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Trumá(Éxodo 25:1-27:19)

El balance correcto

La Torá declara, respecto a las paredes del Tabernáculo: “La barra central debe pasar por el medio de las dos vigas, de un extremo al otro” (1). El Targum Yonatán escribe que la barra central estaba hecha de madera proveniente de los árboles que Abraham había plantado con el objetivo de hacer bondad con los viajeros. ¿Por qué fue utilizada esta madera en particular para una función tan prominente en el Tabernáculo? Rav Zelig Pliskin explica que es para recordarnos que, incluso cuando nos dedicamos a Dios, nunca debemos olvidar tener compasión por nuestro prójimo, quien fue creado a imagen de Dios (2).

Esta idea es acentuada en las enseñanzas de grandes eruditos de Torá. Una de las grandes contribuciones de Rav Israel Salánter fue que, si bien es altamente encomendable otorgar un gran cuidado a nuestra observancia en el ámbito de bein adam la-Makom ‘entre el hombre y Dios’, uno debería cuidar mucho que esto no sea a expensas de los demás.

Hay muchos ejemplos de cómo él puso esta enseñanza en práctica. Camino a obtener agua para netilat yadáim (el lavado ritual de manos), un estudiante pasó por varias habitaciones en las que había personas durmiendo. “Netilat yadáim es una mitzvá instituida por nuestros sabios”, comentó Rav Israel, “pero robarle horas de sueño a los demás está prohibido por la Torá” (3). En otra ocasión, en un día caluroso, un estudiante comenzó a rezar una apasionada Shemoná esré (la plegaria silenciosa) parado junto a una ventana abierta. Rav Israel lo regañó por bloquearle el aire a otras personas en la sinagoga.

Otro de los grandes maestros en el área de crecimiento personal, el Álter de Slobodka, también puso un gran énfasis en las mitzvot bein adam le-javeró ‘entre el hombre y su prójimo’.

Toda persona debe ser consciente, en el contexto del cumplimiento de las mitzvot, de no causarle involuntariamente dolor o molestias a los demás. Por ejemplo, cuando una persona se pone el talit en la sinagoga para las plegarias matutinas, debería poner atención especial en que los hilos de su talit no golpeen a nadie. Otro caso es cuando se saca el Séfer Torá, momento en que es muy alabable besarlo, pero, si es muy probable que uno empuje a otro en el camino, entonces las autoridades escriben que la mitzvá de besar el Séfer Torá es dejada de lado por el requisito de no dañar al prójimo (4).

Otro aspecto en el que es importante enfatizar nuestro bein adam le-javeró, al igual que el bein adam la-Makom (‘entre el hombre y Dios’), es en el área de las rigurosidades. El Rambán explica, en el versículo al comienzo de la parashá Kedoshim, en donde la Torá nos instruye a “ser santos”, que no es suficiente con respetar las leyes básicas, sino que debemos esforzarnos para alcanzar niveles altos en nuestra relación con Dios más allá de la observancia técnica de las mitzvot.

Hay otra sección, en la que el Rambán hace un comentario similar respecto a bein adam le-javeró. La Torá dice: “Y harás lo que es recto y bueno a los ojos de Dios”. Los rabinos dicen que este versículo nos enseña que deberíamos ir más allá de la letra de la ley en nuestros tratos con otras personas. El Rambán explica que no es suficiente con sólo respetar las leyes básicas en el ámbito de bein adam le-javeró, sino que debemos saber que Dios quiere que tratemos a los demás con una mayor sensibilidad.

Puede que una persona tenga una tendencia a enfatizar las rigurosidades en mitzvot bein adam la-Makom, como kashrut, algo que tiene una gran importancia si es aplicado correctamente. Sin embargo, el Imrei Emet (el Rebe de la dinastía jasídica de Gur) entendió que las rigurosidades aplican tanto a nuestro trato con los demás como a nuestra relación con Dios. Un jasid le preguntó en una ocasión si podía tomar prestado un par de tefilín, dado que había perdido los suyos. El Rebe le prestó un par, pero no cualquier par, sino el suyo, que había pertenecido a su padre, el Sfat Emet. Cuando le preguntaron por qué le había dado al jasid su par más preciado, respondió que “la Torá dice: ‘ze Kelí ve-anvehú’”, de lo que aprendemos que debemos hacer una mitzvá de la más hermosa manera posible. Esta idea aplica también a la bondad. Por eso le presté los valiosos tefilín (5).

La barra central del Tabernáculo quedó como un recordatorio eterno de que hay dos pilares en el servicio a Dios: bein adam la-Makom y bein adam le-javeró, y que incluso en los momentos de la más alta devoción a Dios, es esencial recordar nuestras obligaciones para con nuestro prójimo. Que todos ameritemos encontrar el balance correcto.


Notas:

(1) Trumá, 26:28.

(2) Pliskin, “Growth Through Torah”, parashá Trumá.

(3) Zaitchik, “Sparks of Mussar”, pág. 21.

(4) “Piskei Teshuvot”, 2da Parte, simán 148, pág.209.

(5) Kaplan, “Major Impact”, pp.161-162.

26/2/2017

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