En Israel, los partidos políticos religiosos generalmente consultan a los líderes espirituales sobre una gran variedad de temas. Para una persona moderna, puede parecer extraño que un gigante espiritual sea capaz de opinar sobre temas de estado, siendo que su ocupación principal es estudiar Torá desde su “torre de marfil”. Sin embargo, el judaísmo acepta el dáat Torá (traducido como “una opinión de Torá”), como un elemento fundamental de un estilo de vida observante.

¿En qué consiste este concepto elusivo? ¿Por qué se considera virtuoso consultar a los líderes de Torá en temas que aparentemente están fuera del reino de sus preocupaciones?

La solución a estas preguntas también ayudará a entender un Rashi de la parashat Pekudei.

En Pirkei Avot 1:6 dice: "Consigue para ti un rabino y adquiere para ti un amigo". Más allá de lo erudito, grandioso o maduro que sea el individuo, jamás podrá vivir una vida productiva por su propia cuenta. Una persona necesita estas dos relaciones para funcionar de manera saludable.

Una de estas relaciones es tener un rabino.

Cuando establecí una relación con un rabino, aprendí a subordinarme. Acepté a mi rabino como mi superior y anulé mi opinión ante la de él. Es obvio que si me falta conocimiento de Torá, debo consultar con un rabino. Pero también debo consultarle sobre temas que no parecen estar directamente relacionados con el conocimiento de Torá.

Un rabino que estudió la Torá en profundidad, pasó muchas horas y realizó un gran esfuerzo para descubrir lo que Dios quiere de nosotros en este mundo. La misma definición de la palabra Torá es "instrucciones de Dios para la vida". Como resultado del dominio de la Torá que tiene el rabino o el sabio de Torá, él entrena su mente para pensar en términos de: “¿qué querría la Torá? ¿Qué esperaría Dios de una persona en esta situación determinada?”

De esta manera, la decisión se basa en el intento de descubrir lo que Dios quiere de nosotros, no sólo lo que nosotros deseamos.

Esta es la explicación del concepto de dáat Torá y es la razón por la que los partidos políticos religiosos, así como muchas personas observantes, siempre consultan a los líderes de Torá antes de tomar decisiones importantes.

Ahora podemos entender lo que Rashi quiere decir en Shemot 38:22. Betzalel, el arquitecto principal de la construcción del Tabernáculo, presentó su propia opinión para el orden de las diferentes etapas de construcción, que Moshé había oído directamente de Dios.

Moshé le dice a Betzalel: “¡Ahora sé por qué tu nombre es Betzalel! ¡Debes haber morado a la sombra de Dios, betzel E-l, que es el significado de tu nombre!” Betzalel llegó a través de su propio intelecto a una idea, que era exactamente lo que Dios había planeado. Betzalel alcanzó el nivel de dáat Torá, entender lo que Dios querría en una situación particular.

El principio y la aceptación de dáat Torá también es la clave del arrepentimiento del pueblo judío en la historia de Purim.

Como está registrado en el Talmud en Meguilá 12b y en el Midrash Ester Rabá 7:18, hubo una discusión entre Mordejai, el líder, y el resto de la nación judía.

Ajashverosh, el rey persa, invitó a su gran fiesta a los judíos, junto a todas las otras naciones. Los judíos sintieron que debían ir por razones políticas, ya que no hacerlo traería resultados desastrosos y despertaría la ira de Ajashverosh. Ellos sintieron que evitar la fiesta sería un insulto para el rey. Su lógica era convincente.

Mordejai les dijo que la lujuria y la inmoralidad que habría en la fiesta les prohibía participar.

Le respondieron a Mordejai que si seguían su consejo, estaban perdidos. ¿Qué ocurrió? Fueron a la fiesta y por un tiempo hubo prosperidad. Le dijeron a Mordejai: "Teníamos razón, tú estabas equivocado. Gracias a Dios que no te escuchamos".

Entonces apareció en escena Hamán, con su plan para exterminar a la nación judía (el Talmud, en Meguilá 12a, declara que esto se debió a que la nación judía asistió a la fiesta de Ajashverosh). Mordejai se rehúsa a reverenciarse ante él. Fueron y le dijeron a Mordejai: "¡Asesino! ¡Reverénciate o moriremos por tu culpa!" ¿Y qué pasó? Tuvieron razón. Hamán se enojó y se decretó el genocidio.

¿Quién tenía razón? ¿Mordejai, el erudito anciano y desconectado en su torre de marfil, el hombre viejo y poco realista, o las masas del pueblo que sabían cómo funciona el mundo? Por lógica, los judíos debían enfrentarse a Mordejai. Todo lo que decían se cumplía. Vieron que tenían razón. ¡Deberían haberlo expulsado! Pero, en cambio, volvieron y le dijeron: "Rav, díganos qué hacer". Y de allí vino la salvación.

¿Qué ocurrió? ¿Qué fue los hizo volver a Mordejai? Comenzaron a arrepentirse y, finalmente, comprendieron la importancia de dáat Torá. Sabían que necesitaban una salvación y la única forma de lograrlo era volver a Dios y a los individuos rectos que están apegados a Él.

La salvación sólo puede venir por medio de la lógica y la dirección de la Torá y de los grandes en Torá. Creemos que vemos, pero no vemos nada. La realidad era que el decreto de Hamán llegó como consecuencia de los pecados, no de la política. Nuestra lógica, que parece ser buena, a menudo se ve influenciada por intereses personales. La mente del erudito de Torá no se ve afectada por esas cosas y puede llegar a la verdadera voluntad de Dios.

Esto no significa que los rabinos sean infalibles. Por supuesto que es posible que los rabinos se equivoquen. Sabemos que también los mejores médicos del mundo son humanos y también ellos se equivocan. Pero eso no impide que busquemos su opinión médica profesional, porque seguir su consejo sigue siendo el mejor curso de acción para curar una enfermedad. De la misma forma, Dios espera de nosotros que hagamos nuestro mejor esfuerzo para tomar decisiones basadas en Su voluntad. Parte del proceso es preguntarle a un rabino, un médico espiritual, sabiendo que los rabinos son humanos y se pueden equivocar.

No, no deberíamos preguntarle a los rabinos qué preparar para la cena ni debemos correr a ellos ante cada duda pequeña que tengamos en la vida. Pero si se trata de un tema realmente importante, que nos preocupa, debemos pensar en función de lo que Dios querría que hagamos, y consultar con un rabino sabio es lo más parecido que tenemos a consultar con Dios Mismo.