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Vaikrá(Levítico 1-5)

La buena envidia

Durante su descripción de los varios korbanot (sacrificios), la Torá prohíbe traer ofrendas de levadura y miel (1) e inmediatamente nos dice que, en contraste, deberíamos incluir sal en todas las ofrendas comestibles (2). ¿Cuál es la diferencia entre la sal, la miel y la levadura, al punto en que la sal es obligatoria, mientras que las otras dos sustancias están prohibidas? Los comentaristas señalan que hay un gran simbolismo en los sacrificios, y que cada una de estas tres sustancias representa diferentes rasgos personales. Al analizar su simbolismo, podemos responder la pregunta.

El Séfer Hajinuj (3) escribe que la miel representa el deseo físico básico (taavá) porque es un alimento dulce. La prohibición de agregar miel a las ofrendas nos enseña que deberíamos evitar el consumo de alimentos dulces, enfocándonos en comer solamente alimentos necesarios para el sustento y el bienestar. El Séfer Hajinuj continúa diciendo que la levadura simboliza la arrogancia, porque se “infla”, como el ego. Respecto a la arrogancia, cita el versículo de Proverbios que declara: “El de corazón altivo es una abominación para Dios” (4).

El Jatam Sofer continúa dentro de la misma línea del Séfer Hajinuj respecto a la miel y a la levadura, y habla luego del simbolismo de la sal. Él alude al dicho de los sabios, que explica el contexto de la obligación de incluir sal en las ofrendas comestibles. En el segundo día de Creación, Dios separó las aguas en dos, colocando parte de las aguas en los cielos y dejando otra parte en la tierra. Las aguas de abajo se quejaron y dijeron que ellas también querían subir a los sublimes cielos en lugar de permanecer en la humilde tierra. Dios las calmó diciéndoles que, en el futuro, la sal que estaba en ellas sería ofrecida en el Altar junto con los sacrificios (5).

Basado en este Midrash, el Jatam Sofer explica que la sal representa el rasgo de la envidia, porque es ofrecida como resultado de los celos que las aguas inferiores sintieron hacia las superiores. Continúa diciendo que la miel, la levadura y la sal representan los tres rasgos negativos básicos: kiná ‘envidia’, kavod ‘deseo de honor’ y taavá ‘búsqueda de placer’ (6). Sin embargo, dice que la envidia tiene cabida en el servicio a Dios. Vemos esto de la Guemará que dice: “kinat sofrim tarbé jojmá” ‘la envidia entre los estudiosos causa un aumento en sabiduría’ (7). Esto significa que, en la espiritualidad, la envidia tiene un beneficio, porque puede motivar el crecimiento en espiritualidad, cuando la persona ve a otros actuando en un nivel superior al propio. Así, explica que la envidia de las aguas inferiores hacia las superiores fue un ejemplo del tipo válido de envidia, ya que las primeras querían estar tan cerca de Dios como las segundas. Su recompensa fue que la sal sería ofrecida en el Altar. Así, esta sal permanece como un recordatorio eterno de la forma alabable de envidia (8).

La explicación del Jatam Sofer nos enseña que cuando el rasgo de la envidia, que en general es negativo, es usado de manera correcta, puede mejorar el servicio Divino de la persona.

Es importante analizar la diferencia entre la envidia en el mundo espiritual y el material. Pareciera haber dos diferencias principales. Primero, la motivación de los dos tipos de envidia es muy distinta. La envidia en el mundo material tiene un aspecto aborrecible: no se limita a querer lo mismo que tiene la otra persona, sino que el envidioso quiere que la otra persona no tenga nada. De hecho, la prohibición de la Torá sobre la envidia, lo tajmod ‘no codiciarás’ (9), aplica sólo cuando Rubén quiere lo que tiene Shimón, mientras que si sólo quiere un ítem igual no hay prohibición de la Torá (10). En contraste, la envidia en el ámbito espiritual sólo es aceptable cuando la persona celosa no resiente a su prójimo por su éxito, sino que usa ese éxito como herramienta para motivarse a alcanzar una altura similar. Sin embargo, si resiente el éxito de su prójimo, su envidia es considerada inaceptable porque, claramente, no es motivada por intenciones puras.

La segunda diferencia aparece en la explicación de Ibn Ezra sobre la mitzvá de lo tajmod. Él ofrece una analogía, de un campesino que desea casarse con una princesa. El campesino debería darse cuenta de que ella simplemente no está a su alcance, y no tiene derecho a esperar obtener su mano. De la misma forma, cada persona recibe, en el mundo material, exactamente lo que necesita. Todo lo que otra persona posee es totalmente irrelevante y está fuera de su alcance. No tiene motivo para desearlo, porque Dios le da a cada persona exactamente lo que necesita (11). El razonamiento de Ibn Ezra aplica solamente a la envidia en el ámbito material, porque no hay esfuerzo físico que pueda alterar las posesiones de una persona, ya que eso está en manos de Dios. La única área en donde Dios da un paso atrás, por así decir, es en espiritualidad. En el ámbito espiritual, no hay un límite predestinado para lo que una persona puede lograr, sino que depende completamente del libre albedrío de la persona. En consecuencia, no es fútil desear copiar los logros espirituales de otra persona, ya que, mediante el esfuerzo personal, una persona puede alcanzar nuevas alturas en el ámbito espiritual.

Teniendo esos dos puntos en mente —que kinat sofrim induce a una persona a emular a su prójimo sin resentirlo por su propio éxito, y que uno tiene derecho a intentar lograr más que lo que tiene en el presente— alcanzamos un entendimiento más profundo del rol de la envidia en nuestra vida. El Jatam Sofer nos enseña que, si bien en muchas circunstancias la envidia es un rasgo negativo, cuando es utilizada de la manera correcta puede ayudarnos a acercarnos a Dios. Y, así, emular a las aguas inferiores, cuyo ardiente deseo de acercarse a Dios produjo resultados deseados.


Notas:

(1) La miel referida aquí no es miel de abeja, sino el néctar dulce producido por las frutas.

(2) Vaikrá, 2:11-13.

(3) Parashat Vaikrá, Mitzvá 117.

(4) Mishlé, 16:5.

(5) Rashi, Vaikrá, 2:13. Ver Gur Arié, Siftei Jajamim y Emet LeYaakov para aprender por qué fue ofrecida la sal del agua, en lugar del agua misma.

(6) De hecho, la Mishná en Pirkei Avot (4:28) nos enseña que son esos tres los rasgos que sacan al hombre del mundo.

(7) Baba Batra, 21a.

(8) Jatam Sofer, Vaikrá, 2:11.

(9) Shemot, 20:14.

(10) Debería notarse que uno sólo transgrede lo tajmod cuando hace un esfuerzo para adquirir el ítem; el mero deseo no constituye una transgresión, aunque igualmente es criticado por las fuentes que lo tratan.

(11) Ibn Ezra, Shemot, 20:14.

29/3/2017

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