“No temas a ningún hombre, porque el juicio le pertenece a Dios” (1). La Torá le dice a los jueces que, cuando decidan un din Torá (caso judicial), no deben ser intimidados por las personas poderosas, porque “el juicio le pertenece a Dios”. ¿Qué significa eso?

Rashi explica que, cuando una persona toma dinero injustamente de su compañero, hay una injusticia que debe ser arreglada. Entonces, Dios debe dirigir la Presencia Divina de manera que el dinero sea devuelto a su verdadero propietario. Así, el juicio fue “puesto” en manos de Dios, forzándolo a corregir la injusticia cometida. ¿Por qué es esto tan serio? Dios se limita intencionalmente para no intervenir de manera obvia en nuestras vidas, con el objetivo de no interferir con nuestro libre albedrío. Si su presencia fuera obvia, pecar sería mucho más difícil y el balance del libre albedrío se vería afectado. Al hacer que Dios intervenga para reembolsar a la víctima de una injusticia, la persona afecta este delicado balance.

Hay otro punto interesante que podemos aprender de este Rashi: cuando una persona peca en un asunto monetario, no sólo transgrede en la esfera de bein adam le-javeró ‘relaciones interpersonales’, sino también en la de bein adam la-Makom ‘entre el hombre y Dios’. Este punto es importante, porque parece haber una tendencia a encarar las mitzvot bein adam la-Makom con una actitud diferente a las de las mitzvot bein adam le-javeró: cuando se le ofrece comida a un judío observante, antes de aceptarla, el judío normalmente pregunta (como es debido) cuál es la certificación rabínica del alimento. Si no está seguro respecto a la kashrut, le preguntará a un rabino competente si puede comer el alimento o no. En contraste, es común que, cuando una persona enfrenta una pregunta como, por ejemplo, si pagar impuestos o no, es más probable que actúe sin investigar la validez legal de sus acciones. Quizás, advertir que los asuntos monetarios también involucran bein adam la-Makom motive a la persona a ser más cuidadosa con ellos.

La Guemará afirma que las personas tienen una debilidad natural en el área de los asuntos monetarios: “Rav Yehudá dice en nombre de Rav: la mayoría de las personas pecan en el área de robar” (2). Esta Guemará es difícil de entender, ¿acaso la mayoría de los judíos son ladrones? El Rashbam explica que la Guemará no se refiere al robo directo, como quitarle el bolso a alguien o robar en una tienda. En cambio, se refiere a una forma mucho más sutil e insidiosa de robar, en la que las personas justifican lo que hacen y lo consideran permitido. La Guemará puede incluir, también, formas de robo que son resultado de un simple descuido.

A continuación, discutiremos algunas de esas áreas de la ley judía en asuntos monetarios que, a menudo, son descuidadas, y veremos cómo grandes rabinos se condujeron en las mismas.

Un ejemplo clásico de descuido es no devolver artículos prestados. ¡Parece ser muy común que las personas presten algo y no lo vuelvan a ver! A menos que quien preste tenga la intención de perdonar el olvido de la devolución, este es un caso de robo. Por supuesto, las personas no tienen la intención de robar, pero, de todos modos, esta negligencia muestra una falta de respeto hacia la propiedad ajena. Rav Yaakov Kamenetsky fue un ejemplo viviente de cómo actuar en esta área. En una ocasión, estaba escribiendo una ketubá (documento de matrimonio) utilizando el bolígrafo del novio, que olvidó devolver en medio de la agitación de la boda. DOS AÑOS DESPUÉS se volvió a encontrar con el novio y le devolvió el bolígrafo (3).

Otra área en la que hay un gran iétzer hará ‘inclinación negativa’ hacia justificar un comportamiento cuestionable es en el uso de objetos ajenos sin un permiso expreso. En muchas situaciones, está prohibido asumir que el dueño permitirá que alguien utilice su objeto sin antes consultarle. La facilidad con la que una persona puede tropezar en esto queda demostrada en la siguiente historia:

Rav Leiv Jasid fue el famoso tzadik de Kelm. En su vejez, salió a caminar por el camino que une Kelm con Tavrig. Un día, un adolescente manejando una carroza pasó a su lado y le ofreció un aventón. Rav Leiv le preguntó si la carroza era suya, y el joven respondió que le pertenecía a su padre. “¿Te dio permiso para llevar pasajeros?”, preguntó Rav Leiv. El joven admitió que jamás lo había hablado con su padre, agregando: “¿Realmente necesito permiso para eso?”. A lo que Rav Leiv respondió: “Sí. Como no pediste permiso, si subieras algún pasajero a la carroza podrías convertirte en ladrón” (4). Hace falta tal sensibilidad para no equivocarse en estas leyes.

Es fácil justificar no pagar impuestos a un gobierno no judío, sin embargo, hacerlo implica a menudo una violación de dina de-maljuta dina (5). En una ocasión, una mujer le preguntó a Rav Kamenetsky por qué su familia no podía mentir respecto a su ingreso para conseguir cupones para alimentos, siendo que mentir en eso era una práctica común entre otros grupos étnicos o raciales. “Simple”, dijo Rav Yaakov “ellos no recibieron la Torá en el Monte Sinaí, tú sí”.

Esa respuesta es el primer y más importante paso para comenzar a ser más cuidadoso en asuntos monetarios. Pueden encontrarse muchas razones para justificar acciones en esas áreas, pero hay que recordar que, a final de cuentas, todo lo que hace un judío debería estar basado en lo que Dios nos enseñó en el Monte Sinaí. Rav Israel Reisman shlita utilizó una charla entera para transmitir el mensaje de que todo el que tenga la oportunidad para ahorrar o ganar dinero, debe primero mirar las palabras del Shulján Aruj (6) para determinar si ese comportamiento está permitido (7). A menudo, esto implica hacer una pregunta y no asumir que está bien hacer trampa con los impuestos o retroceder en un acuerdo monetario.

Un segundo paso para evitar violar las leyes sobre dinero es concientizarse del gran iétzer hará del ‘amor por el dinero’. La Guemará en Jaguigá declara que robar es algo que las personas desean mucho (8). Por este gran deseo, se debe ser extremadamente cuidadoso y poner cercos que impidan que la persona esté en una situación de titubeo.

Aprendemos de Rav Israel Salánter lo mucho que una persona debe alejarse de la posibilidad de robar. En una ocasión, Rav Israel visitó a un hombre adinerado y estaba solo con él en un cuarto. Llamaron al hombre fuera de la habitación durante unos minutos y, cuando volvió, se sorprendió al ver que Rav Israel no estaba en el cuarto. Lo buscó por todos lados, encontrándolo parado fuera de la casa. Rav Israel explicó que la Guemará enseña que una minoría de personas peca en arayot ‘relaciones prohibidas’, mientras que una mayoría peca en el robo (9), y agregó: “sabemos que está prohibido estar solo en un cuarto con una persona que está prohibida para nosotros, por temor a que nuestro iétzer hará nos supere. Si el iétzer hará hacia el robo es aún mayor, ¡entonces debemos aprender por kal vajomer (un argumento a fortiori) que está prohibido estar solo con el dinero ajeno no contado! (10). Por supuesto, Rav Israel hubiese sido la última persona que uno esperaría que tropiece con el robo y si, así y todo, hizo un cerco para protegerse de sus trampas, con seguridad nosotros deberíamos imitarlo.

Nos encontramos dentro de los nueve días, un tiempo de intenso lamento por la destrucción del Templo y el hester panim ‘ocultamiento de la presencia de Dios’ que lo acompaña. Rav Matitiahu Salomon sugiere que la negligencia con las leyes monetarias es una causa directa del hester panim: la Torá nos ordena utilizar pesas y medidas precisas y honestas (11). Directamente después de esta sección, viene la que habla de Amalek (12). ¿Cuál es la conexión entre estos dos temas aparentemente dispares? El Netziv explica que la deshonestidad en los negocios socaba las doctrinas básicas de la emuná ‘fe’ y el bitajón ‘confianza’. Quien confíe en que Dios le provee el sustento no deseará violar las leyes de la Torá para adquirir dinero. Sin embargo, quien está dispuesto a engañar y a justificar acciones cuestionables para sustentarse demuestra que no vive con la creencia de que Dios está cuidándolo. Medida por medida, dice Dios: “Si actúan como si Yo no estuviera, entonces ya no estaré entre ustedes ni los protegeré”. Sin la protección Divina, quedamos a merced de nuestros enemigos.

Vimos como la negligencia en los asuntos monetarios no sólo es una transgresión de nuestra relación con los demás, sino también una falencia severa en la relación con Dios: quien siente la necesidad de “torcer las reglas” para ganar o ahorrar dinero, ignora las doctrinas básicas de la confianza en Dios. Es esencial aprender de los grandes eruditos de Torá e intentar ser más cuidadosos en, al menos, una de las áreas, ya sea devolver objetos prestados, no usar objetos ajenos sin permiso o ser honestos en los negocios. La enseñanza más importante es, sin embargo, reconocer que toda área de nuestra vida es legislada por el Shulján Aruj y que siempre debemos verificar que nuestras acciones concuerden con sus dictámenes.

¿Cuál es la recompensa por ser cuidadosos en los asuntos monetarios? El Talmud Ierushalmi, en Makot, dice que como la tentación hacia robar es tan grande, la recompensa por superar este deseo es proporcionalmente grandiosa. “Quien se separa de [robar], él y sus descendientes se beneficiarán en toda generación hasta el final de los días” (13). Que todos ameritemos terminar el hester panim y devolver la presencia de Dios a nuestras vidas.


Notas:

(1) Devarim, 1:17.

(2) Baba Batra 165a.

(3) Rosenblum, Rav Yaakov, p.343.

(4) Ibíd., p. 342.

(5) Dina de-maljuta dina es el requerimiento halájico para los judíos de respetar las leyes de la tierra en la que se encuentran, siempre y cuando no sean antisemitas.

(6) Es la obra estándar de ley judía, escrita por Rav Iosef Caro en el siglo XV.

(7) Irmiahu 17:11, “Choshen Mishpat Stories”, marzo de 2005.

(8) Jaguigá 11b.

(9) Baba Batra, ibíd.

(10) Oído de Rav Israel Reisman shlita.

(11) Devarim 25:13-16.

(12) Devarim 25:17-19.

(13) Ierushalmi, Makot, 2:12, 9b.