Así es como deberán comerlo: con la cintura ceñida, con los zapatos en los pies y con la vara en la mano. Deberán comerlo apresuradamente. Esta es la ofrenda de Pesaj para Dios (Éxodo 12:11).

La idea de la prisa es una idea recurrente en la historia del Éxodo.

Dado que por más de 2.000 años no hemos podido ofrecer el sacrificio de Pesaj, la festividad que conmemora el Éxodo ha quedado asociada inevitablemente en la mente judía a la matzá, aquel pan sin levadura que constituye nuestro alimento principal durante la festividad. Y la matzá también está asociada a la prisa.

Y el pueblo tomó su masa antes de que pudiera leudar; envolvieron el sobrante en sus ropas y lo pusieron sobre sus hombros... Hornearon la masa que sacaron de Egipto en tartas sin leudar, ya que no podían ser leudadas, puesto que fueron sacados de Egipto y no podían demorar... (Éxodo 12:34,39)

No sólo comemos matzá en conmemoración de la prisa, sino que ésta es la encarnación misma de dicha cualidad. El pan sin leudar está compuesto de una masa de agua y harina sin ningún ingrediente extra.

Para que sea ritualmente válida para cumplir con el mandamiento de comer matzá, la masa debe estar en el horno antes de que pasen 18 minutos desde el primer contacto de la harina con el agua. Cualquier pedazo de masa que no cumpla con esto en el tiempo establecido se transforma inmediatamente en jametz, es decir, masa que ha leudado y que por lo tanto no califica como matzá.

Cualquiera que haya visto como se prepara matzá para Pesaj sabrá que el ingrediente principal de su preparación es la prisa.

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¿Por qué la prisa?

¿Cuál es la razón para dicha asociación? Después de la plaga de los primogénitos, los judíos podrían haber dejado Egipto de forma tan pausada como hubieran querido. ¿Por qué era importante dejar Egipto con prisa? ¿Por qué es necesario conmemorar el éxodo mediante el reproducir ese sentimiento de prisa con el horneado de la matzá?

En su famosa obra Mesilat Yesharim, Rav Moshé Jaim Luzatto describe los pasos que debe dar todo judío que quiera una relación cercana con Dios para formar y desarrollar su carácter. El primer paso que describe está asociado con la prisa.

La primera característica de personalidad que debe desarrollar una persona, antes de cualquier otra, se llama zrizut, “presteza”.

La primera característica de personalidad que debe desarrollar una persona, antes de cualquier otra, se llama zrizut, “presteza”. La presteza como una 'característica de personalidad', la cual aparentemente es un elemento esencial de un carácter judío apropiado, es un concepto tan ajeno para la cultura secular que ni siquiera hay una palabra adecuada para describirla.

A todos nos es familiar el hacer cosas rápidamente bajo presión, o cuando la gente toma decisiones apresuradamente. Pero la presteza como una característica de personalidad positiva es para nosotros un concepto totalmente ajeno.

Sin embargo, Rav Luzatto declara que la zrizut no es sólo una característica de personalidad positiva, sino que dice que es imposible comenzar a subir la escalera que lleva hacia Dios sin ella. ¿Cómo podemos explicar esto?

“Cuidarán las matzot” (Éxodo 12:17). Rabi Yashia enseñó: “No leas la palabra como matzot [es decir, pan no leudado], sino que léela como mitzvot [es decir, mandamientos positivos]. Tal como tenemos prohibido leudar las matzot mediante el retraso, ya que deben prepararse con gran presteza, asimismo no debemos dejar leudar las mitzvot, las cuales deben hacerse con la mayor presteza posible. Si una mitzvá viene a tus manos, no dejes que leude. Hazla inmediatamente (Mejilta, Tratado de Pesaj, Bo, 9).

Todos podemos relacionarnos con el hecho de que una mitzvá que realizamos sin demora y con entusiasmo tiene mayor mérito que aquella que realizamos sin asignarle mayor prioridad, pero el texto citado implica más que esto.

Nuestros sabios nos están informando que si realizamos una mitzvá con demora, de alguna forma ésta se arruina, tal como la masa que leuda se arruina y ya no sirve como matzá¿Como se arruina una mitzvá por falta de presteza?

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Una mitzvá fuera de tiempo

El Maharal explica en su obra Guevurot Hashem que una mitzvá no puede cumplirse en el marco del tiempo. Las mitzvot pertenecen al mundo de la eternidad y no tienen lugar en nuestro mundo. Hacer una mitzvá en la dimensión del tiempo demuestra una profunda falta de entendimiento de la naturaleza de las mitzvot.

Cuando un judío realiza una mitzvá, deja el mundo del tiempo y entra en el mundo de la eternidad. Poner una mitzvá bajo el dominio del tiempo es arruinarla.

Intentemos traer esta idea a la tierra.

Todas las actividades humanas están dominadas por la conciencia del tiempo. Cuando somos jóvenes planeamos nuestro futuro. Más adelante en la vida nos preocupamos de tener suficiente para nuestra vejez y del futuro de nuestros hijos. Nuestra preocupación por el paso del tiempo le da forma a nuestra personalidad y a nuestras actividades. Para cuando alcanzamos la vejez, estamos tan desgastados por las vidas que condujimos en base a esta preocupación constante por el futuro, que es extraño que alguien conserve la imaginación y energía como para emprender nuevos rumbos.

El sentimiento del paso del tiempo nos impide pensar más allá, incluso con respecto a nuestras propias vidas.

Los ecologistas constantemente nos advierten sobre las consecuencias de nuestro uso imprudente de los limitados recursos naturales. ¿Cómo van a sobrevivir nuestros nietos en este mundo contaminado y superpoblado? Sin embargo, estamos tan consumidos por la preocupación de nuestro propio futuro que no tenemos la capacidad de preocuparnos por lo que ocurrirá después de que nos hayamos ido de este mundo. El sentimiento del paso del tiempo nos impide pensar más allá, incluso con respecto a nuestras propias vidas. Los jóvenes no se preocupan por la vejez.

Por esta razón, a pesar de que todos sabemos que nuestro tiempo se va a acabar, no gastamos mucho tiempo preocupándonos sobre qué va a pasar con nosotros después de que muramos. El mundo por venir genera una presión emocional sumamente débil sobre nosotros. Estamos demasiado preocupados con qué nos va a ocurrir el día después de mañana. Sólo estamos conscientes de nuestra mortalidad, y toda nuestra atención se enfoca en la arena que corre por el reloj de nuestras vidas.

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El significado del tiempo

La primera bendición que decimos en los rezos matutinos es: Bendito es Quien habló, y el mundo vino a la existencia; Bendito es Él quien hace el comienzo...

El Gaón de Vilna explicó que la frase de “quien hace el comienzo” es una referencia al tiempo. Antes de que Dios hiciera el mundo, Él creó el tiempo.

Nuestros sabios nos enseñan que el mundo fue creado con diez enunciados. Sin embargo, cuando leemos Génesis 1 sólo encontramos nueve enunciados de creación. Explican nuestros sabios que la primera palabra de la Torá, la palabra “en el comienzo”, también es un enunciado de creación (ver Talmud Roh Hashaná 32a). Explica el Gaón que este enunciado de creación describe la creación del tiempo. La razón de por qué fue creado primero es para enfatizar que todo el mundo natural que es descrito en Génesis fue creado bajo el dominio del tiempo.

Pero el mundo que es descrito en Génesis 1 no es todo lo que existe en la realidad. Y los seres humanos simplemente no podemos contentarnos con ello.

La unión entre el alma y el cuerpo es comparada en el Midrash con una princesa que se casa con un campesino. Él le provee a ella todo lujo y comodidad imaginable, pero sin embargo ella nunca está satisfecha. Ni siquiera el mejor esfuerzo del campesino podrá igualar el ambiente en el que la princesa creció. Él simplemente nunca ha vivido en un palacio. No sabe cómo reproducir aquello que nunca ha experimentado (Kohelet Rabá 6:6).

El alma (la princesa), fue forzada a dejar el palacio de Dios y a casarse con el cuerpo (el campesino).

Lo mismo es verdad para los seres humanos. Al ser una mezcla entre alma y cuerpo, los seres humanos son una metáfora perfecta de dicho matrimonio mixto. El alma (la princesa), fue forzada a dejar el palacio de Dios, a casarse con el cuerpo (el campesino), y a venir a vivir con él a este mundo. Y esto condena al ser humano a una vida de eterna frustración.

No importa qué haga un ser humano en el mundo natural, él nunca podrá llenar el vacío de su alma. Su alma está hambrienta por algo que el mundo no puede ofrecerle. Él corre de un lado a otro durante toda su vida luchando y buscando la felicidad, pensando siempre que si tan sólo pudiera tener X o Y, o ser Y o Z, sería realmente feliz, y no se da cuenta que no importa qué bien material u honor consiga, su alma siempre estará hambrienta.

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El rol de los mandamientos

La historia del éxodo marca el nacimiento de la nación judía. Para tener éxito en su misión, la nación judía debe sumergirse en el cumplimiento de los mandamientos. La inmensa mayoría de estos mandamientos no se relacionan con las preocupaciones temporales de los seres humanos. No tienen como finalidad mejorar nuestra estadía en el mundo natural que es dominado por el tiempo. La única manera de dedicarse a su cumplimiento es vivir con la consciencia del mundo por venir.

Pero los judíos somos seres humanos. Y es difícil para los seres humanos separarse completamente de las preocupaciones del tiempo, del constante tic-tac del reloj de la vida.

 

Por lo tanto, para tener éxito en esta vida, un judío debe estar consciente de que es un ser eterno. Deber elevarse por sobre el tiempo. Debe desarrollar la característica de personalidad de zrizut. ¿Cómo nos ayuda el éxodo a lograr esto?

Los milagros del éxodo conectaron al alma judía con la realidad que hay más allá del tiempo. Pero el hecho de que el alma humana se conecte con una realidad eterna no la libera de los confines del cuerpo o del mundo de la mortalidad. Todo el tiempo que una persona esté viva, estará atrapada en el mundo físico, independientemente de cuál sea su estado espiritual. La conexión existencial simultánea tanto a la realidad de la mortalidad como a la de la inmortalidad pone al judío en un estado de conflicto espiritual constante.

Cuando la consciencia de la eternidad se ve forzada a comprimirse a sí misma en las limitantes murallas del tiempo, su frustración con su reclusión y sus intentos por recuperar la libertad de la eternidad la fuerzan a acelerar las actividades de la vida al máximo de forma tal que se parezcan a las dimensiones de la eternidad lo máximo posible. Esta nueva consciencia de la eternidad desarrolla por lo tanto la característica de personalidad de zrizut, en la cual la misma personalidad del individuo es la que lo fuerza a realizar todas sus actividades con gran presteza, haciendo caso omiso a las demandas objetivas de su situación en este mundo.

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El conector

Najmánides señala que probablemente la mayoría de los 248 mandamientos positivos de la Torá son en conmemoración del Éxodo, ya que un mandamiento es un conector. Si Dios establece un mandamiento para un objetivo particular, entonces podemos estar seguros que cumplir dicho mandamiento producirá el resultado esperado. Recordar el Éxodo como un evento histórico no afecta mucho la conciencia humana. Pero recordarlo mediante el cumplimiento de una mitzvá tiene el efecto de transformar la personalidad del individuo.

El propósito de las mitzvot es conectarnos con la realidad atemporal de la eternidad.

El propósito de las mitzvot en general es conectarnos con la realidad atemporal de la eternidad, y las mitzvot que están asociadas con la conmemoración del Éxodo tienen un efecto mucho más grande. Mediante el cumplimiento de esas mitzvot renovamos la conexión original con la eternidad que forjaron los milagros del Éxodo en el espíritu humano. La conexión con la eternidad se transforma de esta forma en una componente permanente de nuestra consciencia y deja su marca en nuestras personalidades en la forma de zrizut.

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El pan de la pobreza

Otro nombre que le da la Torá a la matzá es el ‘pan de la pobreza’.

No comerás pan leudado con él; por siete días comerás matzá, el pan de la pobreza, puesto que saliste de Egipto con presteza. De forma que recuerdes el día de tu salida de Egipto todos los días de tu vida (Deut. 16:3)

Es por esta asociación entre matzá y pobreza (la palabra en hebreo oni que se utiliza en el versículo significa pobre) que, en la noche del Seder, recitamos la bendición de la matzá sobre un pedazo roto de matzá. Y es también por esta asociación que una matzá horneada con miel o con otros aditivos no es ritualmente apta para cumplir el precepto de comer matzá, incluso si no ha leudado.

Aún así, la asociación entre matzá y pobreza no es tan obvia. Los comentaristas explican que la matzá es difícil de digerir y se queda en el estómago por un largo período de tiempo. Por lo tanto, es más barato alimentar a un esclavo con matzá, ya que de esta forma no va a tener hambre tan rápido.

Pero el Maharal señala que en ninguna parte de la Torá aparece mencionado que los judíos comían matzá en Egipto como parte de su esclavitud. La Torá siempre asocia a la matzá con la prisa del Éxodo. Por lo tanto, él sugiere otra cosa para explicar la conexión que hay entre la matzá y la pobreza, la cual nos servirá para resaltar el tema de este ensayo.

Para el Maharal, la idea de redención es la que conecta la matzá con la pobreza. El hombre rico está conectado con los recursos del mundo. Posee bienes raíces, activos, cuentas bancarias. En contraste, el hombre pobre sólo se tiene a sí mismo. El Maharal explica que el hombre redimido es similar al hombre pobre. Su conexión con el mundo ha sido cortada y él está libre de todas sus amarras previas. Sólo se tiene a sí mismo, al igual que el hombre pobre.

Esta comparación no es una referencia a su situación en este mundo, sino que es un indicador de su estado espiritual. Por lo tanto, a pesar de que el pueblo judío dejó Egipto con gran riqueza material, no podrían haber salido sin cortar toda su conexión espiritual con la sociedad egipcia en la que nacieron. En un sentido espiritual, ellos estaban solos como consecuencia de la redención.

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Estado del alma

Para entender este concepto de forma más clara, debemos excavar un poco más profundo. La analogía de la pobreza es realmente apropiada para describir el estado del alma en este mundo físico. Porque en este mundo el alma no tiene propiedades o bienes. No puede establecer una conexión verdadera con nada material. El alma es una princesa que está en el exilio. Todos sus bienes están en otra realidad de existencia, al otro lado del puente del tiempo, en la realidad de la eternidad. En este mundo, el alma está en un constante estado de pobreza.

Pesaj conmemora el apego a esta realidad eterna.

La festividad de Pesaj, que conmemora el apego a esta realidad eterna, va acompañada por el mandamiento de comer matzá.

Si la comida que puso al hombre en un estado de atadura con la tierra y con el dominio del tiempo es descrita como “…el árbol era bueno para comer y deseable a los ojos, y el árbol era atractivo para obtener inteligencia...” (Génesis 3:6), entonces la comida que el hombre debe comer en la noche en que fue liberado de esta atadura debe ser lo más simple posible, tan cercana a la harina pura como se pueda y sin que sea afectada por el paso del tiempo (el proceso de leudado). Es comida para el alma, el pan de la pobreza.

Porque este es Dios, nuestro Dios, por siempre y siempre, Él nos guiará por sobre la muerte (Salmos 48:15)

La marcha para conquistar la muerte debe comenzar con la conquista del tiempo. El Midrash interpreta este versículo de la siguiente forma:

Este es nuestro Dios, quien nos guía tanto en este mundo como en el próximo. Una interpretación alternativa: Él nos guía con zrizut, con presteza.