría olvidar. Los aficionados abuchearon y arrojaron botellas cuando el partido se declaró empatado 7 a 7 después de 11 entradas, debido a que ambos equipos se quedaran sin lanzadores".

"Quiero aprovechar esta oportunidad para disculparme con los aficionados", dijo el comisionado Bud Selig. "Es una situación muy triste".

"Es terrible" dijo el aficionado Tim Dugan de Chicago. "Fuimos estafados".

El público (los 41.871 aficionados que llenaban el estadio), cantó en voz alta: "¡Déjenlos jugar!" y "¡Devuelvan el dinero!" Unos pocos aficionados cerca del campo de juego arrojaron botellas para protestar contra la decisión, que llegó después de que Selig consultara con ambos entrenadores" (Ben Walker, periodista de béisbol de AP, 10 de julio del 2002).

¿Cómo fue que ambos equipos se quedaron sin lanzadores?

Últimamente, la política de los entrenadores es asegurar que cada jugador (30 por equipo) participe durante la competencia de 9 entradas. Si un partido termina en empate y son necesarias más entradas, los equipos se quedan rápidamente sin lanzadores, que no pueden lanzar durante muchas entradas. Nadie quiere arriesgarse que los jugadores se lesionen o trabajen demasiado, particularmente en el amistoso Juego de las estrellas.

"Tomaron la decisión correcta, es sólo un juego amistoso" dijo José Hernández, jugador de medio campo de Milwaukee. "Los aficionados no esperaban ese final, pero deben entenderlo. Sé que querían ver un gran juego, pero no había más hombres en el banco".

Es sólo un juego amistoso; sabias palabras del Sr. Hernández. Pero esa es la forma en que debería considerarse a todo juego o deporte.

Si lo pensamos bien, la competencia no es tan saludable para el carácter. Si la única forma de ganar es derrotarte, ¿eso no me lleva a querer que pierdas, más de lo que deseo ganar?

A menudo pienso sobre las ligas profesionales de deportes. Cada equipo comienza la temporada con el anhelo ganar el campeonato. Sin embargo, todos saben que sólo un equipo sonreirá al final de la temporada. Todos los otros equipos considerarán que la temporada fue un fracaso. ¿Por qué? Porque creamos una sociedad que considera que si no eres el mejor, entonces no vales demasiado.

Nadie cree el viejo dicho sobre los deportes: "Lo importante no es ganar, sino jugar bien".

La filosofía real de todo el mundo es otro dicho: "Ganar no lo es todo; es lo único".

Entonces, los directores del Juego de las estrellas querían que todos los jugadores participaran en el partido. No sólo juegan los mejores jugadores. ¿Qué tiene eso de malo? Deberían hacerlo más a menudo. Con seguridad eso mejoraría la calidad de la sociedad.

Vivimos en un entorno que motiva a través de la competencia. Incluso nuestras escuelas tienen tablas comparativas de estudiantes en el tablero de anuncios y tratan de determinar quién sabe mejor el material. El enfoque pasó de “quién sabe bien el material” a “quién lo sabe mejor”.

La Torá describe esto de forma poco halagadora: mitkabed bekalón javeró, ganar respeto a partir de la desgracia del prójimo. Esta conducta, repetida continuamente durante la vida, lleva a que la persona pierda su porción en el Mundo Venidero (Rambam, Leyes de arrepentimiento 3:14).

Si todo lo que tengo que hacer para tener éxito es derrotarte, es mucho más fácil hacer que te vaya mal que esforzarme para ser mejor que tú. El resultado: los estudiantes no se esforzarán para alcanzar su potencial, porque lo único necesario para su florecimiento es derrotar a otra persona.

¿Y qué ocurre con los estudiantes más débiles, que saben que no pueden ganar la competencia? ¿Qué los motiva a dar lo mejor de sí mismos? ¿Tiene sentido recompensar más a los estudiantes más brillantes por su fácil victoria que a los menos favorecidos que dan lo mejor que pueden?

Observa cuando los niños hacen deporte. ¿Juegan por el ejercicio y el desarrollo de sus habilidades o juegan para ganar? ¿Viste alguna vez a niños puros y de buen carácter transformarse en tigres agresivos en el campo de juego?

"¡La pelota entró!" "¡Para nada, ni un poquito!" Cuando los niños dividen los equipos, ¿tratan de emparejarlos para tener una buena competencia o tratan de obtener a los mejores jugadores para ganar el partido? Al evitar seleccionar a los malos jugadores, ¿no son culpables de malbín pnei javeró be-rabim, de humillar al prójimo en público (lo que también hace que la persona pierda su porción en el Mundo Venidero, Rambam, Leyes del arrepentimiento 3:14)? ¿Cómo se siente el niño que queda al último, ese al que nadie quiere?

Sí, debemos ser competitivos, pero sólo con nosotros mismos. Si la semana pasada corrí un kilómetro en 5 minutos, esta semana intentaré correrlo en 4,5. Si obtuve 90 en el último examen, esta vez intentaré obtener 95. Ganar no tiene que implicar derrotar a otra persona. Podemos lograrlo al luchar contra nosotros mismos, al tratar de mejorar los logros del pasado.

El Juego de las estrellas de béisbol terminó en empate. Pero sigo orgulloso del béisbol. La liga se tomó un respiro del valor de la competición porque quiso que todos participaran del juego y disfrutaran entre amigos. Al hacerlo, me recordaron que lo más importante no es la competencia ni ganar. Lo más valioso debería ser tratar a todas las personas con respeto; no tener éxito a costa de otra persona.

A veces los deportes PUEDEN enseñarte sobre las buenas cualidades.

4/9/2018

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