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Vezot Habrajá(Deuteronomio 33-34)

El poder de las palabras

"Y esta es la bendición que Moshé, el hombre de Dios, confirió a los hijos de Israel antes de su muerte" (Deut. 33:1).

Si examinamos de cerca esta bendición podremos concluir que Moshé substancialmente repitió y respaldó las bendiciones que dio Yaakov al final del libro de Génesis, a pesar de que les hizo ciertas modificaciones y adiciones. Pese a que no hay dudas de que estas variaciones son suficientes para justificar la repetición de un segundo conjunto de bendiciones, de todas formas uno no puede evitar tener un sentimiento de disconformidad al leerlas.

Estas bendiciones no están meramente realzando las bendiciones previas sobre salud, felicidad y prosperidad, sino que son una asignación de las ventajas y privilegios del pueblo judío.

¿Quién le dio el derecho a Moshé para asignar posiciones a las tribus de Israel?

Se puede entender que Yaakov —al ser el progenitor de todas las generaciones subsiguientes de judíos y por lo tanto el fundador del pueblo de Israel, el cual es llamado así por él— posea la autoridad necesaria para asignar las posiciones públicas de la futura nación judía. Pero Moshé no era más que un rabino, un maestro que nos enseñó Torá. Incluso si tomamos en cuenta que fue el rabino más ilustre que ha tenido el pueblo judío, de todas formas es legítimo preguntar quién le dio el derecho de asignar posiciones a las tribus de Israel, ya que la Torá menciona específicamente que esta fue la bendición de Moshé mismo y no las palabras que recibió proféticamente de Dios.

De hecho hay un tema mucho más problemático que se refiere al contenido del libro de Deuteronomio, ya que la gran mayoría de este libro consiste en las ideas que Moshé le transmitió al pueblo de Israel en una serie de clases, como aparece detallado en la introducción de éste:

"Estas son las palabras que Moshé le dijo a todo Israel" (Deut. 1:1)

A pesar de que el Talmud nos enseña (Menajot 30a) que estas palabras se volvieron parte de la Torá porque Dios subsecuentemente las dictó y le dijo a Moshé que las escribiera en la Torá, de todas formas, ¿cómo podemos relacionarnos con esta idea? ¿Cómo la enseñanza de un mero ser de carne y hueso puede ser transformada en el mensaje de Dios mismo al pueblo judío?

Dada la importancia de esta pregunta, es necesario profundizar un poco más.

Una llameante Torá

Rashi en su comentario nota que la Torá es descrita como llameante ("de Su diestra les entregó la llameante Torá" (Deut 33:2)) debido a que la Torá fue escrita antes de la creación en letras de fuego negro sobre un fondo de fuego blanco (Tanjumá, Génesis 1).

Este hecho hace que el origen del libro de Deuteronomio sea aún más desconcertante.

La Torá fue escrita antes de la creación en letras de fuego negro sobre un fondo de fuego blanco.

La Torá precedió a la creación. Entonces, cuando Moshé dijo sus propios pensamientos en el transcurso de su discurso de despedida (que es el libro de Deuteronomio), aparentemente se las arregló para decir exactamente las mismas palabras que ya habían sido escritas en letras de fuego negro en la Torá de Dios. Cuando Dios le dictó a Moshé nuevamente las palabras y le dijo que las incorporara en la Torá de la Tierra, Dios estaba dictando estás mismas palabras de su propia Torá llameante.

¿Cómo es posible que Moshé, sin la ayuda de la profecía, haya acertado a estas mismas palabras, las cuales la Torá enfáticamente describe como “sus propias palabras”?:

"Estas son las palabras que Moshé le dijo a todo Israel" (Deut. 1:1)

¡Esta aseveración nos deja sin aliento!

Para poder navegar por este complejo laberinto de problemas primero debemos entender la relación que hay entre las dos ramas de la Torá: la Torá escrita y la Torá oral.

El pensamiento judío tradicional afirma que ambas ramas de la Torá fueron entregadas a Moshé en el Monte Sinaí y les da a ambas el mismo grado de autenticidad y autoridad. Esta doctrina tiene grandes problemas para mucha gente que considera adoptar el estilo de vida del judaísmo ortodoxo.

Porque, ¿cómo alguien podría sostener seriamente que la ley oral fue transmitida a Moshé en el Monte Sinaí? La ley oral es producto de los pensamientos de los rabinos, quienes eran seres humanos que pueden equivocarse al igual que el resto de nosotros, que tenían aproximadamente el mismo nivel de inteligencia que nosotros poseemos, que tenían que luchar con el mismo tipo de problemas que nosotros y que sufrían de las mismas fallas de carácter que nosotros. Además, los rabinos discuten entre ellos en prácticamente todas las páginas del Talmud —la fuente básica de la ley oral— y sobre casi todos los temas. ¡Ellos mismos fueron incapaces de lograr un claro consenso sobre qué es lo que dicta realmente la ley oral! ¿Cómo es posible darles el mismo nivel de autoridad a las palabras y enseñanzas de estos rabinos que la que le damos a las palabras de Dios mismo, las cuales están contenidas en la ley escrita?

* * *

El testimonio personal de Dios

La primera sorprendente observación que debemos hacer es que Dios mismo equiparó a la ley escrita con la ley oral.

Para quienquiera que acepte la autenticidad y perfección de la Torá escrita, entonces el libro de Deuteronomio sirve como un testimonio personal de Dios sobre la autenticidad igualitaria de la ley oral que emerge de los corazones y mentes de los rabinos judíos, ya que el contenido del libro de Deuteronomio se originó en el corazón y mente de Moshé. Al aceptar que las palabras y los pensamientos de Moshé fuesen puestos en la ley escrita y que recibieran una importancia equivalente a las palabras mismas de Dios que aparecen en el resto de la Torá, Dios le está enviando un poderoso mensaje a los seguidores de Su Torá escrita. Les está informando que las palabras y los pensamientos de los rabinos —al menos de aquellos del calibre de Moshé— deben ser considerados como verdad absoluta y son igual de sagrados que Sus propias palabras.

La propuesta de que las palabras de los rabinos tienen el mismo peso que las propias palabras de la Torá aparece en la Torá misma.

Por lo tanto la pregunta no es si las palabras de los rabinos tienen el mismo peso que las palabras de la Torá, ya que esa es una propuesta claramente estipulada y adoptada por la Torá misma. La pregunta es descubrir cómo puede ser posible esto y por qué Dios eligió darnos parte de sus propias enseñanzas de una forma tan controversial.

Porque incluso si resolvemos la pregunta de cómo es posible que ambas tengan el mismo peso, aún nos veríamos enfrentados a la pregunta de por qué hizo esto.

Dios seguramente se dio cuenta de cuán difícil sería para mucha gente aceptar la Torá oral. De hecho, a lo largo de la historia, precisamente la aceptación de la Torá oral la ha sido el principal obstáculo de los creyentes judíos, desde los Saduceos y los Karaitas hasta los fundadores de las ramas más modernas de judaísmo "progresista". Estos judíos fueron serios y sinceros en su dedicación al judaísmo, pero simplemente fueron incapaces de aceptar la autoridad rabínica y por lo tanto rechazaron la ley oral completamente o al menos parte de ella.

* * *

La pregunta de "cómo"

Veamos primero la pregunta de cómo.

Para poder apreciar el funcionamiento de las mentes rabínicas responsables por el desarrollo de la Torá oral, contrastemos a un rabino con un juez de la corte suprema, cuyo trabajo es interpretar la constitución del país. Tanto el rabino como el juez de la corte suprema se remiten a un documento que no pueden modificar. El rabino mira la Torá y el juez mira la constitución. Ambos enfrentan un problema que no aparece discutido específicamente en el documento que están consultando, y por lo tanto ambos intentan resolver su problema mediante un proceso de interpretación creativa.

Veamos primero al juez. Él lee un documento que fue diseñado por gente que toleraba la esclavitud, que aborrecía el aborto y que no tenía noción alguna sobre discriminación racial o sobre derechos de prisioneros. Sin embargo, los jueces de la corte suprema han encontrado una base en la constitución para prohibir la esclavitud, permitir el aborto, poner fin a la discriminación racial y desarrollar toda una plétora de derechos del ofensor. Hicieron esto por medio de aplicar sus propios valores e interpretar las palabras de la constitución de forma que sus ideas calzaran con las palabras. Nadie cree realmente que la constitución pretendía alguna de estas cosas.

La razón por la que toleramos esta aparentemente insensible forma de actuar es obvia. Es extremadamente difícil modificar la constitución, y por lo tanto debe ser adaptada para que acomode los cambiantes valores de la sociedad o bien debe ser tirada a la basura. Nadie quiere abandonarla, y por lo tanto todos se ven forzados a aceptar el enfoque judicial creativo como la mejor alternativa existente.

El trabajo de un juez de la Corte Suprema es muy distinto al trabajo de un rabino que dictamina sobre una pregunta de ley judía.

Esto es el opuesto de lo que hace un rabino. El rabino mira la Torá y trata de imaginar qué diría la Torá sobre el problema o pregunta que debe resolver. Él intenta anular sus propios valores e ideas preconcebidas. En su forma de ver el mundo, no hay otros valores fuera de los valores de la Torá. El objetivo de estudiar Torá es aprender cómo someter la voluntad y creencias propias para que calcen con la forma de los dictámenes de la Torá, y no al revés.

El rabino no busca cuál es la solución que él propone y luego la hace calzar con las palabras de la Torá, sino que intenta encontrar cuál es la solución de la Torá y se adapta a sí mismo y a su mundo a dicha solución. Su deseo más devoto cuando se enfrenta a un problema que requiere la interpretación de la Torá es vaciarse de todas sus creencias e ideas preconcebidas de forma que pueda enfrentar el problema armado sólo con su entrenamiento y habilidades respecto a la metodología de la interpretación apropiada de los pasajes de la Torá.

* * *

El secreto del éxito

Cuánto éxito tendrá una persona en alcanzar este estado de objetividad será directamente proporcional al nivel de humildad que tenga. Es la cualidad de la humildad la que le permite a una persona aceptar la opinión de otra como cierta incluso cuando dicha opinión vaya en contra de sus ideas más preciadas.

No es ninguna coincidencia que Moshé, el más grande rabino de todos los tiempos, sea también descrito por la Torá como el hombre más humilde de la historia humana:

"Moshé era extremadamente humilde, más que cualquier persona en la faz de la Tierra" (Números 12:3)

La tradición judía enseña que dado que la Torá es eterna y que este versículo puede ser leído como que aplica al mundo presente por cualquier lector en cualquier generación, entonces efectivamente la Torá está declarando que Moshé es el hombre más humilde de la historia de la humanidad.

Cuando la gente inteligente se dedica a una tarea con gran dedicación, no es sorprendente que tengan éxito. Si una persona busca honestamente qué tiene para decir la Torá sobre determinado tema y está dispuesta a aceptar lo que descubra sin prejuicios ni reservas, entonces es altamente probable que encuentre el resultado que busca y que sea capaz de aprender exactamente cuál es la opinión de la Torá. Así es como la Torá oral puede ser considerada del mismo peso que la Torá escrita. La asunción es que los rabinos lograron exitosamente descubrir la verdadera intención de la Torá en todos los temas que discuten.

* * *

La pregunta de "por qué"

Ahora podemos hacer la segunda pregunta: ¿Por qué Dios habría de usar a los rabinos para transmitir Su mensaje, incluso si ellos probaran ser un medio confiable? ¿Por qué no decir Él mismo todo lo que quería decir?

Veamos primero la realidad antes de analizar la teoría.

¿Por qué personas inteligentes y bienintencionadas, quienes aceptan el origen Divino de la Torá de Dios, no pueden tomar estos dictámenes en serio?

Dios emitió muchas directivas en Su Torá en el lenguaje más sencillo posible. Sin embargo, en la práctica toda esa gente que acepta el origen Divino de la ley escrita pero que no aceptan la autoridad de la ley oral están rechazando totalmente una buena parte de las directivas de Dios por supuestamente no ser aplicables hoy en día.

¿Pero cómo explicamos esto? ¿Por qué personas inteligentes y bienintencionadas, quienes aceptan el origen Divino de la Torá de Dios, no pueden tomar estos dictámenes en serio?

La respuesta nuevamente la podemos encontrar si vemos el caso de la constitución. Cualquier documento escrito no es más que un objeto. No está vivo y no puede desarrollarse y crecer. La constitución sólo vive en las mentes de la gente que la leen y viven de acuerdo a ella. Al ser un documento, no está viva y es incapaz de adaptarse, mientras que por otro lado las personas están vivas y constantemente están cambiando; ningún documento puede sobrevivir mucho tiempo sin las alteraciones necesarias que le permitan adecuarse a los cambios de las personas y de las situaciones en las que éstas se encuentran. Esta es precisamente la razón por la cual se desarrolló una forma creativa de aproximarse a la constitución.

Pero la Torá es diferente.

* * *

La Torá viva

Dios quería darnos una Torá viva. El Rey Shlomó escribe sobre la Torá:

"Es un árbol de vida para quienes lo sostienen..." (Proverbios 3:18).

Ningún "documento" es un árbol de vida. La Torá sólo puede estar viva si las palabras que emergen de los corazones y mentes de los seres humanos vivientes son también palabras de Torá. La forma correcta de ver la ley oral de acuerdo a la tradición judía es no verla meramente como una interpretación confiable de la ley escrita. La ley oral es Torá por sí misma.

Quien no siga esta visión inevitablemente llegará a la conclusión de que las palabras de Dios son anticuadas incluso si acepta su origen Divino, ya que argumentará que —ante la ausencia de la ley oral— la Torá es un documento que nos fue entregado por Dios hace más de 3.000 años atrás. El mundo ha cambiado muchísimo desde ese entonces, pero las palabras de la ley escrita no lo han hecho. Por lo tanto, un documento que puede haber sido muy razonable y progresivo en el mundo de hace 3.000 años atrás debe tener muchas cláusulas que no pueden ser consideradas como aplicables en el mundo moderno.

Para tener una Torá eterna y viva deben ocurrir dos cosas:

1. Debe haber un texto escrito de forma que tengamos las palabras de Dios, pero no puede permitirse que dicho texto se convierta en un documento muerto. Este debe tener la posibilidad de expandirse, crecer y responder nuevas preguntas que surjan producto de las demandas de un mundo cambiante.

2. Las palabras de los rabinos también deben ser Torá. Sin embargo, no queremos que los rabinos agreguen sus propias opiniones al texto de Dios. Queremos rabinos que internalicen las palabras de Dios y que las vivan en tal grado que lo que salga de sus labios sea la palabra de Dios en lugar de ser sus propias ideas y creencias.

* * *

La ley oral

Todos conocemos el dicho del Zohar, la obra principal de la cábala, sobre que Dios "consultó con la Torá y creó el mundo". Dado que la Torá incluye la ley oral, esta afirmación significa que Dios no sólo consultó con sus propias palabras cuando formó la realidad, sino que se aseguró que la realidad se ajustara también a las opiniones de los rabinos que dieron forma a la ley oral que aún estaba en desarrollo.

Esto es lo que el Midrash tiene para decir sobre las palabras introductorias a los diez mandamientos:

Incluso las preguntas que un estudiante serio le preguntará a su rabino fueron entregadas a Moshé en aquel entonces (Tanjumá, Ki Tisá 17).

La tradición judía enseña que esto no significa que Dios le haya dicho a Moshé las preguntas mismas que los estudiantes preguntarían, sino que toda pregunta seria elaborada por gente que esté estudiando Torá en cualquier época ya se encontraba incluida en el mensaje de Dios. Porque Dios nos dio una Torá viva. Y como tal, todo judío es capaz de recibir su propia porción especial del mensaje de Dios, la cual desde el momento de la entrega de la Torá en Sinaí esperó para ser descifrada sólo por él.

Toda bendición es un intento de volver a dar forma a la realidad en cierta dirección. La realidad siempre es formada en torno a las palabras de la Torá. Las bendiciones de Yaakov, cuando fueron emitidas, tenían la misma influencia que una plegaria: requerían la intervención de Dios para funcionar. Las bendiciones no tenían un poder por sí mimas para dar forma a la realidad sino hasta que fueran incluidas en las palabras de la Torá y ellas mismas se volvieran Torá.

Y las palabras de la bendición de Moshé, a pesar de que fueron generadas por su propia mente y su propio corazón, ya eran palabras de Torá cuando fueron dichas. Porque Moshé era nuestro más grande rabino y cuando él decía una declaración de Torá, sus palabras tenían la autoridad de la ley oral detrás de ellas.

1/10/2014

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