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Ekev(Deuteronomio 7:12-11:25)

Las leyes de la razón

Ocurrirá que si obedecen Mis preceptos que Yo les ordeno hoy, de amar a Hashem vuestro Dios y de servirlo con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, entonces Yo proporcionaré lluvia para vuestra Tierra en su momento propicio... Cuídense, para que vuestro corazón no sea seducido y se descarríen y sirvan a dioses ajenos y se postren ante ellos. Entonces la ira de Dios arderá contra vosotros y Él frenará el cielo para que no haya lluvia..." (Deuteronomio 11:13-21).

Este párrafo es el segundo párrafo del Shemá, el cual debemos recitar dos veces al día. El primer párrafo es conocido como la aceptación del "yugo del reinado celestial" y este párrafo es conocido como la aceptación del "yugo de los mandamientos" (Talmud, Brajot 14b).

Al decirlo aceptamos sobre nosotros la creencia de que el éxito en nuestras ocupaciones mundanas dependerá del nivel en nuestra dedicación al servicio Divino. Diligencia, trabajo duro y una buena utilización de los recursos no nos darán éxito mundano si la dedicación del servicio a Dios está ausente. Por otro lado, una dedicación absoluta a Dios nos asegura prosperidad. Y lo opuesto también es cierto. No importa cuán duro trabajemos o cuán sabiamente planifiquemos, si nos alejamos de Dios y permitimos que nos seduzcan otras ideologías, estaremos asegurando el fracaso de nuestros esfuerzos y causando que nos controlen económicamente y nos exilien.

De esta forma, todos los esfuerzos que se relacionan con nuestro bienestar material se denominan hishtadlut, lo cual significa "intento" o "esfuerzo". La maldición de Adam fue que él debería obtener su alimento con el sudor de su frente; nosotros también estamos incluidos en esa maldición y por lo tanto debemos esforzarnos. Pero nuestro esfuerzo no es el factor que produce los resultados; cualquier beneficio positivo que resulte fue Divinamente ordenado y no tiene una relación de causa y efecto con el esfuerzo invertido. Este es el yugo de los mandamientos que se encuentra contenido en el segundo párrafo del Shemá.

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Un misterioso mandamiento

A primera vista este mandamiento pareciera estar desprovisto de contenido. No absuelve al observante de los requerimientos de la correcta utilización de los recursos. Como sabemos, la regla del judaísmo es que no esperamos milagros. Por lo tanto, el agricultor judío al que hace referencia el párrafo debe arar, desmalezar, podar y cosechar al igual que el resto de los agricultores. Es más, si no lo hace, no tendrá una buena cosecha sin importar cuál sea su nivel de observancia, ya que no hay milagros. Él debe hacer una hishtadlut apropiada.

Este párrafo tampoco impone una obligación de aceptar los mandamientos. Nosotros ya los aceptamos en el Monte Sinaí; de hecho, ese es realmente el tema del primer párrafo del Shemá, la aceptación del yugo del reinado celestial. Como obviamente todas las obligaciones tienen consecuencias, incluso sin este nuevo yugo de los mandamientos de todas formas habrá un premio y castigo: premio por las buenas acciones, el cual podría venir en la forma de una buena cosecha, y castigo por las transgresiones, el cual podría venir como una falta de lluvias.

Como obviamente todas las obligaciones tienen consecuencias, de todas formas habrá un premio y castigo por los mandamientos.

¿Qué es exactamente este yugo de los mandamientos?

Para poder apreciar este revolucionario concepto, observemos primero el mandamiento de temer a Dios, uno de los seis mandamientos que son obligatorios en todo momento y que incidentalmente es un tema principal de la parashá de esta semana.

"Ahora, Israel, ¿qué pide Hashem, tu Dios, de ti? Sólo [pide]
que le temas a Hashem, tu Dios, que vayas por sus caminos y lo ames..."
(Deut. 10:12).

Los comentaristas hacen una famosa pregunta: ¿Cómo puede haber un mandamiento de temer a Dios? Emitir este mandamiento a una persona que cree en Dios no es necesario. Creer en Dios implica automáticamente temerle. Por otro lado, emitir este mandamiento a quien no cree en Dios es fútil. Él no acepta del todo la existencia de Dios, y por lo tanto no se le puede instruir que le tema.

La respuesta: Una cosa es creer en Dios, pero otra cosa muy distinta es vivir con esta creencia.

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La interpretación apropiada

Tratemos de entender la diferencia con la ayuda de una simple ilustración.

El hijo de un devoto creyente contrae una seria enfermedad. El padre inmediatamente comienza a rezar y a hacer actos de caridad, ya que al ser un devoto creyente sabe con certeza que necesita la ayuda de Dios para que su hijo se mejore. Sin embargo, como no tenemos permitido esperar milagros y tenemos una obligación de hacer hishtadlut, comienza a buscar doctores. Su búsqueda lo lleva a la conclusión de que el mejor doctor al que se puede acudir para este problema en particular es el Dr. X, el cual trabaja en el hospital Hadassa. Hay otro hombre, el Dr. Y que trabaja en el hospital Cedar, quien también es un buen hombre, pero no tiene el mismo nivel de experiencia o el toque mágico que pareciera tener el Dr. X.

El padre llama a la oficina del Dr. X para pedir una cita pero descubre que el doctor no tiene horas disponibles sino hasta dos meses más. El Dr. Y está disponible. Esa noche, el padre se encuentra con un amigo en la sinagoga, quien le dice que si uno le da un par de cientos de dólares a la enfermera del Dr. X, ella te puede poner a la cabeza de la lista y probablemente obtendrías una cita con él al día siguiente. Nuestro devoto creyente, quien sabe que no debe esperar por milagros, decide que la voluntad de Dios es que él debe gastar ese dinero extra. Diligentemente le paga a la enfermera y lleva a su hijo al Dr. X. Él es el mejor doctor y atenderse con él es la mejor hishtadlut.

Nuestro devoto creyente no está viviendo con su creencia en Dios, sino que está transgrediendo el mandamiento de temer a Dios y está profanando el nombre de Dios. Él debería haber ido al Dr. Y.

Analicemos la situación una vez más. Un creyente sabe que no es el doctor el que sana, sino Dios. Debe acudir al doctor sólo porque no tiene permitido esperar milagros; Dios quiere que haga su hishtadlut. ¿Pero tiene sentido acaso creer que Dios quiere que él soborne a alguien y le quite el turno a otro judío que está esperando ver al Dr. X para hacer su hishtadlut?

Un creyente sabe que no es el doctor el que sana, sino Dios.

Primero, ¿por qué su sangre habría de ser más valiosa que la de otro judío?, pero más importante aún, dado que todo el esfuerzo no es más que una hishtadlut cuyo objetivo es evitar confiar en milagros abiertos, en realidad no hace ninguna diferencia real a qué doctor vaya. Sólo tienes que ir al mejor porque eso es lo que sugiere la lógica y, por lo tanto, constituye la mejor hishtadlut; pero no debes pisotear a otras personas en el camino para lograrlo.

Es más, esta persona estaría profanando el Nombre de Dios. El personal de la clínica pensará "mira cuán poco ético es el comportamiento de este judío observante. ¿Acaso ese es el tipo de comportamiento que aprendió estudiando su sagrada Torá?".

¿Cómo es posible que un devoto creyente caiga en una trampa como esta? ¿Cómo puede terminar haciendo exactamente lo contrario de lo que exige la creencia en Dios?

La respuesta a esta pregunta es precisamente el punto del yugo de los mandamientos. El peso de este yugo es siempre asumir que dado que el mundo fue creado por Dios y que Él es quien lo maneja, siempre debe tener sentido.

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Sacrificando Shabat

Asume que eres un inmigrante judío que llega a Estados Unidos, como lo hicieron más de dos millones de judíos entre 1800 y 1930. Tú cuidas Shabat y sería un sacrilegio para ti trabajar en Shabat. Pero todos te dicen que a menos que trabajes en Shabat, tu familia morirá de hambre. Tú no aceptas esto inmediatamente, sino que encuentras un trabajo y simplemente no asistes en Shabat. Tu jefe se te acerca el lunes y te pregunta dónde estuviste. Dado que estás acostumbrado a decir la verdad, le explicas que eres judío observante y que tu religión te prohíbe trabajar en Shabat. Él te dice que te respeta mucho por ser tan firme en tus creencias, pero que no está en el negocio por caridad por lo que va a tener que despedirte.

Después de que te pasa esto un par de veces, le dices a Dios: "Mira, yo intenté observar Shabat, pero Tú Mismo escribiste en tu Torá que la vida va primero que la observancia de Shabat". Finalmente te rindes y sales a trabajar en Shabat. ¿Por qué esto está mal?

Dios te dijo que cuidaras Shabat. No tiene sentido que quiera que violes uno de sus propios mandamientos.

La respuesta es que ir a trabajar es sólo hishtadlut, el sustento proviene de Dios, no del trabajo. Dios creó el mundo y lo mantiene, y Él te dijo que cuidaras Shabat. ¿Acaso tiene sentido pensar que Él quiere que hagas una hishtadlut que viola uno de sus propios mandamientos?

Así es como muchos inmigrantes judíos perdieron su religión. Si ellos hubieran tenido razón, si trabajar en Shabat hubiera estado permitido porque era la forma de preservar la vida, entonces no habrían perdido su fe. Uno no pierde su fe al hacer la voluntad de Dios, incluso si esto requiere que abandones temporalmente los mandamientos. Su error fue no aceptar el yugo de los mandamientos.

Pero analicemos una situación un poco más trivial. Imagina al joven emprendedor judío que trabaja en su negocio entre 12 y 14 horas al día. No tiene tiempo para asistir regularmente a la sinagoga durante la semana, no tiene tiempo para estudiar Torá de forma estructurada y nunca está libre para pasar tiempo de calidad con sus hijos. ¿Por qué está haciendo todo esto? Porque debe proveer a su familia. Si le dedica menos tiempo a su negocio, él sabe que fracasará. ¿Está en lo correcto?

No de acuerdo al Shemá y al yugo de los mandamientos. Si él realmente tuviera que hacer todo esto para ganarse el sustento, entonces eso significaría que Dios lo envió al mundo que Él maneja, le dijo que rece, que estudie, que eduque a sus hijos y le dijo que estas son las únicas actividades significativas en su vida, pero sin embargo lo forzó a tener un tipo de vida en la que no puede hacer nada de esto porque no tiene tiempo. ¿Tiene sentido un mundo como ese? ¡Obviamente no! Y por lo tanto, ¿puede ser que trabajar 12 horas al día sea la hishtadlut apropiada para un judío observante? ¡Obviamente no! Si acepta el yugo de los mandamientos dejará rápidamente esa vida, ya que sabe que esto no afectará el nivel de sus ingresos. Los ingresos provienen de Dios; todo lo que él está haciendo es hishtadlut, y obviamente está haciendo la hishtadlut incorrecta.

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Profundas implicaciones

Pero cargar con el yugo de los mandamientos tiene implicaciones aún más profundas. Todo judío tiene el beneficio de hashgajá pratit, o providencia Divina. Como estipula Najmánides (Éxodo 13:16):

El objetivo de los milagros abiertos del Éxodo era inducir al reconocimiento de los milagros ocultos que son la base de la Torá, porque nadie tiene una porción en la Torá de Moshé nuestro maestro a menos que acepte que todo lo que tiene y todo lo que le pasa es milagroso, y que ninguna de estas cosas guarda relación alguna con las causas naturales, ya sea que esto afecte al público o bien que forme parte de la providencia del judío individual.

Pero la hashgajá pratit es una política que sólo es aplicable sobre alguien que acepta el yugo de los mandamientos. Imaginemos que un judío invierte el dinero que ha ganado cumpliendo con los mandamientos de la Torá al máximo de sus capacidades en la bolsa de valores. Asumamos también que su inversión fue sensata en base a lo que dicta la economía. Las acciones se desploman y él pierde su dinero. Si él no acepta el yugo de los mandamientos, entonces se dirá a sí mismo: "Bueno, cosas como esta ocurren. A veces el mercado cae. Quizás debería cambiar de corredor de bolsa". Pero si él acepta el yugo de los mandamientos, entonces se preguntará a sí mismo: "¿Por qué Dios me está enviando este mensaje? ¿Qué está tratando de decirme? ¿Quizás estoy dedicándole mucho tiempo a la bolsa de comercio?".

Ahora analicemos la situación desde el punto de vista de Dios. Dios quiere enviarle un mensaje a una persona para que afine su vida. Dios no puede mandarle un mensaje a una persona que no acepta el yugo de los mandamientos, ya que cuando el mercado se desploma, esta persona cree que es porque la economía está mal. Cuando se enferma cree que es porque está durmiendo poco y no está haciendo suficiente ejercicio. Cuando pierde su trabajo cree que su jefe lo arruinó. No existe comunicación con una persona así. Y si así es como va a entender todo lo que pasa, entonces no hay ninguna razón para que Dios no aplique sobre ella la ley natural, ya que de todas formas eso es lo que cree que le está ocurriendo.

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El yugo de un judío observante

Pero para alguien que acepta el yugo de los mandamientos, la situación es completamente diferente. Todo judío fue comandado a dar el 10% de sus ingresos a caridad. Alguien le preguntó a Rav Jaim de Volozhin si podía deducir de esta suma el dinero que gastaba para mantener a los miembros de su hogar a quienes no tenía ninguna obligación legal de mantener. Rav Jaim le respondió que él tuvo la misma pregunta luego de que su maestro, el Gaón de Vilna, falleció. Como no sabía a quién recurrir para obtener una respuesta, decidió por sí mismo que el dinero efectivamente era deducible.

Inmediatamente después de esto Rav Jaim notó que todos sus negocios comenzaron a fallar.

Inmediatamente después de esto Rav Jaim notó que todos sus negocios comenzaron a fallar. Por lo tanto, se sentó y calculó cuánto dinero debía a caridad asumiendo que no estaba en lo correcto y que no debería haber deducido el dinero, y comenzó a pagar de forma retroactiva el dinero. Sus negocios inmediatamente comenzaron a recuperarse y se terminaron de recuperar cuando él terminó de pagar el dinero.

Lo mismo aplica al rezo. Las personas le rezan a Dios y luego se quejan de que sus plegarias no son respondidas. Pero eso es imposible. Dios escucha y responde cada plegaria. Si la situación de todas formas no cambia, entonces eso en sí mismo es una respuesta: Dios respondió que no. El siguiente paso para la persona es interpretar este mensaje. La persona debería pensar: "Si yo fuera Dios, quien sólo quiere hacer el bien y no desea nada más que satisfacer toda petición, ¿por qué habría de rechazar esta?". Quienquiera que adopte esta forma de ver las cosas se fascinará al ver como ésto transformará completamente su existencia.

No es una coincidencia que nuestros sabios aprendan la obligación de rezar de este párrafo del Shemá, el cual contiene el yugo de los mandamientos.

"Ocurrirá que si obedecen Mis preceptos que Yo les ordeno hoy, de amar a Hashem vuestro Dios y de servirlo con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma..." ¿Cual es el servicio del corazón? ¡La plegaria! (Mejilta 23,25) (Maimónides, Leyes de Plegaria 1:1).

El universo fue diseñado por Dios como un sensible aparato de comunicación que puede transmitir mensajes entre el hombre y Dios de forma instantánea. El hombre reza, Dios responde, el hombre responde a la respuesta de Dios, y Dios responde a la respuesta del hombre ante Su respuesta, y así continúa el intercambio. Pero al igual que cualquier otro aparato, sólo funciona si lo enchufas y lo enciendes, y aceptar el yugo de los mandamientos es el botón de encendido.

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