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Vezot Habrajá(Deuteronomio 33-34)

El acto más grandioso de Moshé

La Torá concluye con un conmovedor panegírico para Moshé, terminando con una alabanza por “toda la mano poderosa y todo el gran pavor que hizo Moshé ante los ojos de Israel” (1). El Midrash, citado por Rashi, explica que la frase “ante los ojos de Israel” se refiere a la decisión de Moshé de romper frente al pueblo judío las dos tablas que acababa de recibir. ¿Por qué, de todos los grandes actos de Moshé, al final de su vida la Torá elige destacar este como el más grandioso?

El Atéret Mordejai ofrece una idea profunda para responder esta pregunta (2). Moshé había invertido gran esfuerzo, durante años, para sacar al pueblo judío de la esclavitud en Egipto y llevarlo a recibir la Torá. Ahora acababa de pasar 40 días sin comer ni beber, evadiendo a los ángeles y consiguiendo las Tablas para el pueblo judío. Al bajar de la montaña y ver al pueblo adorando al Becerro de Oro, entendió que no estaban en el nivel necesario para recibir las Tablas y que debía destruirlas. Imaginen lo difícil que debe haberle resultado renunciar a todo el esfuerzo y la energía que había invertido hasta este momento. Sin ninguna duda, hubiera podido racionalizar que si bien no merecían las Tablas en ese momento, la situación podría cambiar pronto, por lo que no era necesario destruirlas de inmediato. Pero Moshé no lo hizo, sino que mostró una gran integridad y honestidad intelectual al romper las Tablas sólo porque esa era la acción correcta.

En la vida, a menudo nos encontramos en situaciones similares a la de Moshé, en las cuales después de haber invertido tiempo o energía en algo enfrentamos la posibilidad de haber cometido un error y de tener que comenzar todo de nuevo; o cuando un giro inesperado de los eventos convierte a nuestra posición original en obsoleta. En esos casos hay una gran tentación de mantenernos firmes y aferrarnos a nuestro plan inicial, a pesar de que no sea honesto. Es muy difícil admitir que nos equivocamos o que debemos comenzar de nuevo después de invertir tanto. Quizás el aspecto más difícil de destruir todo lo que ya hemos construido es que eso demuestra que cometimos un error. Nos resulta extremadamente difícil admitir que nuestras opiniones, estilo de vida o actitudes son erróneos.

Rav Jaim Shmuelévitz trae un ejemplo del Libro de los Profetas sobre cómo una persona puede empecinarse en su camino y no cambiar ni siquiera bajo la mayor de las presiones (3). Luego de la destrucción de Ierijó, Iehoshúa maldijo a todo el que quisiera reconstruirla. Muchos años después, durante el período del Rey Ajav, un hombre llamado Jiel decidió desafiar la maldición y reconstruir Ierijó (4). Cuando puso la primera piedra, murió su primogénito. A medida que continuó construyendo la ciudad, sus hijos fueron muriendo uno a uno hasta que, cuando terminó la ciudad, murió su hijo menor. ¿Cómo puede una persona ser tan tonta como para continuar en un camino que causa tal miseria? Rav Shmuelévitz responde que él estaba tan convencido de la rectitud de sus actos que no pudo admitir estar equivocado, ¡prefiriendo enterrar a todos sus hijos antes que admitir el error!

En contraste, el Talmud muestra un ejemplo de la grandeza de admitir los errores propios. Rabí Shimón HaAmsoni explicaba que cada vez que aparece la palabra et en la Torá, brinda un significado secundario al objeto mencionado (5). Por ejemplo, en la mitzvá de honrar a los padres, hay un et del cual él derivó la inclusión de los hermanos mayores; por lo que una persona debe honrar a los hermanos mayores, así como se honra a los padres. Sin embargo, cuando llegó al versículo: “et Hashem Elokeja tirá” (temerás a Hashem, tu Dios), no logró encontrar un receptor secundario del temor que se debe sentir por Dios. Sus estudiantes le preguntaron qué ocurriría con todas las ocasiones en que sí había explicado la palabra et. Respondió: “Así como fui recompensado por exponer esos significados, seré recompensado por abandonarlos”. Luego vino Rabí Akiva y enseñó que el et de ese versículo nos enseña que una persona debe temerle a Dios y también a los eruditos de Torá. El Alter de Kelm nota la grandeza de Rabí Shimón, quien tuvo y desarrolló una teoría durante toda su vida y, cuando no pudo justificarla, no dudó en abandonarla. Más aún, les enseñó a sus estudiantes una lección invaluable: que abandonar su teoría, algo que sólo lleva un momento, era tan grandioso como toda la investigación y explicación que había hecho durante toda su vida (6).

Esta enseñanza está muy conectada al día de Simjat Torá, con el cual siempre coincide Vezot Habrajá. Terminamos la Torá y, de inmediato, volvemos a comenzarla leyendo los primeros versículos de Bereshit. Esto nos enseña que, incluso si completamos toda la Torá, no debemos sentir que no necesitamos repetirla. Podemos volver a estudiarla y desarrollar nuevos entendimientos, a veces incluso opuestos a lo que entendimos hasta ese momento, pero no debemos sentirnos avergonzados al reconocer que nos habíamos equivocado.

Rav Frand sugiere que esta idea también queda aludida en la ceremonia de matrimonio (7). La costumbre es que el novio rompe una copa, algo que la mayoría de los comentaristas dicen que es en recuerdo de la destrucción del Templo. Sin embargo, un comentarista conecta esta costumbre al rompimiento de las Tablas. ¿Por qué necesitamos que se nos recuerde ese evento durante una boda? Rav Frand responde que, quizás, esto viene a enseñarnos que para que el matrimonio funcione, la nueva pareja debe esforzarse e imitar las acciones de Moshé al romper las Tablas. Para que un matrimonio funcione, tanto el marido como la mujer deben estar dispuestos a actuar con gran honestidad y admitir sus errores en lugar de mantener su orgullo. Ambos deben estar preparados para abandonar sus prejuicios e ideas preconcebidas y esforzarse para encontrar la verdad. No es fácil hacerlo, pero si vemos que Moshé estuvo dispuesto a romper lo más valioso del mundo porque hacerlo era lo correcto, entonces nosotros también debemos estar dispuestos a hacer cambios cuando esa es claramente la voluntad de Dios.


Notas:

(1) Vezot Habrajá, 34:12.

(2) Citado por Rav Isajar Frand Shlita, Rabbi Frand on the Parsha - p. 297

(3) Sijot Musar, Maamar 47, p.200

(4) Melajim 1, 17:34

(5) Kidushín, 57a

(6) Zaitchik, Sparks of Mussar, p.68

(7) Ibíd, p.299

27/9/2017

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