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Masei(Números 33-36)

La pena capital y cómo combatir el crimen

De los versículos de la parashat Masé se entiende que la Torá considera sumamente grave el crimen de homicidio. Nada menos que 29 versículos (35:6-34) discuten las consecuencias de todas las clases de asesinato, tanto intencional como no intencional. En la parashat Shoftim hay otros 13 versículos sobre el mismo tema, además de otros versículos esparcidos por toda la Torá. El asesinato es un pecado capital y debe ser castigado con severidad.

Sin embargo, la Mishná en Makot 7a trae una serie de fascinantes declaraciones que parecen contradecir esto:

Un Sanedrín (Corte Suprema) que ejecuta a una persona una vez cada siete años es llamado destructivo. Rabí Elazar ben Azariá dice: una vez cada 70 años. Rabí Tarfón y Rabí Akiva dicen: si hubiéramos estado en un Sanedrín, nadie hubiera sido ejecutado jamás. Rabí Shimón ben Gamliel dice: ellos también hubieran aumentado la cantidad de asesinatos en Israel.

(El comentario Tosafot Iom Tov explica que a Rabí Shimón ben Gamliel le preocupaba el asesinato más que cualquier otro pecado, porque es el pecado más destructivo. Sin embargo, su opinión se aplica también al incremento de todas las otras clases de pecados).

Extraño. No hay otra palabra para describir lo que se siente al leer esta Mishná. Se esperaba que una Corte Suprema no ejecutara a ningún criminal, ni siquiera por ofensas capitales, más que una vez cada siete años. Y también eso se considera demasiado frecuente. Incluso Rabí Shimón ben Gamliel, al criticar a Rabí Tarfón y a Rabí Akiva por ser demasiado indulgentes, está de acuerdo.

Bartenura explica que la lógica de esta Mishná es alentar a los jueces a analizar profundamente el caso y no apurarse a decidir, con el objetivo de encontrar un método para exonerar al acusado. No queremos matar innecesariamente ni siquiera a un criminal.

Entonces, ¿qué debemos hacer con todos los versículos de la Torá que delinean las consecuencias y los castigos capitales de las transgresiones? La Torá no desperdicia su tiempo con cosas fútiles. ¿Por qué enumera y amenaza con tantos castigos si no tiene la intención de que sean aplicados?

La respuesta es la siguiente: En una sociedad, el nivel de estabilidad, moralidad y la ausencia del crimen no necesariamente se basan en la cantidad de criminales convictos. Lo más importante no es la cantidad de arrestos, sino el hecho de que promulguemos una ley y declaremos nuestros valores. Es sumamente importante que la sociedad prohíba el adulterio y lo declare ilegal. Si esa ley es práctica o si se puede implementar, es irrelevante. Debemos declarar firmemente que el adulterio es algo malo, más allá de lo que la gente haga. Debemos declarar y explicar nuestros valores.

El asesinato es inaceptable y merece la pena de muerte, podamos o no castigar a todos los asesinos.

Podríamos creer que no es importante expresar nuestros valores cuando no podemos castigar su incumplimiento. Pero es sumamente importante. La diferencia es el clima y el tono de nuestra sociedad. Los niños crecen con un sentido del bien y del mal en su perspectiva y en su entendimiento cuando expresamos con claridad y convicción nuestros valores y ética. Si la sociedad no declara sus valores, los niños experimentan con todo y transitan caminos inmorales.

No es posible que una sociedad elimine el crimen sólo por medio del castigo. Los asaltos, las drogas o el asesinato nunca se controlarán a menos que la sociedad exprese lo que opina sobre el crimen. Una sociedad debe mirar al ladrón con desprecio, al asesino con horror y al violador con absoluta intolerancia si quiere eliminar esos delitos. Pero si la sociedad no les brinda a los criminales ese mensaje sino que, por el contrario, los trata con compasión y empatía por su infancia difícil, no sólo garantiza que el crimen no sea eliminado, sino que alienta su incremento.

No se puede imponer disciplina desde afuera; sólo desde adentro. Cuando un niño roba en un negocio debemos mirarlo con repulsión y gritarle: ¡Ladrón! ¿Cómo pudiste hacerlo? Si los niños reciben continuamente esas reacciones, no van a robar. Pero si sólo les decimos: "Más vale que no lo hagas, porque si lo haces tendrás antecedentes penales", no lograremos convencer a nadie para que no lo haga. Debemos desaprobar enfáticamente todos los crímenes y no darles ni el más mínimo grado de aceptación.

En las sociedades donde los valores se expresan claramente, el crimen es mínimo. En sociedades donde no se lo hace, el crimen es un problema crónico. Por eso la Torá describe constantemente las serias consecuencias del asesinato, del robo y de todas las transgresiones.

Si los castigos se aplicarán o no, es irrelevante. Lo que es sumamente importante es declarar la severidad de los castigos, algo común a todos los crímenes.

Debemos apoyar la pena capital para crímenes severos como el asesinato, porque necesitamos enseñarles a los miembros de la sociedad que quitar una vida conlleva la pérdida de la vida del asesino. Si la pena capital en un país no elimina los asesinatos, es sólo porque la sociedad no muestra suficiente ira hacia los criminales, sino que trata de entender con tolerancia las motivaciones y la lógica del asesino.

Sí, en ciertas ocasiones es posible ser demasiado tolerante. La compasión por los criminales es un ejemplo de eso. Jamás debemos permitir que se debilite nuestro desprecio por los actos inmorales. Si lo hacemos, nos arriesgamos a sacrificar los cimientos morales de la sociedad y garantizamos que el crimen exista perpetuamente.

4/7/2018

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