La porción de la Torá de esta semana describe las tres plagas finales y los eventos que llevaron a la salida del pueblo judío de Egipto. El Midrash nos dice que hubo cuatro etapas en la redención de Egipto (1), basándose en el versículo de Vaerá en donde Dios le dice a Moshé: “Te sacaré (hotzetí) del sufrimiento de Egipto, te salvaré (hitzaltí) de la esclavitud, te redimiré (goaltí) con mano fuerte y con grandes juicios. Y te tomaré (lakajtí) como nación y seré un Dios para ti…” (2).

Los comentaristas explican que las primeras dos etapas representaron la liberación de la esclavitud, mientras que la tercera representó la salida de Egipto. Fue en la cuarta etapa, la de lakajtí, cuando el pueblo judío se convirtió en la nación de Dios (3). La cuarta etapa culminó en la Entrega de la Torá (4).

Sin embargo, pareciera que el proceso de convertirse en una nación santa comenzó cuando el pueblo judío aún estaba en Egipto. Lo sabemos porque las primeras mitzvot que se le ordenaron al pueblo como nación fueron entregadas en la parashá de esta semana. Más aún, la mitzvá de Korbán Pésaj (el cordero pascual) que se encuentra en la porción de esta semana, simbolizó la aceptación del pueblo judío del pacto entre ellos y Dios (5).

Hay un aspecto muy interesante de la transición entre la tercera y la cuarta etapa de la redención, que se refleja en una ley sobre las ‘cuatro copas de vino’ que tomamos en la noche del Séder de Pésaj (las cuales corresponden a las cuatro etapas de redención). El Shulján Aruj (6) legisla que está prohibido beber entre la tercera y la cuarta copa de vino (7), implicando que estas dos copas deben estar conectadas entre sí, sin que haya una separación entre ambas. Hay razones halájicas (legales) para esto, pero también se puede sugerir una filosófica (8).

Puede decirse que era esencial que la cuarta etapa de la redención ocurriera inmediatamente después de la tercera, sin ningún hefsek (interrupción). ¿Por qué? Porque en la tercera etapa, goaltí, el pueblo judío se liberó por completo de la esclavitud de Paró. Sin embargo, una vez que se liberaron de esta esclavitud, existió el riesgo de que quedaran en un vacío sin tener alguien a quien servir. Tal situación hubiese sido muy peligrosa, porque es inherente en la naturaleza humana la necesidad de servir y admirar a algún ser o entidad. Entonces, era esencial que el pueblo judío reemplazara a Paró de inmediato como objeto de su servicio, con, lehavdil, Dios. Es por eso que Dios les dio las mitzvot que iniciaron su relación con Él incluso antes de que escaparan. Apenas dejaron Egipto físicamente, comenzaron el proceso de convertirse en una nación de Dios. En consecuencia, la ley que prohíbe interrupción entre la tercera y la cuarta copa de vino simboliza que no podía haber ningún espacio entre la tercera y la cuarta etapa de redención, a las que corresponden. La etapa de ‘dejar el servicio de Paró’ debía ser inmediatamente seguida por el ‘comienzo del servicio a Dios’.

Una idea importante que puede derivarse de esta explicación es que el deseo de servirle a algo o a alguien es inherente a la naturaleza humana. Esto ha sido evidente a lo largo de la historia mundial. Hasta hace unos pocos siglos, la idea del ateísmo era virtualmente desconocida; todo el mundo adoraba a una o más entidades. La existencia de poderes en el mundo, a los que las personas debían servir, era algo incuestionable. Vemos, de la necesidad de transición inmediata de ‘esclavos de Paró’ a ‘sirvientes de Hashem’, que la ausencia de una figura a la cual servir es muy peligrosa para la mente de una persona.

Basados en esto, vemos que es importante analizar cómo, en los tiempos modernos, pareciera que las personas se han liberado alegremente del yugo de ‘servir a alguien’. ¿En dónde vemos, en las fuentes de Torá, una manifestación de este deseo de no servir a nadie?

La respuesta puede encontrarse en las palabras de Rav Jaim Shmuelévitz, respecto a una abominable forma de idolatría: la de Báal Peor (9). El Báal Peor tiene muchos aspectos extraños. Uno es la forma en que lo idolatraban: sus idólatras realizaban actos desagradables frente al ídolo, siendo el más asqueroso de ellos la forma más alabable de adoración. Más aún, esta forma de adoración fue una con la que el pueblo judío demostró tener una afinidad particular, como se ve en el trágico incidente al final de la parashá Balak, en donde miles de judíos adoraron a Báal Peor. ¿Cuál es la naturaleza de este ídolo? Rav Shmuelévitz explica que la esencia misma de Báal Peor era el deseo de no estar subyugado a ningún poder, y que una consecuencia de esta “libertad” es la eliminación de todos los límites que acarrea la subyugación a una fuente superior. Todos los otros idólatras reconocían la necesidad de respetar y honrar al objeto de su idolatría, mientras que los adoradores de Báal Peor buscaban desarraigar el impulso humano hacia el servicio genuino, reemplazándolo con la degradación de la autoridad. En conformidad, cuanto más irrespetuoso fuera el acto, ¡mejor era como forma de adoración! Basándonos en la explicación de Rav Shmuelévitz, pareciera que los adoradores de Báal Peor trataron de eliminar el impulso humano hacia el servicio a una entidad superior, dirigiéndolo hacia la idea de que uno puede hacer lo que quiera.

Con este entendimiento, podemos explicar una enigmática Guemará sobre el Báal Peor. La Guemará en Sanhedrín nos cuenta sobre una mujer no judía que estaba muy enferma. Ella prometió que, si se recuperaba, adoraría a todos los ídolos del mundo. Se recuperó, y mantuvo su promesa. Cuando llegó al Báal Peor, le explicaron cómo adorarlo. Al enterarse, dijo, con desprecio, que preferiría enfermarse de nuevo antes que adorar a un ídolo de una manera tan aborrecible (10).

Que haya aborrecido esa forma de idolatría, es entendible. Ahora, ¿por qué su respuesta fue tan fuerte? Ella tenía el deseo que tiene la mayoría de las personas: servir a una fuerza superior. Por eso, estaba dispuesta a adorar a toda supuesta “fuerza” en el mundo. Sin embargo, cuando oyó sobre el Báal Peor, reconoció que su esencia contradecía por completo la idea del servicio, ya que implicaba que ‘servir a alguien’ era innecesario, que uno podía hacer lo que quisiera. Esta actitud le pareció tan despreciable que prefirió enfermarse de nuevo a realizar tal adoración.

El ateísmo de los últimos siglos parece también estar basado en la actitud del Báal Peor. Mientras que sus adherentes afirman que sus valores están basados en filosofía, en ocasiones admiten que la razón real de su ateísmo es permitirse vivir una vida no restringida por la religión (11).

Mientras que la idolatría está, obviamente, equivocada, y es ampliamente criticada por la Torá, muchos pensadores de Torá han notado que el ateísmo es tanto más desdeñoso como peligroso que la idolatría. Una razón para esto es que quien adora ídolos reconoce, al menos, la necesidad de ‘servir a alguien’. Para esta persona, no es un gran paso abandonar el servicio a dioses falsos para servir al Dios verdadero. Sin embargo, quien no cree en nada, está más lejos de aceptar el yugo de ‘servir a alguien’.

Notamos antes que el pueblo judío fue particularmente susceptible al Báal Peor. Pareciera que fue este tipo de idolatría el que probó ser más tentador, porque el iétzer hará busca hacer que se sientan limitados por el yugo del servicio Divino y los tienta con un sistema de creencias que les permite liberarse de todas las limitaciones.

Todos enfrentamos esta prueba en nuestra vida; hay muchas tentaciones que nos dan la oportunidad de sentirnos libres de la carga. Sin embargo, debemos advertir que la única fuente de satisfacción real es el servicio Divino. Como nos enseñan nuestros Sabios, la única libertad es la que viene como resultado de seguir la Torá.


Notas:

(1) Shemot Rabá, 6:4.

(2) Vaerá, 6:6.

(3) Ver Or HaJaim, 6:6. Ver Táam VeDáat para una explicación de la razón por la que el quinto término de redención, “Y los traeré a la tierra…” no corresponde a una quinta copa.

(4) Ibn Ezra, 6:7.

(5) Ver mi ensayo, "The Individual's Covenant With Hashem" (en mi libro “A Light in Time”, p.207) que trata esto en profundidad.

(6) Traducido literalmente como La mesa servida. Escrito por Rav Iosef Caro a finales del siglo XV, es la obra estándar de ley judía.

(7) Shulján Aruj, Óraj Jaim, Simán 479, Seif 1. Hay leyes adicionales respecto a si uno debería abstenerse de beber entre las otras copas, pero esta es la única tratada en la Mishná y todas las autoridades concuerdan respecto a ella.

(8) La explicación a continuación está basada en una variedad de fuentes.

(9) Sijot Musar, Maamar 84, Parashat Balak, 'Báal Peor', p.362.

(10) Sanhedrín, 64a.

(11) Un librillo de Aish HaTorá cita al famoso autor ateo, Aldous Huxley, quien admitió al final de su vida que toda su filosofía atea fue nada más que una excusa para justificar la inmoralidad.